viernes, 9 de septiembre de 2011

"PARIS Y HELENA", Amílcar Blanco.

Si la melena de oro y la mirada oscura
del joven Paris arrogante y fuerte
que llevaba el ganado a la pastura
y el desafío hasta la misma muerte
hizo encender la fiebre de lujuria
en el tálamo gris de Menelao
a la voluble Helena. Fue la furia
la que impulsó el rencor de los aqueos,
disparó los arqueros y las naos
para tomar venganza. El adulterio
hizo temblar la sangre y llenó de saqueos
a toda Illión mutada en cementerio.

Puso así la libido al mismo Ares
en el lecho lascivo de Afrodita
y a Paris enfrentado con sus pares
por vivir con Helena la pasión y la cuita.
Ese Pastor no fue ya de ganado,
sino en Tánatos Eros convertido.
Pretexto en él habían encontrado
los griegos a un dominio presumido.
No el de los cuerpos que se esconde y crece
en el tálamo erótico reunido
y asegura la prole de la especie;
sólo el de Hades y el de Proserpina;
el de la guerra que destruye y fina.

Un matrimonio surge de lo inerte
del profundo negror, la rala nada
otro se agita en sangres, se convierte
en la roja pasión, en la angelada,
relación instintiva y profundiza
lo erótico y sensual, la maravilla,
de la pareja humana que ameniza
el mundo con su magia, la que brilla
y da continuidad sólo a la vida
Paris y Helena en su mortal huida
serán la luz, el germen, la semilla.

Amílcar Luis Blanco.

Pintura: "Paris y Helena", (1788), Jacques-Louis David, Musee du Louvre, Paris.

Más poemas de Amílcar Blanco en: BLOG DE AMÍLCAR BLANCO
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