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sábado, 26 de julio de 2014

"A LA POESÍA", María Elvira Lacaci

Me siento vagabunda de las Letras.
Quiero comer mi pan con el mendigo.
Beber vino de todos.
Tomar el sol
tendida
sobre la hierba húmeda.
Tener una guitarra
con cuerdas de latidos, entregados.
Tocarla por los pueblos.
Que los hombres –de colores distintos–
bailen al son de ella
con sus modales
toscos
y su verdad sencilla
a flor de labio.

 María Elvira Lacaci

Pintura: "En los campos" (1887), Julien Dupré


"EL TRAJE NUEVO", María Elvira Lacaci

Voy a vestirme el traje de etiqueta.
Cuidaré mis maneras.
Perfumaré mi aliento -respirando el estiércol tanto tiempo...-

No. No es correcto. Lo sé,
el presentarme así todos los días.
A mi modo. Rebelde.
Llevando de la mano -igual que las gitanas a la puerta del "Metro"-,
palabras mal peinadas. Andrajosas. Desnudas.
Intentaré acordarlas.
Arcangélica música debe llevar el viento
cuando gira:
"Los oros del otoño", "Las cascadas", "Los trinos".

Pero no. No podré; ¡estos modales...!
Cuando me sienta estrecha aquí en el alma.
Cuando me pise sin clemencia el Tiempo,
vocearé de nuevo.
Escupiré a la rima -la rima es de burgueses
de la dicha-, y mis zapatos
llevaré ya en la mano. Iré saltando
libre
de su opresión.
Y de verdad lo siento. Debe ser tan hermoso,
con paternal orgullo,
pasear entre gentes -satisfechas
del todo- almidonadas frases
con puntillas
y lazos
de colores vistosos...

María Elvira Lacaci.

Pintura: "Cynthia" (1932), George Spencer Watson.

"LA PALABRA", María Elvira Lacaci

Yo te quiero sencilla. Acaso pobre.
A veces,
vas a brotarme de organdí vestida (sin querer
me florece el lenguaje de otros seres).
Con amor te desnudo.
Quedas como mi carne.
Como mi corazón y sus latidos.

A menudo,
igual que los pequeños
ante una tienda de juguetería,
pego la cara
a las brillantes lunas
donde se venden las palabras bellas.
Las admiro.
A otros les sientan bien. Si me las colocara…
Las aparto al momento
porque a mí no me sientan.

Y de nuevo voy cogiendo brazados de palabras
entre la hierba fresca
y bajo el cielo.
 
María Elvira Lacaci.
 
Pintura. "Las mejores flores", Charles Courtney Curran (1861-1942).


"CON TACONES ALTOS", María Elvira Lacaci

Y yo llevaba un gorro
muy moderno. Parecía
una extraña cazuela.
Unos tacones leves y muy altos.
Un abrigo atrevido.
Unos guantes y un bolso de color avellana.
Los labios y los ojos pintarrajeados.
No debía de ir mal.
Las mujeres
volvían la cabeza
para mirar la hechura del abrigo.
Los hombres...

Pero yo,
bajo la piel y aquella vestidura de comparsa,
llevaba otro ropaje de un tejido muy denso. Era de angustia.

Y añoré
mi pelo suelto, mis zapatos bajos,
mi abrigo deportivo,
mi tez morena, solamente el agua.

Tú me veías, Dios. Y cómo hablamos.
Yo te decía
que estaba muy ridícula con todo aquello.
Tú dijiste que sí.
Y compartiste
el tan amargo leve movimiento
de mis labios oblicuos.

María Elvira Lacaci.

Pintura: "Chica con guantes" (1929), Tamara de Lempicka.

Mis poetas favoritos: MARÍA ELVIRA LACACI

María Elvira Lacaci fue una poeta española nacida en Ferrol, La Coruña, en 1928, y fallecida en Madrid el de marzo de 1997.

Desde muy joven se dedicó a la literatura orientando su obra poética hacia la poesía social. Como representante de la generación poética del 27,brilló con luz propia junto a poetas tan importantes como Vicente Alexandre,Dámaso Alonso y Gerardo Diego.

Fue la primera mujer en obtener el Premio Adonais en 1956, por"Voz Humana". En 1964 fue galardonada con el Premio Nacional  de la Crítica, por su trayectoria literaria.

La poesía de María Elvira Lacaci es sencilla, poco elaborada, reflejo de la preocupación por los valores humanos más que de los literarios.

Poetisa de sensibilidad cristiana intentó fundir los elementos sociales con los religiosos, lo cual hizo de ella una voz de cierto relieve en los años sesenta, como revela su inclusión en la muy conocida Antología de la poesía social, a cargo de Leopoldo de Luis (1965). En la antología de José Luis Cano, Lírica española de hoy (1992), aparecieron dos bellos poemas de Lacaci.

Mujer de una exquisita sencillez y de una extraordinaria humildad, al pedirle una explicación de su poesía social, contestó: “Se me pide que explique mi poesía social. Esto es más difícil todavía, pues siempre son los demás, los críticos, los que me dicen el “por qué” de lo que escribo, y siempre acertadamente… A veces pienso que es una lástima que la poesía social sea la más atacada (bueno, la única atacada), ya que encierra grandes valores humanos además de los poéticos”

Su obra está representada en los siguientes títulos: "Humana voz" 1957, "Sonido de Dios" 1962 y "Al este de la ciudad"1963, "El Rey Baltasar" 1965, "Tom y Jim" 1966, y "Molinillo de papel" 1967.