sábado, 27 de octubre de 2012

"MORIR DE AMOR", Mayte Dalianegra

Morir de amor,
como una Isolda
como una Julieta,
como una Dido,
morir en la frontera del desespero,
morir cuando la vida nos conduce
al lindero de la angustia,
cuando el salto al vacío
se nos ofrece con la madurez de la fruta
para deleite de una boca
que ya no ansía saborear otro manjar.

Morir de amor,
¡qué estupidez! ¿verdad?
Hay tantas razones para morir
y vamos a echarle la culpa al amor,
y hay tantas por las que levantarse
de nuevo, un día más,
por las que abrir los ojos y respirar…
¿pero de qué le sirve el aire
a la boca cuyo aliento se ha secado
al pronunciar la palabra adiós?

No, no existen argumentos
para seguir con vida
cuando la vida promete
una existencia anodina,
no los hay, pero seguimos caminando
como si tal cosa,
un pie tras otro,
un día tras otro,
un año tras otro…
¿En verdad no sería hermoso
morir de amor? Sería tan romántico,
tal vez hasta cursi y afectado,
morir como esas heroínas de leyenda,
o si no, 
vivir con la domesticada muerte de lo cotidiano.

Mayte Dalianegra

Pintura: "Muerte de Tristán e Isolda", Rogelio Egusquiza Barrena (1845 - 1915), Museo de Bellas Artes de Bilbao
Safe Creative #1209202371201


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