sábado, 3 de abril de 2010

"PARA LA LIBERTAD", (EL HERIDO, II), Miguel Hernández.

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

MIGUEL HERNÁNDEZ, El hombre acecha, (1938-39)

Como humilde homenaje al pastor de Orihuela, Miguel Hernández, uno de mis poetas predilectos, sino el más, de cuya trágica muerte se cumplieron este pasado 28 de marzo 68 años, y que el próximo 10 de octubre se cumplirá un siglo de su nacimiento, adjunto el que para mí es su poema más emblemático, aunque no el más conocido, un poema que resume el ideario de este poeta autodidacta, uno de los más relevantes de la literatura del s. XX.

Pintura: "La liberté guidant le peuple", (La libertad guiando al pueblo), 1830, Ferdinand Eugène Delacroix. Museo del Louvre, París.

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