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viernes, 9 de mayo de 2014

"UN ARTE", Elizabeth Bishop


El arte de perder se domina fácilmente;
tantas cosas parecen decididas a extraviarse
que su pérdida no es ningún desastre.

Pierde algo cada día. Acepta la angustia
de las llaves perdidas, de las horas derrochadas en vano.
El arte de perder se domina fácilmente.

Después entrénate en perder más lejos, en perder más rápido:
lugares y nombres, los sitios a los que pensabas viajar.
Ninguna de esas pérdidas ocasionará el desastre.

Perdí el reloj de mi madre. Y mira, se me fue
la última o la penúltima de mis tres casas amadas.
El arte de perder se domina fácilmente.

Perdí dos ciudades, dos hermosas ciudades. Y aun más:
algunos reinos que tenía, dos ríos, un continente.
Los extraño, pero no fue un desastre.

Incluso al perderte (la voz bromista, el gesto
que amo) no habré mentido. Es indudable
que el arte de perder se domina fácilmente,
así parezca (¡escríbelo!) un desastre.

  (Elizabeth Bishop)

Pintura: "El turbante verde" (1930), Tamara de Lempicka


"MIENTRAS ALGUIEN TELEFONEA", Elizabeth Bishop

Desperdiciados, desperdiciados minutos que no pueden ser peores,
minutos de una bárbara condescendencia.
-Mira los abetos desde la ventana del baño,
sus oscuras agujas, adiciones sin propósito
maderadamente cristalizadas, y en donde dos luciérnagas
no hacen más que perderse.
Oir nada que no sea el tren que pasa, que debe pasar, como la tensión;
nada. Y esperar:
quizá incluso ahora el anfitrión de estos minutos
emerge, algún relajado extraño que no condesciende,
la liberación del corazón.
Y mientras las luciérnagas
no logran aún iluminar este árbol de pesadillas
no podrían bien ser ellas sus alegres ojos verdes.

 Elizabeth Bishop.

Pintura: "The Telephone" (1930) Tamara de Lempicka.


"CARTA A NUEVA YORK", Elizabeth Bishop

En tu próxima carta quisiera que me dijeras
a dónde estás yendo y qué estás haciendo.
Cómo son los teatros y después de los teatros
qué otros placeres estás persiguiendo:

 tomando taxis en medio de la noche,
conduciendo como para salvar tu alma,
donde el camino dobla y dobla por el parque
y el parquímetro brilla como una lechuza moralista

 y los árboles lucen tan raros y verdes,
parados y solos en grandes cuevas negras
y súbitamente estás en un lugar diferente
donde todo se ve pasar en olas,

 y no puedes atrapar la mayoría de los chistes
como palabras sucias borradas de un pizarrón
y las canciones suenan fuerte pero en cierto modo apagadas
y eso nos alcanza tan terriblemente tarde,

 y saliendo de la casa cuya puerta está
bajo el nivel de la acera gris, a la mojada calle,
un lado de los edificios se levanta con el sol
como un reluciente campo de trigo.

 ...Trigo, no avena, querida. Estoy asustada:
si esto es trigo no es nada de tu siembra.
Aún así me gustaría saber
qué estás haciendo y a dónde estás yendo.

Elizabeth Bishop.

Pintura: "Retrato de la Duquesa de La Salle" (1925), Tamara de Lempicka.

"CIUDAD NOCTURNA", Elizabeth Bishop

No hay pie que lo pudiera resistir,
los zapatos son demasiado frágiles.
Cristal roto, botellas rotas,
que se queman a montones.
Sobre aquellos neumáticos
nadie podría caminar:
aquellos ácidos llameantes
y sangres jaspeadas.
La ciudad hace arder lágrimas.
Un lago acumulado
de aguamarina
comienza a humear.
La ciudad hace arder culpas.
—Para la eliminación de culpas
el calor central
debe ser de esa intensidad.
Diáfana linfa,
sangre turgente y brillante,
salpica
en coágulos dorados
adonde, fundidos, fluyen,
por los oscuros alrededores,
verdes y luminosos
ríos de silicio.
Un charco de asfalto
un magnate
lloró por sí mismo,
una luna ennegrecida.
Otro levantó
un rascacielos con su llanto.
¡Mira! Sus cables
chorrean, incandescentes.
La conflagración
lucha por aire
en medio de un vacío espantoso.
El cielo está muerto.
(Sin embargo, hay criaturas,
cuidadosas, más adelante.
Ponen sus pies en el suelo, caminan:
verde, roja; verde, roja).

Elizabeth Bishop.

Pintura: "Noche de lluvia", F. M. Marrouch.

Mis poetas favoritos: ELIZABETH BISHOP

Elizabeth Bishop (Worcester, Massachusetts, 8 de febrero de 1911 - Boston, 6 de octubre de 1979), fue una poeta estadounidense, distinguida como poeta laureada de los Estados Unidos (1949-1950) y Premio Pulitzer de poesía en 1956.

Fue educada por sus abuelos en Nova Scotia debido a que su padre había fallecido cuando ella sólo tenía ocho meses de vida y su madre padecía una enfermedad mental por la cual tuvo que ser enviada en 1916 a una residencia psiquiátrica.

Durante su estadía en Walnut Hill School, la creadora de obras como “Una locura cotidiana”, “Norte y Sur” y “Cuestiones de viaje” comenzó a publicar sus primeros poemas en una revista estudiantil y, años después de matricularse en Vassar College, fundó junto a otras escritoras la revista literaria independiente “Con Spirito”.

A lo largo de su vida, esta autora cuya obra estuvo influenciada en gran medida por la poeta estadounidense Marianne Moore, conoció una importante cantidad de países y ciudades del mundo y, durante varios años, fijó su residencia en Francia, en Florida y en Brasil.

Además de publicar sus trabajos, esta poetisa que llegó a obtener numerosos reconocimientos tales como el premio Houghton Mifflin Prize de Poesía, el Pulitzer, el National Book Award, el National Book Critics Circle Award, dos becas Guggenheim y el Neustadt International Prize for Literature, entre otros, probó suerte como traductora, escribió artículos para “The New Yorker” y brindó conferencias en diversas universidades, muchas de las cuales la tuvieron también como profesora.

Respecto a su vida privada, Elizabeth Bishop se ha convertido en un icono como poeta lesbiana, y a pesar de haber mantenido vínculos amorosos con distintas mujeres, sólo tuvo dos relaciones estables: la primera con Lota de Macedo Soares, una arquitecta socialista brasileña de buen pasar económico y la otra, con Alice Methfessel, quien heredó los derechos de la obra literaria de Bishop, después de que ella, el 6 de octubre de 1979, muriera en su casa de Boston producto de una hemorragia cerebral.