domingo, 29 de abril de 2012

"ESCLAVA", Mayte Dalianegra

No te liberará el esclavo tracio
que rebelara a los tuyos
contra la opresión de Roma,
pues te hallas como una res uncida al yugo,
atada a la cadena,
al eslabón soldado por el sentimiento,
y por el consentimiento de pertenencia
subyugada.

Asentiste, con la cabeza gacha,
a ser la morada de sus caprichos,
de su deseo carnal, de su concupiscencia,
de su desmedida intolerancia,
de sus malos humores, de su rabia, de su ira,
y sometida, avasallada, vejada, sojuzgada, tiranizada,
presa de su locura de encolerizado amo y señor,
todavía le retribuyes con dádivas.

Te muerde los labios cuando le besas
y agradecida sonríes, infame Gioconda,
que ni el veneno de la sonrisa preservas.
¿Acaso le crees un dios?
Te muerde y sonríes,
y si te golpea, iluminas tu mirada
con el vidrio espejuelado de unas gafas oscuras.

No, no te liberará Espartaco,
¡descuida!
A estas alturas tiene cosas mejores que hacer
allá por la Vía Apia.
Tú y sólo tú habrás de aprender a cuidarte,
a no confiar en charlatanería de feriante
ni en corazones falaces,
a distinguir el agua diáfana del lodazal,
a impedir que los grilletes
te inmovilicen de pies y manos,
a ser tú misma, a despegar de la mansión del ogro
y remontar el vuelo sobre las nubes,
y desde allí, en el lindero de la estratosfera,
percutir el canto de la diestra
sobre el pliegue codal opuesto
y exclamar: ¡ahí te quedas!

Mayte Dalianegra

Pintura: “La esclava” (1925 – 29),  Julio Romero de Torres

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"SONETO XXXVIII", Garcilaso de la Vega.

Estoy continuo en lágrimas bañado,
rompiendo el aire siempre con sospiros;
y más me duele el no osar deciros
que he llegado por vos a tal estado;

que viéndome do estoy, y lo que he andado
por el camino estrecho de seguiros,
si me quiero tornar para huiros,
desmayo, viendo atrás lo que he dejado;

y si quiero subir a la alta cumbre,
a cada paso espántanme en la vía,
ejemplos tristes de los que han caído.

sobre todo, me falta ya la lumbre
de la esperanza, con que andar solía
por la oscura región de vuestro olvido.

Garcilaso de la Vega.

Pintura: "Retrato de joven", Domenico Ghirlandaio (1449 - 1494 ).

"SONETO XXIII", Garcilaso de la Vega.

En tanto que de rosa y de azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena;

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

Garcilaso de la Vega.

Pintura: "Flores", Etienne Adolphe Piot (1850 - 1910).

"SONETO XI", Garcilaso de la Vega.

Hermosas ninfas, que, en el río metidas,
contentas habitáis en las moradas
de relucientes piedras fabricadas
y en columnas de vidrio sostenidas;

agora estéis labrando embebecidas
o tejiendo las telas delicadas,
agora unas con otras apartadas
contándoos los amores y las vidas:

dejad un rato la labor, alzando
vuestras rubias cabezas a mirarme,
y no os detendréis mucho según ando,

que o no podréis de lástima escucharme,
o convertido en agua aquí llorando,
podréis allá despacio consolarme.

Garcilaso de la Vega.

Pintura: "Ninfa" (1892),  Luis Ricardo Falero (1851 - 1896).

"SONETO XXII", Garcilaso de la Vega.

Con ansia extrema de mirar qué tiene
vuestro pecho escondido allá en su centro,
y ver si a lo de fuera lo de dentro
en apariencia y ser igual conviene,

en él puse la vista: mas detiene
de vuestra hermosura el duro encuentro
mis ojos, y no pasan tan adentro
que miren lo que el alma en sí contiene.

Y así se quedan tristes en la puerta
hecha, por mi dolor, con esa mano
que aun a su mismo pecho no perdona;

donde vi claro mi esperanza muerta.
y el golpe, que os hizo amor en vano
non esservi passato oltra la gona.

Garcilaso de la Vega.

Pintura: "Retrato de la reina Ana de Hungría y de Bohemia" (1519), Hans Maler. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

viernes, 27 de abril de 2012

"ROMANCE EN SILENCIO", Mayte Dalianegra

Las bocas mudas
—habitadas por besos sordos y silentes—
temerosas del rumor de la saliva,
del eco de un suspiro,
de la intrépida palabra evadida del pensamiento
por más que éste interponga carcelario barrote.

Así nos amamos tú y yo,
en silencio,
sin que nadie se percate de que esto nuestro sucede.
 No hables, sólo bésame... y que el manto de la noche nos sepulte.

Mayte Dalianegra

Pintura: "Los amantes" (1928), René Magritte. Colección privada. Bruxelas. Bélgica

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"GREGUERÍA DE LOS LEOPARDOS", Mayte Dalianegra

Los leopardos son panteras vestidas de gitana.

Mayte Dalianegra

Pintura de Achilles Droungas
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"ÉGLOGA III", Garcilaso de la Vega.

Aquella voluntad honesta y pura,
ilustre y hermosísima María,
que en mí de celebrar tu hermosura,
tu ingenio y tu valor estar solía,
a despecho y pesar de la ventura
que por otro camino me desvía,
está y estará en mí tanto clavada,
cuanto del cuerpo el alma acompañada.

Y aún no se me figura que me toca
aqueste oficio solamente en vida;
mas con la lengua muerta y fría en la boca
he de mover la voz a ti debida.
Libre mi alma de su estrecha roca
por el Estigio lago conducida,
celebrándose irá, y aquel sonido
hará parar las aguas del olvido.

Mas la fortuna, de mi mal no harta,
me aflige, y de un trabajo en otro lleva;
ya de la patria, ya del bien me aparta;
ya mi paciencia en mil maneras prueba;
y lo que siento más es que la carta
donde mi pluma en tu alabanza mueva,
poniendo en su lugar cuidados vanos,
me quita y me arrebata de las manos.

Pero por más que en mí su fuerza pruebe
no tomará mi corazón mudable;
nunca dirán jamás que me remueve
fortuna de un estudio tan loable.
Apolo y las hermanas todas nueve.

Garcilaso de la Vega.

Pintura: "La archiduquesa Magdalena" (1563), Giuseppe Arcimboldo. Kunshistorisches Museum,Viena.

Mis poetas favoritos: GARCILASO DE LA VEGA.

Garcilaso de la Vega (Toledo, 1501? - Niza, 1536). Poeta renacentista español. Perteneciente a una noble familia castellana, Garcilaso de la Vega participó ya desde muy joven en las intrigas políticas de Castilla. En 1510 ingresó en la corte del emperador Carlos I y tomó parte en numerosas batallas militares y políticas. Participó en la expedición a Rodas (1522) junto con Boscán y en 1523 fue nombrado caballero de Santiago.

En 1530 Garcilaso se desplazó con Carlos I a Bolonia, donde éste fue coronado. Permaneció allí un año, hasta que, debido a una cuestión personal mantenida en secreto, fue desterrado a la isla de Schut, en el Danubio, y después a Nápoles, donde residió a partir de entonces. Herido de muerte en combate, durante el asalto de la fortaleza de Muy, en Provenza, Garcilaso fue trasladado a Niza, donde murió.

miércoles, 25 de abril de 2012

"SUS OJOS ERAN VERDES", Mayte Dalianegra

A una modelo prerrafaelita

Sus ojos eran verdes, de marina
calma en un día gris.
Fraguaban las pupilas
aquellas ocasiones encantadas
que en el lecho pasara,
tendida sobre hollín,
soñando que él la amaba.

Sus ojos eran verdes, de marina
con un brillo de plata,
los labios de naranja, la sonrisa
perdida en pleamares de utopías,
y atada con un lazo, la melena
bermeja, azafranada.

Su nuca era una perla
nacida en una valva,
¿acaso era Afrodita
o solo era una dama?
Sus ojos eran verdes, de marina,
no creo que importara.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Il Ramoscello” (1865), Dante Gabriel Rossetti, Fogg Art Museum, Harvard University, Massachussetts, United States
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"PRIMAVERA", Amanda Berenguer.

A veces en que estamos sobre el mundo
para ver la espantable maravilla,
en que vemos nacer la primavera
bajo un grito mortal, como los niños.
Hay veces tan difíciles, y estamos
de pie, en la irrespirable tolerancia
de la tierra, entre luces de peligro,
comiéndonos las uñas, escribiendo
una letra con tierra sobre el cielo,
para vernos el hasta dónde, el hasta
cuándo, y vernos a veces como muertos
con los huesos floridos, así reyes
yacentes y enjoyados. Para vernos.
Y hay veces entre otras, tan serenas,
en que vamos de sombra, y no se ve.

Amanda Berenguer.

Pintura: "Primavera" (1573), Giuseppe Arcimboldo.

"LA CARTA", Amanda Berenguer.

Escribo una carta infinita
en la pared ambigua del recipiente
que me contiene
unas veces adentro
otras veces afuera
sin levantar el bolígrafo
escribo una carta infinita

Amanda Berenguer.

Pintura: "Pensando", Francine van Hove.

sábado, 21 de abril de 2012

"¡AY, SEVILLA! (saeta de amor)", Mayte Dalianegra

 Sevilla, embalsamada de azahares,
en la mañana de un Viernes Santo.

Entro en esas iglesias
que nunca abren sus puertas
en jornadas de labor,
y en los patios florecidos
de los Reales Alcázares,
sueño con los amores leales
del rey Don Pedro y María.
Jalea de abeja, miel dulzona,
azúcar puro fue la menuda cortesana,
la hermosa barragana que el rey amase.
Y canto penas de amores
de la cigarrera Carmen con su amante
militar. Guarecida en un mantón,
su cintura florecía de amapolas escarlata
entre empuñadura y filo.

Sevilla los vio reír, Sevilla los vio llorar.

Ay, Sevilla,
veo tu torre guardiana,
torre de cal y de paja
reflejando oro solar en el río que fue espejo
de otro oro,
el de Tartessos.

Ay, Sevilla,
en este día
de arroz con leche y torrijas,
de moscateles y finos en tabernas de Triana,
de nazarenos cubiertos por capirotes morados,
de cofrades costaleros
extenuados por el peso de los pasos,
ay, Sevilla,
en este día,
ojalá hallara a mi amado,
que no encuentro la almazara
donde él depositase ese amor
aceitunado que me jurara en secreto,
que no encuentro el manantial
donde fluya,
claro y fresco,
el rumor de su palabra.

Sevilla me vio reír, Sevilla me vio llorar.

Arriba,
en el alminar, doy vueltas al giraldillo
 y me imbrico entre las tejas, los bronces
y los ladrillos, y me vuelco entre los vientos
y me diluyo en las lluvias que hostigan
mi emplazamiento.

Ay, amor de mis lamentos —amor enaltecido—
no me des tanto tormento,
que agonizo entre quebrantos
al sentirte vivo, todavía,
en mi recuerdo.

Sevilla me vio reír, Sevilla me vio llorar.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Desnudo con mantón", Soledad Fernández

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"COMUNICACIONES", Amanda Berenguer.

Urge el pensamiento conectando
¿se siente? ¿alguien entre líneas?
¿errata? ¿paréntesis? ¿qué signo?
¿escuchan?
(La claridad del lenguaje
tiene apenas
la intensidad ambigua del poniente).
Estamos aquí, lanzados a la noche
terrestre, apretujados,
aquí, en la noche terrestre, aquí
en la noche terrestre.
De nuevo el hilo
el cable roto, el deslumbrante
cortocircuito.
¿No oyen? ¿No se oye?
Palabras mías, insensatas,
hechas de furor y de locura,
cuantiosa tesitura negra
a borbotones desbordándose
hacia dentro, hacia
el fondo
interpolado de rígidas luciérnagas.

Tiembla y destella, hace señales,
todas son huellas de la eternidad,
enumeradas y prolijas,
cuernos de caza, al mundo
aullidos de perros, está el desierto,
toques de peligro, inútilmente,
pasos cambiados, ¿dónde?
campanas para niebla, una piel fosforescente,
pedidos de auxilio, y envenenada,
sirenas de patrulleros, llamando,
gritos de alarma, solo, solo, solo,
bocinas de ambulancias, se hace tarde,
quiero saber si se hace tarde.

Un código de emergencia,
un vaso de agua, un hueso
para la inteligencia,
un alfabeto de clave radioactiva,
o telepática, o nuclear,
o una sustancia de amor
para esta extrema ubicación,
25 de abril de 1963, otoño,
  en mi casa, hemisferio austral,
aparentemente a la deriva.

Amanda Berenguer.

Pintura de Gigino Falconi.

"¿NO QUIERES VENIR A LLORAR CONMIGO?", Amanda Berenguer.

¿No quieres venir a llorar conmigo?
Hay algo, la ciruela morada cayó del árbol,
una nube oscurece plácidamente
la habitación, ¿nadie?
goteaba la canilla de la cocina
serena y suave, te necesito, estoy
descendiendo por una escalera mecánica
que me lleva a ciegas, ¿soy yo?
sin embargo me veo sentada a la mesa
escribiendo y
“cuando quiero llorar no lloro
y a veces lloro sin querer”,
hermano mío, haremos una reunión
plañidera en las entrañas de la angustia,
el tiempo nos mira y nos engaña,
¿trampa? ¿alucinación? la ciruela morada
cayó del árbol -lo siento, dijo el viento -
y pasó de largo, llevándose lo más querido,
y aquí estoy, en el borde mismo
de lo que no sabemos, en este rincón
de la casa, te necesito, óigame quien me oiga,
¿quieres venir a llorar conmigo?

Amanda Berenguer.

Pintura de Aleksandra K. Nowak

Mis poetas favoritos: AMANDA BERENGUER

Amanda Berenguer (Montevideo, 1921 - 2010) fue una poetisa uruguaya. Académica de Honor de la Academia Nacional de Letras del Uruguay (2006). Miembro de la generación del 45. Casada en 1944 con el escritor José Pedro Díaz.

Quehaceres e Invenciones (1963) constituye un vuelco fundamental en su poesía que no hará más que aumentar en la continua búsqueda de nuevas estructuras poéticas y exploraciones sonoras y fónicas para expresar su original visión del mundo y del arte.

En 1986 recibe el premio "Reencuentro de Poesía" organizado por la Universidad de la República por "Los signos sobre la mesa. Ante mis hermanos supliciados". La dama de Elche (1987) recibe el primer premio en la categoría Poesía del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay. Municipal de Montevideo. La segunda edición de La dama de Elche, en 1990, recibe el Premio Bartolomé Hidalgo, que entrega la Cámara Uruguaya del Libro de Uruguay.

viernes, 20 de abril de 2012

"SON NÚMERO 6", Nicolás Guillén.

Yoruba soy, lloro en yoruba
lucumí.
Como soy un yoruba de Cuba,
quiero que hasta Cuba suba mi llanto yoruba,
que suba el alegre llanto yoruba
que sale de mí.

Yoruba soy,
cantando voy,
llorando estoy,
y cuando no soy yoruba,
soy congo, mandinga, carabalí.
Atiendan, amigos, mi son, que empieza así:

    Adivinanza
    de la esperanza:
    lo mío es tuyo,
    lo tuyo es mío;
    toda la sangre
    formando un río.

La ceiba ceiba con su penacho;
el padre padre con su muchacho;
la jicotea en su carapacho.
¡Que rompa el son caliente,
y que lo baile la gente,
pecho con pecho,
vaso con vaso
y agua con agua con aguardiente!
Yoruba soy, soy lucumí,
mandinga, congo, carabalí.
Atiendan, amigos, mi son, que sigue así:

Estamos juntos desde muy lejos,
jóvenes, viejos,
negros y blancos, todo mezclado;
uno mandando y otro mandado,
todo mezclado;
San Berenito y otro mandado
todo mezclado;
negros y blancos desde muy lejos,
todo mezclado;
Santa María y uno mandado,
todo mezclado;
todo mezclado, Santa María,
San Berenito, todo mezclado,
todo mezclado, San Berenito,
San Berenito, Santa María,
Santa María, San Berenito,
¡todo mezclado!

Yoruba soy, soy lucumí,
mandinga, congo, carabalí.
Atiendan, amigos, mi son, que acaba así:

    Salga el mulato,
    suelte el zapato,
    díganle al blanco que no se va…

De aquí no hay nadie que se separe;
mire y no pare,
oiga y no pare,
beba y no pare,
coma y no pare,
viva y no pare,
¡que el son de todos no va a parar!

Nicolás Guillén.

Pintura de Jacob Collins.

sábado, 14 de abril de 2012

"AHORA SOMOS", Mayte Dalianegra

Acariciaste mi piel en la distancia,
como acaricia la luz la sombra
cuando traspasa el dintel del alba,
y acariciaste mi voz en la agonía de la noche,
esa noche en la que no reposa astro ni luna,
en la que no hay candil ni bombilla,
en la que sólo estamos tú y yo,
tendidos  sobre un papel en blanco,
sobre un lienzo de huidizo colorido,
imaginando los ojos, las bocas, las manos,
besando las ausencias, ansiando el roce de las pieles,
el tormento de los sentidos, el fragor de la batalla,
percibiendo el salitre y el azúcar
que, encendidos, humectan las ingles,
mascando las horas que, sin sentido, nos separan del abrazo,
del beso, de la cópula.

Y ahora somos la sangre de la tierra
que nutre, en su postrero estertor, el  fulgor lunar,
ahora somos la blanca y seminal espuma de las mareas
que azotan, enfervorecidas, los abismos del planeta.
Ahora somos tú y yo.

Mayte Dalianegra

Pintura: "Eva", Frank Cadogan Cowper

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"POEMA 22, QUÉ ME QUEDA DE TI", Susana Cerdá.

A Osvaldo Lamborghini.

Qué me queda de ti
qué
qué me queda
agonizante amor
nobleza pasajera
fértil amanecer en mi escritura
(diadema de dolor, brillo incrustada en tus fulgores)
qué me queda de ti sino estos pocos
locos versos de lengua y de rasguido.

Qué sino anular los orificios
la segregación del silencio
arrimada al zumbido de tus escozores
idolatrar la determinación
la sobredeterminación
el destino
embadurnar tu contingencia de interminables ceremonias
amarte, quiero decir.

Aún resuena lo tácito rugiendo entre los dos
¿amarnos dije?
El problema es la puntuación.
Entre comillas
te tengo entre comillas
o a veces entre paréntesis te tengo
fiel frenesí.

Qué me queda sino
las maquinaciones de una transpiración:
la voracidad de una cantinela pervierte presagios
desprestigia al son augustas superficies
rasga
cae el sonsonete por declinación de onomatopeya
lo obvio carcome los vericuetos de la palabra,
reza.
Los ruidos de una siesta
son como una siesta.

La palabra “indebido” era
un a través cristalizado
una canción que rumoreaba a mis espaldas
ella les ponía música a mis actos.
Nunca cantó, decías, era el tono
en que mi madre me nombraba
nunca cantó
solamente cantaba.
El padre atravesaba con su ojo anular mujeres índices
fue el modo indicativo para un pretérito imperfecto maternal.
Mientras
todo ocurre mientras
(nunca digas mientras)
tu hermano leía a Pound a gritos
en la intemperie de la noche
y vos traducías a Cervantes, por si acaso.
Su mano sobre la tuya
su libro sobre tu libro y el poema
sementándose ahí abajo.
Sostengo las arcadas
por donde hemos pasado sabiendo que no cumpliríamos
las bodas de oro
y esa arcada previa a toda devolución o vómito
y los arqueos de nuestro encuentro
los corcoveos, las contabilizaciones
los puntos de vista
los puntos de divergencia
los puntos suspensivos.

“¿Por qué no nos preocupamos por el rocío?”

No iremos a Verona ni a Isladelba
pero aún me queda,
qué me queda de ti sino estos pocos
fulgores religándose en la presunción de una escritura.

El subrayado es mío.
Qué me queda de ti: amada metonimia del pasado.
Los textos son ajenos.

Te tengo en la punta de la Lengua.

Susana Cerdá.

 Pintura: "La carta", Delphin Enjolras ( 1847-1945).

"POEMA 4, AVEJENTADA FIBRA", Susana Cerdá.

Avejentada fibra color crema, clavo la tela contra la madera, la piel se arruga, se fricciona, se vuelve fina, transparenta la opacidad de una rodilla, dos, magras carnes inclinadas, nunca perdonadas, partes incrustadas en la constante reverencia hacia.
Culposa intersección.
Complacerse con el fru-fru de una conciencia que no arde sino exhala: tibios rumores, olores leves, piel.
Los pequeños deseos, los deseítos, las humildes fantasías, los sueños apenas recordados, la alta idea de esas pequeñas cosas que la acontecían, su mundito casi mudito, cúmulo jironeado de memoria, para acá, para allá, mientras algo seguía tratando de prenderse, se refractaba en diferentes escenas, le daba el cariz levísimo.
A lo largo esas tiras finas de carne, de ahí en más, uno podía deslizarse mirando el error, poro por poro. La diestra matemática que lo argumentaba ahí.

Susana Cerdá.

Pintura: "En el jardín", Vittorio Mateo Corcos.

"POEMA 20, UNA TELA", Susana Cerdá.

Una tela, un paño cualquiera, una textura.
Que sirva para, que se amolde, que absorba, reciba.
Lo esponjoso de la cosa.
Una piel, una lengua, un papel fino.
Algo que se preste.
Una intencionalidad volcada hacia eso que sale y sale.
Se desparrama, desborda, cae.
Líquido que corre buscando una superficie para seguir.
Forma que estalla de una forma y espera. ¿Espera?
Suspendida por su propia densidad, esperada por su mismo
volumen, avanza siguiendo su sentido. De ser sentida
por otra forma.
Contenida se transforma en contenido.
Se guarece en el pliegue de la textura.
Pequeñas lagunas que no terminan de ser absorbidas trazan
huecos.
Se demora, emana. El corte.

Un tejido, un cuerpo que soporte el drenaje interminable de
esta corriente.
Un espacio que haga posible el sueño de llegada. (¿La pro-
mesa de una conclusión?)
Un modo que diga de un tiempo de articulación.
El toque.
El toque de queda. Lo artificioso del silencio.

Susana Cerdá.

Pintura de Teresa Lapayese Puebla.

"POEMA 11, ÉL ME AMA", Susana Cerdá.

Él me ama. Me ama tanto que yo huelo la muerte en sus caricias,
en su mirada veo el crimen, en cada gesto suyo, la absorción,
el tironeo.
En el Espectáculo de Suamor la tierra gira a una velocidad que
deforma mi cuerpo.
Succionada por su sed, yo, una gota de carne horizontal, que él
se dispone a chupar, sin pudor alguno.
Espera con espasmos, con ira, con sollozos, el momento justo,
enfocado, fatal, de abalanzarse sobre eso y penetrarlo.
Enarbolar ese coágulo de vida, levantarlo como una ofrenda a su espejo.
Haga lo que haga, él ha decidido amarme, izarme en su soledad
como una bandera santa, sangrienta. Ya me ha condecorado,
condenado con Suamor.
Cómo busca en su cuerpo si cada roce sería una profecía; sus
extremidades como tentáculos traspasarían mis fronteras.
Caer en sus brazos, desbarrancarme por su avidez. Más que
tomarme, atravesarme, hincarme en lo puntiagudo de su
historia, clavarme en su cruz particular, hacerme la virgen
madre de su santuario.
Devorar algo en mí que todayó le represento, o sea, tenerme,
hacerme suya, hacerme de él.
Él, ser eso que soy.

Susana Cerdá.

Dibujo: "El beso", Edvard Munch (1897).

Mis poetas favoritos: SUSANA CERDÁ.

Susana Cerdá (1948 – 2010), poeta argentina nacida en Buenos Aires. Sus poemas han aparecido en diversas revistas literarias argentinas y latinoamericanas y en antologías como "El nuevo verso argentino" y "Campaña poética al desierto". Traducida al inglés por Molly Weigl, parte de su obra ha aparecido en "Exact Change Year Book" (1995) y "The Xul Reader" (1997).

martes, 10 de abril de 2012

"PRIMAVERA", Mayte Dalianegra

Invierno, infierno helado, ya nos dejas.
El prado se desnuda del manto
de la escarcha,
mudando su blancura
por el color de la fronda:
colzas, retamas, ranúnculos
lustrados de sol,
jaras encaladas de acento andaluz,
azaleas floridas que son espejos
de estrellas,
adelfas sonrosadas y robustas
(esgrimiendo raíces de ofidio vegetal),
margaritas, malvas, violetas y verónicas,
lavandas de efluvio meloso,
tomillos y romeros en flor, amapolas
de seda carmesí
y el diente de león, algodonoso, etéreo.

Invierno, infierno helado, ya nos dejas
en los campos, vencidos
por la luz (germinados en los ojos
húmedos de una acuarela
de delirante policromía),
desplegando guirnaldas sobre la hierba,
virando,
del resplandor tibio de la aurora,
hacia el cálido culmen solar,
descansando, tras el crepúsculo,
de su viva pigmentación.

Invierno, infierno helado, ya nos dejas,
ya se va tu carácter de viejo malhumorado,
al fin regresa Perséfone de su encierro
para colmar nuestras pupilas de colorido y de polen,
para templarnos la sangre y dilatarnos las venas.

Invierno, infierno helado, ya nos dejas,
al fin regresa Perséfone, enamorada de las hojas,
y saciada de los espurios rubíes de las granadas. 

Mayte Dalianegra

Pintura: "Spring" (Primavera), 1894, Lawrence Alma-Tadema. Getty Museum, Los Ángeles, U.S.A.

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"SI HE DE VIVIR SIN TI, QUE SEA DURO Y CRUENTO", Julio Cortázar.

Si he de vivir sin ti, que sea duro y cruento,
la sopa fría, los zapatos rotos,
o que en mitad de la opulencia
se alce la rama seca de la tos,
ladrándome tu nombre deformado,
las vocales de espuma,
y en los dedos se me peguen las sábanas,
y nada me dé paz.
No aprenderé por eso a quererte mejor,
pero desalojado de la felicidad
sabré cuánta me dabas con solamente a veces estar cerca.
Esto creo entenderlo, pero me engaño:
hará falta la escarcha del dintel
para que el guarecido en el portal comprenda
la luz del comedor, los manteles de leche,
y el aroma del pan que pasa su morena mano por la hendija.

Tan lejos ya de ti
como un ojo del otro,
de esta asumida adversidad
nacerá la mirada que por fin te merezca.

Julio Cortázar.

Pintura: "Diógenes", Jules Bastien-Lepage (1848-1884).

lunes, 9 de abril de 2012

"GREGUERÍA MOLECULAR", Mayte Dalianegra

Los átomos son sistemas solares en miniatura; y las moléculas, galaxias.

Mayte Dalianegra

Pintura de Tomasz Kostecki
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"UN ESPAÑOL HABLA DE SU TIERRA", Luis Cernuda.

Las playas, parameras
al rubio sol durmiendo,
los oteros, las vegas
en paz, a solas, lejos;

los castillos, ermitas,
cortijos y conventos,
la vida con la historia,
tan dulces al recuerdo,

ellos, los vencedores
Caínes sempiternos,
de todo me arrancaron.
Me dejan el destierro.

Una mano divina
tu tierra alzó en mi cuerpo
y allí la voz dispuso
que hablase tu silencio.

Contigo solo estaba,
en ti sola creyendo;
pensar tu nombre ahora
envenena mis sueños.

Amargos son los días
de la vida, viviendo
sólo una larga espera
a fuerza de recuerdos.

Un día, tú ya libre
de la mentira de ellos,
me buscarás. Entonces
¿qué ha de decir un muerto?

Luis Cernuda.

Pintura: "Desnudo con paisaje",  Soledad Fernández.

viernes, 6 de abril de 2012

"ÁFRICA", Mayte Dalianegra

África me espera
con la promesa de las dunas
- onduladas como gibas de camello -
de sus desiertos gualdos e infinitos;
con la promesa de las selvas feraces
y las sabanas enseñoreadas
por feroces felinos
de regia melena.

África me habla
con barrito de elefante de marfileño
bastión,
con el bostezo indolente
del hipopótamo orondo e irritable,
y el grito guerrero proferido por labios
de voluptuoso grosor.

África me canta
a ritmo de acholis, nubas y masais,
de hereros, himbas y watusis,
de zulúes, bantúes, bosquimanos,
bakongos y pigmeos,
y me baila en la cadera y en el vientre
con danza beduina, bereber y tuareg.

África me llora
en la azucena de una infancia famélica
de vientre hinchado,
cubierta de harapos, de polvo y de moscas,
de miseria, de orfandad,
de duelo adherido a los poros
de una piel que pagó
su color al más alto de los precios.

Pese a ello, África me sonríe
con la boca ancha de esperanzas,
enarbolando una bandera verde,
verde como un latido primario
y luminoso,
verde
aun cuando las esmeraldas
hayan dejado de ser rutilantes estrellas
concebidas en el útero
fértil de la tierra,
y su verdor se haya trocado sanguíneo,
y sus aristas muestren el filo.

Sanguíneos también
el oro y los diamantes,
que refulgen, espléndidos,
en manos blancas,

palomas cuyos picos no portan
ramas de olivo, palomas que sólo traen
guerra y olvido.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Una belleza de Tánger”, Josep Tapiró i Baró (1836-1913)

Safe Creative #1203241364613

"SAETA", Federico García Lorca.

Cristo moreno
pasa
de lirio de Judea
a clavel de España.

¡Miradlo, por dónde viene!

De España.
Cielo limpio y oscuro,
tierra tostada,
y cauces donde corre
muy lenta el agua.
Cristo moreno,
con las guedejas quemadas,
los pómulos salientes
y las pupilas blancas.

¡Miradlo, por dónde va!

Federico García Lorca.

Pintura: "Crucifixión o Corpus hypercubus" (1954), Salvador Dalí, Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.

"ESPEJO EN EL CIELO", Olga Orozco.

A Alberto Girri.

No sé si habrás logrado componer tu escritura
con aquel minucioso tapiz de hojas errantes que organizaba huecos y relieves,
prolijos ideogramas en este desmantelado atardecer;
tampoco sé si alguna vez me hablaste en los últimos meses
con ese congelado tintineo del vidrio, con el rumor del mimbre,
o el apremiante latido del corazón a oscuras;
y quizás tu mirada fuera entonces esa mirada circular del ágata,
que se abre, que se expande, que se amplía de agua en aire
más allá de la piedra y el fulgor y más allá del mundo.
Imposible saber. No consigo abarcar lo que me sobrepasa y te contiene;
no puedo descifrar de pronto las señales que no fueron costumbre.
Porque ahora traspasaste del todo la zona de los delirios y las emanaciones,
donde la selva y las acechanzas de la selva se confunden,
y los días se tiñen con el color de lo que ya no es, de lo que no será,
y entre un cuerpo y su sombra vuelca el viento veinte siglos de historia
y en una y otra mano se multiplican las semillas de la incertidumbre
y a uno y otro pie se anudan las serpientes de la contradicción.
Porque tal es la prueba y tales las maquinaciones de la simuladora, inabordable realidad.
No en vano deshojaste la envoltura del sueño y la vigilia,
palabra por palabra y ausencia por presencia,
hasta el último pétalo, hasta el temblor inmóvil del silencio.
(No revisaste acaso, palpando, escarbando, horadando la trama del poema
el revés y el derecho del destino, los nudos del error, el bordado ilusorio,
sin encontrar la pura transparencia que permita mirar al otro lado?
Tu fuerza fue habitar en el Reino del No la casa de los innumerables laberintos,
probando las entradas, rondando las salidas,
acechando visiones contagiosas, insectos y peligros y ratones.
e una casa oscilante, en continuo equilibrio,
justo en el borde de la inmensidad;
y allí viviste alerta, ensayando la ausencia, desasido de ti
-tu primera persona del singular cada vez más allá,
siempre más cerca de algún otro tú-,
siendo a la vez el cazador que descubre la presa y abandona el asedio
y el pájaro que intenta desterrar con las alas su recuerdo en el suelo.
Ya eres parte de todo en otro reino, el Reino de la Perduración y la Unidad,
estás en el eterno presente que huye, que se consume y que no cesa,
y podrás ser por fin el nombre y lo nombrado.
Pero yo sé que casi medio siglo de amistad, permanencia, emociones y amparo,
no me basta para encontrar que una pequeña huella,
una chispa en suspenso, un flotante perfume
son, en medio del anónimo coro universal, de la corriente del acontecer,
tu modo de dictarme lo más justo, lo más bello y lo más verdadero,
como antes, como siempre, con un gesto, con un talismán, con una lágrima.
Y si así fuera, ¿cómo responder?
A partir de mi boca, de mi congoja y mi ignorancia sólo puedo rogar:
"Señor:
Haz que tu hijo sea como el más incontaminado de todos tus espejos
y muéstrale las cosas así como él quería, tales como son.

Olga Orozco.

Pintura de Richard Baxter.

"ÉSA ES TU PENA", Olga Orozco.

Ésa es tu pena.
Tiene la forma de un cristal de nieve que no podría existir si no existieras
y el perfume del viento que acarició el plumaje de los amaneceres que no vuelven.
Colócala a la altura de tus ojos
y mira cómo irradia con un fulgor azul de fondo de leyenda,
o rojizo, como vitral de insomnio ensangrentado por el adiós de los amantes,
o dorado, semejante a un letárgico brebaje que sorbieron los  ángeles.
Si observas al trasluz verás pasar el mundo rodando en una lágrima.
Al respirar exhala la preciosa nostalgia que te envuelve,
un vaho entretejido de perdón y lamentos que te convierte en reina del reverso del cielo.
Cuando la soplas crece como si devorara la íntima sustancia de una llama
y se retrae como ciertas flores si la roza cualquier sombra extranjera.
No la dejes caer ni la sometas al hambre y al veneno;
sólo conseguirías la multiplicación, un erial, la bastarda maleza en vez de olvido.
Porque tu pena es única, indeleble y tiñe de imposible cuanto miras.
No hallarás otra igual, aunque te internes bajo un sol cruel entre columnas rotas,
aunque te asuma el mármol a las puertas de un nuevo paraíso prometido.
No permitas entonces que a solas la disuelva la costumbre, no la gastes con nadie.
Apriétala contra tu corazón igual que a una reliquia salvada del naufragio:
sepúltala en tu pecho hasta el final, hasta la empuñadura.

Olga Orozco.

Pintura de Aleksandra K. Nowak

miércoles, 4 de abril de 2012

"TÚ, QUE ERES SILENCIO", Mayte Dalianegra

Tú, que eres silencio
cuando vuelan mis palabras
—palomas de alas fonéticas—,
tú, que eres incensario
exhalando balsámicos nimbos
—sigiloso vapor,
gas reposado en alquitara
de solsticios y equinoccios—,
tú, que quiebras espejos de soledades
y adivinas en mis poros
la huella dactilar de los misterios,
tú, que me habitas,
que me tomas el corazón
para alojar el germen de la esperanza,
no abandones el tejido de mi ser
a la glotonería de buitres y chacales,
no permitas que mis manos yazcan yermas
sin flores que ofrendarte,
ni mis labios se deserticen
de cantos para ofrecerte,
pues soy savia y saliva,
fresco hontanar
donde calmar tu sed, donde colmar tu paz.

Mayte Dalianegra

Pintura: "Primavera", Franz Xaver Winterhalter (1805-1873)

Safe Creative #1203171317505

"NO ERA LA MUERTE, PUES YO ESTABA DE PIE", Emily Dickinson.

No era la Muerte, pues yo estaba de pie
y todos los muertos están acostados,
no era de noche, pues todas las campanas
agitaban sus badajos a mediodía.

No había helada, pues en mi piel
sentí sirocos reptar,
ni había fuego, pues mis pies de mármol
podían helar un santuario.

Y, sin embargo, se parecían a todas
las figuras que yo había visto
ordenadas para un entierro
que rememoraba como el mío.

Como si mi vida fuera recortada
y calzada en un marco
y no pudiera respirar sin una llave
y era como si fuera medianoche.

Cuando todo lo que late se detiene
y el espacio mira a su alrededor
la espeluznante helada, primer otoño que llora,
repele la apaleada tierra.

Pero todo como el caos,
interminable, insolente,
sin esperanza, sin mástil
ni siquiera un informe de la tierra
para justificar la desesperación.

Emily Dickinson.

Pintura: “Ifigenia y Cimón”,  Frederic Leighton (1830 – 1896).
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