viernes, 9 de mayo de 2014

"CIUDAD NOCTURNA", Elizabeth Bishop

No hay pie que lo pudiera resistir,
los zapatos son demasiado frágiles.
Cristal roto, botellas rotas,
que se queman a montones.
Sobre aquellos neumáticos
nadie podría caminar:
aquellos ácidos llameantes
y sangres jaspeadas.
La ciudad hace arder lágrimas.
Un lago acumulado
de aguamarina
comienza a humear.
La ciudad hace arder culpas.
—Para la eliminación de culpas
el calor central
debe ser de esa intensidad.
Diáfana linfa,
sangre turgente y brillante,
salpica
en coágulos dorados
adonde, fundidos, fluyen,
por los oscuros alrededores,
verdes y luminosos
ríos de silicio.
Un charco de asfalto
un magnate
lloró por sí mismo,
una luna ennegrecida.
Otro levantó
un rascacielos con su llanto.
¡Mira! Sus cables
chorrean, incandescentes.
La conflagración
lucha por aire
en medio de un vacío espantoso.
El cielo está muerto.
(Sin embargo, hay criaturas,
cuidadosas, más adelante.
Ponen sus pies en el suelo, caminan:
verde, roja; verde, roja).

Elizabeth Bishop.

Pintura: "Noche de lluvia", F. M. Marrouch.
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