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lunes, 22 de febrero de 2021

EL DÍA QUE ME QUIERAS, Amado Nervo


El día que me quieras tendrá más luz que junio;
la noche que me quieras será de plenilunio,
con notas de Beethoven vibrando en cada rayo
sus inefables cosas,
y habrá juntas más rosas
que en todo el mes de mayo.

Las fuentes cristalinas
irán por las laderas
saltando cristalinas
el día que me quieras.

El día que me quieras, los sotos escondidos
resonarán arpegios nunca jamás oídos.
Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras
que hubo y habrá en el mundo serán cuando me quieras.

Cogidas de la mano cual rubias hermanitas,
luciendo golas cándidas, irán las margaritas
por montes y praderas,
delante de tus pasos, el día que me quieras...
Y si deshojas una, te dirá su inocente
postrer pétalo blanco: ¡Apasionadamente!

Al reventar el alba del día que me quieras,
tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras,
y en el estanque, nido de gérmenes ignotos,
florecerán las místicas corolas de los lotos.

El día que me quieras será cada celaje
ala maravillosa; cada arrebol, miraje
de "Las Mil y una Noches"; cada brisa un cantar,
cada árbol una lira, cada monte un altar.

El día que me quieras, para nosotros dos
cabrá en un solo beso la beatitud de Dios.

(Amado Nervo)

Pintura: “Me ama, no me ama”, John William Godward

martes, 15 de febrero de 2011

"EN PAZ", Amado Nervo


Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas noches de mis penas;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

(Amado Nervo)

Pintura: "Tarde de verano nórdico" (1899 - 1900), Richard Bergh

jueves, 6 de mayo de 2010

"PERLAS NEGRAS - XXIX", Amado Nervo


Sí, yo amaba lo azul con ardimiento:
las montañas excelsas, los sutiles
crespones de zafir del firmamento,
el piélago sin fin, cuyo lamento
arrulló mis ensueños juveniles.

Callaba mi laúd cuando despliega
cada estrella purísima su broche,
el universo en la quietud navega,
y la luna, hoz de plata, surge y siega
el haz de espesas sombras de la noche.

Cantaba, si la aurora descorría
en el Oriente sus rosados velos,
si el aljófar al campo descendía,
y el sol, urna de oro que se abría,
inundaba de luz todos los cielos.

Mas hoy amo la noche, la galana,
de dulce majestad, horas tranquilas
y solemnes, la nubia soberana,
la de espléndida pompa americana:
¡la noche tropical de tus pupilas!

Hoy esquivo del alba los sonrojos,
su saeta de oro me maltrata,
y el corazón, sin pena y sin enojos,
tan sólo ante lo negro de tus ojos
como el iris del búho se dilata.

¿Qué encanto hubiera semejante al tuyo,
oh, noche mía? ¡Tu beldad me asombra!
Yo, que esplendores matutinos huyo,
¡dejo el alma que agite, cual cocuyo,
sus alas coruscantes en tu sombra!

Si siempre he de sentir esa mirada
fija en mi rostro, poderosa y tierna,
¡adiós, por siempre adiós, rubia alborada!
doncella de la veste sonrosada:
¡qué reine en mi redor la noche eterna!

¡Oh, noche! Ven a mí llena de encanto;
mientras con vuelo misterioso avanzas,
nada más para ti será mi canto,
y en los brunos repliegues de tu manto,
su cáliz abrirán mis esperanzas...

(Amado Nervo)

Pintura: "La nuit" (La noche), William Adolphe Bouguereau

"SI TÚ ME DICES ¡VEN!", Amado Nervo


Si tú me dices ¡ven!, lo dejo todo...
No volveré siquiera la mirada
para mirar a la mujer amada...
Pero dímelo fuerte, de tal modo
que tu voz, como toque de llamada,
vibre hasta el más íntimo recodo
del ser, levante el alma de su lodo
y hiera el corazón como una espada.

Si tú me dices ¡ven!, todo lo dejo.
Llegaré a tu santuario casi viejo,
y al fulgor de la luz crepuscular;
mas he de compensarte mi retardo,
difundiéndome ¡Oh Cristo! ¡como un nardo
de perfume sutil, ante tu altar!

(Amado Nervo)

Pintura: "Diógenes", 1905, John William Waterhouse, Art Gallery of New South Wales, Sidney, Australia

jueves, 3 de diciembre de 2009

"MI LARARIO ESTÁ VACÍO", Amado Nervo

Amiga, mi larario esta vacío:
desde que el fuego del hogar no arde,
nuestros dioses huyeron ante el frío;
hoy preside en sus tronos el hastío
las nupcias del silencio y de la tarde.

El tiempo destructor no en vano pasa;
los aleros del patio están en ruinas;
ya no forman allí su leve casa,
con paredes convexas de argamasa
y tapiz del plumón, las golondrinas.

¡Qué silencio el del piano! Su gemido
ya no vibra en los ámbitos desiertos;
los nocturnos y scherzos han huido...
¡Pobre jaula sin aves! ¡Pobre nido!
¡Misterioso ataúd de trinos muertos!

¡Ah, si vieras tu huerto! Ya no hay rosas,
ni lirios, ni libélulas de seda,
ni cocuyos de luz, ni mariposas...
Tiemblan las ramas del rosal, medrosas;
el viento sopla, la hojarasca rueda.

Amiga, tu mansión está desierta;
el musgo verdinegro que decora
los dinteles ruinosos de la puerta,
parece una inscripción que dice: ¡Muerta!
El cierzo pasa, y suspirando: ¡Llora!

(Amado Nervo)

Pintura: "The household gods" ("Los dioses del hogar" o "Los Lares"), 1880, John William Waterhouse

MIS POETAS FAVORITOS... Amado Nervo


Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo, conocido como Amado Nervo, nace en Tepic, Nayarit (México), el 27 de agosto de 1870. Su vida estuvo signada por la tragedia. Su padre muere en 1879, posteriormente se suicida su hermano Luis, y también desaparece Ana Cecilia, su gran amor, en 1912.
Estudia Ciencias, Filosofía y Teología. En México, donde reside a partir de 1894, funda una revista de renovación artística, “Revista azul”, junto a Manuel Gutiérrez Nájera.
En 1896, aparece su primera obra, “El bachiller”, con rasgos naturalistas. En 1898, aparece la “Revista moderna”, en colaboración con Jesús Valenzuela. El mismo año se conocen “Perlas negras” y “Místicas”, poemas modernistas. Este último estilo se refuerza con el contacto con Rubén Darío y Leopoldo Lugones, con quienes inicia una estrecha vinculación, durante su viaje a París, realizado como corresponsal del diario “El Mundo”, a la Exposición Universal. Publica en esa época un libro de poesías: “El éxodo y las flores del camino” (1902). Allí conoce a quien sería la musa de los poemas contenidos en “La amada inmóvil”, publicados en 1922, luego de su muerte. Esa mujer a la que ama para siempre es Ana Cecilia Luisa Daillez. Al volver a México trabaja como docente de lengua castellana en la Escuela Nacional Preparatoria. Ingresa en 1905, en el mundo diplomático, como Secretario de la Embajada de México en Madrid. Su carrera se suspende entre 1914 y 1918, a causa de la revolución, para retomar en ese último año, como Ministro Plenipotenciario en Argentina y Uruguay, cargo que ocupa hasta su muerte, acaecida en Montevideo, el 24 de mayo de 1919. Posteriormente, sus restos son trasladados a México, donde descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres.
Trata en sus obras de Dios, al que busca con desesperación obsesiva, estableciendo con la naturaleza una relación mística. Sus obras de neto tinte religioso son: “Los jardines interiores” (1905), “En voz baja” (1909), “Serenidad” (1914), “Elevación” (1917) y “Plenitud” (1918). Publica también ensayos, como “Juana de Asbaje” (1910), en homenaje a la poetisa mexicana Sor Juana Inés de la Cruz, y “Mil filosofías” (1912). Entre sus prosas figuran “Almas que pasan” (1906) y “Ellos”.