jueves, 9 de mayo de 2019

"ANAÏS NIN", Mayte Dalianegra


Un iceberg
—de mayor envergadura 
que aquel que envió al Titanic
a las fosas submarinas—
navegó a la deriva por tu seno 
expuesto al raso.

La miel de los once años
y aprender a vivir sin él,
y alcanzar los magisterios
de la carne y de la tinta.

La Habana,
París, 
Nueva York,
California…

Anaïs y  Hugh,
Anaïs y Henry, 
Henry y June,
June y Anaïs,
Anaïs y Padre,
Anaïs y Rupert…

Dueña de tu vida
y de tus letras —sin par Electra—,
tu orfandad de amor
solo tuvo una cerradura.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Fotografía: retrato de Anaïs Nin

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"CONCÉDEME ESOS CIELOS, ESOS MUNDOS DORMIDOS", Idea Vilariño


Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos,
el peso del silencio, ese arco, ese abandono,
enciéndeme las manos,
ahóndame la vida
con la dádiva dulce que te pido.

Dame la luz sombría, apasionada y firme
de esos cielos lejanos, la armonía
de esos mundos sellados,
dame el límite mudo, el detenido
contorno de esas lunas de sombra,
su contenido canto.

Tú, el negado, da todo,
tú, el poderoso, pide,
tú, el silencioso, dame la dádiva dulcísima
de esa miel inmediata y sin sentido.

(Idea Vilariño)

Pintura de Carl Lundgren  

"BUSCAMOS", Idea Vilariño


Buscamos
cada noche
con esfuerzo
entre tierras pesadas y asfixiantes
ese liviano pájaro de luz
que arde y se nos escapa
en un gemido.

(Idea Vilariño)

Pintura de Arsen Kurbanov  

viernes, 3 de mayo de 2019

"LLEGAS", Mayte Dalianegra


Llegas 
con tu velo de noche enmohecida,
con tu daga afilada con embustes,
a cobrarte una venganza
que a mí me pertenece.

Llegas 
con la mirada despojada de brillo,
con la mortaja muda de tu miseria,
a quemar la cosecha  
que sembraron mis manos.

Tras los barrotes de tu frío semblante
crecen matorrales y sombras,
las mismas tinieblas
que me cercaron entonces.

Pero ya nada es igual,
mis pies recorrieron los páramos
envueltos en sangre 
—huyendo furtivos
de su bautismo de brasas—
y alcanzaron la escarcha que suturó 
sus heridas.

Ya nada es igual,
puedo desarmarte
y condenarte al destierro
de las calles solitarias
y de las canciones monocordes 
de sílabas roídas

y, finalmente, dejarte sin aire
y apagarte
y esparcir tus cenizas.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura de Manuel Núñez

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"CUANDO COMPRE UN ESPEJO PARA EL BAÑO", Idea Vilariño



Cuando compre un espejo para el baño
voy a verme la cara
voy a verme
pues qué otra manera hay decíme
qué otra manera de saber quién soy.
Cada vez que desprenda la cabeza
del fárrago de libros y de hojas
y que la lleve hueca atiborrada
y la deje en reposo allí un momento
la miraré a los ojos con un poco
de ansiedad de curiosidad de miedo
o sólo con cansancio con hastío
con la vieja amistad correspondiente
o atenta y seriamente mirarme
como esa extraña vez —mis once años—
y me diré mirá ahí estás
seguro
pensaré no me gusta o pensaré
que esa cara fue la única posible
y me diré esa soy yo ésa es idea
y le sonreiré dándome ánimos.

(Idea Vilariño)

Pintura: "En el baño" (1909), Zinaida Serebryakova 

"COMPARACIÓN", Idea Vilariño



Como en la playa virgen
dobla el viento
el leve junco verde
que dibuja
un delicado círculo en la arena
así en mí
tu recuerdo.

(Idea Vilariño)

Pintura de Michael Whelan

Mis poetas favoritos: IDEA VILARIÑO

Idea Vilariño (Montevideo, 1920 - 2009) fue una poeta, ensayista y crítica literaria uruguaya perteneciente al grupo de escritores denominado Generación del 45. Dentro de sus facetas menos conocidas se encuentran la de traductora, compositora y docente.  

Su poesía recibe un doble —y complementario— impulso de creación: de un lado la muerte y, de otro, el amor. De su obra destacan La suplicante (1945), Paraíso perdido (1949) y Nocturnos (1955; edición aumentada en 1976). Tras su recopilación Poesía (1970), publicó, con prólogo de Mario Benedetti, Poesías de amor (1972). De su labor crítica destaca Las letras de tango (1965).

Profesora y catedrática de letras, Idea Vilariño fundó junto a Manuel Claps y Emir Rodríguez Monegal la revista Número, que dirigió entre 1949 y 1955, y escribió trabajos especializados sobre la poesía de Antonio Machado, Julio Herrera y Reissig y otros. Ejerció asimismo la crítica literaria en revistas nacionales y extranjeras, como Clinamen, Marcha y Brecha, entre las primeras; y Plural, Texto Crítico y Casa de las Américas entre las segundas.

sábado, 6 de abril de 2019

"GENGIS KHAN", Mayte Dalianegra


En la cresta de la loma
el zorro y el lobo concurren
bajo la fiera custodia del águila.

Atrás dejas
el calor de la yurta
y hacia allí cabalgas, Temuyín,
descendiente del antiguo linaje
del ciervo rojo.

El sol enhebra su espiga de oro
en el eterno cielo azul
que cobija
tus innúmeras hordas
y, cuando las sombras embozan la estepa,
duermes sobre tu pequeña montura
con el carcaj lleno de estrellas.


(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura de Wang Long Sheng


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viernes, 5 de abril de 2019

"LAS FALDAS DE MI TIENDA", Javier Reverte


He de añorar, hasta la hora de mi muerte,
una manta en el suelo,
en soledad, bajo la falda de mi tienda,
soñando una mujer que, tendida a mi lado,
pinte una risa alegre entre sus labios
y admire, como las madres justas y burlonas,
la torpeza infantil de mis hazañas.
Y que luego me abrace y me divierta
como saben hacerlo las hembras descaradas.

Más allá de mi tienda, quiero sentir el pulso
de la montaña vieja que guarda mis espaldas
y notar en mi vientre el viento silbador
que levanta las faldas de mi tienda.

Y escuchar el quejido del búho
y la tos del chacal
los pasos tenebrosos de la noche
donde no somos nada o quizás somos todo.

Pues la noche es angustias,
recuerdo de tus muertos, dolor de tus fracasos.
Pero es ansia también de orgullos necesarios,
la altivez de tu casta y el trono del valor.

Anhelo ese instante íntimo del miedo,
en soledad,
cuando busco coraje donde sólo hay abismo,
donde me crezco hombre
mientras aúlla el viento bajo el cielo de piedra
y levanta las faldas de mi tienda.
Noches al fin y al cabo,
noches que nos dominan, las noches victoriosas,
noches que se detienen desde el final del tiempo,
noches que nunca engañan,
noches en duermevela en las que a nadie debes
y nadie, al mismo tiempo, a ti te deba nada.

Y gime el ”haboob”, lúbrico:
trae lamentos lascivos,
susurros sin palabras
que levantan las faldas pudorosas de mi tienda
y me dejan desnudo bajo la noche brava.

(Javier Reverte)

Pintura: "Beduinos del desierto", Eugene Alexis Girardet 

"ELEGÍA A MI PADRE", Javier Reverte


I
No he aceptado que has muerto, viejo tunante.
Y me queda el consuelo del sueño de las siestas:
que te has ido de viaje y pronto estás de vuelta.

¡Ay, cara de niño pícaro al mirar de soslayo!
Como si lo supieras todo,
sabiendo que sabías
que nadie sabe nada.

Siempre sueño, en la tarde,
que apareces de pronto
sin advertirlo a nadie,
cargado de sonrisas,
con tu mirada de oro
y con tu voz que brota
como surgía el agua de mi infancia
cuando estaba a tu lado
buscando mariposas, truchas y lagartijas,
a la orilla de un río,
al pie del Guadarrama:
aquellos riachuelos perdidos en la sierra,
cumbres de blanco y negro en posguerras de hambre
que tu hacías alegres.

Creías en los niños, sólo en ellos.
Y ellos te admiraban.
Asomaban de pronto,
a todos nos besabas:
el primer beso, el mío,
lo digo con orgullo.
Y cantando, cantando a toda hora.

II
Jamás el mundo alcanzó a ser tan cálido
como los días en que tú lo habitabas.
¡Oh, padre mío! Veladas luminosas,
canciones sin sentido, tus miradas de seda
jugando con los niños.

¡Ah, gran tunante!
Esa sonrisa tuya, invulnerable.
Hace ya veinte años que no estás a mi lado
y el mundo me parece una fiera crecida
en ausencia de risas y alegría.
Si te llegó la muerte a su debido tiempo,
a los ochenta años,
a mí me pareció que era muy pronto,
pues ocultabas un niño divertido y gamberro
debajo de la plata de tu pelo.

¡Oh, padre de mi carne! Bondad suprema
en tu mirada de dulces ironías,
en tus dedos que acariciaban,
como un río de miel, el envés de mi mano
muy pocos días antes de tu marcha.

Se me secó la vida aquella tarde
al ver cruzar, sobre tus ojos,
el brillo conocido de la vieja guadaña.
Y supe que los niños envejecen muy pronto
y que vivir es comprender muy tarde, tan tarde ya,
tan siempre tarde.

Con qué velocidad crecen los niños,
con cuánta prontitud mueren los viejos,
cuánta lágrima aguarda
detrás de todo nacimiento.

¡Oh, padre mìo! Morías sin dejar de ser un niño
y yo era todavía, a mis cincuenta años,
el proyecto de un hombre.

Era abril, el engañoso mes
que promete una vida y que no cumple,
el mes más cruel de los poetas.

Las calles se abrieron a mi paso
como valles inmensos surcados por ríos de tristeza
y los silbos de los mirlos en celo
parecían los graznidos de miríadas de cuervos.

Pues tú te habías ido y me quedaba solo.
¡Ah, padre de mi carne!
Esa voz cantarina que aún puedo percibir
cuando cierro los ojos:
con su sonido a manantial de sierra.

(Javier Reverte)

Pintura: "El viejo comerciante", Charles Spencelayh

jueves, 3 de enero de 2019

"NO DIGO NO SI QUIERO DECIR SÍ", Mayte Dalianegra


No digo no
si quiero decir sí,
porque cuando digo no
se cierran los portones de mis labios
y el puente levadizo de mi lengua,
y una torre almenada
se erige sobre el solar
de mi boca.

Allí, la palabra aguerrida
—hincando su rodilla—
es hábil ballestera.

Allí, en ese perol carnal,
hierve el aceite
que será mortal cascada
vertiéndose matacanes abajo,

y no hay catapulta ni almajaneque
que derriben mis muros,
ni ariete que me cambie el adverbio.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: “La bella dama sin piedad” (1901), Frank Dicksee

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"TRÓPICO DE CARNE", Javier Reverte


Entretanto, el signo de la carne,
de la fruta y del tiempo,
el de las estaciones y de los ritos milenarios.
La seña que templó la música
y alzó la poesía desde la hondura de las vísceras.
Los guiños del amor
y los de la ternura.
Las certezas de la amistad.
Admiro el pecho recio de los antiguos héroes,
su fe en la nada,
su estéril valentía.

(Javier Reverte)

Pintura: "Le delizie infrante", Roberto Ferri

Mis poetas favoritos: JAVIER REVERTE

Javier Reverte (Javier Martínez Reverte), nacido en Madrid en 1944, es un escritor, viajero y periodista español. Es hermano del también escritor y periodista Jorge M. Reverte (n. 1948) y es hijo del periodista Jesús Martínez Tessier. 

Estudió filosofía y periodismo. Ejerció como periodista durante casi 30 años, trabajando como corresponsal de prensa en Londres (1971-1973), París (1973-1977) y Lisboa (1978) y como enviado especial en numerosos países de todo el mundo. También ha ejercido como articulista, cronista político, entrevistador, editorialista, redactor-jefe de mesa, reportero del programa "En portada" de TVE y subdirector del desaparecido diario "Pueblo". 

Atraído desde siempre por la creación literaria, ha trabajado como guionista de radio y televisión y ha escrito novelas, poemarios y libros de viajes. 

Viajero incansable,Reverte ha cosechado un gran éxito de ventas con sus libros de viajes, y, en particular, con su Trilogía de África (formada por El sueño de África, Vagabundo en África y Los caminos perdidos de África) en la que combina sus experiencias directas con referencias históricas sobre las tierras que visita, explicando a través del pasado la situación del presente, o traza paralelismos con las vivencias de otros escritores que pasaron por el mismo lugar, como Joseph Conrad con su libro El corazón de las tinieblas. Este éxito le ha permitido lograr su vieja aspiración de dedicarse por completo a la literatura, reservando sus escritos periodísticos a colaboraciones puntuales con diversos medios, sobre todo para escribir sobre asuntos viajeros. 

Sus libros de viajes se caracterizan por aproximar al lector con naturalidad y ternura a los paisajes, rostros e historias que el Reverte viajero encuentra en el camino, mezclándolos con profusas notas históricas, que persiguen colocar al lector en el contexto adecuado, y con puntuales reflexiones filosóficas y políticas. 

Además de la Trilogía africana, Reverte ha publicado otras obras de notable éxito, como la Trilogía de Centroamérica, tres novelas que transcurren en Nicaragua, Guatemala y Honduras; las novelas Todos los sueños del mundo o La noche detenida; los libros de viajes El corazón de Ulises (ambientado en Grecia, Turquía y Egipto) y El río de la desolación (acerca de un viaje por el Amazonas que estuvo a punto de costarle la vida debido a la malaria); los poemarios Metrópoli y El volcán herido; y ensayos históricos como Dios, el diablo y la aventura, centrado en la figura de Pedro Páez, misionero jesuita en Etiopía durante el siglo XVII. 

Su obra La aventura de viajar: Historias de viajes extraordinarias (2006) es un libro ecléctico donde narra su vida como viajero, desde las excursiones infantiles, pasando por las crónicas de guerra que le llevaron por todo el mundo, hasta sus vivencias como mochilero, que le han llevado a conocer lugares inhóspitos y alejados de nuestro mundo occidental. 

Tres años más tarde publicará El río de la luz su viaje por Alaska y Canadá, donde sigue la senda de la fiebre del oro y las peripecias de autores como Jack London. 

En En mares salvajes. Un viaje al Ártico, publicada en 2011, describe su viaje a través del Paso del Noroeste, la ruta marítima del norte canadiense que une el océano Atlántico con el Pacífico a través de aguas árticas. 

En abril de 2014 publica Canta Irlanda. Un viaje por la Isla Esmeralda, en el que narra con pasión el viaje que hizo por Irlanda siguiendo, fundamentalmente, los lugares señalados en la biografía de los grandes literatos irlandeses y de algún que otro mito juvenil del autor. Como en otros libros, recoge sus impresiones sobre la gentes del país y recorre la historia y leyendas de la isla, utilizando en este caso, como apoyo, la letra de canciones populares irlandesas. Añade, también, los hechos históricos que vivió de primera mano, como periodista, durante los viajes que hizo a Irlanda del Norte. 

domingo, 14 de octubre de 2018

"ELLA", Mayte Dalianegra


Con cierta frecuencia escribimos 
su nombre con saliva,
su nombre siempre cercano,
tan familiar 
como un latido
y a la vez 
tan ajeno 
como un confín remoto.

Sabemos de ella
por propios y extraños,
sabemos, también, 
de su infame capacidad para la réplica.
Es mar y atmósfera,
la costa de nuestra isla.

Algunas veces
la notamos pegada a la piel
y nos lacera cuando 
quienes caen 
—bajo su siniestra y terca alquimia—
son aquellos que nos donaron el aliento
o aquellos a quienes aliento concedimos.

Pero en ningún caso,
nunca, nunca, creemos 
que se abrirá paso entre las multitudes
y nos señalará 
con su dedo huesudo y franco
—en un día en que la ceniza
nublará soles y reliquias—,
dispersando la tropa de marañones
que nos escuda,
hincándonos el agudo filo de su quijada
y cerniendo sobre nosotros
su plumaje totémico
negro como la noche
y, como la noche cósmica, 
eterno.

En ningún caso,
nunca, nunca, creemos 
que nos llegará ella.

Ella, que es nuestra legítima
y única patria.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura de Manuel Núñez

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"LOS AMOTINADOS", Alfredo Gangotena


¡Ah, risa loca!
¿Henos aquí tus compañeros
Ilustres en la ciudad de los políperos?
¡Dispara y modela la línea de nuestra muerte!
Anda, corre y toma entre los astros tu noble impulso.
¡La tierra para nosotros!  ¡Y en nuestra angustia
Más bien el cieno de los cerdos
Que el hueso que flota
Como leño podrido del alud!
Escucha cómo, avarienta, la oreja ronca,
Encenegada, después de los calados.
Pero cuídate, sostén de nuestro amor:
Los perros que te rodean
Sabremos allanar los caos y los letargos.
¡Ya la uña se aguza en el viento de altamar!

El cinto y el carbúnculo en la muchedumbre,
¡El anillo constrictor para extenuarte!
Basta de palabras de embrujo
Y del filtro que extraemos de nosotros mismos.
¡Ah! ¡Qué bien se vacía el odre de la sierpe
En el artificio de tus canciones!

(Alfredo Gangotena)

Traducción de Tolomeo Samaniego

Pintura: "El naufragio de Don Juan" (1839), Eugene Delacroix. Victoria and Albert Museum, Londres

"BEBIDA TURBIA", Alfredo Gangotena


A Henry Michaux

Escucho tus ondas, inefable noche, tu soplo, oh reina del sueño, en mi urbe.
La oda comienza: que muja en mí la imprenta.
¡Funde este orden, ácido rojo del estío!
Y que yo palpe las verdes ancas de la pradera.

La imagen del Espíritu Santo se inflama detrás de las vidrieras;
Sus bordadas alas de amor penden de las extremidades del dintel,
Y las umbelíferas sombras de miel se abrasan y me penetran,
Sus sombras ardientes y jadeantes en torno de las flores: pentecostés de mis padres.

¡Rocas, como esos frutos
Madurad, rocas bajo la luna,
En las salivas del año!
Ah los paisajes de mi grandeza.
Y más blancas que todas las nieves,
Que el iris del moribundo,
En los hontanares del limpio cielo, mis sienes palpitan.
Sudor de las lacas, plenitud de los poros.
Estoy prendido a los muros del antro como las lágrimas de las madréporas.

Semejante al gallo en su demencia planetaria,
Estoy poseído por la sibilina diestra de yeso.
¡Oh palabra en el olvido,
Astro del desierto, alumbra mi desnudez!
Deja al agua celeste de tus ramas extenderse y fulgurar
Sobre el paisaje de un solitario.

El verde grito del sapo se torna líquido en mi alma.
Y como el topo
Que mira las bóvedas de la tierra,
La frase, urgente misiva, desgarra su envoltura.

Ambulo ciego y busco los treinta y tres clavos sobre el piso;
El alfabeto del bosque me restituye las palabras sonoras, ya pronunciadas.
¡Os ruego!
Miembros de la aventura, modelad el limo de nuestro semblante.
Los párpados se ahuyentan, el cielo se construye.
Súbita virgen, ¿eres tú como el océano
Que resplandece de pronto en este abismo de ceguera?

En tanto que se eternizan, en la encarnada espera de mi sangre,
El clamor, el estrépito y la velada voraz de las chinches,
¡Levantáos, espadas, en la plata de vuestra fuerza,
Y arrancadme de este horno!
¡Desgarradme, uñas, esta corteza y estas membranas tan pesadas de sueño!

Las aristas del sílex, la cal y el follaje de las rocas
Se enarbolan en mis ojos.
Bajo el peso y el sonido de tu presencia,
Los muros de mi guarida se yerguen en las raíces de la tormenta,
¡Fértil estrato de la noche!
Y mi sombra se regodea en la soledad de tus muros.

Se ciñen las llamas de las cortinas a las cañas de mis arterias;
¡No es el nimbo sino la huella del duro casco!
Aprestaos a descender, tan lúcidos como el aire del cielo, a mecerme, pájaros;
A fin de que mi corazón en gozo recuerde la frescura de las aguas.

Pero, oh Lázaro, ¿quién mojará mis labios en estos parajes?
¡Quién de este mundo podrá morder la maleza de mi exilio?
El infortunio toma en mí las formas del continente;
¡Y el alma siniestra de fango
Macula el templo y las sedas eucarísticas de su asilo!

(Alfredo Gangotena)

Traducción de Gonzalo Escudero

Pintura: "Café Terrace" (1888), Vincent van Gogh

"EL AGUA", Alfredo Gangotena


Navegante,
¡Almendra del navío!
La mirada acorralada por tantos brillos,
Amianto y témpanos vivos de la estrella polar.
El arco metálico arranca de las ramas astrales
El lino de las cataratas.
¡El hielo de las cabezas sobre la esfera
Que sonará una voz sin nombre!

¡Bah, la luna en su plenitud!
El asalto guerrero de las llamas
Que me libra de la sima de espuma
Y de las jaulas de plata.
La campana gotea, ¡ay! en la clepsidra:
En mí las sílabas del otro, virtuales y explosivas.
Presa total de las bocas de la hidra,
Rueda también mi hermano hacia el pantano del Atlante.
Con la sola resaca de la orilla liminar
¡Cuán lejana es la osadía del corsario!
La fauna brota cardinal y ampulosa:
¡La manada salvaje
del Maelstrom!
¡Yo me abrazo al mástil como un retoño!

(Alfredo Gangotena)

Traducción de Tolomeo Samaniego

Pintura: "Lago Keitele" (1919), Akseli Gallen-Kallela

domingo, 26 de agosto de 2018

"LA IGLESIA DE SANT’IVO ALLA SAPIENZA (ROMA)", Mayte Dalianegra


Estrella de David
que envuelve aire de porcelana.

Lirio
que el cielo toca:
seis pétalos de nieve
ornados con cadenas de luceros.

Pilastras acanaladas y capiteles corintios;
alados querubines.

Concierto de aristas y curvas:
voluptuosa anatomía de quimera.

Los Chigi, los Barberini, los Della Rovere…

Borromini
trazando la espiral de una Torre de Babel.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Fotografías de la iglesia de Sant'Ivo alla Sapienza, en Roma, 
obra maestra del arquitecto Francesco Borromini, erigida entre 1642 y 1660

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"AGONÍAS DE UN CARIBÚ", Alfredo Gangotena


Bajo el paso incierto y vegetal de angustia,
Levanto el polvo de la nada.
Toda pupila emerge
En esta soledad suspensa,
Toda concentración oscura,
En violencia tal
De hacinamiento y llama pura entre las rocas.

La luna atenta y circundada
A su vez aclara
Aquel espacio de su prenda
Fluente y nemoroso.
Atormentados cascos van a mengua
Redoblando el eco
En mil contornos de la estéril claridad polar.

Único en sí repercute el gemido entre la fronda
De un balido incauto.
Ventajas cruentas de la selva:
Desvalidos pasos del garañón herido
Que ya en las turbias aguas del escajo su condición aplaca
Su pesar consume.
Yacentes ojos a su propia luz ocultos
Bajo el ámbito nocturno de este vuelo.

Ver adentro, el cazador también escucha
El retiro alado de tanta lejanía inclusa.
Y en murmullos que la brisa asume, cuanto más cercanos, se acrecienta el rocío de las fieras.

A aquellas cuencas vuelvo, al conjunto aquél,
Saturado y tenso,
De fragancia y brotes.
Los continuos árboles
De vertical sustento, de fiero embate,
Allí persisten
Como la postrera vibración del aire.

Tantas voces en el eco. ¡Oh luna te reflejas en mi mente!
Como el ave en las alturas de su vuelo contenida,
Tan solo aún, noche mía, voy en ti, tan duro de distancias.
La pradera de tierno espacio en tanto me recibe,
Que en jugos desbordantes de los aires resplandece.

¿Mas, volverá el sedeño pasto
a brotar de luces?
De lo remoto el ciervo acude
A tal empeño de este clamor vedado.

(Alfredo Gangotena)

Pintura: "Indios cazando un caribú" (1860), Cornelius David Krieghoff. Art Gallery of Ontario, Canada

Mis poetas favoritos: ALFREDO GANGOTENA

Alfredo Gangotena fue un poeta lírico y simbolista, que escribió en francés y en español, nacido en Quito, Ecuador, el 19 de abril de 1904. Fue hijo de Carlos Gangotena Álvarez y de Hortensia Fernández-Salvador Chiriboga,  ricos terratenientes de la provincia de Pichincha.

Acababa de terminar sus primeros estudios cuando su padre murió repentinamente, por lo que en 1917 viajó con su madre a radicarse en París, donde continuó sus estudios en los liceos Michelet y Duvignon de Larnou, hasta obtener su bachillerato. Posteriormente ingresó en la Ecole de Mines, donde continuó estudios superiores hasta graduarse como Ingeniero de Minas.

Allí, en París, tuvo la oportunidad de juntarse con el chileno Vicente Huidobro, con el peruano César Vallejo y con su paisano, César Carre­ra Andrade, con quienes formó parte de ese grupo de poetas latinoamericanos que vivieron en París y escribieron en francés a principios del siglo XX.

Gangotena dominó el francés, tan extraordinariamente, que en 1922, cuando comenzó a publicar sus poemas en las revistas literarias más importantes de Francia, el pintor, escritor y poeta francés Max Jacob le escribió en los siguientes términos: “Usted ha tenido los dones del Espíritu Santo. Hace poco tiempo no sabía nada del francés y ahora ya quisieran muchos escritores de fama tener un uso tan mara­villoso como el suyo”.

Regresó a Quito en 1926 y durante poco tiempo fue profesor de la Universidad Central. Dos años más tarde publicó, bajo el título de “Orogenie”, su primer volumen de versos en francés, que fue recibido con hostilidad y silencio en los medios literarios ecuatorianos; pero con aplauso y elogio por parte de poetas, escritores y filósofos franceses.

Jean Cocteau le escribiría entonces: “Tiene usted genio… sabe cuánto le admiro… su Orogenie es una copa del cielo… sin la amistad de poetas como usted, respiro mal… No diga a nadie nuestros proyectos de Gloria…”

Poco tiempo después, hastiado de la vida que llevaba en Quito, y desterrado por los círculos intelectuales y culturales que lo aislaron y rechazaron, volvió a París para reunirse con su madre y hermanos, y donde, entre los poetas franceses que reconocían su exquisito talento, se sentía como en su propia casa y podía desarrollar la mayor riqueza de su capacidad.

Fue entonces que, gracias a su extraña y oscura sensibilidad de artista,  pudo hacer amistad con varios de los más extraordinarios intelectuales de esa época, como lo fueron Jean Cocteau, Max Jacob, Julles Superville y Henri Michaux.

Fruto de su inspiración, brotada bajo el influjo de Francia, son sus poemas “L’Homme de Truxillo”, “Poiere D’Angoisse” (Pera de Angustia), “Vaillée”, dedicado a Jean Cocteau, “B’Orage Secret” (La Tempestad Secreta), “Ansense”, poemario con 12 composiciones en francés publicado en 1932 y dos en español; “Chistóforus”, “Nuit”, este último publicado en 1938; etc.

Posteriormente volvió a Quito, donde murió el 23 de diciembre de 1944.

martes, 5 de junio de 2018

"CAMINOS", Mayte Dalianegra


Nuestros pies desbrozan la maleza
que oculta los senderos:
hierbas orgullosas del peregrinaje de sus tallos,
juncos que cimbrean y golpean
y son látigos.

Haciéndonos al suelo,
a la aridez que resquebraja el barro
y hunde sus voraces dientes
en las grietas,
o a la arena que cabalga
los lomos murmurantes de las dunas,
abrimos los caminos.

Caminos hay
trazados a cartabón y escuadra
—rectos hasta en los ángulos—
y son insípidos como lluvia.

Otros se retuercen
—jugándose el concubinato con pericia—
y son dragones lascivos.

Caminos hay
bífidos como lengua de serpiente,
obligándonos a elegir
entre dos bornes.

Otros solo tienen un sentido
y son flechas volando hacia la muerte.


(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Les Alyscamps" (1888), Vincent van Gogh

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" Y ES AHORA Y NO NUNCA...", Rosana Acquaroni



Y es ahora y no nunca
        precisamente siempre,
cuando el náufrago desciende sin memoria
preguntando preguntándose
refrescando el olvido
            de esa herida reciente
que no sangra ni alumbra.
Manantiales de humo.
Pactemos la mentira amenazante
            que mana del recuerdo.
La verdad será siempre
una eterna mentira.

Aprendamos a ser más allá de nosotros.

(Rosana Acquaroni)

Pintura: "El náufrago" (1815), Asensio Julià, Museo Bellas Artes. Valencia

"MÁQUINA TEMERARIA", Rosana Acquaroni


Máquina temeraria.
Yo soy la que comienza a no existir.
Mientras ella
se preña
se atraganta
con mis escritos de la tarde.
Desordena
quiebra
despedaza
se adueña
sabe
que yo la escucho desde dentro.

(Rosana Acquaroni)

Pintura: "Celebes" (1921), Max Ernst. Tate Gallery, Londres

"EL NIÑO AMAESTRADO", Rosana Acquaroni


Miraba sus piececitos tapiados
como tallados litorales.
Huir de la tiranía de sus pasos
le haría bien.
Palabras
    Descalzándose
            Sin tiempo.

(Rosana Acquaroni)

Pintura: "Ilusiones" (1901), Henry Brown Fuller

viernes, 11 de mayo de 2018

"EXPOLIO", Mayte Dalianegra


Cantabas sobre la enramada
que me abría sus fulgores jugosos.
Cantabas y te creía un pájaro diminuto
de poderosa voz,
una avecilla dócil 
cuyo cuerpo se acomodaba felizmente 
en la palma de mi mano.

Creía entonces 
que tu canto pulía sus aristas para mí,
pero descubrí que poco a poco
ibas haciendo tuyos los pequeños tesoros
que guardaban mis cofres.
No había entre ellos diamantes
centelleando irisaciones,
ni rubíes incendiarios
ni esmeraldas resplandecientes
como selvas recónditas.
Contenían oropeles
que solo podían cobrarse las urracas,
e hiciste de esas bagatelas
un trino anhelante de loores.

Una lluvia fina llora
no tanto por lo expoliado
como por los embalajes rotos.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "La ladrona" (1900), Antonio Fabrés Costa. 
Museo Casa de los Tiros, Granada, España


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