miércoles, 20 de enero de 2016

"OJOS (Nepal tras la tragedia)", Mayte Dalianegra


Algunas estupas lucían
unos colosales ojos de Buda
pintados sobre la albura de sus bóvedas.

Ojos con forma de arcoíris
que sonreían manifiestamente a otros ojos,
ojos que inscribían en sus pupilas
la esperanza rutilante
que concebía una especie extraviada
entre las quimeras
que colmaban de promesas los rincones.

Esos ojos
hoy enarbolan jirones de plegarias inaudibles
sobre los dinteles quebrados de las puertas.

Esos ojos,
ante el vientre cuarteado de la tierra, vislumbran
un arpegio escrito en el pentagrama de las ruinas,
un acorde grave, como de estrellas desplomándose
desde el cable descolgado de un trapecio.

(Mayte Dalianegra)


Fotografías propias de la Estupa de Swayambhunath, en el Valle de Katmandú, tomadas en agosto de 2006

Safe Creative #1202281214599

"EXPLÍCAME, AMOR", Ingeborg Bachmann


Tu sombrero se levanta despacio, saluda, y vuela al viento,
tu cabeza desnuda enamora a las nubes,
tu corazón tiene que hacer en otra parte,
tu boca asimila lenguas nuevas,
la hierba tembladera menudea por aquí,
el verano apaga y enciende los ásteres con un soplo,
ciego por los copos levantas el rostro,
ríes y lloras y te hundes en ti,
qué más ha de ocurrirte -

¡Explícame, amor!

El pavo con solemne asombro hace la rueda,
la paloma levanta su collar de plumas,
el aire se dilata repleto de arrullos,
grita el ánade, el país entero
se sirve de la miel silvestre, también en el sereno parque
los arriates están enmarcados con un polvo dorado.

El pez se ruboriza, adelanta a la bandada
y se precipita entre grutas al lecho de coral.
Al son de la música de la arena plateada baila tímido el escorpión.
El escarabajo huele de lejos a la más espléndida;
¡si yo tuviera sus sentidos, notaría también
que brillan alas bajo el caparazón de ella,
y tomaría el camino del fresal lejano!

¡Explícame, amor!

El agua sabe hablar,
la ola toma a la ola de la mano,
en la viña el racimo se hincha, salta y cae.
¡Cuán confiado sale el caracol de su casa!

¡Una piedra sabe conmover a otra!

Explícame amor, lo que no sé explicar:
¿trataré durante este tiempo corto y hostil
únicamente con pensamientos y sólo yo
no conoceré ni haré nada afectuoso?
¿Tiene uno que pensar? ¿No le echarán de menos?

Dices: otro espíritu cuenta con él...
No me expliques nada. Veo a la salamandra
pasar por todos los fuegos.
Ningún horror la persigue y nada le causa dolor.

(Ingeborg Bachmann)

(Traducción de Cacilia Dreymüller y Concha García)

Pintura: "Retrato de Armand Roulin", Vincent Van Gogh

"TOMA DE TIERRA", Ingeborg Bachmann

Llegué a las dehesas
cuando ya era de noche,
olfateando en los prados la hierba
y el viento antes de levantarse.
Ya no pastaba el amor,
las campanas se habían extinguido
y los haces de hierba endurecido.

En el suelo había un cuerno clavado
por el obstinado animal de guía
hundido en la oscuridad.

Lo saqué de la tierra,
lo alcé al cielo
con todas mis fuerzas.

Para llenar este país
del todo con sonidos
toqué el cuerno,
dispuesto a vivir en el viento venidero
y bajo los tallos ondeantes
de cualquier procedencia.

(Ingeborg Bachmann)

(Traducción de Cacilia Dreymüller y Concha García)

Pintura: "Diana Cazadora" (1620), Peter Paul Rubens, Museo del Prado, Madrid

"EL TIEMPO POSTERGADO", Ingeborg Bachmann

Vienen días más duros.
El tiempo postergado hasta nuevo aviso
asoma por el horizonte.
Pronto tendrás que atarte los zapatos
y correr los perros de vuelta a las granjas marismeñas.
Pues las vísceras de los peces
se han enfriado al viento.
Arde pobre la luz de los altramuces.
Tu mirada rastrea la niebla:
el tiempo postergado hasta nuevo aviso
asoma por el horizonte.

Allí se te hunde la amada en la arena,
sube por su cabello ondeante,
le quita la palabra,
le ordena callarse,
le parece mortal
y dispuesta a la despedida
tras cada abrazo.

No mires hacia atrás.
Átate los zapatos.
Corre los perros de vuelta.
Tira los peces al mar.
¡Apaga los altramuces!

Vienen días más duros. 

(Ingeborg Bachmann)

Traducción de Arturo Parada

Pintura de Enrique Valls Peñarroya

domingo, 29 de noviembre de 2015

"LA GACELA", Mayte Dalianegra


La gacela nunca piensa
que un día,
un día cualquiera,
un día sin asombros,
un día sin esquinas,
mientras pasta bajo la placidez diurna,
sentirá el cuchillo de unas fauces
germinando la envoltura de sus párpados.

Si a su mente acudiese tal pensamiento,
si la sola raíz de ese dilema asomase
sus entrañas bajo el manto dulce de la niebla,
seguro sería la inanición el motivo de su muerte,
nunca la voracidad del león.

La gacela corre inquieta
ante el menor argumento de lance,
aunque el cristal veteado y prófugo
de sus ojos no llegue a imaginar jamás
el vértigo clamoroso
de la sangre.

Al igual que la gacela,
corremos arriba y abajo
siguiendo un código tan críptico
como el de las constelaciones,
como el de las abejas.

Corremos arriba y abajo
desbrozando caminos,
desatando lazos,
proyectando haces de luz
que descubran la guarida de la sombra
y la obliguen a crujir
con un temblor huesudo.
Corremos arriba y abajo
desterrados de la seguridad del claustro,
indefensos ante la espada del miedo,
y suspiramos aliviados cuando cada noche
damos término al día,
suspiramos aliviados engullendo lotos.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "El león hambriento se lanza sobre el antílope" (1905), Henry Rousseau. Fundación Beyeler, Riehen, Basilea, Suiza

Copyrighted.com Registered & Protected 
N7YU-V3AK-V54N-1TRH

"SÓLO COSAS SOMBRÍAS", Ingeborg Bachmann


Como Orfeo, toco
en las cuerdas de la vida la muerte,
y ante la belleza de la tierra
y de tus ojos, que administran el cielo,
sólo sé decir cosas sombrías.

No olvides que también tú, de pronto,
aquella mañana, cuando tu lecho
todavía estaba húmedo de rocío y el clavel
dormía junto a tu corazón,
viste el río oscuro
pasar a tu lado.

La cuerda del silencio,
tensada sobre la ola de sangre,
puso manos en tu corazón sonante.
Transformado quedó tu rizo
en la cabellera de sombras de la noche,
los copos negros de las tinieblas
nevaron tu semblante.

Y mi lugar no está a tu lado.
Ahora nos lamentamos los dos.

Pero como Orfeo, sé
junto a las cuerdas de la muerte la vida,
y en mí reverbera el azulado
de tu ojo por siempre cerrado.

(Ingeborg Bachmann)

Versión de Arturo Parada

Pintura: Orfeo y Eurídice" (1864), Frederic Leighton 

Mis poetas favoritos: INGEBORG BACHMANN

Ingeborg Bachmann fue una poetisa, novelista y narradora de relatos breves austriaca nacida en Klagenfurt (Corintia). Hija de un director de escuela, estudió Filosofía, Psicología, Filología Alemana y Ciencias Políticas en Innsbruck, Graz y Viena. Se dedicó al periodismo antes de escribir su primer libro de poemas, "El tiempo postergado" (1953). A partir de entonces se convierte en un personaje público, no sólo por sus versos, sino por esa inusual combinación de sensualidad e inteligencia que llama la atención en un mundillo literario por entonces únicamente masculino. Mujer inaccesible y misteriosa, de extrema fragilidad, su voz quebrada y casi rota está llena de referencias filosóficas, desde Wittgenstein a Heidegger, pasando por Walter Benjamin o Simone de Beauvoir. 

Tuvo intensas relaciones con los escritores Paul Celan y Max Frisch, y más tarde atravesó duras crisis personales y de salud, evitando cada vez más las apariciones en público. Después de publicar su primer libro en prosa, "A los treinta años" (1961), se mantuvo durante diez años sin publicar apenas nada. Su siguiente libro, la novela "Malina" (1971), pasó directamente a la lista de los best-sellers, siendo considerada por eso la primera autora mediática de la literatura en lengua alemana. 

Otras obras suyas son, "Tres senderos hacia el lago", "Últimos poemas" e "Invocación a la Osa Mayor". Considerada como una de las más importantes poetisas post-bélicas, Italia fue su patria adoptiva en los últimos años de su vida.

Falleció en Roma, como consecuencia de las graves quemaduras que un incendio en su casa le produjeron (supuestamente se quedó dormida con un cigarrillo encendido). Desde entonces uno de los grandes premios literarios en lengua alemana lleva su nombre.

viernes, 13 de noviembre de 2015

"UN PASEO BORDEADO POR LOS TILOS", Mayte Dalianegra


Los ojos ven un amplio paseo,
bordeado por la fronda de unos tilos,
donde sólo la punzante arista del alambre
tiene su casa.
Los pies lo surcan con la atávica
ceguera de los funámbulos,
y hay un abismo negro y sediento,
un abismo incorpóreo y recóndito
que se abre a los flancos
como una catacumba,
como una fosa común
que pacientemente aguarda
a todo cuanto respira,
y con cada paso
y con cada pestañeo,
esa tumba abisal abre su boca
mostrando el filo cortante
de sus mandíbulas,
y hay que driblar sus envites
sin siquiera percibirlos.

Virajes vanos
con la no menos banal esperanza
de arañar algo de tiempo
y conservarlo como mugre bajo las uñas,
pues su saliva
ya sabe del sabor de la presa
y con sus quijadas
ya escarba la tierra, ya arregla el lecho.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Un parque de la ciudad" (1887) William Merrit Chase

Copyrighted.com Registered & Protected 
FZ9I-MLDI-31FT-CQDG

"VENDRÁ LA MUERTE Y TENDRÁ TUS OJOS...", Cesare Pavese

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
—esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo—. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito acallado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola sobre ti misma te inclinas
en el espejo. Oh querida esperanza,
también ese día sabremos nosotros
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un vicio,
como contemplar en el espejo
el resurgir de un rostro muerto,
como escuchar unos labios cerrados.
Mudos, descenderemos en el remolino.

(Cesare Pavese)

Versión de Carles José i Solsora

Pintura de Rolf Armstrong

"TIENES ROSTRO DE PIEDRA ESCULPIDA", Cesare Pavese

Tienes rostro de piedra esculpida,
sangre de tierra dura,
viniste del mar.
Todo lo acoges y escudriñas
y rechazas
como el mar. En el corazón
tienes silencio, tienes palabras
engullidas. Eres oscura.
para ti el alba es silencio.

Y eres como las voces
de la tierra -el choque
del cubo en el pozo,
la canción del fuego,
la caída de una manzana;
las palabras resignadas
y tenebrosas sobre los umbrales,
el grito del niño- las cosas
que nunca pasan.
Tú no cambias. Eres oscura.

Eres la bodega cerrada
con la tierra removida,
donde el niño entró
una vez, descalzo,
y que siempre recuerda.
Eres la habitación oscura
en la que se vuelve a pensar siempre,
como en el patio antiguo
donde nacía el alba.

(Cesare Pavese)

Pintura: "Beatricesank", Wladislaw Theodor Benda

sábado, 24 de octubre de 2015

"HERMOSO AMOR", Mayte Dalianegra


Hermoso amor
que un día depositaste tus besos
sobre las floridas adelfas
de mis jardines:
soy Babilonia,
toda puertas, toda palabras,
toda secretos.

Soy Babilonia
y ansío liberar el travertino 
de sus huecos
—las negras oquedades
donde reptan, en espiral,
las sierpes hambrientas del tedio.

Soy Babilonia
y ansío liberar el tacto del mármol 
de sus cerrojos
de hielo;
ansío esa victoria
sobre el gusto a roca inerte
y que se mute en dulce y cálida madera,
y que el filo de una llama la consuma, 
laminada ya en bucles de viruta,

y que renazca hecha dragón
y que regrese a mí como a su Ítaca.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Dos muchachas con adelfas" (1890), Gustav Klimt, Wadsworth Atheneum, Hartford, Connecticut, Estados Unidos

Safe Creative #1202281214599

"MAÑANA", Cesare Pavese


La ventana entornada recuadra un rostro
sobre el campo del mar. Los lindos cabellos
acompañan el tierno ritmo del mar.

No hay recuerdos en este rostro.
Sólo una sombra huidiza, como de nubes.
La sombra es húmeda y dulce como la arena
de una intacta caverna, bajo el crepúsculo.
No hay recuerdos. Sólo un susurro
que es la voz del mar convertida en recuerdo.

En el crepúsculo, el agua mullida del alba,
que se impregna de luz, alumbra el rostro.
Cada día es un milagro intemporal,
bajo el sol: lo impregnan una luz salobre
y un sabor a vívido marisco.

No existe recuerdo en este rostro.
No hay palabra que lo contenga
o vincule con cosas pasadas. Ayer,
se desvaneció de la angosta ventana,
tal como se desvanecerá dentro de poco, sin tristeza
ni humanas palabras, sobre el campo del mar.

(Cesare Pavese)

Pintura: "Figura en una ventana" (1925), Salvador Dalí

"EL PARAÍSO SOBRE LOS TEJADOS", Cesare Pavese

Será un día tranquilo, de luz fría
como el sol que nace o muere, y el cristal
cerrará el aire sucio fuera del cielo.

Se nos despierta una mañana, una vez para siempre,
en la tibieza del último sueño: la sombra
será como la tibieza. Llenará la estancia,
por la gran ventana, un cielo más grande.
Desde la escalera, subida una vez para siempre,
no llegarán voces, ni rostros muertos.

No será necesario dejar el lecho.
Sólo el alba entrará en la estancia vacía.
Bastará la ventana para vestir cada cosa
con una tranquila claridad, casi una luz.
Se posará una sombra descarnada sobre el rostro sumergido.

Será los recuerdos como grumos de sombra
aplastados como las viejas brasas
en el camino. El recuerdo será la llama
que todavía ayer mordía en los ojos apagados.

(Cesare Pavese)

Traducción de Carles José i Solsora

Pintura: "Lord Byron en su lecho de muerte" (1826), Joseph-Denis Odevaere, Groeninge Museum, Brujas

Mis poetas favoritos: CESARE PAVESE

Cesare Pavese (San Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950) fue un escritor y poeta italiano. Su infancia y juventud transcurrieron en Turín, donde se graduó en Letras con una tesis sobre W. Whitman. Su carácter tímido, los desengaños amorosos y las sucesivas crisis vitales, de orden religioso y político (en un principio vinculado al fascismo, posteriormente fue miembro del partido comunista), lo llevaron hasta un aislamiento que culminó en suicidio.

Su vida pública y literaria está relacionada con su actividad en la editorial turinesa Einaudi, de la que fue lector y consejero. Pavese perteneció a la generación neorrealista italiana y contribuyó a la difusión de los novelistas norteamericanos tanto a través de sus traducciones de Melville, Dos Passos, Faulkner, Steinbeck, Stein y Joyce, como por su colaboración en la antología Americana (1942), junto con E. Vittorini. Asimismo, sistematizó sus conocimientos sobre literatura estadounidense en "La literatura americana y otros ensayos" (1951).

Inició su obra de escritor con la publicación del poemario "Trabajar cansa" (1936), con el que se opuso a la poesía hermética italiana. Su obra narrativa, de un lúcido realismo, plasma el mundo rural y la vida social contemporánea ("Allá en tu aldea", 1941; "La playa", 1942; "La cárcel", 1938-1939, publicado en 1949; "Antes de que el gallo cante", 1949; "El bello verano", 1949; "Entre mujeres solas", 1949; "El diablo en las colinas", 1949; "La luna y las fogatas", 1950). Su diario "El oficio de vivir" (publicado a título póstumo en 1952) es un extraordinario testimonio sobre la vida y el oficio de un escritor.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

"SI SIENTES QUE EL CORAZÓN TE APRIETA...", Mayte Dalianegra

Si sientes que el corazón
te aprieta los poros,
despégate del suelo,
deja que levanten vuelo tus alas,
las de liviana pluma,
las de blanca pluma
de garza,
las que no permiten
que la boca de la tormenta
alcance los innúmeros paraísos.

Deja que una brisa azulada temple tu frente,
tu frente poderosa de basalto,
y cierra los ojos,
divisa el paisaje de tus párpados,
el riego reticular de los capilares
que fertilizan tus retinas
y las transforman
en exuberantes vergeles,
en jardines de mandrágoras.

Si todavía así
sientes que crepita la llama
del desamparo,
penetra en tus abismos,
los que conducen a tu núcleo de fulgores
sin sombras,
ese cuyas membranas
aún conservan huellas de manos infantiles,
aún conservan sonrisas inocentes.

No te detengas, prosigue
tu incursión y evita las marejadas,
la conspiración de las centellas,
la palabra mercenaria que se adosa al oído,
los demonios coronados de pétalos,
los amuletos y los escapularios.

Evita todo eso y más que encuentres
allá donde tus pies hallen senderos.
Evita la maldición de la memoria
cuando te abra en llagas,
y evita la soledad de la muchedumbre.

Camina sobre la hierba dócil
y llega,
aunque tengas que hacer uso del atajo,
aunque tengas que emboscarte
entre las rosas.

Arriba a la costa que lleva por nombre
tu mismo nombre
y, cuando lo hagas, fondea.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "La partida de los argonautas de Yolcos" (1487), atribuido a Pietro del Donzello

Safe Creative #1202281214599

"CARPE NOCTEM"

Carpe noctem, amor. Coge el brusco deseo
ciego como adivino,
los racimos del pubis y las constelaciones,
el romper y romper
de besos con dibujos de olas y espirales.
Miles de arterias fluyen
mecidas como algas. Carpe mare.
Seducción de la luz,
de los sexos abiertos como tersas actinias,
de la espuma en las ingles y las olas
y el vello en las orillas, salpicado de sed.

Desear es llevar
el destino del mar dentro del cuerpo.

(Aurora Luque)

Pintura: "Afrodita", Robert Fowler

"ANUNCIACIÓN DEL VERANO", Aurora Luque

Una avioneta blanca sobrevuela la costa
con su estela de lona casi en blanco.
"Anúnciese en el aire". Desde el apartamento
los parasoles verdes, naranjas, morados

hacen que el mar se vista a estas alturas
una túnica pop. Se hunde aquel barco
centímetro a centímetro, sus tribales quehaceres
de antigua pesquería. Este verano

nos deslumbra el blanquísimo poliéster
de un yate sobre el puzzle inacabado
de un movedizo mar turquesa, malva.
Descienden las gaviotas. ¿No está la vida acaso

bajo un inmenso toldo de luz que la protege
del ardor del vacío, de su abrazo
de las ondas violetas de la muerte,
de su quehacer tribal, del viejo pacto?

(Aurora Luque)

Pintura: "Salvavidas", Kenton Nelson

"ACUARELA", Aurora Luque

Hay viajes que se suman al antiguo color de las pupilas.
Después de ver la isla de Calipso ¿es que acaso Odiseo
volvió a mirar igual? ¿No se fijó un color
como un extraño cúmulo de algas
en sus pupilas viejas? Lo mismo que en los pliegues
mínimos de la piel
se fosilizan besos y desdenes, así los ojos filtran
esa franja turquesa del mar que acuna islas,
medusas de amatista, blancura de navíos.
La piel es vertedero de memoria
lo mismo que el poema. Pero acaso unos ojos
extrañamente verdes de repente dibujen
empapados de luz
un boscoso archipiélago perdido.

(Aurora Luque)

Pintura: "Calypso" (1906), George Hitchcock 

lunes, 31 de agosto de 2015

"KERKOUANE (TANIT)", Mayte Dalianegra


La brisa salina
perfumaba las alas de una tarde
de velaje azul, como un zafiro,
con la pleamar rizando el oleaje.

Tanit parecía
trazada por una mano pueril,
esbozada con teselas de caracola
engastadas en un atrio milenario.
Su cuerpo triangular
soportó el tránsito de muchas vidas
que después
formaron parte de las nubes.

No puedo
estimar cuánto hace de aquello,
pues la mente es una alondra
revoloteando alocada
al imaginar la densidad de los siglos,
solo sé que ante mí
el mar era un cielo líquido,
y el misterio de Kerkouane,
teñido con la púrpura de sus múrices,
era un corazón latiendo
con el diapasón de las olas.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Dido construye Cartago" (1815), Joseph Mallord William Turner, National Gallery, Londres

Nota: Kerkouane, situado al noreste de Túnez, es un yacimiento arqueológico púnico, Patrimonio de la Humanidad, que se ha preservado sin modificaciones de épocas posteriores, y que conserva los enigmáticos baños que poseía cada vivienda, teñidos con la tintura púrpura obtenida del múrice, un molusco cuya extracción constituía la principal industria de la ciudad.


Safe Creative #1202281214599



"GEL", Aurora Luque

Preparo la toalla. Me descalzo. Esa esponja 
porosa y amarilla que compré en un mercado 
obsceno de turistas en la isla de Hydra
qué dócil bajo el agua cotidiana
tantos meses después, en el exilio.
De pronto el gel recuerda –su claridad lechosa, 
su consistencia exacta– el esperma del mito,
el cuerpo primitivo y trastornado de Urano,
un susurro de olas mar adentro
y una diosa que aparta
los restos de otra espuma de sus hombros.
Me punza una emoción tan anacrónica,
un penoso latir, hondo y absurdo,
por ese mar. Por ese sólo mar. Busco una dosis 
de mares sucedáneos.
Cómo podría desintoxicarme.
Dependo de por vida
de una droga. De Grecia.

(Aurora Luque)

Pintura: "Horas de ocio", John William Godward

Mis poetas favoritos: AURORA LUQUE

Aurora Luque es una poeta, ensayista, narradora, traductora y articulista española que nació en Almería en 1962. 

Pasó su infancia en la Alpujarra granadina y en Granada cursó bachillerato y se licenció en Filología Clásica. Actualmente es profesora de griego en Málaga y escribe artículos para el Diario Sur, también de Málaga. Asimismo, dirige la colección de poesía "Cuadernos de Trinacria" y codirige la colección "Maremoto" junto con Jesús Aguado. 

Sus libros de poemas son "Hiperiónida" (Premio Federico García Lorca de la Universidad de Granada en 1982), "Problemas de doblaje" (accésit del Adonáis en 1990), "Carpe noctem" (Premio Rey Juan Carlos en 1994),"Carpe mare" (1994), "Transitoria" (finalista del Premio Rafael Alberti y Premio Andalucía de la Crítica en 1998), "Las dudas de Eros" (2000), "Portuaria" (Antología 1982-2002), "Camaradas de Ícaro" (Premio Fray Luis de León en 2003), "La siesta de Epicuro" (2003), "Carpe verbum" (Antología temática, 2004) Y "Carpe amorem" (2007).

Su poesía se recoge en diversas ediciones publicadas entre los años 1982 y 2008, y ha sido traducida a varios idiomas.

domingo, 16 de agosto de 2015

"VERMEER", Mayte Dalianegra


Parecía una escena pintada por Vermeer:
desde la ventana, una luz perlada
cruzaba la estancia en diagonal,
y todo cuanto en ella había
gozaba de su fluorescencia.
La mesa, las sillas, los jarrones chinos,
las alfombras persas,
todo brillaba con el esplendor
de un colorido nuevo.

Las pupilas se acostumbraban
al sosiego diurno
y el corazón latía más despacio,
con una mesura
para la que no había sido aún domesticado.

Ya había olvidado morir en tus labios 
con la cadera ceñida de soles 
y fragmentarme cada noche
como una estrella de vidrio.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Joven con jarra de servir agua” (1665), Jan Vermeer. Metropolitan Museum of Art, New York

Copyrighted.com Registered & Protected 
NJXM-28J0-X3IB-DSEO

"AGUA", Robert Lowell

Era un pueblo langostero de Maine—
cada mañana botes llenos de manos
partían hacia las canteras de granito 
en las islas,

y dejaban atrás docenas de tristes
casas blancas de madera adheridas
como conchas de ostra
a una colina de roca,

y debajo de nosotros, el mar lamía
los pequeños laberintos
de palos de cerilla de una esclusa,
donde se atrapaban los peces para cebo.

¿Recuerdas? nos sentábamos en una laja de roca.
Desde esta distancia en el tiempo,
parece del color
de los lirios iris, pudriéndose y volviéndose más púrpura,

pero no era más que la habitual roca gris
que se volvía del habitual color verde
cuando el mar la empapaba.

El mar empapaba la roca
a nuestros pies todo el día
y continuaba arrancándole
trozo tras trozo.

Una noche tú soñaste
que eras una sirena aferrada a un pilón de un muelle,
y que intentabas arrancar
los percebes con las manos,

Deseábamos que nuestras dos almas
pudieran retornar como gaviotas
A la roca. Al final,
el agua resultó demasiado fría para nosotros.

(Robert Lowell)

Pintura: "Early evening paddle", Kenneth M. kirsch

"AFEITÁNDOME", Robert Lowell

Al afeitarme veo, en su toda su extensión,
sólo por esta vez, mi cara en el espejo.
La miro de reojo como si se tratase
de un problema de carpintería...
Aunque la encuentro un poco más delgada,
es la cara de siempre,
con ojos acechantes al ritmo de mi mano..

Nunca tienen los días las suficientes horas...
Según estoy tumbado, confinado, anhelante,
monomaniaco,
celoso incluso de la intrusión más mínima
(me resulta imposible rechazar
la diminuta espina de algún cardo).
Incapaz de imitar la manera espontánea
con que exigen los niños sus respuestas.

Tan inflamable es para mí una piedra
como una cerilla de cartón.

La marea doméstica ha cesado;
y, tú también, inclinas la cabeza
sobre lo que has escrito
y corriges, a veces disgustado,
con cara inexpresiva, como los girasoles.

Tenemos suerte
de haber podido juntos realizar tantas cosas.

(Robert Lowell)

Pintura: "Joven lavándose los dientes", Ignacio Mayayo

"EN EL DORMITORIO DE MI PADRE", Robert Lowell

En el dormitorio de mi padre:
la fibra azul es delgada
como la escritura de un lapicero
en el cubrecama;
azules descoloridos en las cortinas,
un kimono azul,
sandalias chinas con correas azules de felpa.
La tabla ancha del suelo
tiene un lijado pulcro.
La claridad de la lámpara de vidrio
con una pequeña y blanca tulipa que fuera levantada algunas
pulgadas para que descansen en el volumen
dos los oídos de Lafcadio.
Reflejo de un Japón no familiar.
Como el escondite de los rinocerontes,
sus olivos combados cubren
lo que fue castigado.
En el marcador del libro:
"De Mamá para Robbie".
Años mas tarde en el mismo lugar:
"Este libro ha tenido un duro trato,
en el río Yangtsé, China.
En la tormenta fue dejado bajo
una tronera abierta".

(Robert Lowell)

Pintura: "Autorretrato en la habitación de la Villa Medici", Leon Cogniet (1794-1880)