sábado, 4 de diciembre de 2010

"Y LA MUERTE NO IMPONDRÁ SU REINO", Dylan Thomas.

Y la muerte no impondrá su reino.
Desnudos hombres ya muertos se confundirán
con el hombre en el viento y la luna del oeste;
cuando los huesos sean descarnados y los ya mondados se hayan ido,
habrá estrellas en torno al pie y entre sus codos
y aunque pierdan la razón no perderán su lucidez,
aunque se hundan bajo el mar de nuevo en vilo se alzarán,
pues se acaban los amantes mas no el amor
y la muerte no impondrá su reino.

Y la muerte no impondrá su reino.
Quienes yacen tendidos
bajo interminables pálpitos del mar
no morirán palpitando de terror:
retorciéndose en el potro en tanto el músculo se afloja
y abiertos en canal, su esqueleto ha de resistir;
la fe gemirá en sus manos al partirse en dos
y demonios unicornes los penetrarán,
pero aun así, hendidos de principio a fin, no van a crujir
y la muerte no impondrá su reino.

Y la muerte no impondrá su reino.
El grito de la gaviota puede no estallar en sus oídos
ni una ola ruidosa romper en la costa;
donde una flor brotó quizá ya no exista ninguna
que al golpe de la lluvia alce la frente;
pero aunque estén ebrios y muertos como clavos
y las calaveras hundan con su martilleo a las margaritas,
ellos golpearán al sol hasta que sus puertas cedan
y la muerte no impondrá su reino.

Dylan Thomas.

(Versión de Marco Antonio Montes de Oca).

Pintura: "A soul brought to heaven", (Un alma traída al cielo), 1878, William Adolphe Bouguereau.
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