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viernes, 9 de diciembre de 2011

"EL OTRO POETA", Sergio Cordero.

Todas las cosas a las que me entrego
se hacen ricas y a mi me dejan pobre.
Rainer Maria Rilke.

Esa esclava que obsedió al orfebre
adorna la muñeca del guarura.

La última acuarela del suicida
se multiplica en el papel tapiz.

La sinfonía del niño prodigio
fue adaptada para un comercial.

Ese verso en el que concentré
años de experiencia y reflexión,
es el eslogan de un vino corriente
o remata el discurso de un político.

Todo aquello a lo que me entregaba
ha quedado tan pobre como yo.

Sergio Cordero.

Pintura de Sherrie Wolf.

"REPUDIA LA RAZÓN", Sergio Cordero.

La razón es inútil,
no es humana.
Es la ínfima parte que nos toca
de Dios.
Y lo demás, lo nuestro,
está en los sentimientos,
la flaqueza.
Porque saberte débil es sentir que estás vivo,
porque la perfección te da la fuerza
y el poder matar.
Te da la muerte,
la muerta perfección.

Estamos vivos.
Nuestra única culpa es seguir vivos.

Sergio Cordero.

Pintura: "El sueño de la razón produce monstruos", Capricho Nº 43, Serie Los Caprichos, (1799), Francisco de Goya y Lucientes.

martes, 6 de diciembre de 2011

"CURRICULUM VITAE", Sergio Cordero.


Dilapidó en estúpidos proyectos
el caudal de su ira
y después
miró ante sí una puerta.

Fatigado,
tuvo que recargarse
en el dintel de sus cuarenta años
antes de abrir la puerta y contemplar
sus perspectivas.
Más allá, el futuro
o el destino – el nombre es lo de menos -
le dieron a elegir
varias salidas:
el corazón que estalla,
la ventana al vacío,
el largo viaje detrás de un escritorio.

Sensatamente,
optó por lo primero.

Sergio Cordero.

Pintura de Sherrie Wolf.

"LA BICICLETA", Sergio Cordero.

A Minerva Villarreal.

La bicicleta
lanza su sombra al pavimento
-interminable cinta-
como sólo ella sabe.
La sombra crece, se estira allá, muy lejos,
y alcanza la otra orilla;
luego viene y me cuenta
o, si no,
desaparece, se pierde en un suspiro
y otra surge despacio
para cubrir la ausencia
de la sombra que somos mi bicicleta y yo.
Continúo pedaleando,
ruedo vertiginoso,
me trago el pavimento de esta noche;
luego miro el reloj: la una quince.
Me hundo lentamente por el paso
a desnivel, desaparezco apenas,
pero vuelvo a surgir del lado opuesto
como si así espantara a una parvada
de pájaros chillones
y el mar, atrás, me fuera persiguiendo.
Finalmente, cansado, adolorido,
me detengo a las puertas de la casa.
Dejo la bicicleta en la cochera;
reclino sus manubrios pensativos
-el niquelado brillo de su acero-
y mi propio cansancio
de cara a la pared.

Sergio Cordero.

Pintura de Daniel Pollera.

Mis poetas favoritos: SERGIO CORDERO.

Sergio Cordero nació en Guadalajara, Estado de Jalisco, México, en 1961. Asistió en esta ciudad al taller de literatura de Elías Nandino. Ha sido becario del INBA en poesía (1982), del Centro de Escritores de Nuevo León en narrativa (1987) y de El Colegio de México para el doctorado en Literatura Hispánica (generación 1990-1993).

Vive en Monterrey desde 1984. Es poeta, crítico literario, narrador, dramaturgo, traductor y editor. Sus principales obras son el ensayo Jorge Cuesta: viaje poético de la inteligencia (1981); los poemarios Vivir al margen (1987), Oscura lucidez (1996) y Toda la lluvia (2004); la novela Hermano Abel (2000) y el libro de relatos Los ojos de Anya (2002). Acaba de publicar el volumen de ensayos y entrevistas Escrito en el noreste (CONARTE, 2008).