sábado, 10 de septiembre de 2011

"A DON OSVALDO PUGLIESE", Amílcar Blanco.

Habla profundo el chelo,
necesita
la esquina hecha pollera de la cita,
anhelo,
de choclo, cachafaz y cumparsita
para bailar y levantar el vuelo.
En su murmullo el bandoneón chamuya
y el corazón cabalga
sobre teclas de piano y hacen bulla
los roces sobre cuerdas de violines;
trémulas yemas de precisos dedos
andan sobre vibrátiles confines.
Sueñan las añoranzas
y prometen, proféticas, andanzas
en los ligeros tactos de Pugliese.
Y su delgada y proverbial figura
transversaliza el piano y resplandece
más allá de la honda partitura
y la cabeza cana y los anteojos
aún sentado le alargan la estatura.
En el convergen muchedumbres de ojos
y viajan al pasado
sumidos en las notas y los sones
del compás orquestado
la misma multitud de corazones;
contienen la estampida
de dolores y goces y pesares,
turbios o claros como los amores
de las volubles aguas de la vida.
Pugliese.
Los sonidos de su orquesta,
de ecuménica música que crece,
como Recuerdo afín o Mariposa.
El aire es un fangal, es una fiesta.
Y en su chan, chan, reposan,
la Yumba, Calandraca, paica facha,
la tajante soltura de Negracha
y en lastimado y memorioso ego
el icono sin fin del gallo ciego.

Amílcar Luis Blanco. 

Pintura: "Let them wonder", Hamish Blakely.

Más poemas de Amílcar Blanco en: BLOG DE AMÍLCAR BLANCO
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