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viernes, 25 de abril de 2014

"ROJO", Ted Hughes

El rojo era tu color.
Y si no había rojo, entonces blanco. Pero
Tú siempre te rodeabas de rojo.

Rojo sangre. ¿Era eso: sangre?
¿Rojo ocre, para acalorar a los muertos?
Hematites para inmortalizar
Las preciosas reliquias, los preciados huesos de la familia.
Cuando por fin te saliste con la tuya,
Nuestro cuarto fue rojo. Una sala de juicio.
Un joyero cerrado. La alfombra de sangre
Decorada con manchas solares, coágulos.

Las cortinas de pana –sangre rubí,
Cataratas de pura sangre resplandeciente, cayendo a plomo desde el techo.
También los cojines. Y también
El asiento pegado a la ventana, de un carmín crudo.

Una celda palpitante. Un altar azteca –un templo.
Tan sólo las estanterías se libraron, acogiéndose al blanco.
Y afuera, tras la ventana,
Amapolas finas, frágiles y arrugadas
Como la piel en carne viva,
Salvias, de las que tu padre sacó tu nombre,
Como la sangre manando de un tajo,
Y rosas, las últimas gotas del corazón,
Catastróficas, arteriales, condenadas.

Tu amplia, larga falda de terciopelo, una venda de sangre,
Un profuso río de borgoña.
Tus labios bañados de oscuro carmesí.
Tú te regocijabas en el rojo,
Pero a mí me resultaba crudo –como los bordes crepitantes
De una herida cicatrizando bajo una gasa. Yo podía tocar
La vena abierta en ella, su brillo encostrado.

Todo cuanto pintabas, pintabas de blanco
Lo salpicabas luego de rosas, lo derrotabas,
Reclinada sobre ello, pingando rosas,
Llorando rosas y más rosas,
Y a veces, entre ellas, un pequeño pájaro azul.

El azul te sentaba mejor. El azul te daba alas.
Las sedas azules del martín pescador de San Francisco
Envolvieron tu preñez
Con caricias de crisol.

El azul era tu espíritu benéfico –no un demonio
Electrificado, sino un guardián solícito.

En el pozo del rojo
Te escondiste de la blancura ósea de la clínica.
Pero la joya que perdiste era azul.

Ted Hughes.

Pintura de Chris Dellorco.

"ULTIMA CARTA", Ted Hughes

¿Qué ocurrió aquella noche? Aquella última noche
En que todo fue expuesto dos veces,
Tres. Te vi viva por última vez
Al caer la tarde del viernes
Quemando en el cenicero con una extraña sonrisa
Esa última carta a mí. ¿Había yo estropeado tus planes?
¿O me había sorprendido antes de lo que tenías previsto?
Una hora más tarde y ya te habrías marchado
Donde yo no pudiese encontrarte.
Yo, con tu carta en la mano,
Un rayo que no podía llegar a la tierra,
Me habría alejado de tu puerta cerrada y roja
Que ya nadie abriría.
Eso para mí
Hubiera sido un tratamiento de choque
Que se repetiría una vez y otra, todo el fin de semana,
Cuando la leyera o simplemente al pensarla.
Eso hubiera ordenado mis pensamiento y mi vida.
El tratamiento que planeabas necesitaba tiempo.
No puedo imaginarme cómo
Hubiera podido soportar ese fin de semana.
No puedo imaginarlo. ¿Lo tenías ya todo planeado?

"MINOTAURO", Ted Hughes

La tabla de la mesa de caoba que rompiste
Había sido el ancho tablón superior
Del armario legado por mi madre:
Surcado por las cicatrices de mi vida entera.

Se venció bajo el martillo.
Aquel día blandiste un alto banco
Enloquecida por mi retraso
De veinte minutos para cuidar a los niños.

“¡Espléndido! —grité—. Adelante,
Rómpela en mil pedazos.
¡Eso es lo que estás omitiendo en tus poemas!”
Y después, obsequioso y más tranquilo:
“Dale ese ímpetu a tus versos
Y lo habremos logrado.” En la honda caverna de tu oído
El duende tronó los dedos.

¿Qué le había dado yo?
El sangriento extremo de la madeja
Que deshilachó tu matrimonio
Dejó a tus hijos resonando
Como túneles en un laberinto,
Llevó a tu madre a un callejón sin salida
Y te condujo a la tumba
Cornuda y rugiente de tu padre resucitado
Con tu propio cadáver dentro.

Ted Hughes.

Pintura: "Ariadna y el Laberinto",  Jake Baddeley.

domingo, 20 de abril de 2014

"EMILY BRÖNTE", Ted Hughes

El viento de Crow Hill era su amado.
Sólo ella sabía el secreto de su historia ardiente.
Pero su beso fue fatal.

En su oscuro Paraíso reinaba
El arroyo que ella adoraba tanto
Y consumió su pecho.

El crespo y húmedo rey de ese reino
Salvó el muro
Y yació en su cama enferma de amor.

Y zarapito cubrió sus entrañas.

Bajo su corazón creció la piedra.

Su muerte es un llanto de niño por el páramo.

Ted Hughes.

Pintura:  "Retrato de Emily Brönte", autor anónimo, mitad del s. XIX.

Mis poetas favoritos: TED HUGHES

Ted Hughes (Edward James Hughes, 16/07/1930 - 28/10/1998), fue un poeta y escritor británico. Nació el 16 de julio de 1930 en Mytholmroyd, Yorkshire, y cursó estudios en la Universidad de Cambridge.

En sus poemas, suelen aparecer personajes de animales, como Cuervo (1970). Al igual que los escritores de tradición celta, Ted Hughes está profundamente condicionado por el paisaje, que se convierte en un elemento definitorio del propio ser. De este modo, los elementos del paisaje -los páramos, los arroyos, los animales, las rocas- se transforman en metáforas de la naturaleza humana.

La obra de Hughes tiene un tono casi feroz, y enfatiza el inconsciente. Especialmente relevante en los años sesenta y setenta, su poesía supuso una superación del limitado campo del intimismo y de las "afirmaciones mínimas" que cultivaron los poetas del Movement -Kingsley Amis, D. J. Enright, Thom Gunn, John Wain, Donald Davie y sobre todo, Philip Larkin-, incapaces de dar respuesta a los traumáticos acontecimientos de la II Guerra Mundial y la posguerra.

Frente al tono moderado, conversacional y cotidiano de los poetas de los cincuenta, Hughes enriquece la lengua poética con fórmulas que parecían desterradas como la imagen, la metáfora y, sobre todo, el símbolo. Esta nueva corriente que Hughes inicia, pronto se verá seguida por poetas como John Silkin, Peter Redgrove y el irlandés Seamus Heaney.

Sus obras incluyen El halcón en la lluvia (1957),Lupercal (1960), Wodwo (1967), Poemas selectos: 1957-1967 (1972), Canciones de temporada (1976) y Moortown (1979). Ha escrito obras de teatro, poemas y cuentos para niños, entre ellos, Bajo la estrella polar (1981) y ¿Qué es la verdad? (1984).

Hughes contrajo matrimonio con la poeta estadounidense Sylvia Plath.

Su libro, Birthday Letters (Cartas de cumpleaños) contiene algunas de las páginas más bellas de la poesía inglesa del siglo, y también los misterios, el amor y los sinsabores de su matrimonio con Sylvia Plath. Hughes rompió con este libro 35 años de silencio sobre aquella relación y sobre el suicidio de Plath, del que se le culpa durante décadas. En sus seis años de matrimonio tuvieron una hija y un hijo.

En octubre de 1962, Hughes dejó a su mujer, Silvia Plath (que se suicidó 4 meses después) por la periodista Assia Wevill que, curiosamente, también se suicidó años más tarde.

Ted Hughes falleció a consecuencia de un cáncer,  el 28 de octubre 1998, en Londres.