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jueves, 14 de septiembre de 2017

"AHORA QUE ESTAMOS JUNTOS", Luis Rosales


Ahora que estamos juntos
y siento la saliva clavándome alfileres en la boca,
ahora que estamos juntos
quiero deciros algo,
quiero deciros que el dolor es un largo viaje,
es un largo viaje que nos acerca siempre vayas adonde vayas,
es un largo viaje, con estaciones de regreso,
con estaciones que no volverás nunca a visitar,
donde nos encontramos con personas, improvisadas y casuales, que no han sufrido todavía.
Las personas que no conocen el dolor son como iglesias sin bendecir,
y yo quisiera recordarte, padre mío, que hace unos años he visitado Italia,
yo quisiera decirte que Pompeya es una ciudad exacta, invariable y calcinada,
una ciudad que está en ruinas igual que una mujer está desnuda;
cuando la visité, sólo quedaba vivo en ella
lo más efímero y transitorio:
las rodadas que hicieron los carros sobre las losas del pavimento,
así ocurre en la vida;
y ahora debo decirte
que Pompeya está quemada por el Vesubio como hay personas que están quemadas por el placer,
pero el dolor es la ley de gravedad del alma,
llega a nosotros iluminándonos,
deletreándonos los huesos,
y nos da la insatisfacción que es la fuerza con que el hombre se origina a sí mismo,
y deja en nuestra carne la certidumbre de vivir
como han quedado las rodadas sobre las calles de Pompeya.

(Luis Rosales)

Pintura: "Un altar de la calle" (1883), Lawrence Alma-Tadema

"BAJO EL LIMPIO ESPLENDOR DE LA MAÑANA", Luis Rosales


Bajo el limpio esplendor de la mañana
en tu adorado asombro estremecido,
busco los juncos del abril perdido;
nieve herida eras tú, nieve temprana

tu enamorada soledad humana,
y ahora, Señor, que por la nieve herido
con la risa en el labio me has vencido,
bien sé que la tristeza no es cristiana.

¿No era la voz del trigo mi locura?
Ya estoy sólo, Señor —nieve en la cumbre— ,
nieve aromada en el temblor de verte,

hombre de llanto y de tiniebla oscura,
que busca en el dolor la mansedumbre,
y esta locura exacta de la muerte.

(Luis Rosales)

Pintura: "Retrato de Edouard Vuillard" (1893), Felix Vallotton

Mis poetas favoritos: LUIS ROSALES

Luis Rosales (Granada, 1910 - Madrid, 1992) fue un poeta español. Por la fecha en que empezó a publicar, se le ubica en la Generación del 36. Estudió en Granada las carreras de Derecho y Letras, y Filología Románica, en Madrid. Allí publicó sus primeros poemas en la revista Los cuatro vientos (1933). Junto con otros poetas de su generación, como Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero y José García Nieto, con los que colaboró en la revista de la Falange Jerarquía, alentó un retorno a las formas clásicas, y su primer libro, "Abril" (1935), con una serie de poemas de amor, tiene influencia de los poetas del Siglo de Oro (Garcilasismo).

Los asesinatos, llevados a cabo por ambos bandos (durante la Guerra Civil), de sus amigos, el poeta y dramaturgo Federico García Lorca (refugiado en su casa paterna) y el catedrático de filosofía Joaquín Amigo, marcarán profundamente su creación literaria.

En la inmediata posguerra fue secretario de la revista Escorial, dirigida por Dionisio Ridruejo. Su poética derivó en esos años hacia un barroquismo del lenguaje que incorporó elementos surrealistas y simbolistas, adaptados a una temática de cariz religioso ("Retablo sacro del Nacimiento del Señor", 1940). Aunque Rosales nunca abandonó del todo su poesía de afirmación religiosa, la suya fue una obra en constante evolución, un fecundo legado que fue creciendo en vigor y originalidad.

En 1949 publicó su libro más importante, "La casa encendida", largo poema narrativo y autobiográfico, ampliado en la reedición de 1967. El poeta llega de noche a su casa y ve cómo en ella se iluminan las distintas estancias que le evocan sucesivos ámbitos de su vida emocional —la niñez y los padres, el amigo muerto, la esposa— constituyendo un mundo, si bien mínimo, protegido y suficiente.

jueves, 17 de agosto de 2017

"Y ESCRIBIR TU SILENCIO SOBRE EL AGUA", Luis Rosales


Sólo florece el agua que está queda
(Miguel de Unamuno)

No sé si es sombra en el cristal, si es sólo
calor que empaña un brillo; nadie sabe
si es de vuelo este pájaro o de llanto;
nadie le oprime con su mano, nunca
le he sentido latir, y está cayendo
como sombra de lluvia, dentro y dulce,
del bosque de la sangre, hasta dejarla
casi acuñada y vegetal, tranquila.
No sé, siempre es así, tu voz me llega
como el aire de Marzo en un espejo,
como el paso que mueve una cortina
detrás de la mirada; ya me siento
oscuro y casi andado; no sé cómo
voy a llegar, buscándote, hasta el centro
de nuestro corazón, y allí decirte,
madre, que yo he de hacer en tanto viva,
que no te quedes huérfana de hijo,
que no te quedes sola allá en tu cielo,
que no te falte yo como me faltas.

(Luis Rosales)

Pintura. "Madre e hijo con pañuelo", Pablo Picasso 

miércoles, 16 de agosto de 2017

"LA FERIA DE LOS PÁJAROS", Luis Rosales


Sentí que se desgajaba
tu corazón lentamente
como la rama que al peso
de la nevada se vence,

y vi un instante en tus ojos
aquella locura alegre
de los pájaros que viven
su feria sobre la nieve.

(Luis Rosales)

Pintura de David Caesar