domingo, 29 de noviembre de 2015

"LA GACELA", Mayte Dalianegra


La gacela nunca piensa
que un día,
un día cualquiera,
un día sin asombros,
un día sin esquinas,
mientras pasta bajo la placidez diurna,
sentirá el cuchillo de unas fauces
germinando la envoltura de sus párpados.

Si a su mente acudiese tal pensamiento,
si la sola raíz de ese dilema asomase
sus entrañas bajo el manto dulce de la niebla,
seguro sería la inanición el motivo de su muerte,
nunca la voracidad del león.

La gacela corre inquieta
ante el menor argumento de lance,
aunque el cristal veteado y prófugo
de sus ojos no llegue a imaginar jamás
el vértigo clamoroso
de la sangre.

Al igual que la gacela,
corremos arriba y abajo
siguiendo un código tan críptico
como el de las constelaciones,
como el de las abejas.

Corremos arriba y abajo
desbrozando caminos,
desatando lazos,
proyectando haces de luz
que descubran la guarida de la sombra
y la obliguen a crujir
con un temblor huesudo.
Corremos arriba y abajo
desterrados de la seguridad del claustro,
indefensos ante la espada del miedo,
y suspiramos aliviados cuando cada noche
damos término al día,
suspiramos aliviados engullendo lotos.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "El león hambriento se lanza sobre el antílope" (1905), Henry Rousseau. Fundación Beyeler, Riehen, Basilea, Suiza

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"SÓLO COSAS SOMBRÍAS", Ingeborg Bachmann


Como Orfeo, toco
en las cuerdas de la vida la muerte,
y ante la belleza de la tierra
y de tus ojos, que administran el cielo,
sólo sé decir cosas sombrías.

No olvides que también tú, de pronto,
aquella mañana, cuando tu lecho
todavía estaba húmedo de rocío y el clavel
dormía junto a tu corazón,
viste el río oscuro
pasar a tu lado.

La cuerda del silencio,
tensada sobre la ola de sangre,
puso manos en tu corazón sonante.
Transformado quedó tu rizo
en la cabellera de sombras de la noche,
los copos negros de las tinieblas
nevaron tu semblante.

Y mi lugar no está a tu lado.
Ahora nos lamentamos los dos.

Pero como Orfeo, sé
junto a las cuerdas de la muerte la vida,
y en mí reverbera el azulado
de tu ojo por siempre cerrado.

(Ingeborg Bachmann)

Versión de Arturo Parada

Pintura: Orfeo y Eurídice" (1864), Frederic Leighton 

Mis poetas favoritos: INGEBORG BACHMANN

Ingeborg Bachmann fue una poetisa, novelista y narradora de relatos breves austriaca nacida en Klagenfurt (Corintia). Hija de un director de escuela, estudió Filosofía, Psicología, Filología Alemana y Ciencias Políticas en Innsbruck, Graz y Viena. Se dedicó al periodismo antes de escribir su primer libro de poemas, "El tiempo postergado" (1953). A partir de entonces se convierte en un personaje público, no sólo por sus versos, sino por esa inusual combinación de sensualidad e inteligencia que llama la atención en un mundillo literario por entonces únicamente masculino. Mujer inaccesible y misteriosa, de extrema fragilidad, su voz quebrada y casi rota está llena de referencias filosóficas, desde Wittgenstein a Heidegger, pasando por Walter Benjamin o Simone de Beauvoir. 

Tuvo intensas relaciones con los escritores Paul Celan y Max Frisch, y más tarde atravesó duras crisis personales y de salud, evitando cada vez más las apariciones en público. Después de publicar su primer libro en prosa, "A los treinta años" (1961), se mantuvo durante diez años sin publicar apenas nada. Su siguiente libro, la novela "Malina" (1971), pasó directamente a la lista de los best-sellers, siendo considerada por eso la primera autora mediática de la literatura en lengua alemana. 

Otras obras suyas son, "Tres senderos hacia el lago", "Últimos poemas" e "Invocación a la Osa Mayor". Considerada como una de las más importantes poetisas post-bélicas, Italia fue su patria adoptiva en los últimos años de su vida.

Falleció en Roma, como consecuencia de las graves quemaduras que un incendio en su casa le produjeron (supuestamente se quedó dormida con un cigarrillo encendido). Desde entonces uno de los grandes premios literarios en lengua alemana lleva su nombre.

viernes, 13 de noviembre de 2015

"UN PASEO BORDEADO POR LOS TILOS", Mayte Dalianegra


Los ojos ven un amplio paseo,
bordeado por la fronda de unos tilos,
donde sólo la punzante arista del alambre
tiene su casa.
Los pies lo surcan con la atávica
ceguera de los funámbulos,
y hay un abismo negro y sediento,
un abismo incorpóreo y recóndito
que se abre a los flancos
como una catacumba,
como una fosa común
que pacientemente aguarda
a todo cuanto respira,
y con cada paso
y con cada pestañeo,
esa tumba abisal abre su boca
mostrando el filo cortante
de sus mandíbulas,
y hay que driblar sus envites
sin siquiera percibirlos.

Virajes vanos
con la no menos banal esperanza
de arañar algo de tiempo
y conservarlo como mugre bajo las uñas,
pues su saliva
ya sabe del sabor de la presa
y con sus quijadas
ya escarba la tierra, ya arregla el lecho.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Un parque de la ciudad" (1887) William Merrit Chase

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"VENDRÁ LA MUERTE Y TENDRÁ TUS OJOS...", Cesare Pavese

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
—esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo—. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito acallado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola sobre ti misma te inclinas
en el espejo. Oh querida esperanza,
también ese día sabremos nosotros
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un vicio,
como contemplar en el espejo
el resurgir de un rostro muerto,
como escuchar unos labios cerrados.
Mudos, descenderemos en el remolino.

(Cesare Pavese)

Versión de Carles José i Solsora

Pintura de Rolf Armstrong

"TIENES ROSTRO DE PIEDRA ESCULPIDA", Cesare Pavese

Tienes rostro de piedra esculpida,
sangre de tierra dura,
viniste del mar.
Todo lo acoges y escudriñas
y rechazas
como el mar. En el corazón
tienes silencio, tienes palabras
engullidas. Eres oscura.
para ti el alba es silencio.

Y eres como las voces
de la tierra -el choque
del cubo en el pozo,
la canción del fuego,
la caída de una manzana;
las palabras resignadas
y tenebrosas sobre los umbrales,
el grito del niño- las cosas
que nunca pasan.
Tú no cambias. Eres oscura.

Eres la bodega cerrada
con la tierra removida,
donde el niño entró
una vez, descalzo,
y que siempre recuerda.
Eres la habitación oscura
en la que se vuelve a pensar siempre,
como en el patio antiguo
donde nacía el alba.

(Cesare Pavese)

Pintura: "Beatricesank", Wladislaw Theodor Benda

sábado, 24 de octubre de 2015

"HERMOSO AMOR", Mayte Dalianegra


Hermoso amor
que un día depositaste tus besos
sobre las adelfas floridas
de mis jardines:
soy Babilonia,
toda puertas, toda palabras,
toda secretos.

Soy Babilonia
y ansío liberar
el travertino de sus huecos
—las oscuras oquedades
donde reptan, en espiral,
las serpientes hambrientas del tedio.

Soy Babilonia
y ansío liberar
el tacto del mármol de sus cerrojos
helados;
ansío su victoria
sobre el sabor a roca inerte
y que se mute en dulce y cálida madera seca,
y que el filo de una llama
la consuma laminada ya en bucles de viruta

y que renazca hecha dragón
y que regrese a mí como a su Ítaca.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Dos muchachas con adelfas" (1890), Gustav Klimt, Wadsworth Atheneum, Hartford, Connecticut, Estados Unidos

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"MAÑANA", Cesare Pavese


La ventana entornada recuadra un rostro
sobre el campo del mar. Los lindos cabellos
acompañan el tierno ritmo del mar.

No hay recuerdos en este rostro.
Sólo una sombra huidiza, como de nubes.
La sombra es húmeda y dulce como la arena
de una intacta caverna, bajo el crepúsculo.
No hay recuerdos. Sólo un susurro
que es la voz del mar convertida en recuerdo.

En el crepúsculo, el agua mullida del alba,
que se impregna de luz, alumbra el rostro.
Cada día es un milagro intemporal,
bajo el sol: lo impregnan una luz salobre
y un sabor a vívido marisco.

No existe recuerdo en este rostro.
No hay palabra que lo contenga
o vincule con cosas pasadas. Ayer,
se desvaneció de la angosta ventana,
tal como se desvanecerá dentro de poco, sin tristeza
ni humanas palabras, sobre el campo del mar.

(Cesare Pavese)

Pintura: "Figura en una ventana" (1925), Salvador Dalí

"EL PARAÍSO SOBRE LOS TEJADOS", Cesare Pavese

Será un día tranquilo, de luz fría
como el sol que nace o muere, y el cristal
cerrará el aire sucio fuera del cielo.

Se nos despierta una mañana, una vez para siempre,
en la tibieza del último sueño: la sombra
será como la tibieza. Llenará la estancia,
por la gran ventana, un cielo más grande.
Desde la escalera, subida una vez para siempre,
no llegarán voces, ni rostros muertos.

No será necesario dejar el lecho.
Sólo el alba entrará en la estancia vacía.
Bastará la ventana para vestir cada cosa
con una tranquila claridad, casi una luz.
Se posará una sombra descarnada sobre el rostro sumergido.

Será los recuerdos como grumos de sombra
aplastados como las viejas brasas
en el camino. El recuerdo será la llama
que todavía ayer mordía en los ojos apagados.

(Cesare Pavese)

Traducción de Carles José i Solsora

Pintura: "Lord Byron en su lecho de muerte" (1826), Joseph-Denis Odevaere, Groeninge Museum, Brujas

Mis poetas favoritos: CESARE PAVESE

Cesare Pavese (San Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950) fue un escritor y poeta italiano. Su infancia y juventud transcurrieron en Turín, donde se graduó en Letras con una tesis sobre W. Whitman. Su carácter tímido, los desengaños amorosos y las sucesivas crisis vitales, de orden religioso y político (en un principio vinculado al fascismo, posteriormente fue miembro del partido comunista), lo llevaron hasta un aislamiento que culminó en suicidio.

Su vida pública y literaria está relacionada con su actividad en la editorial turinesa Einaudi, de la que fue lector y consejero. Pavese perteneció a la generación neorrealista italiana y contribuyó a la difusión de los novelistas norteamericanos tanto a través de sus traducciones de Melville, Dos Passos, Faulkner, Steinbeck, Stein y Joyce, como por su colaboración en la antología Americana (1942), junto con E. Vittorini. Asimismo, sistematizó sus conocimientos sobre literatura estadounidense en "La literatura americana y otros ensayos" (1951).

Inició su obra de escritor con la publicación del poemario "Trabajar cansa" (1936), con el que se opuso a la poesía hermética italiana. Su obra narrativa, de un lúcido realismo, plasma el mundo rural y la vida social contemporánea ("Allá en tu aldea", 1941; "La playa", 1942; "La cárcel", 1938-1939, publicado en 1949; "Antes de que el gallo cante", 1949; "El bello verano", 1949; "Entre mujeres solas", 1949; "El diablo en las colinas", 1949; "La luna y las fogatas", 1950). Su diario "El oficio de vivir" (publicado a título póstumo en 1952) es un extraordinario testimonio sobre la vida y el oficio de un escritor.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

"SI SIENTES QUE EL CORAZÓN TE APRIETA...", Mayte Dalianegra

Si sientes que el corazón
te aprieta los poros,
despégate del suelo,
deja que levanten vuelo tus alas,
las de liviana pluma,
las de blanca pluma
de garza,
las que no permiten
que la boca de la tormenta
alcance los innúmeros paraísos.

Deja que una brisa azulada temple tu frente,
tu frente poderosa de basalto,
y cierra los ojos,
divisa el paisaje de tus párpados,
el riego reticular de los capilares
que fertilizan tus retinas
y las transforman
en exuberantes vergeles,
en jardines de mandrágoras.

Si todavía así
sientes que crepita la llama
del desamparo,
penetra en tus abismos,
los que conducen a tu núcleo de fulgores
sin sombras,
ese cuyas membranas
aún conservan huellas de manos infantiles,
aún conservan sonrisas inocentes.

No te detengas, prosigue
tu incursión y evita las marejadas,
la conspiración de las centellas,
 la palabra mercenaria que se adosa al oído,
los demonios coronados de pétalos,
los amuletos y los escapularios.

Evita todo eso y más que encuentres
allá donde tus pies hallen senderos.
Evita la maldición de la memoria
cuando te abra en llagas,
y evita la soledad de la muchedumbre.

Camina sobre la hierba dócil
y llega,
aunque tengas que hacer uso del atajo,
aunque tengas que emboscarte
entre las rosas.

Arriba a la costa que lleva por nombre
tu mismo nombre
y, cuando lo hagas, fondea.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "La partida de los argonautas de Yolcos" (1487), atribuido a Pietro del Donzello

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"CARPE NOCTEM"

Carpe noctem, amor. Coge el brusco deseo
ciego como adivino,
los racimos del pubis y las constelaciones,
el romper y romper
de besos con dibujos de olas y espirales.
Miles de arterias fluyen
mecidas como algas. Carpe mare.
Seducción de la luz,
de los sexos abiertos como tersas actinias,
de la espuma en las ingles y las olas
y el vello en las orillas, salpicado de sed.

Desear es llevar
el destino del mar dentro del cuerpo.

(Aurora Luque)

Pintura: "Afrodita", Robert Fowler

"ANUNCIACIÓN DEL VERANO", Aurora Luque

Una avioneta blanca sobrevuela la costa
con su estela de lona casi en blanco.
"Anúnciese en el aire". Desde el apartamento
los parasoles verdes, naranjas, morados

hacen que el mar se vista a estas alturas
una túnica pop. Se hunde aquel barco
centímetro a centímetro, sus tribales quehaceres
de antigua pesquería. Este verano

nos deslumbra el blanquísimo poliéster
de un yate sobre el puzzle inacabado
de un movedizo mar turquesa, malva.
Descienden las gaviotas. ¿No está la vida acaso

bajo un inmenso toldo de luz que la protege
del ardor del vacío, de su abrazo
de las ondas violetas de la muerte,
de su quehacer tribal, del viejo pacto?

(Aurora Luque)

Pintura: "Salvavidas", Kenton Nelson

"ACUARELA", Aurora Luque

Hay viajes que se suman al antiguo color de las pupilas.
Después de ver la isla de Calipso ¿es que acaso Odiseo
volvió a mirar igual? ¿No se fijó un color
como un extraño cúmulo de algas
en sus pupilas viejas? Lo mismo que en los pliegues
mínimos de la piel
se fosilizan besos y desdenes, así los ojos filtran
esa franja turquesa del mar que acuna islas,
medusas de amatista, blancura de navíos.
La piel es vertedero de memoria
lo mismo que el poema. Pero acaso unos ojos
extrañamente verdes de repente dibujen
empapados de luz
un boscoso archipiélago perdido.

(Aurora Luque)

Pintura: "Calypso" (1906), George Hitchcock 

lunes, 31 de agosto de 2015

"KERKOUANE (TANIT)", Mayte Dalianegra


La brisa salina
perfumaba las alas de una tarde
de velaje azul, como un zafiro,
con la pleamar rizando el oleaje.

Tanit parecía
trazada por una mano pueril,
esbozada con blanquísimas
teselas de caracola
engastadas en el pavimento
de un atrio milenario.
Su cuerpo triangular,
sin duda,
soportó el tránsito de muchas vidas
que después
formaron parte de las nubes.

No puedo
estimar cuánto hace de aquello,
pues la mente es una alondra
revoloteando alocada
al imaginar la densidad de los siglos,
sólo sé que ante mí
el mar era un cielo líquido,
y el misterio de Kerkouane,
teñido con la púrpura de sus múrices,
era un corazón latiendo
con el diapasón de las olas.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Dido construye Cartago" (1815), Joseph Mallord William Turner, National Gallery, Londres

Nota: Kerkouane, situado al noreste de Túnez, es un yacimiento arqueológico púnico, Patrimonio de la Humanidad, que se ha preservado sin modificaciones de épocas posteriores, y que conserva los enigmáticos baños que poseía cada vivienda, teñidos con la tintura púrpura obtenida del múrice, un molusco cuya extracción constituía la principal industria de la ciudad.


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"GEL", Aurora Luque

Preparo la toalla. Me descalzo. Esa esponja 
porosa y amarilla que compré en un mercado 
obsceno de turistas en la isla de Hydra
qué dócil bajo el agua cotidiana
tantos meses después, en el exilio.
De pronto el gel recuerda –su claridad lechosa, 
su consistencia exacta– el esperma del mito,
el cuerpo primitivo y trastornado de Urano,
un susurro de olas mar adentro
y una diosa que aparta
los restos de otra espuma de sus hombros.
Me punza una emoción tan anacrónica,
un penoso latir, hondo y absurdo,
por ese mar. Por ese sólo mar. Busco una dosis 
de mares sucedáneos.
Cómo podría desintoxicarme.
Dependo de por vida
de una droga. De Grecia.

(Aurora Luque)

Pintura: "Horas de ocio", John William Godward

Mis poetas favoritos: AURORA LUQUE

Aurora Luque es una poeta, ensayista, narradora, traductora y articulista española que nació en Almería en 1962. 

Pasó su infancia en la Alpujarra granadina y en Granada cursó bachillerato y se licenció en Filología Clásica. Actualmente es profesora de griego en Málaga y escribe artículos para el Diario Sur, también de Málaga. Asimismo, dirige la colección de poesía "Cuadernos de Trinacria" y codirige la colección "Maremoto" junto con Jesús Aguado. 

Sus libros de poemas son "Hiperiónida" (Premio Federico García Lorca de la Universidad de Granada en 1982), "Problemas de doblaje" (accésit del Adonáis en 1990), "Carpe noctem" (Premio Rey Juan Carlos en 1994),"Carpe mare" (1994), "Transitoria" (finalista del Premio Rafael Alberti y Premio Andalucía de la Crítica en 1998), "Las dudas de Eros" (2000), "Portuaria" (Antología 1982-2002), "Camaradas de Ícaro" (Premio Fray Luis de León en 2003), "La siesta de Epicuro" (2003), "Carpe verbum" (Antología temática, 2004) Y "Carpe amorem" (2007).

Su poesía se recoge en diversas ediciones publicadas entre los años 1982 y 2008, y ha sido traducida a varios idiomas.

domingo, 16 de agosto de 2015

"VERMEER", Mayte Dalianegra

Parecía una escena pintada por Vermeer:
desde la ventana, una luz perlada
cruzaba la estancia en diagonal,
y todo cuanto en ella había
gozaba de su fluorescencia.
La mesa, las sillas, los jarrones chinos,
las alfombras persas,
todo brillaba con el esplendor
de un colorido nuevo.

Las pupilas se acostumbraban
al sosiego diurno,
y el corazón latía más despacio,
con una mesura
para la que no había sido aún domesticado.

Ya había olvidado morir
en tus labios con la cadera ceñida
de soles y fragmentarme
cada noche
como una estrella de vidrio.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Joven con jarra de servir agua” (1665), Jan Vermeer. Metropolitan Museum of Art, New York

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"AGUA", Robert Lowell

Era un pueblo langostero de Maine—
cada mañana botes llenos de manos
partían hacia las canteras de granito 
en las islas,

y dejaban atrás docenas de tristes
casas blancas de madera adheridas
como conchas de ostra
a una colina de roca,

y debajo de nosotros, el mar lamía
los pequeños laberintos
de palos de cerilla de una esclusa,
donde se atrapaban los peces para cebo.

¿Recuerdas? nos sentábamos en una laja de roca.
Desde esta distancia en el tiempo,
parece del color
de los lirios iris, pudriéndose y volviéndose más púrpura,

pero no era más que la habitual roca gris
que se volvía del habitual color verde
cuando el mar la empapaba.

El mar empapaba la roca
a nuestros pies todo el día
y continuaba arrancándole
trozo tras trozo.

Una noche tú soñaste
que eras una sirena aferrada a un pilón de un muelle,
y que intentabas arrancar
los percebes con las manos,

Deseábamos que nuestras dos almas
pudieran retornar como gaviotas
A la roca. Al final,
el agua resultó demasiado fría para nosotros.

(Robert Lowell)

Pintura: "Early evening paddle", Kenneth M. kirsch

"AFEITÁNDOME", Robert Lowell

Al afeitarme veo, en su toda su extensión,
sólo por esta vez, mi cara en el espejo.
La miro de reojo como si se tratase
de un problema de carpintería...
Aunque la encuentro un poco más delgada,
es la cara de siempre,
con ojos acechantes al ritmo de mi mano..

Nunca tienen los días las suficientes horas...
Según estoy tumbado, confinado, anhelante,
monomaniaco,
celoso incluso de la intrusión más mínima
(me resulta imposible rechazar
la diminuta espina de algún cardo).
Incapaz de imitar la manera espontánea
con que exigen los niños sus respuestas.

Tan inflamable es para mí una piedra
como una cerilla de cartón.

La marea doméstica ha cesado;
y, tú también, inclinas la cabeza
sobre lo que has escrito
y corriges, a veces disgustado,
con cara inexpresiva, como los girasoles.

Tenemos suerte
de haber podido juntos realizar tantas cosas.

(Robert Lowell)

Pintura: "Joven lavándose los dientes", Ignacio Mayayo

"EN EL DORMITORIO DE MI PADRE", Robert Lowell

En el dormitorio de mi padre:
la fibra azul es delgada
como la escritura de un lapicero
en el cubrecama;
azules descoloridos en las cortinas,
un kimono azul,
sandalias chinas con correas azules de felpa.
La tabla ancha del suelo
tiene un lijado pulcro.
La claridad de la lámpara de vidrio
con una pequeña y blanca tulipa que fuera levantada algunas
pulgadas para que descansen en el volumen
dos los oídos de Lafcadio.
Reflejo de un Japón no familiar.
Como el escondite de los rinocerontes,
sus olivos combados cubren
lo que fue castigado.
En el marcador del libro:
"De Mamá para Robbie".
Años mas tarde en el mismo lugar:
"Este libro ha tenido un duro trato,
en el río Yangtsé, China.
En la tormenta fue dejado bajo
una tronera abierta".

(Robert Lowell)

Pintura: "Autorretrato en la habitación de la Villa Medici", Leon Cogniet (1794-1880)

jueves, 30 de julio de 2015

"AGOSTO EN EL CAIRO", Mayte Dalianegra

Era agosto en El Cairo,
mes de noches tan cálidas
que impiden dormir
en las alcobas;
y allí estábamos,
compartiendo la noche
y el humo voluptuoso de una shisha
en El Fishawy,
el café que nunca cierra.

Naguib Mahfuz ya no se reflejaba
en la plata vetusta y turbia de sus espejos,
si bien algo suyo vibraba aún en el aire
como un testimonio del fuego.
Una presencia reveladora,
quizás del trazo de su letra,
quizás de sus huellas
—impresas accidentalmente
sobre alguna de las bandejas de latón
que hacían las veces de veladores—;
o tal vez una de sus palabras
podría haberse quedado apresada
en el sofocante calor nocturno
—seguro que buscando el rayano
callejón de Midaq
y sus ansiados milagros emergiendo del limo—,
y volvía a nosotros
como diariamente volvía el dios Ra
—desde la oscuridad—
a iluminar la vida.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Vista de El Cairo”, Jean León Gérôme (1824-1904)

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"PARA HABLAR DEL INFORTUNIO QUE HAY EN EL MATRIMONIO", Robert Lowell

La noche calurosa nos hace mantener abiertas las ventanas del dormitorio.
Nuestra magnolia florece. La vida comienza a acontecer,
mi excitado marido interrumpe sus discusiones hogareñas,
y recorre las calles de un lado a otro, en busca de prostitutas,
lanzándose por el filo de una navaja.
Ese insensato podría matar a su mujer, y luego jurar no beber más.
Oh la monótona bajeza de su lujuria. ..
Es la injusticia... él es tan injusto...
ciego de whisky, volviendo a casa a las cinco, fanfarroneando .
¿Qué lo mueve? Cada noche ato a mi muslo
diez dólares y la llave del auto...
Aguijoneado por la urgencia de su deseo
se desploma sobre mi como un elefante.

(Robert Lowell)

Pintura: "En el Restaurante La Mie", Henri Toulouse-Lautrec

miércoles, 29 de julio de 2015

Mis poetas favoritos: ROBERT LOWELL

Robert Lowell (1917 - 1977) fue un poeta estadounidense. Nació el 1 de marzo de 1917 en Boston, y fue primo de Amy, Percival y Abbott Lowell.

Cursó estudios en la Universidad de Harvard y el Kenyon College. Fue encarcelado por negarse a participar en la II Guerra Mundial e internado en un hospital psiquiátrico. Más adelante participó en campaña antibelicista y en movimientos de defensa de las libertades civiles.

Su primer volumen de poesía, Tierra improbable (1944), expone los efectos de la II Guerra Mundial. En (1946) consigue el Premio Pulitzer con El castillo de Lord Weary, que incluye su famoso poema 'Coloquio en Black Rock'. Escribió poemas de carácter político, como Por los muertos de la Unión (1964) y Cerca del océano (1967).

Otras obras de poesía son Imitaciones (1961). Su trilogía teatral La antigua gloria (1965) es un estudio histórico sobre la cultura americana. Adaptó además dramas griegos como Fedra (1963) y Prometeo encadenado (1969).

Robert Lowell falleció el 12 de septiembre de 1977 en Nueva York. 

martes, 21 de julio de 2015

"KA-APER (CHEIK-EL-BELED)", Mayte Dalianegra

Los escribas
llevaban consigo
paletas con tinteros
y cajas de cálamos,
pero tú,
noble Ka-aper
—que antes de que tu carne
fuese de sicomoro,
leías los papiros sagrados
que ellos escribían—,
solo necesitaste
tus penetrantes pupilas
para inscribirte en la historia.

(Mayte Dalianegra)

Imagen: fotografía de la escultura egipcia del sacerdote lector "Ka-aper" (llamado "Cheik-El-Beled" en lengua árabe, cuyo significado es "El alcalde del pueblo"), hallada en la necrópolis de Saqqara en 1860 y perteneciente a la V Dinastía del Imperio Antiguo de Egipto

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"TUS OJOS TIENEN EL RECÓNDITO DESMAYO...", Germán Bleiberg

Tus ojos tienen el recóndito desmayo
del nocturno horizonte,
que nunca hiere el alba.
Pero también irradian alegrías
cuando recuerdas o presientes,
y entonces resplandece tu mirada
como el íntimo vuelo de una alondra en abril.

Y cuando ahora recorremos el camino
donde nuestro amor halló su origen,
las piedras de calles angostas,
los monumentos altivos,
las ruinas cansadas,
la silenciosa lluvia,
el hijo de una amiga soñando
su histórica ciudad de provincia,
espejan en su canción agitada
la letanía feroz del tiempo,
y cada vez más me iluminan
tus ojos de nocturno horizonte,
cuando la vida acucia con sus cielos
y renunciamos al pan cotidiano
a cambio de unas tazas gozosas
de policromada arcilla,
tazas que el agua convertirá en recuerdo.

Y entonces comprendo qué es la claridad
del horizonte fiel de tus ojos,
el horizonte oscuro de un amor
que me asedia cada amanecer con una sonrisa,
inmune al tránsito de la tristeza,
de la harapienta tristeza del mundo.

(Germán Bleiberg)

Pintura de Rolf Armstrong

"EL AMOR Y EL PAISAJE", Germán Bleiberg

Un hálito de rocío en mis venas,
una mariposa que sangra,
tu voz hecha cristal quebrándose en el río de la noche,
y yo, llama menor de la muerte, soñando.
El otoño desliza antiguas alas de galgo
por las calles de la ciudad perdida,
los niños estremecen su cántico entre hierbas tristes,
mi voz se sumerge en el paisaje escondido,
mientras un dócil viento
martiriza mis ojos con súbitas ausencias.

¿Dónde ciñen ahora tus manos acostumbradas al asombro del tilo
mi carne desamparada?
Una ligera sombra corrige nuestro llanto,
y la víspera del naufragio es bendecida
por el mar y por las rocas
y por el gozo de ser en tu hermosura un lirio sin fondo.

Las flores de nuestro jardín nocturno
no son sino memoria y lejanía,
y bajo la luna silvestre, el olvido tiembla
como un álamo sin raíces.

Han arraigado en nuestra piel las primeras luces del alba,
y el mar con su oleaje salobre abraza nuestro anhelo,
y todo en nosotros vibra y canta y se abandona al grito.

¿Qué promesa de parque temblaba en tus ojos?
El amor es hoy la medida del tiempo
en las llagas que nacen de la soledad.
Sobre mi pecho, los siglos se consumen en su fuego,
y busco el asilo límpido de los nuevos árboles frutales,
busco la ventana abriéndose al mar embravecido,
donde todo es horizonte y paisaje y amor,
donde se yergue, en fin, esta trémula semilla exacta de la vida,
que se propaga de primavera en primavera.

Y tú, niña, llamándome con la misma voz que brota de mi sangre,
espérame, tú, la más dulce:
también yo he llamado a las puertas sombrías de la noche,
y sólo acuden el tiempo y el destino.

Toda mi alma, amor, sabe esperarte,
en esta penumbra marchitada,
mientras en mis ojos reside un ambiente de barco cercado por las olas,
y recuerdo el dolor convertido en experiencia.
¿Dónde se confunde la brisa con la paz delgada del padre muerto?
Quiero llegar a tus tranquilas puestas de sol,
alta melancolía impaciente,
quiero abrazarte en la raíz de toda mi vida,
quiero recordarte en la firme anunciación de mí mismo,
dulcemente morena bajo la melodía del cielo azul,
tú, lejana,
sin más principio que tu propia transparencia.

(Germán Bleiberg)

Pintura: "Vista de Capri" (1878), John Singer Sargent

domingo, 5 de julio de 2015

"FE", Mayte Dalianegra

La fe canta con voz
de poeta,
como Homero lo hiciera.

Con canto de sirena
narra bellas leyendas,
esplendiendo la magia
de su estela de humo.

Canta con voz de trueno
y con voz de jilguero.

Canta para que atentos la escuchemos,
y sigamos sus pasos sin salirnos
del borde de sus huellas.

Canta para que hilemos su vellón
con nuestra propia rueca
y, como si el durmiente Homero fuésemos,
la miremos con ojos también ciegos.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Fe, Esperanza y Caridad”, Carmen Giraldez

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"SÓLO AQUEL TEMBLOROSO VIENTO AMADO...", Germán Bleiberg

Sólo aquel tembloroso viento amado,
tan dulcemente estrecho entre mis venas,
viene con tu paisaje y con serenas
voces de tu fervor puro y llorado.

Estoy solo, ya solo y entregado
a este dolor humilde en que me ordenas,
y espero, oculto en soledades plenas,
llegar a ti, febril y enajenado.

Hoy son tus ojos esta luz sin horas.
que yo buscaba como bien pequeño.
¡Víspera del espacio presentido,

las lentas llamas, manantial de auroras!
Y tu sangre tendrá un sabor de sueño
entre las mariposas florecido.

(Germán Bleiberg)

Pintura: "Flora y Céfiro (detalle)", John William Waterhouse

"ENCUENTRO EN TI LA LUZ ESTREMECIDA", Germán Bleiberg

Encuentro en ti la luz estremecida
y un honesto temblor siempre soñado,
vibrando en juventud, limpio y alado,
un bienestar de soledad henchida,

y estos ojos de hierba humedecida
que cumplen su mirada, armonizado
el viento y el celeste azul logrado,
como un jardín bajo la brisa herida.

Yo te he buscado, amante, en el tranquilo
encendimiento firme de tu frente,
como triste abandono de azucena,

y te encuentro, presente, en el sigilo
de mi ágil corazón, tan dulcemente
ungido por tu voz loca y serena.

(Germán Bleiberg)

Pintura: "El jardín de Pan", Edward Burne-Jones

Mis poetas favoritos: GERMÁN BLEIBERG

Germán Bleiberg (Madrid 1915 - 1990) fue un poeta escritor e hispanista español que perteneció a la Generación del 36.

Nace en Madrid en el seno de una familia protestante de origen alemán. Su conversión al catolicismo impregna su obra de una profunda y difusa atmósfera religiosa. Estudia en un colegio alemán, para luego licenciarse y doctorarse en Filosofía y Letras por la Universidad de Madrid.

En 1936 se publica su primera colección de sonetos ("Sonetos amorosos"), de línea garcilasista, que será considerada su obra maestra.

En 1938 recibe el "Premio Nacional de Literatura", compartido con Miguel Hernández, por su obra de teatro en tres actos titulada "La huida", que no llegó hasta nuestros días. Es autor de más obras teatrales, habiendo participado, junto con García Lorca, en el grupo "La Barraca".

En la guerra civil milita activamente en el bando republicano, siendo encarcelado de 1936 a 1943, conviviendo como recluso con Miguel Hernández durante cinco meses.

Tras ser excarcelado, se exilia a Estados Unidos, y desde 1961 es profesor en las universidades de Notre Dame y de Nueva York.
Desde 1967 desempeña la cátedra de Humanidades "Andrew W. Mellon" en el Vassar College.

De su obra destacan los poemarios «Sonetos amorosos» (1936), «Más allá de las ruinas» (1947), «La mutua primavera» (1948) y «Selección de poemas» (1975). 

Fue co-autor, junto a Julián Marías, de un afamado «Diccionario de Literatura Española» que tuvo numerosas ediciones.

De regreso a su Madrid natal tras su jubilación, fallece el 31 de octubre de 1990.

viernes, 5 de junio de 2015

"CUÁNDO", Mayte Dalianegra

Cuándo dejó la imagen
 la modestia del semillero
para germinar en la rueda,
para cobrar el movimiento de lo vivo.

Cuándo nació,
en qué momento
llegó su luz irisada,
preñada de índigos y magentas,
rubia de trigos.
Luz que se hizo día
en la ventana del labio,
noche cuando la boca
selló su puerta.

Cuándo vino a nosotros
—pobres seres de barro—,
cuándo nos hizo.

Cuándo llegó la palabra
para hermanarnos con lo celeste.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Adán y Eva" (1932), Rosario de Velasco

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"VOZ DE DAVID", Alda Merini

Voz de David
La muerte, Alda,
es un imperio de ángeles
que se precipita en el corazón.
El fuego ha invadido mis manos.
No sabía que el cuerpo
pudiese tener arterias
de fuego y de beatitud.
Y desde aquí te miro,
desde cada lugar en donde tú respiras.
Aunque tú no creas,
te llevaré conmigo
hasta la cima del universo
donde podrás ver
las tormentas de tu vida.
Y ese día descubrirás
que Dios sólo hace una cosa:
esparce nuestro aroma
en el infinito
para dar vida a Su respiro.

(Alda Merini)

Pintura de William Adolphe Bouguereau

"YO ESTOY SEGURA DE QUE NADA MÁS SOFOCARÁ MI RIMA...", Alda Merini

 
Yo estoy segura de que nada más sofocará mi rima,
el silencio lo he tenido encerrado años en la garganta
como una trampa de sacrificio,
ha pues llegado el momento de cantar una
exequia al pasado.

(Alda Merini)

Pintura: "Servicio de funeral en las tierras altas", James Guthrie

miércoles, 20 de mayo de 2015

"EL GRAN HUNAPÚ (Volcán de Agua, Guatemala)", Mayte Dalianegra

“…¿Quién se explica los volcanes sin brazos?
¡Raza de tempestad envuelta en plumas
de Quetzal, rojas, verdes, amarillas!
¡Quetzalumán, la serpiente coral
tiñe de miel de guerra el Sequijel
el desangrarse el Árbol del Augurio,
en el augurio de la sangre en lluvia,
a la altura de los cerros quetzales
y frente al Gavilán de Extremadura!...”

(“Tecún-Umán”, Miguel Ángel Asturias)


No fue la espada vengadora
de un arcángel extranjero
la que lavó el pecado
con fuego.

El volcán
era la copa de una ceiba
frondosa
que hendía el Xibalbá
 con sus raíces.

El volcán
liberó el vuelo
de los quetzales
de plumas tan brillantes como el metal
de los morriones
que escudaban las testas
de los gavilanes,
de plumas tan verdes como el jade
de los pectorales
que engalanaban los torsos
de los caudillos mayas.

El volcán
fue la copa de lágrimas
que lavó el pecado
de la ciudad enlutada,
con las manos de maíz
de los Señores Cuchumaquic y Xiquiripat.

El volcán,
retorciendo su garganta,
vengó con su mar de barro
la sangre antigua.

Los colibríes,
uncidos al yugo
como ganado —domesticados—,
con sus bocas
desnudas, propiciaron la sajadura
de sus propias arterias.

El volcán
enmudeció pues como enmudecen
los muertos,
con una última lágrima
anidada en el frío.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "El cáliz del Titán" (1833), Thomas Cole. Metropolitan Museum, New York
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