viernes, 8 de julio de 2011

MIS POETAS FAVORITOS: Horacio Rega Molina.

Horacio Rega Molina nació en San Nicolás de los Arroyos, provincia de Buenos Aires, en 1899 y murió en la Capital Federal, en 1957. Poeta argentino, cultivó, primordialmente, el soneto. Entre su obra poética publicada, podemos nombrar “La hora encantada” (1919); “El poema de la lluvia” (1922); “El árbol fragante” (1923); “La víspera del buen amor” ( 1925); “Domingos dibujados desde una ventana” (1928); “Azul de mapa” (1931); “Oda provincial” (1940); “Sonetos con sentencia de muerte” (1940); “Raíz y copa” (1943); “Patria del campo” (1946); “Sonetos de mi sangre” (1951); “Antología poética” (1954). En 1994 Plus Ultra editó sus dos libros póstumos, “Odas de vivac y de a caballo”, y “Consagración del fuego.”

jueves, 7 de julio de 2011

"TUVE UN AMOR", Mayte Dalianegra


Tuve un amor
de los que retoñan primaveras,
de los que son magma incandescente
y fluyen del epicentro.

Tuve un amor
de los que parecen inmortales,
de los que propician la euforia
y nacen de la alegría.

Tuve un amor
por quien me arriesgué a perderlo todo,
y me taló con su acero afilado
y me fragmentó en astillas.

Tuve un amor
que solo fue engaño,
solo sufrimiento, infierno.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Le repos d'Amélie" ("El reposo de Amelia"), Sándorfi István (Etienne Sándorfi)
Safe Creative #1106289557767

"MI MUNDO PRIVADO", Claudia Masin.

Yo ansié tener un cuerpo que practicara,
como un arte, la ignorancia de sí.
Que cayera rendido con la levedad con que caen
las hojas de los árboles. Cuando fuera inevitable,
nunca antes. Pero de tu cuerpo no deseaba
sino lo que había en él de frágil, de imperfecto:
la cicatriz que te cruzaba el pómulo, las pequeñas
arrugas en la frente. La herida
que te asemejaba a mí. Dos ramitas secas
ante la embestida de la menor brisa,
se quiebran. El camino es interminable, te decía,
da vueltas y vueltas alrededor del mundo
y en alguna de esas vueltas los que estaban
destinados a perderse, se encuentran.

Se dice que a la vera
de cierta ruta que atraviesa el desierto,
es posible hundir una vara en la tierra reseca
y en algún momento brotará el petróleo como un géiser.
Anoche tuve un sueño en el que viajábamos por días
y días para encontrar el yacimiento, a la manera
de los scouts o los cazadores de fortuna
del oeste. Al llegar era de noche,
no había una sola estrella, el pozo
estaba seco. Yo me dormía y te quedabas
al lado mío, cuidando mi sueño. No estabas allí
a la mañana siguiente.

En el sueño, alguien decía:
donde tengas tu tesoro tendrás
tu corazón. Y yo me preguntaba qué pasaría
si tu tesoro se perdiera,
qué pasaría en un juego de cajas chinas
si al llegar a la última,
la que debería contener el objeto precioso,
esa, como todas las otras,
estuviera vacía.

Claudia Masin, (poema basado en el film de Gus Van Sant, de su libro "La vista").

Pintura: "Immagini dantesche", ("imágenes dantescas"), 1994-96, Gigino Falconi.

"LA PLENITUD", Claudia Masin.

Hay una historia que quiero contarte: a veces,
en medio del bosque abrupto y solitario, crece un árbol
demasiado delicado y tímido para sobrevivir sin que las ramas
se tuerzan, decaigan, pierdan fuerza cada día,
como si no hubiera nacido preparado
para enfrentar la dificultad del suelo áspero y las plagas,
y su propia debilidad lo llevara a empequeñecerse
hasta casi desaparecer, tapado por una vegetación
que pareciera nutrirse de la audacia
que a él le falta. Pero una sola vez en toda su vida
-que no es larga- florece. Sucede en la estación de las lluvias,
y su flor es la más extraña que pueda concebirse,
no necesariamente bella ni cargada de polen.
Me dirás que ceder lo más valioso que se tiene
a una forma de vida que explota y se retrae en unas horas
no es un acto razonable, que es mejor la lenta construcción
de una fuerza que no pueda doblegarse y se sostenga
en lo que acumula año tras año. Sin embargo,
imagino que no debe existir nada más hermoso de ver
que ese momento de plenitud, cuando la materia que parece vencida
ofrece todo su poder de una vez a un mundo
que no lo necesita ni lo espera, para después retirarse,
como si el bosque fuera un cuerpo amado
e indiferente al que va liberando suavemente de su abrazo.
Yo quisiera ser así, capaz de soportar la plenitud
sin anhelar la abundancia. Que eso sea todo:
el puro deseo de dejar lo poco o mucho que se tiene
a quien se ama, aunque no le haga falta,
y vivir por un rato rodeada de las cosas que realmente le importan:
las tormentas, los animales feroces, la exuberancia del verano.

Claudia Masin.

Pintura: "Cattleya orchid and three brazilian hummingbirds", ("Orquídea Cattleya y árbol brasileño con nido de pájaros"), 1871, Martin Johnson Heade.

miércoles, 6 de julio de 2011

"ÍNTIMA PASIÓN", Claudia Masin.

El amor que tengo crece
como una raíz enferma que está destinada
a morir y hacer morir.
Supiste, antes que yo, que la pasión era una casa
imponente y vacía. Me dejaste sola allí, deslumbrada
por semejante belleza, para que no te siga.
 
Claudia Masin, (de su libro"Abrigo").

Pintura: "Motivo de Timmermansgatan", 1899, Eugene Jansson.

"UNA PELÍCULA DE AMOR", Claudia Masin.

Yo comprendo la pasión de los astrónomos,
las noches en vela, la atención dispuesta
a captar, de entre todo lo que existe,
cierta fosforescencia en el cielo. Podría decir,
como ellos, que las cosas que me importan
no suceden en el mundo. La mirada vive, en lo que ve,
una segunda vida, más real que la primera, más intensa.
Yo pensaba que mirándote siempre, en todos los momentos,
los instantes preciosos que guardabas dentro de tu cuerpo
se transferirían a mi propia constelación
de recuerdos, y lo deseaba con tanta fuerza que creí
ver con tus ojos -sin haberme movido jamás de esta ciudad
o de este cuarto- los detalles de tu casa natal, las tormentas
de nieve en un pueblito del sur, la tierra
completamente roja en el otoño, invadida por las hojas
de los arces, dos pies pequeños y descalzos,
cubiertos por el barro, el rostro de tu madre.
Quizás la intimidad entre dos seres dura
lo que dura ese momento en que sabemos
de los cuerpos y las cosas que otro amó,
en otro tiempo. O acaso nadie alcance a rozar,
ni en su deseo, las imágenes ajenas,
y estés sola, y yo esté sola, y sea el nuestro,
-como el recorrido de las familias de esquimales hacia el sol,
sobre la nieve- un viaje del cual no queda huella.

Claudia Masin.

Poema basado en el filme "Una película de amor", del "Decálogo" de Krysztof Kieslowski.

Pintura: "Paisaje Invernal", 1568, Pieter Brueghel el viejo.

MIS POETAS FAVORITOS: Claudia Masin.

Claudia Masin, poeta y psicoanalista argentina, (Resistencia, Chaco, Argentina, 1972). Publicó en octubre del 2010  su libro de poemas “La plenitud”. El poemario fue presentado en Buenos Aires  bajo el flamante sello "Hilos editora". La autora  publicó con anterioridad los libros de poesía “Bizarría”, “Geología”, “La vista”, “El secreto”, (antología 1997-2007), “Abrigo”, y, posteriormente, “El verano".  
Su libro “La vista” obtuvo el II Premio Casa de América de España en 2002 y fue editado por Visor.

Ha creado y coordinado, junto a un grupo de artistas, los ciclos de poesía “La mirada”, “Poligrafías”, “El pez que habla”, “La musik” y “El gallo y la luna”.

martes, 28 de junio de 2011

"AMORES VEDADOS", Mayte Dalianegra


Amores vedados, navíos en cuyas quillas yace encallada
la dulzura del beso clandestino,
fruta almibarada navegando a la deriva
en las aguas salobres de dos cuerpos,
amores de marinero, uno allá en cada puerto,
marejadas de salitre lustrando pieles
en combustión permanente,
tersas, húmedas pieles,
doradas como el sol del mediodía
o pálidas como la luz de la albura.

Amores vedados, flores de jardín prohibido,
las flores que yo cultivo:
madreselvas y amapolas silvestres, 
de ignota fronda,
nacidas en la espesura;
azaleas y adelfas,
lacayas de mi terneza;
jacintos, lirios, narcisos,
bendecidos por las aguas;
tulipanes, flores rojas
que despiertan mis rincones
sedientos de su impudicia;
calas blancas, ataviadas de novicia
para extraviar su inocencia.

Amores vedados, timoneles de bajeles bucaneros,
jardineros sin guadañas ni tijeras.
Amores vedados, flores, barcos.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Desnudo con alcatraces (calas)”, 1944, Diego Rivera

Safe Creative #1106249531530

"SUERTES", Jorge Boccanera.

Azar no es arrojar una moneda al aire.
Ni siquiera esperar el cara o cruz..
Azar es atrapar la moneda en el aire
y huir sin dejar rastro.

Jorge Boccanera.
  
Pintura: "Denial", Colette Calascione.

"EL ÁNGEL DE LA MUERTE", Jorge Boccanera.

Oigo pasos ¿será la boca de tiznar y el navajazo
en pleno rostro?
Así te acechan como ¿será la antorcha de otra voz
que va sobre la tuya?
Escucho pasos y ¿será el escupitajo en la tela de
araña de tu infancia?
Así te azuzan como ¿será la cruz al rojo en tu
mejilla?
Oigo pasos cerca de ¿será como esos guantes
rozando tu estación?

En la memoria hay una puerta rota.

Los sueños son distintos y el final es el mismo:
el asesino que te besa.

Jorge Boccanera.

Pintura: "Stevenson Memorial", (1903), Abbot Handerson Thayer, 
Smithsonian American Art Museum, donado por John Gellatly.

"ARDER", Jorge Boccanera.

Cuando nos besamos trituramos un ángel.
Su última voluntad será nuestro deseo.
Tiempo habrá para escupir sus vidrios de colores,
su sombrero de plumas,
barajas manoseadas por tahúres y ahora

hay que hacerlo entrar,
ofrecerle licor (que él viene de morirse),
acercarle una silla (que lee en la oscuridad).

Dirá sus baratijas,
su forma de guiarnos al secreto de la vieja
estación.
Dirá que el vino está hecho de hojas secas,
que puede hacer un fuego con tu rostro y el mío.
(Ni un centavo de luz a su trabajo).

Cuando nos besamos desollamos un ángel,
un condenado a muerte que va a resucitar en
otras bocas.
No tengas lástima por él, sólo hay que hincar el
diente
y triturar al ángel.
Abrir tus piernas blancas y darle sepultura.

Jorge Boccanera.

Pintura: "Angel", 1887, Abbot Handerson Thayer, Smithsonian American Art Museum, donado por John Gellatly.

"OLAS", Jorge Boccanera.

Tu corazón es una taza diminuta,
y es la única taza que precisa dos bocas,
y es la única boca que no se vuelca nunca.
Enormes olas,
locomotoras de agua se desploman cerca de tus
labios de Grecia.
Pero esto es Isla Negra y enfundada que vas en
un abrigo hecho para otro cuerpo,
hecho para otro clima.
Pero siempre en tus ojos brillando una tacita.
Entonces,
hay un hombre encerrado en los papeles de la noche.
Sus vagabundos quieren levantar esa taza,
como los deportistas a sus copas doradas.

Jorge Boccanera.

Pintura: "Cherry", ("Cereza"), William McGregor Paxton, (1906). Colección privada.

sábado, 25 de junio de 2011

"MIS POETAS FAVORITOS", Jorge Boccanera.

Jorge Boccanera, (Bahía Blanca, 1952), es un poeta y periodista argentino. Vivió parte de su exilio en México y Costa Rica. En su quehacer literario ha publicado además textos de crónica y de ensayo. En 1976 obtuvo el Premio Casa de las Américas de Cuba y un año después el Premio Nacional de Poesía Joven de México. Tomó clases de literatura y periodismo en la Universidad de Costa Rica y en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (Argentina). 

Fue jefe de redacción de los semanarios Crisis de Argentina, ''Plural'' de México y, ''Aportes'' de Costa Rica, y editor del suplemento cultural Forja de la Universidad de Costa Rica. Su poesía ha sido vertida (traducida) al inglés, francés, italiano y otros idiomas.

Durante la dictadura militar argentina (1976-1983), Boccanera se exilió en México. Regresó a su país en 1984, sin embargo, en 1989, se fue a vivir a Costa Rica, donde residió hasta 1997, año en el que retornó a Buenos Aires.

domingo, 19 de junio de 2011

"UN REGALO AHORA MISMO", Mayte Dalianegra


Un regalo
ahora mismo te hago,
de besos que endulcen las tardes perdidas.

Un regalo
de manos tibias,
de azules metálicos y amarillos de oro,
¡carmines chillones!
como estos amores que gritan tu nombre.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “A summer rose” (“Una rosa de verano”), Emile Vernon, (1872 - 1919)

Safe Creative #1108209895614

"YACER A TU LADO", Mayte Dalianegra

Yacer a tu lado,
con sonrisa de amapola floreciéndome en los labios,
y mirarte, mirarte con mirada limpia y desnuda,
mirarte como mira la primavera a la vida...

Y buscarte en rumorosas caracolas
y en el jade de las aguas torrenciales encontrarte,
y mirarte, siempre mirarte, anhelante,
con mirada limpia y desnuda
de aflicciones, de nostalgias y amarguras.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “On rocky shore” (“En la orilla rocosa”), Kathrin Longhurst

Safe Creative #1106149459897

"¿TE ACUERDAS?", Manuel Machado.

Es noche. La inmensa       
palabra es silencio...
Hay entre los árboles
un grave misterio...       
El sonido duerme,
el color se ha muerto.
La fuente está loca,       
y mudo está el eco.
       
¿Te acuerdas?... En vano       
quisimos saberlo...
¡Qué raro! ¡Qué oscuro!
¡Aún crispa mis nervios,       
pasando ahora mismo
tan sólo el recuerdo,
como si rozado
me hubiera un momento       
el ala peluda
de horrible murciélago!...
Ven, ¡mi amada! Inclina       
tu frente en mi pecho;
cerremos los ojos;
no oigamos, callemos...       
¡Como dos chiquillos
que tiemblan de miedo!
       
La luna aparece,
las nubes rompiendo...       
La luna y la estatua
se dan un gran beso...

Manuel Machado.

Pintura: "El Burgo de Batz, iglesia bajo la luna", Ferdinand Loyen Du Puigaudeau, (1864 - 1930).

sábado, 18 de junio de 2011

"MUERTE", Mayte Dalianegra


Muerte,
puerta inevitable 
de cerrojos infalibles. 

Muerte,
asesina de tristezas
y alegrías,
fin de lo efímero,
comienzo de la nada 
o del todo.

Muerte,
conocedora suprema
de los días,
de las horas,
de los minutos y segundos que quedan.
Himno modulado en ecos graves
o en agudas resonancias,
partitura en clave de plañidera.

Muerte,
sola y próxima.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Le radeau de la Meduse” (La balsa de la Medusa), 1819, Jean Louise Théodore Géricault, Museo del Louvre, París
Safe Creative #1106149459538

"DESNUDOS DE MUJER", Manuel Machado.

¡Oh la dorada carne triunfadora
de esta gentil madona veneciana,
que ha sido Venus, Dánae, Diana,
Eva, Polymnia, Cipris y Pandora!...
             
¡Oh gloria de los ojos, golosina
eterna del mirar, dulce y fecunda
carne de la mujer, suave y jocunda,
madre del Arte y del vivir divina!
             
Húmedos labios a besar mil veces...
Líneas de lujuriantes morbideces
que el veneciano sol dora y estuca...
             
¡Oh el delicioso seno torneado!...
¡Oh el cabello de oro ensortijado
en el divino arranque de la nuca!

Manuel Machado.

Pintura: "La naissance de Venus", ("El nacimiento de Venus"), 1862, Eugene Emmanuel Amaury-Duval.

"ARDE EN TUS OJOS UN MISTERIO", Antonio Machado.

Arde en tus ojos un misterio, virgen
esquiva y compañera.

No sé si es odio o es amor la lumbre
inagotable de tu aljaba negra.

Conmigo irás mientras proyecte sombra
mi cuerpo y quede a mi sandalia arena.

¿Eres la sed o el agua en mi camino?
Dime, virgen esquiva y compañera.

Antonio Machado.

Pintura: "Serenity in symmetrit", ("Serenidad en simetría"), 1989, Gary Pruner.

"EN EL MAR DE MIS OJOS ASTURES", Mayte Dalianegra


Decías que en el mar de mis ojos astures
zozobraba tu nave y naufragada se hundía,
como pecio custodiado por el abismo de mis pupilas.

Decías que tu amor no sería fugaz huracán,
sino cálida brisa acariciando mi piel;
que nunca tomarían los hielos
aquello que nos quemaba,
que nunca fenecería lo que ahora agonizó.

Decías, decías, tanto decías…
pero en todo aquello no había más que mentiras.

(Mayte  Llera, Dalianegra)


Pintura: "Leila" (1892) Sir Frank Dicksee
Safe Creative #1108179876606

"ABRIL FLORECÍA", Antonio Machado.

Abril florecía
frente a mi ventana.
Entre los jazmines
y las rosas blancas
de un balcón florido,
vi las dos hermanas.
La menor cosía,
la mayor hilaba ...
Entre los jazmines
y las rosas blancas,
la más pequeñita,
risueña y rosada
—su aguja en el aire—,
miró a mi ventana.

La mayor seguía
silenciosa y pálida,
el huso en su rueca
que el lino enroscaba.
Abril florecía
frente a mi ventana.

Una clara tarde
la mayor lloraba,
entre los jazmines
y las rosas blancas,
y ante el blanco lino
que en su rueca hilaba.
—¿Qué tienes —le dije—
silenciosa pálida?
Señaló el vestido
que empezó la hermana.
En la negra túnica
la aguja brillaba;
sobre el velo blanco,
el dedal de plata.
Señaló a la tarde
de abril que soñaba,
mientras que se oía
tañer de campanas.
Y en la clara tarde
me enseñó sus lágrimas...
Abril florecía
frente a mi ventana.

Fue otro abril alegre
y otra tarde plácida.
El balcón florido
solitario estaba...
Ni la pequeñita
risueña y rosada,
ni la hermana triste,
silenciosa y pálida,
ni la negra túnica,
ni la toca blanca...
Tan sólo en el huso
el lino giraba
por mano invisible,
y en la oscura sala
la luna del limpio
espejo brillaba...
Entre los jazmines
y las rosas blancas
del balcón florido,
me miré en la clara
luna del espejo
que lejos soñaba...
Abril florecía
frente a mi ventana.

Antonio Machado.

Pintura: "Dos mujeres en la ventana", 1670, Bartolomé Esteban Murillo. National Gallery, Washington.

"LA VERDAD ES LA ÚNICA REALIDAD", Francisco Urondo.

Del otro lado de la reja está la realidad, de
este lado de la reja también está
la realidad; la única irreal
es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien
si pertenece al mundo de los vivos, al
mundo de los muertos, al mundo de las
fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o de la producción.
Los sueños, sueños son; recuerdos, aquel
cuerpo, ese vaso de vino, el amor y
las flaquezas del amor, por supuesto, forman
parte de la realidad; un disparo en
la noche, en la frente de estos hermanos, de estos hijos, aquellos
gritos irreales de dolor real de los torturados en
el angelus eterno y siniestro en una brigada de policía cualquiera
son parte de la memoria, no suponen necesariamente el presente, 
pero pertenecen a la realidad. La única aparente
es la reja cuadriculando el cielo, el canto
perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo inmenso cubriendo la Patagonia
porque las masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad 
como la esperanza recatada de la pólvora, de la inocencia
estival: son la realidad, como el coraje y la convalecencia
del miedo, ese aire que se resiste a volver después del peligro
como los designios de todo un pueblo que marcha hacia la victoria
o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a defenderse, a rescatar lo suyo, su realidad.
Aunque parezca a veces una mentira, la única
mentira no es siquiera la traición, es
simplemente una reja que no pertenece a la realidad.

Francisco Urondo, (Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973). 

Pintura: "The secret", (" El secreto"), David Michael Bowers.

"A SU LADO", Francisco Urondo.

No serán muertos los pasos del amor; vacío
vino al mundo, tibio aún
por el viento que lo aposentaba
tan deliciosamente.

Y la tibieza fue
frío y el agua piedra
y las sombras cuchillos y el grito, la primera vez.

Lloró como nunca –no fueron
los muertos los pasos del amor-, pudo hablar
y mentir y deslizar su vida y su alegría
hasta quedar harto de leche y sueños, y olvidar
y empezar a morir como todos:

un día cualquiera termina
el año, el sol termina
y comienza todo donde una mano empieza.

Su mano, su calor
llegado desde del vientre
hacia mí; inspirado por otro calor,
para levantar ahora los pasos del amor,
para impedir que mueran.

Por eso, aquélla o ésta, principio
o fin, madre o amante; ella
estará donde mis ojos vayan.

Francisco Urondo.

Pintura de Julianna.

viernes, 17 de junio de 2011

"BENEFACCIÓN", Francisco Urondo.

Piedad para los equivocados, para
los que apuraron el paso y los torpes
de lentitud. Para los que hablaron bajo tortura
o presión de cualquier tipo, para los que supieron
callar a tiempo o no pudieron mover
un dedo; perdón por los desaires con que me trata
la suerte; por titubeos y blabuceos. Perdón
por el campo que crece en estos espacios de la época
trabajosa, soberbia. Perdón
por dejarse acunar entre huesos
y tierras, sabihondos y suicidas, ardores
y ocasos, imaginaciones perdidas y penumbras.

Francisco Urondo.

Pintura: "Alzarine", Etienne Sándorfi, (Sándorfi Itsván).

"CASADAS Y CORTESANAS", Francisco Urondo

Sobre el vuelo de su libertad,
es mejor no hablar.

Nadie se atreve a presumir estos aires,
a transferir su paciente eficacia.

Como ninguna pudo serlo, es inestable y sólida.
Hábil. Cruel. Una persa se diría. Refinada para las
fragancias y las delicadezas perdidas por el amor.

El sol ha sido cercado por su vientre;
los pájaros volaron con su desconcierto.
La tierra tiembla en sus amores.

Es un raro destino; después del peligro
trata de quedarse entre la gente. Hay
presagios; hay recuerdos que pueden hacerla sufrir.

Cuando logran disipar su sonrisa,
la serenidad se quiebra
y la noche y la muerte se apoderan de su cuerpo.
No hay memoria del rencor y la rabia que amparan sus
lágrimas.

Y sus labios sin coraje murmuran
por esto no puede seguir así,
que debemos cambiarlo. Y hace lo que puede.
Y se confunde.

No quiere traicionar, pero el tiempo la aleja y la devuelve.
Es débil. La deslumbran
y la abandonan, como si nada significara.

No la asisten fuerzas supremas.
No existe especialmente.
No se propone nada del otro mundo;
sólo pide que la dejen vivir,
sufriendo y amando, como cualquiera.

Cuando ella se mueve o camina,
nada hay más admirable
que la vulgaridad de sus gestos.

Francisco Urondo

Pintura de Burton Silverman