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domingo, 10 de julio de 2011

"LA LETANÍA DEL DOMINGO", Horacio Rega Molina.

Como es día domingo, por la ciudad me pierdo.
Busco una calle muerta para mi poca fe.
La calle tiene un nombre que ahora no recuerdo
porque en un mismo sueño lo supe y lo olvidé.

La calle es como un niño que por la vez primera
busca sin esperanza un juguete perdido.
Su manera de hablar fue antaño mi manera
y su cabeza rubia, yo también la he tenido.

Tristeza del domingo. La soledad me agobia
y de improviso siento la pena singular
de que, sin conocerla, yo he tenido una novia
que en este mismo instante me ha dejado de amar.

La calle se ha llenado de parejas furtivas...
Un ómnibus vacío compendia mis dolores,
y siento que las únicas manos caritativas
son las manos de bronce que hay en los llamadores.

El domingo es el drama del hastío y del ocio,
es un palo vestido con cintas y sonajas.
Deseo madrileño de poner un negocio
con un billar de lance y un mazo de barajas.

Es como esos jardines que hay en los hospitales.
Es la vulgar cadencia de una música en boga.
Tiene las etiquetas y los sellos usuales
de un frasco destapado que contuvo una droga.

Es, en cualquier esquina, el bastón y el sombrero
de un burgués que se mira los botines lustrados,
y la satisfacción de un sobrio jardinero
que anda por una calle con árboles podados.

Aparece, indeciso, al fin de la semana,
cual de una bocamanga la mano de un enfermo.
Y es también un hortera con alma veneciana
que va a remar, de tarde, al lago de Palermo.

Si adquiriera, de pronto, contornos personales,
con la necesidad de ganar su peculio,
sería un vendedor de tarjeta a postales
en un librería del Paseo de Julio.

Es uno de los días más trágicos y crueles.
Triste como un desfile de Ejército y Armada.
(Hay también otro ejército con muchos coroneles,
y es el de Salvación, que no ha salvado nada.)

Domingo, el almanaque te anuncia al rojo vivo
pero tú necesitas un color con sordina,
como un farol chinesco, será decorativo,
pero la luz que arroja no viene de la China.

Yo lo suprimiría, sin cargo de conciencia,
suprimiría el día y el hombre endomingado.
Pero es fatal, como esa ridícula frecuencia
con que se da un tropiezo en un patio alfombrado.

También suprimiría la calle, en la que exponen
los árboles urbanos su edilicio follaje.
¿Qué será de la calle cuando ellos la abandonen
para formar, más lejos, otro nuevo paisaje?

Guiñándome su ojo de vidrio en la capota
pasa un coche vacío, reumático, terroso,
la luna, sobre el cable de una esquina remota,
ha colgado su antiguo letrero luminoso.

Y el domingo es como una lata de caramelos
que en el atardecer ha sido terminada.
La calle se proyecta, entre los rascacielos,
como una galería de ciudad sepultada.

Entonces interpreto, bajo la trapisonda
de las calles lascivas y la innúmera gente,
los ojos enlutados de la mujer que ronda
y atisba, tras los vidrios del cafetín, un cliente.

El domingo, en estado comatoso y de fiebre
me ve, sin domicilio, caminar con desgaire;
he sido mi arquitecto, mi albañil y mi orfebre
mas la ciudad no admite castillos en el aire.

Pero qué importa, en medio de gritos y de fugas,
Ya la edificación, sin ruido, se desploma,
y en un encogimiento de pliegues y de arrugas
la ciudad se desinfla como un globo de goma.

Horacio Rega Molina.

Pintura: "In lettura sul mare", (" En la lectura sobre el mar"), 1910, Vittorio Mateo Corcos.

viernes, 8 de julio de 2011

"MORTALIDAD", Horacio Rega Molina.

En esta urbana reclusión avara
en que me desconsuela estar conmigo
no quisiera que el campo me tomara
ni ocupar el lugar donde está el trigo.

No quisiera ser agua, turbia o clara,
pájaro que a su canto busca abrigo
como si fuese amor lo que cantara
como es indiferencia lo que digo.

Todo es mortal y se me va muriendo.
¿Cómo escucharme yo? ¿Cómo escucharte
si no comprendes y si nada entiendo?

Ni siquiera a la voz desconocida
que me dice, desde ninguna parte:
acércate que el cielo está con vida.

Horacio Rega Molina.

Pintura: "Oh What's That in the Hollow", Edward Robert Hughes.

"MEDIODÍA", Horacio Rega Molina.

Bañado en luz bosteza el toro,
y con primor que el gesto amengua
le tiembla el sol sobre la lengua
como una píldora de oro.

Horacio Rega Molina.

Pintura: "El rapto de Europa", Alexander Nedzvetskaya.

"LA CASA DEL ACUERDO", Horacio Rega Molina.

He aquí que, como  hace tantos años,la calle
se llena de galeras de rancia y alta caja.
Se abre una portezuela, crepuscular. ¿Quién baja?
¿De quién es ese rostro, ese pecho,  ese talle?

Caballeros que llegan a la ciudad, del valle,
de la montaña. Polvo con agua y nieve cuaja
cada  rueda de cada vehículo en que viaja
la  patria misma, para que la guerra no estalle.   
                
Un farol plañe luces. Las sanguíneas baldosas
reverberan. La hierba nace entre sus junturas.
El aire acuña voces. ¿Quién olvida  estas  cosas?
     
¿Pedestal de que heroica  figura es el aljibe?   
De pronto hay un silencio preñado de futuras
grandezas.  Alguien llora. Y el Acuerdo se  escribe.

Horacio Rega Molina.

Pintura: "la rendición de Breda" o "Las lanzas", (1634-35),  Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, Museo del Prado, Madrid.

MIS POETAS FAVORITOS: Horacio Rega Molina.

Horacio Rega Molina nació en San Nicolás de los Arroyos, provincia de Buenos Aires, en 1899 y murió en la Capital Federal, en 1957. Poeta argentino, cultivó, primordialmente, el soneto. Entre su obra poética publicada, podemos nombrar “La hora encantada” (1919); “El poema de la lluvia” (1922); “El árbol fragante” (1923); “La víspera del buen amor” ( 1925); “Domingos dibujados desde una ventana” (1928); “Azul de mapa” (1931); “Oda provincial” (1940); “Sonetos con sentencia de muerte” (1940); “Raíz y copa” (1943); “Patria del campo” (1946); “Sonetos de mi sangre” (1951); “Antología poética” (1954). En 1994 Plus Ultra editó sus dos libros póstumos, “Odas de vivac y de a caballo”, y “Consagración del fuego.”