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viernes, 5 de abril de 2019

"LAS FALDAS DE MI TIENDA", Javier Reverte


He de añorar, hasta la hora de mi muerte,
una manta en el suelo,
en soledad, bajo la falda de mi tienda,
soñando una mujer que, tendida a mi lado,
pinte una risa alegre entre sus labios
y admire, como las madres justas y burlonas,
la torpeza infantil de mis hazañas.
Y que luego me abrace y me divierta
como saben hacerlo las hembras descaradas.

Más allá de mi tienda, quiero sentir el pulso
de la montaña vieja que guarda mis espaldas
y notar en mi vientre el viento silbador
que levanta las faldas de mi tienda.

Y escuchar el quejido del búho
y la tos del chacal
los pasos tenebrosos de la noche
donde no somos nada o quizás somos todo.

Pues la noche es angustias,
recuerdo de tus muertos, dolor de tus fracasos.
Pero es ansia también de orgullos necesarios,
la altivez de tu casta y el trono del valor.

Anhelo ese instante íntimo del miedo,
en soledad,
cuando busco coraje donde sólo hay abismo,
donde me crezco hombre
mientras aúlla el viento bajo el cielo de piedra
y levanta las faldas de mi tienda.
Noches al fin y al cabo,
noches que nos dominan, las noches victoriosas,
noches que se detienen desde el final del tiempo,
noches que nunca engañan,
noches en duermevela en las que a nadie debes
y nadie, al mismo tiempo, a ti te deba nada.

Y gime el ”haboob”, lúbrico:
trae lamentos lascivos,
susurros sin palabras
que levantan las faldas pudorosas de mi tienda
y me dejan desnudo bajo la noche brava.

(Javier Reverte)

Pintura: "Beduinos del desierto", Eugene Alexis Girardet 

"ELEGÍA A MI PADRE", Javier Reverte


I
No he aceptado que has muerto, viejo tunante.
Y me queda el consuelo del sueño de las siestas:
que te has ido de viaje y pronto estás de vuelta.

¡Ay, cara de niño pícaro al mirar de soslayo!
Como si lo supieras todo,
sabiendo que sabías
que nadie sabe nada.

Siempre sueño, en la tarde,
que apareces de pronto
sin advertirlo a nadie,
cargado de sonrisas,
con tu mirada de oro
y con tu voz que brota
como surgía el agua de mi infancia
cuando estaba a tu lado
buscando mariposas, truchas y lagartijas,
a la orilla de un río,
al pie del Guadarrama:
aquellos riachuelos perdidos en la sierra,
cumbres de blanco y negro en posguerras de hambre
que tu hacías alegres.

Creías en los niños, sólo en ellos.
Y ellos te admiraban.
Asomaban de pronto,
a todos nos besabas:
el primer beso, el mío,
lo digo con orgullo.
Y cantando, cantando a toda hora.

II
Jamás el mundo alcanzó a ser tan cálido
como los días en que tú lo habitabas.
¡Oh, padre mío! Veladas luminosas,
canciones sin sentido, tus miradas de seda
jugando con los niños.

¡Ah, gran tunante!
Esa sonrisa tuya, invulnerable.
Hace ya veinte años que no estás a mi lado
y el mundo me parece una fiera crecida
en ausencia de risas y alegría.
Si te llegó la muerte a su debido tiempo,
a los ochenta años,
a mí me pareció que era muy pronto,
pues ocultabas un niño divertido y gamberro
debajo de la plata de tu pelo.

¡Oh, padre de mi carne! Bondad suprema
en tu mirada de dulces ironías,
en tus dedos que acariciaban,
como un río de miel, el envés de mi mano
muy pocos días antes de tu marcha.

Se me secó la vida aquella tarde
al ver cruzar, sobre tus ojos,
el brillo conocido de la vieja guadaña.
Y supe que los niños envejecen muy pronto
y que vivir es comprender muy tarde, tan tarde ya,
tan siempre tarde.

Con qué velocidad crecen los niños,
con cuánta prontitud mueren los viejos,
cuánta lágrima aguarda
detrás de todo nacimiento.

¡Oh, padre mìo! Morías sin dejar de ser un niño
y yo era todavía, a mis cincuenta años,
el proyecto de un hombre.

Era abril, el engañoso mes
que promete una vida y que no cumple,
el mes más cruel de los poetas.

Las calles se abrieron a mi paso
como valles inmensos surcados por ríos de tristeza
y los silbos de los mirlos en celo
parecían los graznidos de miríadas de cuervos.

Pues tú te habías ido y me quedaba solo.
¡Ah, padre de mi carne!
Esa voz cantarina que aún puedo percibir
cuando cierro los ojos:
con su sonido a manantial de sierra.

(Javier Reverte)

Pintura: "El viejo comerciante", Charles Spencelayh

jueves, 3 de enero de 2019

"TRÓPICO DE CARNE", Javier Reverte


Entretanto, el signo de la carne,
de la fruta y del tiempo,
el de las estaciones y de los ritos milenarios.
La seña que templó la música
y alzó la poesía desde la hondura de las vísceras.
Los guiños del amor
y los de la ternura.
Las certezas de la amistad.
Admiro el pecho recio de los antiguos héroes,
su fe en la nada,
su estéril valentía.

(Javier Reverte)

Pintura: "Le delizie infrante", Roberto Ferri

Mis poetas favoritos: JAVIER REVERTE

Javier Reverte (Javier Martínez Reverte), nacido en Madrid en 1944 y fallecido, también en Madrid, el 31 de octubre de 2020, es un escritor, viajero y periodista español. Es hermano del también escritor y periodista Jorge M. Reverte (n. 1948) y es hijo del periodista Jesús Martínez Tessier. 

Estudió filosofía y periodismo. Ejerció como periodista durante casi 30 años, trabajando como corresponsal de prensa en Londres (1971-1973), París (1973-1977) y Lisboa (1978) y como enviado especial en numerosos países de todo el mundo. También ha ejercido como articulista, cronista político, entrevistador, editorialista, redactor-jefe de mesa, reportero del programa "En portada" de TVE y subdirector del desaparecido diario "Pueblo". 

Atraído desde siempre por la creación literaria, ha trabajado como guionista de radio y televisión y ha escrito novelas, poemarios y libros de viajes. 

Viajero incansable,Reverte ha cosechado un gran éxito de ventas con sus libros de viajes, y, en particular, con su Trilogía de África (formada por El sueño de África, Vagabundo en África y Los caminos perdidos de África) en la que combina sus experiencias directas con referencias históricas sobre las tierras que visita, explicando a través del pasado la situación del presente, o traza paralelismos con las vivencias de otros escritores que pasaron por el mismo lugar, como Joseph Conrad con su libro El corazón de las tinieblas. Este éxito le ha permitido lograr su vieja aspiración de dedicarse por completo a la literatura, reservando sus escritos periodísticos a colaboraciones puntuales con diversos medios, sobre todo para escribir sobre asuntos viajeros. 

Sus libros de viajes se caracterizan por aproximar al lector con naturalidad y ternura a los paisajes, rostros e historias que el Reverte viajero encuentra en el camino, mezclándolos con profusas notas históricas, que persiguen colocar al lector en el contexto adecuado, y con puntuales reflexiones filosóficas y políticas. 

Además de la Trilogía africana, Reverte ha publicado otras obras de notable éxito, como la Trilogía de Centroamérica, tres novelas que transcurren en Nicaragua, Guatemala y Honduras; las novelas Todos los sueños del mundo o La noche detenida; los libros de viajes El corazón de Ulises (ambientado en Grecia, Turquía y Egipto) y El río de la desolación (acerca de un viaje por el Amazonas que estuvo a punto de costarle la vida debido a la malaria); los poemarios Metrópoli y El volcán herido; y ensayos históricos como Dios, el diablo y la aventura, centrado en la figura de Pedro Páez, misionero jesuita en Etiopía durante el siglo XVII. 

Su obra La aventura de viajar: Historias de viajes extraordinarias (2006) es un libro ecléctico donde narra su vida como viajero, desde las excursiones infantiles, pasando por las crónicas de guerra que le llevaron por todo el mundo, hasta sus vivencias como mochilero, que le han llevado a conocer lugares inhóspitos y alejados de nuestro mundo occidental. 

Tres años más tarde publicará El río de la luz su viaje por Alaska y Canadá, donde sigue la senda de la fiebre del oro y las peripecias de autores como Jack London. 

En En mares salvajes. Un viaje al Ártico, publicada en 2011, describe su viaje a través del Paso del Noroeste, la ruta marítima del norte canadiense que une el océano Atlántico con el Pacífico a través de aguas árticas. 

En abril de 2014 publica Canta Irlanda. Un viaje por la Isla Esmeralda, en el que narra con pasión el viaje que hizo por Irlanda siguiendo, fundamentalmente, los lugares señalados en la biografía de los grandes literatos irlandeses y de algún que otro mito juvenil del autor. Como en otros libros, recoge sus impresiones sobre la gentes del país y recorre la historia y leyendas de la isla, utilizando en este caso, como apoyo, la letra de canciones populares irlandesas. Añade, también, los hechos históricos que vivió de primera mano, como periodista, durante los viajes que hizo a Irlanda del Norte. 

Javier Reverte falleció en Madrid el 31 de octubre de 2020, a los 76 años de edad.