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jueves, 6 de diciembre de 2012

"GESTOS Y COLORES", Boris Vian


A Félix Labisse.

Hay sexos cortos
 y otros cuelgan hasta las rodillas.
Rayados de amarillo y violeta,
como la sombra del sol a través
de la reja.
Y las mujeres, algunas huelen
a caldo de conejo salvaje.
Con tostadas es rico.

Boris Vian.

Pintura: "Pájaro muerto en la nieve de julio", Félix Labisse.

"EL GRAN PASO", Boris Vian

El umbral de la inmortalidad
es bastante alto, de piedra, con plantas.

Uno no se daba cuenta de que lo cruzaba,
pero al otro lado,
montones
de pájaros sin alas y sin agua,
lanzaban gritos desgarradores...

Boris Vian.

Pintura de Indra Grušaite.

"HACE SOL", Boris Vian

Hace sol en la calle.
Me gusta el sol pero no me gusta la calle,
o sea, que me quedo en casa,
esperando que venga el mundo
con sus torres doradas
y sus cascadas blancas,
con sus voces de lágrimas
y las canciones de la gente que está alegre,
o a la que pagan por cantar;
y en la tarde hay un momento
en que la calle se transforma en otra cosa,
y desaparece bajo el plumaje
de la noche llena de ‘puede ser",
y de las canciones de quienes han muerto.
Entonces bajo a la calle,
que se extiende allá hasta el alba.
Una humareda se estira cerca
y yo camino a través del agua seca,
del agua que refresca en la noche fresca.
El sol volverá pronto.

Boris Vian.

Pintura:"Perspectiva de la Gran Vía", Antonio López.

"NO QUERRÍA MORIR", Boris Vian


No querría morir
antes de haber conocido
los perros negros de México
que sueñan sin dormir
y los monos de desnudo trasero
hambrientos en los trópicos
y las arañas de plata
en sus nidos de burbujas
No querría morir
sin saber si la luna
con su falso aire de tuna
tiene un lado picudo
y si el sol es frío
y si las cuatro estaciones
son realmente cuatro
y sin haber probado
a salir con un vestido
a arbolados paseos
y sin haber mirado
por el ojo de una alcantarilla
y sin haberme puesto un vestido
en rinconcetes raros
No querría acabar
sin conocer la lepra
o las siete enfermedades
que se cogen allá abajo
Y lo bueno y lo malo
me darían igual
si si si supiera
que tendría aguinaldo
y también existe
todo lo que conozco
todo lo que aprecio
y que sé que me gusta
el fondo verde del mar
donde bailan los tallos de alga
sobre la arena ondulada
y la hierba tostada de junio
la tierra que se agrieta
el olor de los pinos
y los besos de ella
Que esto que lo otro
qué guapa que allí está
mi querida Úrsula
no querría morir
antes de haber usado
su boca con mi boca
su cuerpo con mis manos
con mis ojos el resto
y ya no digo es preciso
ser muy respetuoso
No querría morir
sin que sean inventadas
las rosas eternas
la jornada de dos horas
el mar en la montaña
la montaña en el mar
el fin del dolor
los diarios en colores
los niños bien contentos
y tantas cosas más
que duermen en los cráneos
de ingenieros geniales
de jardineros joviales
de sesudos socialistas
de urbanos urbanistas
y de pensativos pensadores
Tantas cosas que ver
a ver y a entender
tanto tiempo esperar
y en lo oscuro buscar
y yo que veo el fin
que gruñe y que se acerca
con su gesto torcido
y que me abre sus brazos
de rana patituerta
No querría morir
no señor no señora
antes de haber tocado
el gusto que me atormenta
el gusto que es el más fuerte
antes de haber gustado
de la muerte el sabor...

(Boris Vian)

Pintura: "Autorretrato con monos", Frida Kahlo

Mis poetas favoritos: BORIS VIAN

Boris Vian (Ville-d'Avray, 1920 - París, 1959). Escritor francés. Ingeniero, periodista, poeta, dramaturgo, novelista, actor, músico de jazz y autor de canciones, ha dejado una obra que fue considerada, a título póstumo, como el manifiesto de la juventud existencialista. Boris Vian fue, en efecto, uno de los protagonistas de la bohemia intelectual, nutrida del existencialismo de Sartre, del barrio parisino de Saint-Germain-des-Prés en los años cincuenta. Causó escándalo la publicación, con el seudónimo de Vernon Sullivan, de su primera novela, "Escupiré sobre vuestras tumbas" (1946), que contiene, bajo la forma de una novela negra, una rabiosa denuncia del racismo. Es autor asimismo de las novelas "La espuma de los días" (1947) y "El otoño en Pekín" (1947) -que revela el influjo de Raymond Queneau y de Eugène Ionesco-, y de poemarios como "No quisiera morir" (1962). Compuso incluso dos óperas: "El caballero de nieve" (1957), con música de G. Delerue, y "Fiesta" (1959), con música de D. Milhaud.