jueves, 14 de septiembre de 2017

"EL AMOR QUE SIENTO POR TI", Mayte Dalianegra


El amor que siento por ti
nació del áleph
cuya minúscula cifra
progresó en caracolas de fuego.
Fue un cigoto invisible
germinando en una vaina de crisálida
y, luego, una madeja de alas batiéndose
con suavidad de terciopelo.

Ofuscado, se enquistó en mi pecho,
y ahí se enconó su llama, afiebrándome.
Se enredó también en mis brazos y en mis piernas,
y su viento ululaba con el vértigo de la alondra,
y se mecía en mis venas como un pez sedoso
de agallas abiertas.

Pero ahora tiembla en mis mejillas
el pozo sobre el que se balancea y chapotea
una luna descolgada, y me turban las nubes
con bordes de acero.

No quiero que ningún arcángel
me expulse de tu carne sagrada.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "El beso" (1859), Francesco Hayez, Pinacoteca di Brera, Milán

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"AHORA QUE ESTAMOS JUNTOS", Luis Rosales


Ahora que estamos juntos
y siento la saliva clavándome alfileres en la boca,
ahora que estamos juntos
quiero deciros algo,
quiero deciros que el dolor es un largo viaje,
es un largo viaje que nos acerca siempre vayas adonde vayas,
es un largo viaje, con estaciones de regreso,
con estaciones que no volverás nunca a visitar,
donde nos encontramos con personas, improvisadas y casuales, que no han sufrido todavía.
Las personas que no conocen el dolor son como iglesias sin bendecir,
y yo quisiera recordarte, padre mío, que hace unos años he visitado Italia,
yo quisiera decirte que Pompeya es una ciudad exacta, invariable y calcinada,
una ciudad que está en ruinas igual que una mujer está desnuda;
cuando la visité, sólo quedaba vivo en ella
lo más efímero y transitorio:
las rodadas que hicieron los carros sobre las losas del pavimento,
así ocurre en la vida;
y ahora debo decirte
que Pompeya está quemada por el Vesubio como hay personas que están quemadas por el placer,
pero el dolor es la ley de gravedad del alma,
llega a nosotros iluminándonos,
deletreándonos los huesos,
y nos da la insatisfacción que es la fuerza con que el hombre se origina a sí mismo,
y deja en nuestra carne la certidumbre de vivir
como han quedado las rodadas sobre las calles de Pompeya.

(Luis Rosales)

Pintura: "Un altar de la calle" (1883), Lawrence Alma-Tadema

"BAJO EL LIMPIO ESPLENDOR DE LA MAÑANA", Luis Rosales


Bajo el limpio esplendor de la mañana
en tu adorado asombro estremecido,
busco los juncos del abril perdido;
nieve herida eras tú, nieve temprana

tu enamorada soledad humana,
y ahora, Señor, que por la nieve herido
con la risa en el labio me has vencido,
bien sé que la tristeza no es cristiana.

¿No era la voz del trigo mi locura?
Ya estoy sólo, Señor —nieve en la cumbre— ,
nieve aromada en el temblor de verte,

hombre de llanto y de tiniebla oscura,
que busca en el dolor la mansedumbre,
y esta locura exacta de la muerte.

(Luis Rosales)

Pintura: "Retrato de Edouard Vuillard" (1893), Felix Vallotton

Mis poetas favoritos: LUIS ROSALES

Luis Rosales (Granada, 1910 - Madrid, 1992) fue un poeta español. Por la fecha en que empezó a publicar, se le ubica en la Generación del 36. Estudió en Granada las carreras de Derecho y Letras, y Filología Románica, en Madrid. Allí publicó sus primeros poemas en la revista Los cuatro vientos (1933). Junto con otros poetas de su generación, como Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero y José García Nieto, con los que colaboró en la revista de la Falange Jerarquía, alentó un retorno a las formas clásicas, y su primer libro, "Abril" (1935), con una serie de poemas de amor, tiene influencia de los poetas del Siglo de Oro (Garcilasismo).

Los asesinatos, llevados a cabo por ambos bandos (durante la Guerra Civil), de sus amigos, el poeta y dramaturgo Federico García Lorca (refugiado en su casa paterna) y el catedrático de filosofía Joaquín Amigo, marcarán profundamente su creación literaria.

En la inmediata posguerra fue secretario de la revista Escorial, dirigida por Dionisio Ridruejo. Su poética derivó en esos años hacia un barroquismo del lenguaje que incorporó elementos surrealistas y simbolistas, adaptados a una temática de cariz religioso ("Retablo sacro del Nacimiento del Señor", 1940). Aunque Rosales nunca abandonó del todo su poesía de afirmación religiosa, la suya fue una obra en constante evolución, un fecundo legado que fue creciendo en vigor y originalidad.

En 1949 publicó su libro más importante, "La casa encendida", largo poema narrativo y autobiográfico, ampliado en la reedición de 1967. El poeta llega de noche a su casa y ve cómo en ella se iluminan las distintas estancias que le evocan sucesivos ámbitos de su vida emocional —la niñez y los padres, el amigo muerto, la esposa— constituyendo un mundo, si bien mínimo, protegido y suficiente.

martes, 22 de agosto de 2017

"TODAVÍA FLOREZCO", Mayte Dalianegra


Pese a todo,
pese a tanto,
todavía florezco
en primavera,
cuando los ranúnculos, 
con su piel charolada, 
motean los prados como copos de sol;
los mismos prados que en otro tiempo 
acogieron nuestros cuerpos ansiosos
y fueron madres tibias e indulgentes,
y fueron esponjosos lechos.

Todavía reconozco las mismas estrellas
que engarzaban sus auras irisadas
en el agua de nuestros ojos,
fundiendo en ellos la reluciente esfera de la noche 
y propiciando el sabor lento de los besos.

Pienso entonces en cómo serían ahora mis días
de no haber tenido conmigo
la firmeza de tus manos,
la determinación de su pulso,
que me sostuvo, con su cable de acero,
para impedir
que una última hebra de humo 
perdiera el cabo que me ataba a la hoguera.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Una visión de Fiammetta (musa de Boccaccio)" (1878), Dante Gabriel Rossetti. Colección de Andrew Lloyd Webber

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jueves, 17 de agosto de 2017

"Y ESCRIBIR TU SILENCIO SOBRE EL AGUA", Luis Rosales


Sólo florece el agua que está queda
(Miguel de Unamuno)

No sé si es sombra en el cristal, si es sólo
calor que empaña un brillo; nadie sabe
si es de vuelo este pájaro o de llanto;
nadie le oprime con su mano, nunca
le he sentido latir, y está cayendo
como sombra de lluvia, dentro y dulce,
del bosque de la sangre, hasta dejarla
casi acuñada y vegetal, tranquila.
No sé, siempre es así, tu voz me llega
como el aire de Marzo en un espejo,
como el paso que mueve una cortina
detrás de la mirada; ya me siento
oscuro y casi andado; no sé cómo
voy a llegar, buscándote, hasta el centro
de nuestro corazón, y allí decirte,
madre, que yo he de hacer en tanto viva,
que no te quedes huérfana de hijo,
que no te quedes sola allá en tu cielo,
que no te falte yo como me faltas.

(Luis Rosales)

Pintura. "Madre e hijo con pañuelo", Pablo Picasso 

miércoles, 16 de agosto de 2017

"LA FERIA DE LOS PÁJAROS", Luis Rosales


Sentí que se desgajaba
tu corazón lentamente
como la rama que al peso
de la nevada se vence,

y vi un instante en tus ojos
aquella locura alegre
de los pájaros que viven
su feria sobre la nieve.

(Luis Rosales)

Pintura de David Caesar

martes, 11 de julio de 2017

"CANCIÓN", Edith Sitwell


Lo turbio somos en el ardor del día,
desenraizadas flores en el aire, frialdad; somos el agua
que cubre los adioses previos a la muerte, sol nuestro,
cuyo intenso calor nos ha embriagado... Hijas de la belleza,
corazón de la rosa: eso somos.

Criaturas somos del verano, soplo del crepúsculo, los días
en que todo se espera (somos la sonrisa
del ausente vislumbrada en las hojas estivales)
que desdeña ese sol y sus luces falaces.

(traducción de Sergio Pitol)

Edith Sitwell

Pintura de Albert Herter

jueves, 1 de junio de 2017

"JANE GREY", Mayte Dalianegra


Suya es la mano
que empuña el hacha,
que amuela su filo
con un esmeril hambriento,
para balancearla después
y sopesar su gravedad
y su parábola,
el arco triunfal bajo el que desfilarán
potros empenachados con lutos.

Suya es la mano embozada
en el sigilo lacio de los sicarios,
consagrada a estimar los ejes precisos,
la oportuna alineación
entre el acero y tu cuello,

y va a talar en él un brote tierno,
una yema temprana,

pero no es el verdugo.


(Mayte Dalianegra)

Pintura: "La ejecución de Lady Jane Grey" (1834), Paul Delaroche. National Gallery, Londres

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"CANCIÓN DE VERANO", William Carlos Williams


Luna vagabunda,
sonriéndole con
apenas ironía
a esta
mañana de verano
brillante, húmeda de rocío
—una sonrisa
distante, de indiferencia
somnolienta,
una sonrisa de vagabunda—,
si me comprara
una camisa
de tu color y 
me pusiera corbata
azul-cielo,
¿adónde me llevarían?

(William Carlos Williams)

Pintura: "Infinity", Ernesto Arrisueño

"PAISAJE CON LA CAÍDA DE ÍCARO", William Carlos Williams


Según Brueghel
cuando Ícaro cayó
era primavera

un granjero araba
su tierra
y toda la pompa

del año
se despertaba
cosquilleando cerca

de la orilla del mar
ocupada
en sí misma

sudando bajo el sol
que derretía
la cera de las alas

insignificante
más allá de la costa
hubo

un chapoteo casi imperceptible
eso era
Ícaro, que se ahogaba.

(William Carlos Williams)

Pintura: "Paisaje con la caída de Ícaro" (1554-55), Pieter Brueghel el Viejo,
Museos reales de Bellas Artes, Bruselas, Bélgica 

jueves, 11 de mayo de 2017

"TORMENTA", Mayte Dalianegra


Algunos días
el cielo sufre un viraje repentino,
y el brocado que forman las nubes
sobre el satén cerúleo
se enturbia de grises.
La voz blanda de la brisa
no hace presagiar el aguacero,
hasta que se desboca como un garañón
y muda en vendaval.

Cuando eso suceda, mi amor,
y la tormenta nos alcance
con su guirnalda de látigos,
emprendamos carrera en pos de cobijo,
busquemos la guarida
que haya resistido los embates del barro,
la que conserve en su lecho
rescoldos y humo.

Y si el cielo horada
nuestro asilo con flechas de vidrio,
y un mar embravecido nos espera,
que un golpe de timón nos salve del naufragio,
y que tus ojos enarbolen alas de paloma.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "La despedida" (1892), Alfred Guillou

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"LA CALLE SOLITARIA", William Carlos Williams


La escuela ha terminado. Hace excesivo
calor para vagabundear. Yerran
en claros vestidos por las calles
para matar el tiempo.
Han crecido. Llevan
llamas rosadas en la mano derecha.
De blanco de la cabeza a los pies,
con oblicuas, perezosas miradas;
en amarillas, sueltas telas,
cinturones y medias negras;
acariciando sus ávidas bocas
con palillos envueltos en azúcar rosado
—cada una lo sostiene en la mano como un clavel—
suben por la calle solitaria.

 (William Carlos Williams)

Pintura: "The first grail" (1962),  Margaret Keane 

"LA ACACIA EN FLOR", William Carlos Williams


Entre
la verde
rígida
vieja
brillante
quebrada
rama
llega
el blanco
suave
mayo
nuevamente. 

(William Carlos Williams)

Pintura: "Ramas de acacia en flor" (1890), Vincent van Gogh


"LA CARRETILLA ROJA", William Carlos Williams


Cuánto depende
de una
carretilla
roja
bruñida por el agua
de la lluvia
junto a los blancos
polluelos.

(William Carlos Williams)

Pintura: "Los polluelos", Darío de Regoyos (1857-1913)

Mis poetas favoritos: WILLIAM CARLOS WILLIAMS

William Carlos Williams (Rutherford, Nueva Jersey, 17 de septiembre de 1883 – ibídem, 4 de marzo de 1963) fue un escritor estadounidense, de ascendencia portorriqueña por vía materna, vinculado al modernismo y al imagismo. Es especialmente conocido por su obra poética.

Cursó estudios en las universidades de Pennsylvania y Leipzig (Alemania).

Además de ejercer como médico pediatra y obstetra en Rutheford,  su ciudad natal, y en la cercana Paterson, y de escribir dramas y prosa variada, Williams es uno de los poetas modernistas más innovadores y admirados. Fue condiscípulo de los poetas Hilda Doolittle y Ezra Pound, y en los primeros poemas acusó la influencia del imagismo, rechazando el sentimentalismo y la artificialidad.

Más tarde se convirtió en impulsor del uso literario del habla coloquial. Su buen oído para los ritmos naturales del inglés hablado le ayudó a liberar a la poesía de la métrica que imperaba en la versificación en inglés desde el Renacimiento. Superada la tendencia imagista, es un poeta de gran sencillez expresiva y de fácil comprensión, con cierto gusto por la adivinanza, interesado en la constante experimentación y en la intimidad lírica. Como otros modernistas, procura diluir la figura del poeta, dejando que hable el poema por sí mismo. No busca los símbolos en las cosas sino más bien las propias cosas, que expresa imitando la fluidez del habla.

Williams cree que la realidad objetiva despierta la imaginación de quien la percibe, y no el proceso inverso. Utiliza el verso libre y la disposición visual de las líneas marca la estructura poética. 

En su obra “Paterson, Libros I-V” (un extenso poema acerca de la vida en su país durante los años de la Gran Depresión de 1929), escrita a lo largo de varios años (1946-1958), mezcla poesía, prosa y collage incluyendo incluso fragmentos de publicidad. Constituye una especie de biografía épica de un doctor-poeta, pero formalmente consiste en un montaje de escenas y de imágenes, con pocos verbos que las vinculen explícitamente.

Entre sus trabajos en prosa se encuentra una colección de ensayos acerca de la historia de los Estados Unidos, “Así comienza la vida” (1925), y las novelas “La mula blanca” (1937), “El cuerno de la abundancia” (1940), y “La construcción” (1952).

Recibió el Premio Nacional del Libro de Poesía en 1950. Su Autobiografía apareció en 1951.

William Carlos Williams falleció el 4 de marzo de 1963 en Rutherford, y recibió póstumamente el Premio Pulitzer por su colección de poemas “Cuadros de Brueghel y otros poemas” (1962).

Obras:

jueves, 27 de abril de 2017

"SOMOS TÚ Y YO", Mayte Dalianegra


Ungiste mis párpados
con la untura oleosa que el sol emplea
para acariciar la sombra
cuando, como un pájaro de oro, 
eleva su vuelo 
sobre el dosel de la madrugada.
Obraste así tras el declive
de una noche desguarnecida
de estrellas y de luna,
de faroles y de bombillas,
aliviando mi ceguera
con tu luz de crisantemo.

Y ahí, 
en tus palmas imbricadas de clemencia,
sangró el estigma que redimió mi condena,
que cercenó los eslabones
y suturó las heridas
para que ninguna corriente 
me remolcase a través de ellas,
para que ninguna alimaña las vulnerase 
y le sirviese nuevamente de alimento.

Y ahora 
que la vida me transita en espirales,
que me impulsa a girar como un derviche,
retoña en mí la madera del manglar
con su piel salada y húmeda.

Y ahora 
que tú y yo 
nos recorremos 
por caminos dibujados 
con saliva, 
que tú y yo 
encendemos teas 
con jirones desgarrados en los labios, 
que rodamos por laderas de volcanes 
con los besos labrados en la carne,
que azotamos furiosos los abismos 
con espuma de mareas fragorosas,
ahora que tú y yo
nos reencontramos,
somos tú y yo, 
solos tú y yo en el horizonte.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Le Baiser" (1868), Carolus-Duran. Palais des beaux-arts de Lille, France

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"JASÓN Y MEDEA", José-María de Heredia


   A Gustave Moreau

Ambos, en los boscajes que sintieron el son
de contiendas remotas; mágica paz nacía,
y alba de milagrosas lágrimas los ceñía
bañándolos en fértil y extraña floración.

Por los aires flotaba letal emanación.
Su palabra el poder del encanto decía;
el héroe, tras ella, de sus armas vertía
relámpagos radiantes del ilustre Toisón.

Sobre lagos de plata llovía luz del cielo.
Aves maravillosas pasaban, y su vuelo
en el bosque regaba pedrería luciente.

Amor les sonreia. Mas la fatal esposa
llevábase consigo, colérica y celosa,
con su padre y los dioses, los filtros del oriente.

(José-María de Heredia)

Traducción del francés de Otto de Greiff

Pintura: “Jasón y Medea” (1865), Gustave Moreau. Museo de Orsay, París

"FUGA DE CENTAUROS", José-María de Heredia


Huyen, ebrios de asalto, matanza y rebelión
a su guarida, encima de la cúspide enhiesta;
tienen miedo a la muerte que implacable se apresta
y husmean en las sombras un olor a león.

Arrasando la hidra y el ágil estelión
cruzan valles, torrentes; y su marcha funesta
nada impide; pues saben que ya escalan la cuesta
del Ossa, del Olimpo y el lóbrego Pelión.

A veces un centauro brusco yérguese, y listo
al rebaño fraterno con presteza instantánea
vuelve de un salto, lleno de pavor, porque ha visto

a la luz de la luna, blanca y rútila gema,
prolongarse a sus ojos, con angustia suprema,
el horror gigantesco de la sombra herculánea.

(José-María de Heredia)

Traducción del francés de Otto de Greiff

Pintura: “Le delizie infrante”, Roberto Ferri

lunes, 10 de abril de 2017

"ARCOÍRIS, (LA CONDICIÓN HUMANA)", Mayte Dalianegra


La claridad acomoda sus embriones
en el diamante pulido 
de las gotas,
con la esperanza 
de que tal sementera 
procure la eclosión de sus fulgurantes vástagos.

Después, la tibieza del aire los acuna 
con opulencia de seda,
con una melodía a contraluz,
y el rojo, hambriento de mundo, 
asoma sus labios de amapola trémula. 

Es el primogénito,
heredero de un linaje de sangre 
que suscita los celos del azul y del añil,
dos caínes embozados con vellones. 

El primero muestra su faz 
de presunto querubín
y despliega alas mientras sonríe
(a todos engaña con su impostura). El otro lo secunda
con no menos acierto, velando sus pupilas 
de abismo eléctrico.

El violeta, aunque dubitativo, 
se une a la conjura,
renegando de la mitad de sus genes
y blandiendo el incienso de sus lavandas
—como un flagelo místico—
sobre la fraterna combadura bermeja.

El verde también se vincula a la misma entente,
pues vive en la creencia mesiánica 
de que la salvación sólo es posible
aniquilando al opositor.

Mas los planes fratricidas
hallan resistencia en el amarillo, 
que no desea confrontaciones 
con el mayor de la camada,
con quien le une la alegría de las pavesas 
que parlotean con lenguas de fuego.

De igual manera, el naranja apoya
a estos dos hermanos
a los que en tanto se asemeja,
pues, como ellos, es risueño y jaranero
y, como ellos, se apasiona y goza
y, como ellos, lleva la riqueza en el corazón
y no en el bolsillo.

Rojo, naranja, amarillo, verde, azul, 
añil, violeta… todos paridos por el mismo vientre
de azucena inmaculada. 

La noche, con sus ojos de pantera, acecha.


(Mayte Dalianegra)

Pintura: "La chica ciega" (1856), John Everett Millais. Birmingham Museum and Art Gallery

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"EL BAÑO DE LAS NINFAS", José-María de Heredia


Baña el Euxino un bosque de agrios arbustos lleno;
sobre la fuente un negro laurel la copa inclina,
y la Ninfa, sonriente, que a sus ramas se empina
huella, tímida, el agua del arroyo sereno.

Otras, de un salto, se hunden en loco desenfreno
al oir la llamada de una oculta bocina,
y en las aguas movibles a menudo germina
un torso, un claro bucle o la rosa de un seno.

Alborozo divino las florestas asombra.
Mas de pronto dos ojos iluminan la sombra.
¡El Sátiro! Y al eco de su gárrulo sistro

huyen todas. Asi, si un cuervo grazna airado,
en las ondas del río locamente nevado
se esparce la bandada de cisnes del Caístro.


(José-María de Heredia)

Traducción del francés de Otto de Greiff

Pintura: "Ninfas y sátiro" (1873), William-Adolphe Bouguereau. 
Instituto de Arte Clark, Williamstown (Massachusetts),Estados Unidos

"ANTONIO Y CLEOPATRA", José-María de Heredia


Contemplaban los dos cómo dormía
el claro Egipto bajo el cielo ardiente
y como hacía Bubastis, lentamente,
desembocaba el Nilo en la bahía.

En su coraza el adalid sentía
—como a través de un sueño transparente—
desfallecer sumiso y atrayente
el cuerpo voluptuoso que ceñía.

Volviendo ella su rostro enamorado,
tendía con pasión los labios rojos
y las claras pupilas agoreras.

Y el guerrero, sobre ellas inclinado,
contemplaba en el fondo de sus ojos
otro mar en que huían las galeras.

(José-María de Heredia)

Traducción del francés de Andrés Holguín

Pintura: "Antonio y Cleopatra" (1883), Lawrence Alma-Tadema

Mis poetas favoritos: JOSÉ-MARÍA DE HEREDIA

José-Maria de Heredia Girard (La Fortuna, cerca de Santiago de Cuba, 22 de noviembre de 1842 – castillo de Bourdonné, cerca de Houdan, Yvelines, 3 de octubre de 1905) fue un poeta y traductor francés de origen cubano, una de las principales figuras del parnasianismo. No debe ser confundido con el también poeta cubano José María Heredia (1803-1839).

Hijo de Domingo de Heredia Mieses Pimenetel Guridi, nativo de Santo Domingo, y de su segunda esposa, la francesa Louise Girard, el poeta nació en la plantación familiar, cerca de Santiago de Cuba. Se embarcó a Francia a los nueve años, en 1851, donde cursó el bachillerato hasta 1859. En Francia descubrió la obra de Leconte de Lisle, que le causó una honda impresión.

Tras su regreso en 1859 a Cuba, comenzó a estudiar la lengua española con vistas a licenciarse en Derecho. No logró su propósito, pues no se le reconoció la equivalencia del bachillerato cursado en Francia. Por lo tanto, en 1860 volvió a Francia con la intención de seguir allí los estudios de Derecho.
Entre 1862 y 1865 estudió en la prestigiosa École des chartes de París, y comenzó a escribir sus primeros poemas, muy influidos por la escuela parnasiana. En 1863 conoció a Leconte de Lisle, y a partir de 1866 colaboró en el Parnaso contemporáneo. Hizo amistad con autores como Sully Prudhomme y Catulle Mendès, y publicó sus poemas en revistas como Revue des Deux Mondes, Le Temps y Le Journal des Débats.

Dedicó diez años —entre 1877 y 1887— a traducir la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo. Tradujo también al francés la Historia de la monja alférez, memorias de Catalina de Erauso. Tradujo del latín, francés e inglés a Horacio, Lamartine, Ossian y Lord Byron.

En 1893 reunió todos sus sonetos en un libro, Los trofeos (Les Trophées), dedicado a Leconte de Lisle, una de las obras más importantes de la poesía parnasiana. En 1894 fue elegido miembro de la Academia francesa. Con ocasión de la visita de los zares rusos a París compuso su poema Salut à l'Empereur.

Es uno de los más destacados representantes del parnasianismo. Su obra más importante es el libro de sonetos Los trofeos (1893).

Casado desde 1867 con la también cubanofrancesa Louise-Cécile Despaigne, fue padre de tres hijas, una de las cuales, Marie-Louise Hérédia, sería la futura esposa de Henri de Régnier y la amante de Pierre Louÿs.

Heredia murió el 3 de octubre de 1905 en el castillo de Bourdonné, cerca de Houdan.

(Texto obtenido de Wikipedia).

lunes, 13 de marzo de 2017

"DORMIR", Mayte Dalianegra


Morir es dormir... y tal vez soñar
(“Hamlet”, William Shakespeare)

Cuando dormimos,
nuestra punta de iceberg muere,
aunque nadie le rece un réquiem,
pues, salvo excepciones,
resucita en cuanto despertamos
—y lo hace armada con filo de puñal—,
acuchillando entonces la parte sumergida;
si bien alguna vez un rayo de luz
—con vértigo de relámpago—
vierte una porción de ese pecio
sobre la refulgente masa retoñada,
y ese cristal de hielo
no es sino el espejo de Alicia.

Sólo en esos momentos
podemos arañar una mínima fracción
y con ella traspasar el plateado azogue,
sentir la vibración en nuestras nucas
de otro mundo
dentro de nuestro mundo,
sentir ese embrión de locura —esa borrachera
que nosotros mismos
y cuanto nos rodea hemos fraguado—
que nos guía a cada paso, a cada bocanada,
para que volemos como ángeles
pese a carecer de alas.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Flaming june" (Sol ardiente de junio), 1895, Frederic Leighton. Frick Collection de Nueva York (en cesión del Museo de Arte de Ponce, Puerto Rico)

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"EL EFECTO DE UN PAISAJE", Concha García


Es la una y treinta
medio cuerpo asomado
a la vida entera. Desapercibo
un raro calambreo que nace
en las piernas. Brilla lo que
queda de luna. Mis oquedades
buscan ritos, mis soledades
están sobre los zapatos
que he deshebillado
porque me ladeaba su presión.
Estoy entera como la vida que miro
como la vida que me deja
me deja medio cuerpo asomado
a ella.

(Concha García)

Pintura: "Pulpin", Kiéra Malone

"EL BELLO SECRETO DE LA MEMORIA", Concha García


Dispensa mis terraplenes. Ya no pueden
con el agua embarrizarse, han agrietado
su forma y entre algunas franjas
yerba seca asoma. Las lluvias
y los otoños no pueden penetrarme,
mi forma irregular se ha hecho compacta
y quien anda sobre mí, se cansa.

(Concha García)

Pintura: "Mujer con camisa blanca", Lucian Freud

viernes, 24 de febrero de 2017

"FELICIDAD", Mayte Dalianegra


Felicidad es una palabra
que se articula con la boca muy abierta,
transformando la garganta en un arroyo cristalino
y elevando comisuras y agudos
con pulmones de soprano.
No es fácil pronunciarla, no,
cuesta vocalizar cada una de sus sílabas,
porque cualquier repentino enfriamiento
paraliza la laringe con un carámbano
que termina por ser estalactita,
y ni siquiera el ruiseñor,
trinando indiferente a las lindes
cercadas con alambre de púas,
puede servir de ejemplo.
Resulta trabajoso incluso deletrear
signos tan escogidos,
pues se encasquillan en los labios
antes de que la lengua pueda percutirlos.

Pero
a veces la fortuna acecha,
y aletean insectos fluorescentes
en medio de la noche circular que forma la pupila,
destellos encendidos de luciérnaga
virando del rojo al verde,
del calor de la risa a la armonía,
y entonces las cejas
se levantan y alzan vuelo, y son garzas solemnes,
detrás van las mejillas, ahuecando sus lomos,
los dientes, que relucen su precioso marfil,
y la barbilla, que gira en la bisagra del cuello,
inclinándose hacia arriba y hacia atrás,
como abriendo la tapa del cofre de un tesoro.

A veces la fortuna acecha,
emboscada tras el matorral y los barrotes,
izando su bandera con la voz
de un vértigo lujurioso y transparente.

(Mayte Llera "Dalianegra")

Pintura: "Crepúsculo", Jared Joslin

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"CANSANCIO", Concha García


Sentada es como si bebiera largos tragos de playa,
pócimas de tonterías y me cortase las uñas,
sin compañía. Es un cuento más, una residencia
cara. Piso el suelo con bocados de ansiedad
y me lleno de reliquias el cuerpo, salgo
asustando. Repito en larguísimo silencio
abulias y taconeo deslizándome sin prisa
por las avenidas buscando un no sé qué, aquello
que no se nombra porque no se sabe y acapara
gran parte del día ponerme bajo una sombra.
La que sea, a estas alturas elijo la que sea.

(Concha García)

Pintura: "Moda amerindia" (2016), Kenton Nelson

"RETRATO FINGIDO", Concha García


Algo de gozo, nunca un latido constante
y la forma de cerrar las ventanas
en un corredor resentido. Parece liviana.
Cuando surge de broches y maquetas es aún
silenciosa, turulata y cambiante
en recorridos viscosos. Parece loable:
sacrifica partículas con un tenaz
balbuceo entre toallas y peines.
Es yerta y fría: poco tocable. Se siente
masticadora enervante y poco lucrativa
si le deja la lluvia panorama distinto.
Descorre camino muy punzón si salida
es tener hipo con asco o si mira,
con un deshilvanado interés, la espalda
de una gruesa mirada comedora
de ornamentados alfajores. Recorre su tez
con los dedos; es larga la costumbre
de poner intervalos. Perdona si sabe.
Dice que nunca se exalta y es brava
la forma de no acentuar en absoluto
las sílabas. Tampoco mora.
Ni habitaría.

(Concha García)

Pintura: "Ernesta" (1914), Cecilia Beaux, (1855 - 1942)

Mis poetas favoritos: CONCHA GARCÍA

Concha García, nacida en La Rambla (Córdoba, Andalucía) en 1956, es escritora y poeta española, residente en Barcelona, donde se trasladó de niña con su familia.

Parte de su obra ha sido traducida a otros idiomas. Ha colaborado como crítica literaria en diversas publicaciones. Es autora de las antologías "Antología de Poesía de la Patagonia", Cedma, Málaga (2006), "En el revés del cielo" (poesía española y argentina contemporánea), "Paradiso y CCEBA", Buenos Aires (2006), "Noreste, Extremo Sur" (antología de poesía catalana contemporánea), "Extremo Sur", Comodoro Rivadavia, Patagonia argentina. Es co-traductora de la obra poética de Ingeborg Bachmann, editada en 1999 y 2001 por la editorial Hiperión. Es co-realizadora del documental poético "Entre dos orillas", sobre poetas uruguayas y de la patagonia argentina. Viajera incansable, ha creado lazos poéticos en la Patagonia argentina que han hecho posible la publicación de poetas patagónicos en España.

Concha García llegó de niña a Barcelona, donde se licenció en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Ha colaborado en ABC Cultural y el diario Avui. Es miembro fundador del Aula de Poesía de Barcelona, así como de la Asociación Mujeres y Letras. Es también codirectora de la revista Ficciones. Ha publicado una larga lista de poemarios, además de narración. Ha ganado varios premios literarios, como el Premio Poesía Aula Negra, por su libro "Por mí no arderán los quicios ni se quemarán las teas" o el Gil de Biedma con "Ayer y calles". Recientemente ha sido finalista del premio Ausias March de la crítica por su poemario "Acontecimiento".

Ha formado parte del jurado de los Premios Ciudad de Barcelona y como gestora cultural coordina desde el año 2000 las Jornadas de Debate Poético.

Ha vivido en Buenos Aires y Montevideo donde ha impartido clases en la Universidad de la República y publicado artículos sobre poetas uruguayas como Selva Casal, Nancy Bacelo, y Silvia Guerra. Ha colaborado como profesora en la Escuela de Escritura del Ateneo de Barcelona, Laboratorio de Escritura, Escuela de Letras de Madrid. Asimismo en las Universidades de la República (Montevideo, Uruguay), Viedma (Patagonia argentina) y Comodoro Rivadavia (Patagonia argentina). Invitada en otras universidades como la de Wake Forest University (Carolina), Austin (Texas), Pomona (Los Ángeles), Columbia (Nueva York), Aston University (Inglaterra), Università degli Studi Firenze, impartiendo conferencias.

Concha García es autora de una poesía personal e innovadora. Con una perspectiva peculiar y fragmentaria de la existencia, la poeta nos propone en cada poemario un reto al lector: encontrar las pistas que va dejando en sus versos y entrar de lleno en toda su esencia e inquietudes. "Lo de ella", "Árboles que ya florecerán", "Cuántas llaves", "Ayer y calles", "Acontecimiento" y "Las proximidades" son algunos de sus poemarios.

jueves, 2 de febrero de 2017

"AL ARTE RUPESTRE (LA TORADA DE LA LOJA)", Mayte Dalianegra


Hay trazos misteriosos en la vida,
y vida hay en los trazos misteriosos
del rastro de galopes cadenciosos 
avanzando en veloz acometida. 

También esa enigmática partida 
de cuadrúpedos, cinco toros briosos 
y un caballo de cuartos poderosos, 
me deja la memoria desvalida. 

Imagino trazando aquellos uros   
al cazador, artista y hechicero, 
proyectando su luz sobre los muros 

sinuosos de la cueva, con austero 
gesto, y delineando los oscuros 
recovecos con filo de puntero. 

(Mayte Llera "Dalianegra")

Fotografía: detalle del caballo del panel rupestre llamado "La torada de la Loja", Cueva de la Loja, Asturias, España

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"LA AURORA", Torquato Tasso


He aquí murmurar las olas
y tremolar las frondas
al aura matutina y a los arbolitos,
y sobre las verdes ramas los suaves gorriones
cantar suavemente
y apuntar el oriente:
he aquí ya el alba aparece
y se refleja en el mar,
y serena el cielo
y en los campos brotar el dulce hielo
y los altos montes dorar.
Oh bonita y suave Aurora,
el aura es tu mensajera y tú del aura
que se muestra radiante.

(Torquato Tasso)

Pintura: "La aurora" (1881), William-Adolphe Bouguereau


"AL TIEMPO", Torquato Tasso


Viejo y alado dios, nacido con el sol
Con un parto universal y con las estrellas;
Que destruyes las cosas y las renuevas,
Mientras por torcidas calles vuelas y revuelas;

Mi corazón, que languideciendo y se duele,
Y de las heridas y su espinas y ansias,
Después de mil argumentos uno no desarraiga,
No tiene, si no eres tú, quién otro, el cónsul.

Tú de ello plasmas los pensamientos, y das alegre
Obligaciones, que esparces las llagas: y eres evanescente
La niebla de donde se llenan los regios claustros.

Y tú la verdad trágica del fondo,
Donde es sumergida: y sin velo o sombra,
Desnuda y bonita a los ojos ajenos se muestra.

(Torquato Tasso)

Pintura: "Alegoría de Venus, Cupido, la Locura y el Tiempo" (1550), Agnolo Bronzino. National Gallery, London

"A UN GRACIOSO JOVENCITO", Torquato Tasso


(No se conoce si era Ariosto u otro)

¿Cómo llamarte a ti, divinidad o mortal?
Tú que eres bendecido con ese hermoso semblante
divino, y es divino el amor hecho constante,
que, por anidar en mí, dispone el alma.

Amor cierto es, espíritu de amor, y tal,
que me convierto en amoroso amante,
y el corazón, que semejaba al rígido diamante,
languidecer me siento en cada pulso.

Actúa en mí, que puedo ser, flecha o saeta:
enlázame en cada nudo: y si me desafía,
tornarme puedo, en la audaz espada de Marte.

Yo cuestiono tu guerra, o tu otra paz:
reinaré sobre ella; pero la querida
tu Psiche en la lejanía me sonríe.

 (Torquato Tasso)

Pintura: "Venus y Adonis" (1554), Tiziano Vecellio. Museo del Prado, Madrid

"A LA QUE MÁS HE AMADO", Torquato Tasso


A la que más he amado y adorado
cortando flores vi por la ribera;
más de las que su mano recogiera
fueron las que su pie abrió en el prado.

Millar de lazos que el Amor ha armado,
flotaba el oro de su cabellera;
el aire de su voz alivio era
del fuego de sus ojos escapado.

El río se detuvo —tal vez quiso
de esa hermosura, vivo paraíso,
ser el espejo y de su crencha blonda.

Parecía decirle: Oh Tú, fulgente
faz, digna sólo de imperial corriente,
ven a radiar en mi tranquila onda.

(Torquato Tasso)

Pintura: "Flora", John William Waterhouse


Mis poetas favoritos: TORQUATO TASSO

Torquato o Torcuato Tasso (Sorrento, 1544 - Roma, 1595) Poeta italiano. Su obra marca la culminación de la poesía renacentista italiana y anuncia el desarrollo posterior de la misma, sobre la que ejerció una enorme influencia.

Hijo de Bernardo Tasso, su infancia se vio ensombrecida por el destierro de su padre a la caída de Ferrante Sanseverino, por la muerte de su madre y por constantes desplazamientos que lo llevaron a Urbino, Venecia, Padua y Bolonia. Entró al servicio del cardenal Luis de Este, a quien acompañó a París (1570-1571), y del duque Alfonso II (1572).

Su primera obra, el poema caballeresco Reinaldo (1562), marca el paso de la imitación de Ariosto a una concepción más original de la poesía. En 1573 montó para una fiesta cortesana una representación de Aminta, fábula pastoril que se publicó en 1580. La redacción de su obra maestra, el poema épico Jerusalén libertada, fue iniciada en 1559, y cuando creyó haberla finalizado, en 1575, el poema le pareció poco ortodoxo y lo envió a Escipión de Gonzaga para que lo examinase.

Empezó entonces una época crítica para el poeta, en la que trataba de salvar la libertad de su temperamento frente a las limitaciones que le imponían los críticos aristotélicos clásicos. Su vida fue desde ese momento una alternancia trágica de períodos de locura y momentos de lucidez: llegó incluso a rehacer el poema con el título de Jerusalén conquistada (1593), muy inferior al original.

Su situación se fue agravando, y sus violencias, injurias y extravagancias obligaron al duque Alfonso II a hacerlo encerrar en el asilo de Santa Ana, en el que permaneció durante siete años (1579-1586). Después de residir en Mantua, Roma y Nápoles, cuando iba a ser coronado poeta en el Capitolio, murió en el convento de Sant'Onofrio.

Es autor, además, de la canción A las princesas de Ferrara, escrita durante su reclusión en el asilo; de la tragedia El rey Turismundo (1587); de unos Discursos sobre el arte poética (1566) y Discursos del poema heroico (1595); y de una colección de Versos (1593), que representan el último gran momento de la poesía italiana del Renacimiento.

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