sábado, 24 de octubre de 2015

"HERMOSO AMOR", Mayte Dalianegra


Hermoso amor
que un día depositaste tus besos
sobre las adelfas floridas
de mis jardines:
soy Babilonia,
toda puertas, toda palabras,
toda secretos.

Soy Babilonia
y ansío liberar
el travertino de sus huecos
—las oscuras oquedades
donde reptan, en espiral,
las serpientes hambrientas del tedio.

Soy Babilonia
y ansío liberar
el tacto del mármol de sus cerrojos
helados;
ansío su victoria
sobre el sabor a roca inerte
y que se mute en dulce y cálida madera seca,
y que el filo de una llama
la consuma laminada ya en bucles de viruta

y que renazca hecha dragón
y que regrese a mí como a su Ítaca.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Dos muchachas con adelfas" (1890), Gustav Klimt, Wadsworth Atheneum, Hartford, Connecticut, Estados Unidos

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"MAÑANA", Cesare Pavese


La ventana entornada recuadra un rostro
sobre el campo del mar. Los lindos cabellos
acompañan el tierno ritmo del mar.

No hay recuerdos en este rostro.
Sólo una sombra huidiza, como de nubes.
La sombra es húmeda y dulce como la arena
de una intacta caverna, bajo el crepúsculo.
No hay recuerdos. Sólo un susurro
que es la voz del mar convertida en recuerdo.

En el crepúsculo, el agua mullida del alba,
que se impregna de luz, alumbra el rostro.
Cada día es un milagro intemporal,
bajo el sol: lo impregnan una luz salobre
y un sabor a vívido marisco.

No existe recuerdo en este rostro.
No hay palabra que lo contenga
o vincule con cosas pasadas. Ayer,
se desvaneció de la angosta ventana,
tal como se desvanecerá dentro de poco, sin tristeza
ni humanas palabras, sobre el campo del mar.

(Cesare Pavese)

Pintura: "Figura en una ventana" (1925), Salvador Dalí

"EL PARAÍSO SOBRE LOS TEJADOS", Cesare Pavese

Será un día tranquilo, de luz fría
como el sol que nace o muere, y el cristal
cerrará el aire sucio fuera del cielo.

Se nos despierta una mañana, una vez para siempre,
en la tibieza del último sueño: la sombra
será como la tibieza. Llenará la estancia,
por la gran ventana, un cielo más grande.
Desde la escalera, subida una vez para siempre,
no llegarán voces, ni rostros muertos.

No será necesario dejar el lecho.
Sólo el alba entrará en la estancia vacía.
Bastará la ventana para vestir cada cosa
con una tranquila claridad, casi una luz.
Se posará una sombra descarnada sobre el rostro sumergido.

Será los recuerdos como grumos de sombra
aplastados como las viejas brasas
en el camino. El recuerdo será la llama
que todavía ayer mordía en los ojos apagados.

(Cesare Pavese)

Traducción de Carles José i Solsora

Pintura: "Lord Byron en su lecho de muerte" (1826), Joseph-Denis Odevaere, Groeninge Museum, Brujas

Mis poetas favoritos: CESARE PAVESE

Cesare Pavese (San Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950) fue un escritor y poeta italiano. Su infancia y juventud transcurrieron en Turín, donde se graduó en Letras con una tesis sobre W. Whitman. Su carácter tímido, los desengaños amorosos y las sucesivas crisis vitales, de orden religioso y político (en un principio vinculado al fascismo, posteriormente fue miembro del partido comunista), lo llevaron hasta un aislamiento que culminó en suicidio.

Su vida pública y literaria está relacionada con su actividad en la editorial turinesa Einaudi, de la que fue lector y consejero. Pavese perteneció a la generación neorrealista italiana y contribuyó a la difusión de los novelistas norteamericanos tanto a través de sus traducciones de Melville, Dos Passos, Faulkner, Steinbeck, Stein y Joyce, como por su colaboración en la antología Americana (1942), junto con E. Vittorini. Asimismo, sistematizó sus conocimientos sobre literatura estadounidense en "La literatura americana y otros ensayos" (1951).

Inició su obra de escritor con la publicación del poemario "Trabajar cansa" (1936), con el que se opuso a la poesía hermética italiana. Su obra narrativa, de un lúcido realismo, plasma el mundo rural y la vida social contemporánea ("Allá en tu aldea", 1941; "La playa", 1942; "La cárcel", 1938-1939, publicado en 1949; "Antes de que el gallo cante", 1949; "El bello verano", 1949; "Entre mujeres solas", 1949; "El diablo en las colinas", 1949; "La luna y las fogatas", 1950). Su diario "El oficio de vivir" (publicado a título póstumo en 1952) es un extraordinario testimonio sobre la vida y el oficio de un escritor.
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