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jueves, 4 de abril de 2013

"POSESIÓN LUMINOSA", Emilio Prados

Igual que este viento, quiero
figura de mi calor
ser y, despacio, entrar
donde descanse tu cuerpo
del verano; irme acercando
hasta él sin que me vea;
llegar, como un pulso abierto
latiendo en el aire: ser
figura del pensamiento
mío de ti, en su presencia;
abierta carne del viento,
estancia de amor en alma.

Tú -blando marfil de sueño,
nieve de carne, quietud
de palma, luna en silencio-,
sentada, dormida en medio
de tu cuarto. Y yo ir entrando
igual que un agua serena,
inundarte todo el cuerpo
hasta cubrirte y, entero
quedarme ya así por dentro,
como el aire en un farol,
viéndose temblar, luciendo,
brillar en medio de mí,
encendiéndose en mi cuerpo,
iluminando mi carne
toda ya carne de viento.

Emilio Prados.

Pintura de Eugeni Balakshin.

"SUEÑO", Emilio Prados

Te llamé. Me llamaste.
Brotamos como ríos.
Alzáronse en el cielo
los nombres confundidos.

Te llamé. Me llamaste.
Brotamos como ríos.
Nuestros cuerpos quedaron
frente a frente, vacíos.

Te llamé. Me llamaste.
Brotamos como ríos.
Entre nuestros dos cuerpos,
¡qué inolvidable abismo!

Emilio Prados.

Pintura de Renso Castaneda Zevallos.

"TAN BLANCA", Emilio Prados

Tan blanca, sin figura,
ya tu mano levanta
la esquina de mi sueño...
¿Por dónde va tu carne?
¡Qué huida!:
Monte, luz, aire...
Mas tu mano en mi sueño:
¡qué rama baja el cielo!...
Este brazo tan largo
me va a unir con tu alma.

¡Qué alamedas de sangre
para entrar en tu cuerpo!
Tus dedos -¡qué raíces!-,
me clavan, me desclavan
-¡qué alegría!-; me llevan,
me desencarnan vivo,
me meten por tus venas,
me arrastran, suben, suben
por dentro de ti -fuera-:
sangre, monte, luz, aire...
¡Qué alegría! ¡Qué huida
arriba, arriba, arriba...

-¿Adónde?-
Adónde vuelas,
arriba adónde escapas;
por dónde va tu carne
sin vista ya y sin tacto;
sin calor, viva, pura,
eternidad latiendo
cielo ya toda y árbol.

Emilio Prados.

Pintura: "Santa Eulalia", John William Waterhouse.

"EL CORAZÓN MÁGICO", Emilio Prados

 Abrí la caja de los peces
y se cuajó el cielo
de luceros verdes...

¡Dadme ni doble aparejo,
con su compás de caña
y con su doble anzuelo!...

(Abrí la caja de los peces,
y se cuajó el cielo
de luceros verdes.)

¡Dejadme dormir!...
   ¡Silencio!...
¡Dejadme dormir abierto!

Emilio Prados.

Pintura de Konstantin Mogilev.

"VEGA EN CALMA", Emilio Prados

Cielo gris.
    suelo rojo...
    De un olivo a otro
    vuela el tordo.

    (En la tarde hay un sapo
    de ceniza y de oro.)

    Suelo gris.
    Cielo rojo...

    Quedó la luna enredada
    en el olivar.

    ¡Quedó la luna olvidada!

Emilio Prados.

Pintura: "Bosque de olivos", Vincent Van Gogh (Saint-Rémy 1889), Van Gogh Museum, Amsterdam.

Mis poetas favoritos: EMILIO PRADOS

Emilio Prados Such fue un poeta de la llamada Generación del 27. Nació en Málaga el 4 de marzo de 1899, dónde vivió sus primeros quince años. En 1914 se traslada a Madrid para ingresar en la Residencia de Estudiantes, donde conoce a Juan Ramón Jiménez, quien determinará su pronta orientación hacia la poesía.

En 1918 se incorpora al grupo universitario de la Residencia, centro que se convierte en punto convergente de las ideas vanguardistas e intelectuales de Europa, En este fecundo caldo de cultivo se forma la Generación del 27 y es aquí, donde Prados entabla amistad con el círculo que forman Federico García Lorca, Luis Buñuel, Juan Vicens, José Bello y Salvador Dalí.

En 1921, el agravamiento de la enfermedad pulmonar que padece desde su infancia le obliga a ingresar en un sanatorio en Suiza donde pasará la mayor parte del año. En esa reclusión terapéutica, Emilio Prados comenzará a descubrir los autores más sobresalientes de la literatura europea y a consolidar su vocación de escritor.