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sábado, 24 de julio de 2010

"LA TARDE DICHOSA", Luis Antonio de Villena


Era una edad de libros y de escasos placeres.
Yo no pude, por tanto, haber sido uno de ellos,
y es otra cosa más que el Tiempo me adeuda.

En el extremo mismo de la juventud, uno es
frágil y esbelto con algo de pétalo y foscor en los ojos.
Y el otro un leve atleta, con los músculos tensos,
y alguna gallardía, rondando los dieciocho.
En el rincón penúltimo de un bar de esos, sentados,
la espalda se acarician y se besan después, muy lentamente.
La historia que hay detrás no es difícil saberla.
Días con sol y trenes sin nombre hacia el futuro,
y el mundo (ya lo ves) erguido en realidad perfecta.

(Luis Antonio de Villena)

Pintura:  "Ganymede" (Ganímedes), 2009, Michael Bergt

sábado, 1 de mayo de 2010

"UN ARTE DE VIVIR", Luis Antonio de Villena.

Vivir sin hacer nada. Cuidar lo que no importa,
tu corbata de tarde, la carta que le escribes
a un amigo, la opinión sobre un lienzo, que dirás
en la charla, pero que no tendrás el torpe gusto
de pretender escrita. Beber, que es un placer efímero.
Amar el sol y desear veranos, y el invierno
lentísimo que invita a la nostalgia (¿de dónde
esa nostalgia?). Salir todas las noches, arreglarte
el foulard con cariño esmerado ante el espejo,
embriagarte en belleza cuanto puedas, perseguir
y anhelar jóvenes cuerpos, llanuras prodigiosas,
todo el mundo que cabe en tanta euritmia.
Dejar de amanecida tan fantásticos lechos,
y olerte las manos mientras buscas taxi, gozando
en la memoria, porque hablan de vellos y delicias
y escondidos lugares, y perfumes sin nombre,
dulces como los cuerpos. ¡Qué frío amanecer entonces,
qué triste es, qué bello! Las sábanas te acogerán
después un tanto yermas, y esperarás el sueño.
Del día que vendrá no sabes .nada. (No consultas
oráculos). Te quemarán hastíos y emociones,
tertulias y bellezas, las rosas de un banquete
suntuario, y las viejas callejas, donde se siente
todo, en el verano, como un aroma intenso.
Vivir sin hacer nada. Cuidar lo que no importa.
y si todo va mal, si al final todo es duro,
como Verlaine, saber ser el rey de un palacio de invierno.

Luis Antonio de Villena, (de "El viaje a Bizancio", 1972 - 1974).

Pintura: "Il dolce far niente", (El dulce no hacer nada), 1866, William Holman Hunt, Forbes Magazine Collection, New York, Estados Unidos.

martes, 2 de marzo de 2010

MIS POETAS FAVORITOS...Luis Antonio de Villena.

(Madrid, 1951) Poeta, narrador y ensayista español. Se licenció en Filosofía y Letras en Madrid, su lugar de residencia, y decidió dedicarse por completo a la creación literaria, compaginándola con la crítica y la traducción. Conocido en primer lugar como poeta, debe adscribírsele a la generación de los "novísimos", aunque no figure en la antología de J. M. Castellet (Nueve novísimos españoles, 1970) de la que procede el nombre del movimiento que rompe con la poética del realismo social, en una polémica escisión con el objetivo de la escritura que, a las circunstanciales denuncias de las disparidades antropológicas, oponía sofisticadas representaciones de representaciones, nutridas con materiales culturales y sobre todo artísticos.

En este sentido, son reveladores los textos de Luis Antonio de Villena aparecidos en la antología Espejo del amor y de la muerte (1971) redactada por A. Prieto en consonancia con la selección de Castellet: la poesía redescubre el artificio metalingüístico como búsqueda estética, cuyo objetivo último es de nuevo un virtuoso placer verbal, enfermo, sin embargo, desde su raíz por el rechazo previo de cualquier gnoseología.

Así lo demuestran las sucesivas colecciones de versos Sublime solarium (1971), El viaje a Bizancio (1976), Hymnica (1979), Huir del invierno (1981), cuyos títulos son indicativos de las preferencias del autor por un pasado de fulgurantes aunque quiméricas perfecciones, elevadas a combate de un deseo conscientemente orientado a la nostalgia, a la frustración, al despilfarro. La celebridad de un personaje, el modelo de un desnudo, el paganismo de una visión o el lujo de un arabesco son los desechos de una antigüedad grecolatina o renacentista, e incluso orientalizante, adulterada a propósito con un "décor" decadentista que engloba también las experiencias de la modernidad de L. Cernuda a V. Aleixandre, de C. Kavafis a W. B. Yeats.

Después de haber reunido su producción en Poesía (1970-1982) (1983), introduce en su lírica una nota más explícitamente pesimista con el libro La muerte únicamente (1984), sin abandonar la expresión preciosista con la que desgarra los habituales fantasmas autorreferenciales del lenguaje literario. La prosa de Luis Antonio de Villena se coloca en la línea de un difuso escepticismo generacional y de un personal amor por culturas sin fronteras de espacio ni de tiempo, con las narraciones breves de Para los dioses turcos (1980), Amor-Pasión (1983) y En el invierno romano (1986) y la autobiografía novelada Ante el espejo (1982).

Paralelamente, en su producción ensayística, en la que destacan obras como Dados, amor y clérigos (1978), Catulo (1979), Oscar Wilde (1979), Corsarios de guante amarillo (1983), José Emilio Pacheco (1986) y El burdel de Lord Byron, el autor evoca figuras y estampas de época fundiendo el análisis con la imaginación según los horizontes culturales en los que se desarrolla su actividad de intelectual.