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jueves, 7 de julio de 2011

"MI MUNDO PRIVADO", Claudia Masin.

Yo ansié tener un cuerpo que practicara,
como un arte, la ignorancia de sí.
Que cayera rendido con la levedad con que caen
las hojas de los árboles. Cuando fuera inevitable,
nunca antes. Pero de tu cuerpo no deseaba
sino lo que había en él de frágil, de imperfecto:
la cicatriz que te cruzaba el pómulo, las pequeñas
arrugas en la frente. La herida
que te asemejaba a mí. Dos ramitas secas
ante la embestida de la menor brisa,
se quiebran. El camino es interminable, te decía,
da vueltas y vueltas alrededor del mundo
y en alguna de esas vueltas los que estaban
destinados a perderse, se encuentran.

Se dice que a la vera
de cierta ruta que atraviesa el desierto,
es posible hundir una vara en la tierra reseca
y en algún momento brotará el petróleo como un géiser.
Anoche tuve un sueño en el que viajábamos por días
y días para encontrar el yacimiento, a la manera
de los scouts o los cazadores de fortuna
del oeste. Al llegar era de noche,
no había una sola estrella, el pozo
estaba seco. Yo me dormía y te quedabas
al lado mío, cuidando mi sueño. No estabas allí
a la mañana siguiente.

En el sueño, alguien decía:
donde tengas tu tesoro tendrás
tu corazón. Y yo me preguntaba qué pasaría
si tu tesoro se perdiera,
qué pasaría en un juego de cajas chinas
si al llegar a la última,
la que debería contener el objeto precioso,
esa, como todas las otras,
estuviera vacía.

Claudia Masin, (poema basado en el film de Gus Van Sant, de su libro "La vista").

Pintura: "Immagini dantesche", ("imágenes dantescas"), 1994-96, Gigino Falconi.

"LA PLENITUD", Claudia Masin.

Hay una historia que quiero contarte: a veces,
en medio del bosque abrupto y solitario, crece un árbol
demasiado delicado y tímido para sobrevivir sin que las ramas
se tuerzan, decaigan, pierdan fuerza cada día,
como si no hubiera nacido preparado
para enfrentar la dificultad del suelo áspero y las plagas,
y su propia debilidad lo llevara a empequeñecerse
hasta casi desaparecer, tapado por una vegetación
que pareciera nutrirse de la audacia
que a él le falta. Pero una sola vez en toda su vida
-que no es larga- florece. Sucede en la estación de las lluvias,
y su flor es la más extraña que pueda concebirse,
no necesariamente bella ni cargada de polen.
Me dirás que ceder lo más valioso que se tiene
a una forma de vida que explota y se retrae en unas horas
no es un acto razonable, que es mejor la lenta construcción
de una fuerza que no pueda doblegarse y se sostenga
en lo que acumula año tras año. Sin embargo,
imagino que no debe existir nada más hermoso de ver
que ese momento de plenitud, cuando la materia que parece vencida
ofrece todo su poder de una vez a un mundo
que no lo necesita ni lo espera, para después retirarse,
como si el bosque fuera un cuerpo amado
e indiferente al que va liberando suavemente de su abrazo.
Yo quisiera ser así, capaz de soportar la plenitud
sin anhelar la abundancia. Que eso sea todo:
el puro deseo de dejar lo poco o mucho que se tiene
a quien se ama, aunque no le haga falta,
y vivir por un rato rodeada de las cosas que realmente le importan:
las tormentas, los animales feroces, la exuberancia del verano.

Claudia Masin.

Pintura: "Cattleya orchid and three brazilian hummingbirds", ("Orquídea Cattleya y árbol brasileño con nido de pájaros"), 1871, Martin Johnson Heade.

miércoles, 6 de julio de 2011

"ÍNTIMA PASIÓN", Claudia Masin.

El amor que tengo crece
como una raíz enferma que está destinada
a morir y hacer morir.
Supiste, antes que yo, que la pasión era una casa
imponente y vacía. Me dejaste sola allí, deslumbrada
por semejante belleza, para que no te siga.
 
Claudia Masin, (de su libro"Abrigo").

Pintura: "Motivo de Timmermansgatan", 1899, Eugene Jansson.

"UNA PELÍCULA DE AMOR", Claudia Masin.

Yo comprendo la pasión de los astrónomos,
las noches en vela, la atención dispuesta
a captar, de entre todo lo que existe,
cierta fosforescencia en el cielo. Podría decir,
como ellos, que las cosas que me importan
no suceden en el mundo. La mirada vive, en lo que ve,
una segunda vida, más real que la primera, más intensa.
Yo pensaba que mirándote siempre, en todos los momentos,
los instantes preciosos que guardabas dentro de tu cuerpo
se transferirían a mi propia constelación
de recuerdos, y lo deseaba con tanta fuerza que creí
ver con tus ojos -sin haberme movido jamás de esta ciudad
o de este cuarto- los detalles de tu casa natal, las tormentas
de nieve en un pueblito del sur, la tierra
completamente roja en el otoño, invadida por las hojas
de los arces, dos pies pequeños y descalzos,
cubiertos por el barro, el rostro de tu madre.
Quizás la intimidad entre dos seres dura
lo que dura ese momento en que sabemos
de los cuerpos y las cosas que otro amó,
en otro tiempo. O acaso nadie alcance a rozar,
ni en su deseo, las imágenes ajenas,
y estés sola, y yo esté sola, y sea el nuestro,
-como el recorrido de las familias de esquimales hacia el sol,
sobre la nieve- un viaje del cual no queda huella.

Claudia Masin.

Poema basado en el filme "Una película de amor", del "Decálogo" de Krysztof Kieslowski.

Pintura: "Paisaje Invernal", 1568, Pieter Brueghel el viejo.

MIS POETAS FAVORITOS: Claudia Masin.

Claudia Masin, poeta y psicoanalista argentina, (Resistencia, Chaco, Argentina, 1972). Publicó en octubre del 2010  su libro de poemas “La plenitud”. El poemario fue presentado en Buenos Aires  bajo el flamante sello "Hilos editora". La autora  publicó con anterioridad los libros de poesía “Bizarría”, “Geología”, “La vista”, “El secreto”, (antología 1997-2007), “Abrigo”, y, posteriormente, “El verano".  
Su libro “La vista” obtuvo el II Premio Casa de América de España en 2002 y fue editado por Visor.

Ha creado y coordinado, junto a un grupo de artistas, los ciclos de poesía “La mirada”, “Poligrafías”, “El pez que habla”, “La musik” y “El gallo y la luna”.