Mostrando entradas con la etiqueta Ramón de Campoamor.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ramón de Campoamor.. Mostrar todas las entradas

sábado, 12 de febrero de 2011

"EL BUSTO DE NIEVE", Ramón de Campoamor.


De amor tentado un penitente un día
con nieve un busto de mujer formaba,
y el cuerpo al busto con furor juntaba,
templando el fuego que en su pecho ardía.

Cuanto más con el busto el cuerpo unía,
más la nieve con fuego se mezclaba,
y de aquel santo el corazón se helaba,
y el busto de mujer se deshacía.

En tus luchas ¡oh amor de quien reniego!
siempre se une el invierno y el estío,
y si uno ama sin fe, quiere otro ciego.

Así te pasa a ti, corazón mío,
que uniendo ella su nieve con tu fuego,
por matar de calor, mueres de frío.

Ramón de Campoamor.

Pintura: "The toilet of Esther", (El aseo de Esther), 1841, Theodore Chasseriau.

"A UNOS OJOS", Ramón de Campoamor.

Más dulces habéis de ser,
si me volvéis a mirar,
porque es malicia, a mi ver,
siendo fuente de placer,
causarme tanto pesar.

De seso me tiene ajeno
el que en suerte tan crüel
sea ese mirar sereno
sólo para mí veneno,
siendo para otros miel.

Si crüeles os mostráis,
porque no queréis que os quiera,
fieros por demás estáis,
pues si amándoos, me matáis,
si no os amara, muriera.

Si amando os puedo ofender,
venganza podéis tomar,
porque es fuerza os haga ver
que o no os dejo de querer,
o me acabáis de matar.

Si es la venganza medida
por mi amor, a tal rigor
el alma siento rendida,
porque es muy poco una vida
para vengar tanto amor.

Porque con él igualdad
guardar ningún otro puede;
es tanta su intensidad,
que pienso ¡ay de mí! que excede
vuestra misma crüeldad.

¡Son, por Dios, crudos azares
que me dén vuestros desdenes
ciento a ciento los pesares,
pudiendo darme a millares,
sin los pesares, los bienes!

Y me es doblado tormento
y el dolor más importuno,
el ver que mostráis contento
en ser crudos para uno,
siendo blandos para ciento.

Y es injusto por demás
que tengáis, ojos serenos,
a los que, de amor ajenos,
os aman menos, en mas,
y a mí que amo más, en menos.

Y es, a la par que mortal,
vuestro lánguido desdén
¡tan dulce... tan celestial!...
que siempre reviste el mal
con las lisonjas del bien.

¡Oh, si vuestra luz querida
para alivio de mi suerte
fuese mi bella homicida!
¡Quién no cambiara su vida
por tan dulcísima muerte!

Y sólo de angustias lleno,
me es más que todo crüel,
el que ese mirar sereno,
sea para mí veneno,
siendo para todos miel.

Ramón de Campoamor.
 
Pintura: "Retrato de dama", William Adolphe Bouguereau, (1825-1905).

martes, 18 de enero de 2011

"MIS POETAS FAVORITOS", Ramón de Campoamor.

Ramón de Campoamor y Campoosorio; (Navia, Asturias, 1817 - Madrid, 1901). Poeta español que gozó, en su tiempo, de gran estima y popularidad. Su obra, no obstante, no superó la revisión de valores efectuada por las generaciones del modernismo y la del 98. En cambio, refleja fielmente las corrientes intelectuales de la época, tales como el positivismo o el tradicionalismo religioso.

Huérfano muy pronto de padre, fue educado por su madre durante su infancia, que pasó en su tierra natal. Estudió latinidad en Puerto de Vega, en la misma provincia, y de allí pasó a Santiago de Compostela, donde cursó Filosofía. A los dieciocho años, en una crisis de misticismo, decidió ingresar en la Compañía de Jesús, pero pronto cambió de idea y, trasladado a Madrid, estudió Lógica y Matemáticas en el convento de Santo Tomás.

Aficionado a la Medicina, se matriculó en el Colegio de San Carlos, pero no tardó mucho tiempo en revelarse en Campoamor su verdadera vocación de poeta; abandonó los estudios académicos, decidido a consagrarse a la Literatura. Se pasaba largas horas en la Biblioteca Nacional leyendo y estudiando las obras de los clásicos españoles y universales. Mientras tanto frecuentaba las tertulias literarias y se había dado a conocer con la publicación de algunas poesías que merecieron elogios.

Sus primeras obras fueron un tomo de Fábulas y otros dos titulados Ternezas y flores (1840) y Ayes del alma (1842). Eran versos fáciles y sentimentales que valieron a nuestro autor el dictado de "poeta de las damas". Muy joven aún, manifestó sus ideas políticas con la publicación de una serie de cuadernos que tituló Historia crítica de las Cortes reformadoras (1837). Pronto entró en la carrera burocrática; se adscribió al partido moderado de Romero Robledo y desde tal posición luchó contra los fundamentos del partido democrático de Castelar. A fines de 1847, el conde de San Luis le nombró jefe político de Castellón de la Plana, y más tarde fue gobernador civil de Alicante y de Valencia (1584).

Campoamor continuaba escribiendo: en 1853 vio la luz El drama universal, poema de cierta extensión al que siguieron otros dos títulos: Colón y El licenciado Torralba. Pero sus obras más importantes y sobre todo más características son las Doloras (1846), los Pequeños poemas (1872-74) y las Humoradas (1886-88). Campoamor se casó con Guillermina Gormande, que no le dio hijos, y en 1861 ingresó en la Academia; en su discurso de recepción desarrolló el tema La metafísica limpia, fija y da esplendor al lenguaje.

Su mujer había aportado una apreciable dote al matrimonio, con lo que Campoamor pasó a ser un pacífico y acomodado burgués, de carácter afable y grata conversación, de rostro simpático, ornado de blancas patillas que le daban el aspecto de banquero acaudalado; vivió una prolongada ancianidad, sólo perturbada por los ataques de gota, rodeado de la admiración de sus contemporáneos, que veían en él a un genio de la poesía y a un excelso filósofo; baste decir que fue comparado con Shakespeare, Dante, Calderón, Goethe...

Lo cierto es que la obra de Campoamor no resiste hoy un examen crítico. Su estilo es prosaico y su pretendida filosofía es de lo más ramplón y superficial. Era un hombre de talento, pero su concepto de la poesía, que expuso en su Poética, es esencialmente equivocado; los aciertos que pueda haber en su obra hacen excepción y pesan muy poco.

Su único mérito es el de haber sido un eco, en verso, de toda una sociedad y un tiempo, pero ese tiempo era, en cuanto a calidad poética, de lo más pobre que pueda darse en cualquier época y país. El gusto y las ideas que entonces predominaban en España sumieron a gran parte de la cultura hispana en la más lamentable inanidad. El fracaso de las guerras coloniales fue el revulsivo que produjo el movimiento intelectual y crítico de la generación del 98. Campoamor y lo que el poeta representaba quedaría superado por insignificante, insípido y anacrónico.