lunes, 27 de septiembre de 2010

"BELCHITE", Mayte Dalianegra

Ya no anidan las cigüeñas en Belchite,
no repican las campanas de sus templos,
y en la torre del reloj  habita, triste,
el eco taciturno de un agujero.

No se escuchan ya las jotas en las calles,
silenciadas tras los muros derribados,
ya no juegan en los patios los zagales,
mudas voces en luctuoso desamparo.

Segó la guerra las mieses de sus campos,
para ararlos con la sal de la mentira,
y en una cruel sinrazón, yermos quedaron,
como arrasadas ruinas, faltos de vida.

Cercenada la aurora, ya no amanece,
inmolada bajo el lomo de un gigante;
las semillas del rencor y de la muerte,
esta tierra preñaron para gestarse.

Mayte Dalianegra.

Pintura: “Belchite Viejo”, (2010), Juan Antonio Moreno Aguado.


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Fotografías de mi visita a las ruinas, en agosto del 2010, de Belchite Viejo, localidad zaragozana, (Aragón, España), destruida en 1937, durante una cruenta batalla librada al objeto de expulsar del territoro a los sublevados del Bando Nacional allí atrincherados. El dictador, Francisco Franco, evitó que el pueblo fuese posteriormente reconstruido y levantó otro nuevo a su lado, quiso que fuese la divisa de su victoria, y del horror, para desprestigiar al Frente Republicano vencido. 

Mas no hubo mayor horror que el de una guerra fraticida, que fue iniciada como una cruzada religiosa en contra de lo legitimado por las urnas. Hoy, Belchite ya no es el símbolo del fracaso republicano, lo es de los horrores de la guerra en general, de algo que jamás debería volver a repetirse.

Me gustaría dedicar mi humilde poema a los caídos en esta población, de ambos bandos, y también a  JOSÉ ANTONIO LABORDETA, poeta, cantautor, político, entrañable viajero...recientemente fallecido y que fue... la voz de Aragón.

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