Mostrando entradas con la etiqueta Salvador Díaz Mirón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Salvador Díaz Mirón. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de junio de 2012

"A UNA DAMA", Salvador Díaz Mirón

Bailas por antojo que al mancebo engríe;
y "escotada" luces dos hechizos fuera,
y en el rubio monte de tu cabellera
una flor de grana bruscamente ríe.

¡Pasas, huyes, tornas y el placer deslíe
fósforo combusto que te pinta ojera,
y tu maridazo mira errar la hoguera
y nada barrunta que le contraríe!

¡Y en el rubio monte de tu cabellera
una flor de grana bruscamente ríe!

Salvador Díaz Mirón.

Pintura: "Miranda" (1868), Anthony Frederick Sandys.

jueves, 1 de abril de 2010

"RIMAS", Salvador Díaz Mirón.

El día con su manto
de vívidos colores,
inspira cosas dulces:
la risa y la ilusión.
Entonces la mirada
se inclina hacia las flores...
Las flores son los versos
¡qué el prado canta al sol!

La noche con su sombra,
que deja ardientes rastros,
inspira cosas graves:
la angustia y la oración.
Entonces la mirada
se eleva hacia los astros...
Los astros son los versos
¡qué el cielo canta a Dios!

Qué pliegue su ala de oro
la tarde en el vacío;
qué pasen por mi mente
las ondas del Cedrón;
qué caiga de la nube
la gota de rocío;
¡qué radien las estrellas,
qué trine el ruiseñor!

Salvador Díaz Mirón.
Pintura: "Gather ye rosebuds while ye may", (Recoged los capullos de rosas mientras podáis), 1909, John William Waterhouse.


sábado, 5 de diciembre de 2009

"DESEOS", Salvador Díaz Mirón.


Yo quisiera salvar esa distancia
ese abismo fatal que nos divide,
y embriagarme de amor con la fragancia
mística y pura que tu ser despide.

Yo quisiera ser uno de los lazos
con que decoras tus radiantes sienes;
yo quisiera en el cielo de tus brazos,
¡beber la gloria que en los labios tienes!

Yo quisiera ser agua y que en mis olas,
que en mis olas vinieras a bañarte,
para poder, como lo sueño a solas,
¡a un mismo tiempo por doquier besarte!

Yo quisiera ser lino y en tu lecho,
allá en la sombra, con ardor cubrirte,
temblar con los temblores de tu pecho
¡y morir de placer al comprimirte!

¡Oh, yo quisiera mucho más! ¡Quisiera
llevarte en mí como la nube al fuego,
mas no como la nube en su carrera
para estallar y separarse luego!

Yo quisiera en mí mismo confundirte,
confundirte en mí mismo y entrañarte;
yo quisiera en perfume convertirte,
¡convertirte en perfume y aspirarte!

¡Aspirarte en un soplo como esencia,
y unir a mis latidos tus latidos,
y unir a mi existencia tu existencia,
y unir a mis sentidos tus sentidos!

¡Aspirarte en un soplo del ambiente,
y así verter sobre mi vida en calma,
toda la llama de tu pecho ardiente
y todo el éter del azul de tu alma!

Aspirarte, mujer... De ti llenarme,
y en ciego, y sordo, y mudo constituirme,
y en ciego, y sordo, y mudo consagrarme
al deleite supremo de sentirte,
¡y a la dicha suprema de adorarte!

Salvador Díaz Mirón 

"Dánae recibiendo la lluvia de oro", (1553), Tiziano Vecellio, Museo del Prado, Madrid.

MIS POETAS FAVORITOS... Salvador Díaz Mirón.


(Veracruz, 1853 - 1928) Político y poeta mexicano. Hijo de una familia culta (su padre era poeta y ensayista), recibió una esmerada educación humanística. Desde muy joven mostró marcada inclinación hacia el periodismo, que lo llevó a colaborar en publicaciones de Veracruz y la Ciudad de México. En 1879 inició su carrera política al convertirse en diputado por Jalancingo, en su estado natal.
Entre 1884 y 1885 fue diputado del Congreso de la Unión. En vísperas de las elecciones generales de 1892 fue a prisión por homicidio. Cuatro años después resultó absuelto al considerarse que actuó en defensa propia. Durante el gobierno de Victoriano Huerta dirigió el periódico El Imparcial. Con la caída del dictador, tuvo que permanecer fuera del país entre 1914 y 1920. Vivió en España y después en Cuba hasta que Venustiano Carranza autorizó su regreso a México.
La producción poética de Díaz Mirón que se conserva es bastante reducida, pues una parte se perdió y otra fue destruida por el propio autor. Su obra se divide en tres etapas: la primera muestra la influencia del romanticismo europeo; la segunda, recogida en su libro Lascas, es más intimista e introspectiva, mientras que la tercera depura su estilo hasta llevarlo a una extrema concisión. Sus Poesías completas fueron publicadas en 1941 por Antonio Castro Leal. Entre sus composiciones más dignas de mención figuran Epístola, Sursum, A Gloria, A Byron, Oda a Victor Hugo, Voces interiores, Espinelas, Lance, Oración del preso, El fantasma, Beatus Ille, Ejemplo, Pepilla, Vigilia y sueño y Nox.