lunes, 14 de enero de 2013

Mis poetas favoritos: GUILLAUME APOLLINAIRE

Guillaume Apollinaire (Wilhelm Apollinaris de Kostrowitzky; Roma, 1880 - París, 1918), fue un poeta francés. De madre polaca, era hijo natural del príncipe italiano Francesco Flugi d'Aspermont, quien lo abandonó desde muy pequeño, trasladándose con su madre a  Mónaco y recibiendo allí la educación primaria.

A los diecinueve años se radicó en Paris y obtuvo la nacionalidad francesa, pero las dificultades para encontrar empleo le obligaron a colocarse como preceptor de una familia en Alemania durante dos años.

A su regreso a París, en 1902, frecuentó los círculos artísticos y literarios de la capital francesa, donde adquirió cierta notoriedad. Trabajó como contable en la Bolsa y como crítico para varias revistas, desde las que teorizó en defensa de las nuevas tendencias, como el cubismo de sus amigos Pablo Picasso y Georges Braque, y el fauvismo de Henri Matisse, con los que compartió la vida bohemia de la época.

Fue columnista en "Mercure de France", y en 1903  fundó "La revue inmoraliste". Amigo de importantes escritores y pintores de la época, fue gran impulsor del cubismo y del surrealismo, aportando obras  célebres como "Caligramas", "Alcoholes" y "Zona", que influyeron notablemente en las generaciones posteriores.

En 1909 publicó su primer libro, "El encantador en putrefacción", basado en la leyenda de Merlín y Viviana, al que siguieron una serie de relatos de contenido fabuloso. Sus libros de poemas "El bestiario" o el "Cortejo de Orfeo" (1911) y "Alcohole" (1913) reflejan la influencia del simbolismo, al tiempo que introducen ya importantes innovaciones formales; ese mismo año apareció el ensayo crítico "Los pintores cubistas", defensa encendida del nuevo movimiento como superación del realismo.
Al estallar la guerra de 1914, se alistó como voluntario y fue herido de gravedad en la cabeza en 1916; murió dos años después, víctima de la gripe española, cuando aún estaba convaleciente.

En los poemas de "Caligramas", aparecidos póstumamente, lleva al extremo la experimentación formal de sus anteriores obras, preludiando la escritura automática surrealista al romper deliberadamente la estructura lógica y sintáctica del poema. Son célebres, por otro lado, sus «ideogramas», en que la tipografía servía para «dibujar» objetos con el texto mismo del poema, en un intento de aproximarse al cubismo y como expresión del afán vanguardista de romper las distinciones de géneros y artes.
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