miércoles, 20 de mayo de 2015

"EL GRAN HUNAPÚ (Volcán de Agua, Guatemala)", Mayte Dalianegra

“…¿Quién se explica los volcanes sin brazos?
¡Raza de tempestad envuelta en plumas
de Quetzal, rojas, verdes, amarillas!
¡Quetzalumán, la serpiente coral
tiñe de miel de guerra el Sequijel
el desangrarse el Árbol del Augurio,
en el augurio de la sangre en lluvia,
a la altura de los cerros quetzales
y frente al Gavilán de Extremadura!...”

(“Tecún-Umán”, Miguel Ángel Asturias)


No fue la espada vengadora
de un arcángel extranjero
la que lavó el pecado
con fuego.

El volcán
era la copa de una ceiba
frondosa
que hendía el Xibalbá
 con sus raíces.

El volcán
liberó el vuelo
de los quetzales
de plumas tan brillantes como el metal
de los morriones
que escudaban las testas
de los gavilanes,
de plumas tan verdes como el jade
de los pectorales
que engalanaban los torsos
de los caudillos mayas.

El volcán
fue la copa de lágrimas
que lavó el pecado
de la ciudad enlutada,
con las manos de maíz
de los Señores Cuchumaquic y Xiquiripat.

El volcán,
retorciendo su garganta,
vengó con su mar de barro
la sangre antigua.

Los colibríes,
uncidos al yugo
como ganado —domesticados—,
con sus bocas
desnudas, propiciaron la sajadura
de sus propias arterias.

El volcán
enmudeció pues como enmudecen
los muertos,
con una última lágrima
anidada en el frío.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "El cáliz del Titán" (1833), Thomas Cole. Metropolitan Museum, New York
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"ESPACIO, ESPACIO, YO QUIERO MUCHO ESPACIO...", Alda Merini

Espacio, espacio, yo quiero mucho espacio
para dulcísima moverme herida:
quiero espacio para cantar, crecer,
errar y saltar el foso
de la divina sabiduría.
Espacio, denme espacio
para que yo lance un aullido inhumano,
aquel grito de silencio en los años
que he tocado con la mano.

(Alda Merini)

Pintura: "La marea creciente"(1913), Felix Vallotton

"LA TIERRA SANTA", Alda Merini

He conocido Jericó.
he tenido también yo mi Palestina,
las murallas del manicomio
eran las murallas de Jericó
y una charca de agua infectada
nos ha bautizado a todos.
Ahí adentro eramos hebreos
y los Fariseos estaban arriba
y allí estaba también el Mesías
confundido en la multitud:
un loco que aullaba al Cielo
todo su amor por Dios.

Todos nosotros, rebaño de ascetas,
éramos como los pájaros
y cada tanto una red
oscura nos aprisionaba,
pero íbamos a las misas,
las misas de nuestro Señor
y Cristo Salvador.

Fuimos lavados y sepultos,
olíamos a incienso.
Y después, cuando amábamos,
nos hacían los electroshocks
porque, decían, un loco
no puede amar a nadie.

Pero un día dentro del sepulcro
también yo fui reanimada
y también yo como Jesús
he tenido mi resurrección,
pero no subí a los cielos,
descendí al infierno
desde donde vuelvo a mirar atónita
las murallas de la antigua Jericó.

(Alda Merini)

Pintura: "La batalla de Jericó", Jean Fouquet

Mis poetas favoritos: ALDA MERINI

Alda Merini (Alda Giuseppina Angela Merini) fue una escritora y poeta italiana que nació el 21 de marzo de 1931 en Milán.
"Nací el día veintiuno en primavera, pero no sabía que nacer loca, abrir terrones, podía desencadenar una tormenta", fragmento de "Il volume del canto" de 1979.

Nació en el seno de una familia humilde. Su padre era dependiente de una compañía de seguros y su madre, ama de casa.
Inició sus publicaciones a una edad muy temprana, a los 15 años. Dos años después, a la edad de 17,  fue internada en el Hospital Psiquiátrico de San Raffaelle en Villa del Turro, en Milán.

En 1953 contrajo matrimonio con Ettore Carniti, quien era dueño de algunas panaderías en Milán. Durante ese período publicó su primer volumen de poemas “La presenza di Orfeo”, le siguieron “Bodas romanas”, “Miedo de Dios” y “Tú eres Pedro”. Esta última marcó el inicio de un período de aislamiento forzado, nuevamente por su internación esta vez en el Hospital Psiquiátrico Paolo Pini, en donde se dice que permaneció hasta 1972.

Buena parte de su vida la pasó internada en hospitales psiquiátricos en Milán. Una publicación hecha en el año 2009 acerca de la escritora, por el diario El País, narra lo siguiente:

"Murieron mis padres a la vez, cuando yo era muy joven. Y luego me separaron de mis hijas, no me dejaron estar con ellas. Fueron criadas por tres familias. No sé cómo encontré el tiempo para tenerlas. Se llaman Emanuela, Bárbara, Flavia y Simonetta. Siempre les digo que no digan que son hijas de la poetisa Alda Merini. Esa loca. Ellas responden que soy su madre y basta, que no se avergüenzan de mí. Me conmueven".

 En 1996 gana el Premio Vareggio por La vita facile, y en 1997 consigue el Premio Procida-Elsa Morante. Ese mismo año se promovió en Italia su candidatura al Premio Nobel, impulsada especialmente por el dramaturgo Dario Fo, pero no prosperó. Al año siguiente, sería Fo quien ganase el Nobel.

 En 1981 muere su esposo, Ettore Carnitiy. Durante ese tiempo se mantiene en contacto con el poeta Michele Pierri, quien había demostrado un aprecio por los escritos de Alda Merini. Dos años después, en 1983 se casa con Pierri y se traslada Tarento.

En el lugar, su actividad literaria también fue mermada por su enfermedad mental y fue internada en el Hospital Psiquiátrico de Tarento.

A su regreso a Milán, alrededor de 1986 inicia un período muy fecundo para la escritora y de estabilidad psicológica.

Entre sus publicaciones están: “Amores en torno a Titán”, “La zorra y el telón”, “La loca de la puerta de al lado”, “Delirio amoroso”, “Loca, loca, loca de amor por ti”, “Bodas romanas”, “Miedo de Dios”, “Tú eres Pedro”, entre otras.

En 2002 recibe la Orden al Mérito de la República Italiana con categoría de comendadora.

En 2004 ingresó en el Hospital San Paolo en Milán por complicaciones de salud, sin embargo no se relata de qué tipo.

Fue nombrada doctora honoris causa por la Universidad de Mesina en octubre de 2007.

Falleció en Milán el 1 de noviembre de 2009.

lunes, 11 de mayo de 2015

"MORIREMOS DE PIE ", Mayte Dalianegra

Moriremos de pie
—como árboles que nadie osa talar,
como reliquias—,
con el pecho florido a borbotones.

Moriremos despacio
—como los mártires
 de las causas perdidas—
y seremos los héroes antiguos
de las antiguas guerras.

Moriremos por siempre
—y para siempre—,
la Nada acogerá los huesos viejos,
osamentas inútiles
ya usadas por la vida
y por ella después ya desechadas.

Moriremos honrados
con nuestra muerte,
porque para los rectos será orgullo,
para los indigentes, su legado,
pan para los hambrientos
de libertad.

Moriremos de pie
y combatiendo,
de pie, como vivimos hasta ahora,
de pie, que las rodillas
delante del poder nunca se hincaron.

Moriremos de pie, como los árboles
que con celeridad galopan frente
a quienes viajan —cómodos—
sentados en un tren.

Como esos árboles,
los años corren rápido,
veloces al encuentro con la muerte.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “El caballo de Zapata” (detalle de uno de los frescos del Palacio de Cortés, Cuernavaca, México), 1930, Diego Rivera

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"EN EL ESPEJO...", Yannis Ritsos

En el espejo
en su esquina derecha
encima de la mesa amarilla
dejó las llaves.
Tómalas. No abre el cristal.
No abre.

(Yannis Ritsos)
Versión de Coloma Chamorro, Javier Lentini y
Dimitri Papagueorguiu

Pintura de Antonio Ballester

"EL SOSPECHOSO", Yannis Ritsos

Cerró la puerta con llave. Miró hacia atrás con desconfianza
y se guardó la llave en el bolsillo. Le detuvieron en esa postura.
Le maltrataron durante meses. Hasta que una noche confesó
(y quedó demostrado) que la llave y la casa
eran suyas. Pero nadie pudo entender
por qué había escondido su llave. De modo que
a pesar de habérsele declarado inocente, siguió siendo
                                                  sospechoso para todos.

(Yannis Ritsos)

Versión de Román Bermejo

Pintura de G. Molina

"EL GUANTE QUE LLEVAS...", Yannis Ritsos

El guante que llevas
no puedes examinarlo
por dentro.
Tienes que quitártelo
volverlo del revés
entrada la noche
en la estrecha habitación
ya que todo el día habrás saludado
a propios y extraños
con la mano desnuda.

 (Yannis Ritsos)

Versión de Coloma Chamorro, Javier Lentini y
Dimitri Papagueorguiu

Pintura de Mary Jane Ansell

miércoles, 6 de mayo de 2015

"CELEBRACIONES", Mayte Dalianegra

No celebro mi cumpleaños
porque todos los días cumplo un año más
—y no es cuestión de soplar velitas a diario—,
ni celebro el día de la mujer trabajadora
porque todos los días —incluso los festivos—
he de trabajar, aunque sea oficiando
de Cenicienta en mi “hogar dulce hogar”.

Tampoco celebro
el día del hambre en el mundo,
pues quien no come ese día,
suele sentir el mismo hueco en el estómago
el resto del tiempo.

Las celebraciones
son como las mancuernas
que vigorizan los bíceps:
ejercitan nuestra memoria
para que demostremos el noble civismo
adquirido durante
esa edad en la que el aire huele a arco iris
y a caramelos de menta,
y depositemos algo de calderilla
en la hucha del postulante que nos aborde
en cualquier acera;
ejercitan nuestra memoria
para que recalemos
en unos grandes almacenes
en busca de un regalo
primorosamente empaquetado,
o para que elaboremos un pastel al uso.

Y mejor
que no nos rebelemos contra la gravedad,
que no intentemos exhibir
el plumaje de águila
en majestuoso planeo,
y las tengamos en cuenta, porque si no,
serán la balanza con que se pesen
nuestros apegos.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Julaftonen” (1904), Carl Larsson, Nationalmuseum, Stockholm

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"INCREDULIDAD", Mayte Dalianegra

Cuando se lo dijeron,
su laringe no pudo emitir ni un sonido.
Los azulejos blancos de la sala
reflejaron su rostro desencajado, pálido.
No podía creer
que la muerte le hubiese ya nacido.

(Mayte Dalianegra)

Pintura:"Mujer durmiendo", Felix Vallotton

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