viernes, 22 de julio de 2011

"HALLA EN LA CAUSA DE SU AMOR TODOS LOS BIENES", Francisco de Quevedo.

Después que te conocí,
todas las cosas me sobran:
el sol para tener día,
abril para tener rosas.
Por mi bien pueden tomar
otro oficio las auroras,
que yo conozco una luz
que sabe amanecer sombras.
Bien puede buscar la noche
quien sus estrellas conozca,
que para mi astrología
ya son oscuras y pocas.
Gaste el Oriente sus minas
con quien avaro las rompa,
que yo enriquezco la vista
con más oro a menos costa.
Bien puede la margarita
guardar sus perlas en conchas,
que buzano de una risa
las pesco yo en una boca.
Contra el tiempo y la fortuna
ya tengo una inhibitoria,
ni ella me puede hacer triste,
ni él puede mudarme un hora,
El oficio le ha vacado
a la muerte tu persona:
basquiñas y más basquiñas,
carne poca y muchas faldas.
Don Melón, que es el retrato
de todos los que se casan:
Dios te la depare buena,
que la vista al gusto engaña.
La Berenjena, mostrando
su calavera morada,
porque no llegó en el tiempo
del socorro de las calvas.
Don Cohombro desvaído,
largo de verde esperanza,
muy puesto en ser gentilhombre,
siendo cargado de espaldas.
Don Pepino, muy picado
de amor de doña Ensalada,
gran compadre de doctores,
pensando en unas tercianas.
Don Durazno, a lo envidioso,
mostrando agradable cara,
descubriendo con el trato
malas y duras entrañas.
Persona de muy buen gusto,
don Limón, de quien espanta
lo sazonado y panzudo,
que no hay discreto con panza.
De blanco, morado y verde,
corta crin y cola larga,
don Rábano, pareciendo
moro de juego de canas.
Todo fanfarrones bríos,
todo picantes bravatas,
llegó el señor don Pimiento,
vestidito de botarga.
Don Nabo, que viento en popa
navega con tal bonanza,
que viene a mandar el mundo
de gorrón de Salamanca.
Mas baste, por si el lector
objeciones desenvaina,
que no hay boda sin malicias,
ni desposados sin tachas.

Francisco de Quevedo.

Pintura: "Bodegón de calabazas y granadas", Carlos Guzmán Capel.

"SONETO A LUIS DE GÓNGORA", Francisco de Quevedo.

Yo te untaré mis obras con tocino
porque no me las muerdas, Gongorilla,
perro de los ingenios de Castilla,
docto en pullas, cual mozo de camino;

apenas hombre, sacerdote indino,
que aprendiste sin cristus la cartilla;
chocarrero de Córdoba y Sevilla,
y en la Corte bufón a lo divino.

¿Por qué censuras tú la lengua griega
siendo sólo rabí de la judía,
cosa que tu nariz aun no lo niega?

No escribas versos más, por vida mía;
aunque aquesto de escribas se te pega,
por tener de sayón la rebeldía.

Francisco de Quevedo.

Pintura: "Retrato de Luis de Góngora y Argote", (1622), Diego de Silva Velázquez. Museo de Bellas Artes de Boston, Estados Unidos.

Mis poetas favoritos: FRANCISCO DE QUEVEDO.

Francisco de Quevedo, (Madrid, 1580 - Villanueva de los Infantes, España, 1645). Escritor español. Los padres de Francisco de Quevedo desempeñaban altos cargos en la corte, por lo que desde su infancia estuvo en contacto con el ambiente político y cortesano. Estudió en el colegio imperial de los jesuitas, y, posteriormente, en las Universidades de Alcalá de Henares y de Valladolid, ciudad ésta donde adquirió su fama de gran poeta y se hizo famosa su rivalidad con Góngora.

Siguiendo a la corte, en 1606 se instaló en Madrid, donde continuó los estudios de teología e inició su relación con el duque de Osuna, a quien Francisco de Quevedo dedicó sus traducciones de Anacreonte, autor hasta entonces nunca vertido al español.

martes, 19 de julio de 2011

"AGUA DULCE", Mayte Dalianegra

Agua dulce eres
para mi boca hambrienta
de la mies de la ternura.
Agua dulce 
en la inmensidad 
de ese desierto ardiente que son mis labios.

Agua indómita 
que me entrega sus aromas montaraces
de lavanda, romero y espliego,
también del laurel de la esquiva Dafne.

Agua tras el arcoíris de tus pupilas
—gotas diamantinas
bajo la opulencia del sol estival—.
Agua precipitada en el vacío
de unas cuencas azuladas como el cielo.
Agua límpida, diáfana, pura
—blanca novicia desnuda—.

Agua que sacia mi sed voraz
de tenerte,
de ser la consorte
de tus ensoñaciones,
de disfrutar de los placeres de tu carne.
Agua que alcanza su pleamar de saliva
y aplaca apetitos recónditos.
Agua obscena y lúbrica como el pecado.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Cristal y agua", Miguel Avataneo
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"AGUA DEL RECUERDO", Nicolás Guillén.

¿Cuándo fue?
No lo sé.
Agua del recuerdo
voy a navegar.

Pasó una mulata de oro,
y yo la miré al pasar:
moño de seda en la nuca,
bata de cristal,
niña de espalda reciente,
tacón de reciente andar.

Caña
¡febril la dije en mí mismo!
caña
temblando sobre el abismo,
¿quién te empujará?
¿Qué cortador con su mocha
te cortará?
¿Qué ingenio con su trapiche
te molerá?

El tiempo corrió después,
corrió el tiempo sin cesar,
yo para allá, para aquí,
yo para aquí, para allá,
para allá, para aquí,
para aquí, para allá. .

Nada sé, nada se sabe,
ni nada sabré jamás,
nada han dicho los periódicos,
nada pude averiguar,
de aquella mulata de oro
que una vez miré al pasar,
moño de seda en la nuca,
bata de cristal,
niña de espalda reciente,
tacón de reciente andar.

Nicolás Guillén.

Pintura: "The fairest of the not so fair", ("El derecho de no ser tan blanco"), 2008, Amy Sherald.

"BURGUESES", Nicolás Guillén.

No me dan pena los burgueses vencidos.
Y cuando pienso que van a dar me pena,
aprieto bien los dientes, y cierro bien los ojos.

Pienso en mis largos días sin zapatos ni rosas,
pienso en mis largos días sin sombrero ni nubes,
pienso en mis largos días sin camisa ni sueños,
pienso en mis largos días con mi piel prohibida,
pienso en mis largos días Y

No pase, por favor, esto es un club.
La nómina está llena.
No hay pieza en el hotel.
El señor ha salido.

Se busca una muchacha.
Fraude en las elecciones.
Gran baile para ciegos.

Cayó el premio mayor en Santa Clara.
Tómbola para huérfanos.
El caballero está en París.
La señora marquesa no recibe.
En fin Y

Que todo lo recuerdo y como todo lo recuerdo,
¿qué carajo me pide usted que haga?
Además, pregúnteles,
estoy seguro de que también
recuerdan ellos.

Nicolás Guillén.

Pintura: "The political lady", ("La mujer del político"), 1885, James Jacques-Joseph Tissot.

"CUANDO YO VINE A ESTE MUNDO", Nicolás Guillén.

Cuando yo vine a este mundo,
nadie me estaba esperando;
así mi dolor profundo
se me alivia caminando,
pues cuando vine a este mundo,
te digo,
nadie me estaba esperando.

Miro a los hombres nacer,
miro a los hombres pasar;
hay que andar,
hay que mirar para ver,
hay que andar.

Otros lloran, yo me río,
porque la risa es salud:
lanza de mi poderío,
coraza de mi virtud.
Otros lloran, yo me río,
porque la risa es salud.

Camino sobre mis pies,
sin muletas ni bastón,
y mi voz entera es
la voz entera del sol.
Camino sobre mis pies,
sin muletas ni bastón.

Con el alma en carne viva,
abajo, sueño y trabajo;
ya estará el de abajo arriba,
cuando el de arriba esté abajo.
Con el alma en carne viva,
abajo, sueño y trabajo.

Hay gentes que no me quieren,
porque muy humilde soy;
ya verán cómo se mueren,
y que hasta a su entierro voy,
con eso y que no me quieren
porque muy humilde soy.

Miro a los hombres nacer,
miro a los hombres pasar;
hay que andar,
hay que vivir para ver,
hay que andar.

Cuando yo vine a este mundo,
te digo,
nadie me estaba esperando;
así mi dolor profundo,
te digo,
se me alivia caminando,
te digo,
pues cuando vine a este mundo,
te digo,
¡nadie me estaba esperando!

Nicolás Guillén.

Pintura de Amy Sherald.

"GUITARRA", Nicolás Guillén.

Tendida en la madrugada,
la firme guitarra espera:
voz de profunda madera
desesperada.

Su clamorosa cintura,
en la que el pueblo suspira,
preñada de son, estira
la carne dura.

¿Arde la guitarra sola?
mientras la luna se acaba;
arde libre de su esclava
bata de cola.

Dejó al borracho en su coche,
dejó el cabaret sombrío,
donde se muere de frío,
noche tras noche,

y alzó la cabeza fina,
universal y cubana,
sin opio, ni mariguana,
ni cocaína.

¡Venga la guitarra vieja,
nueva otra vez al castigo
con que la espera el amigo,
que no la deja!

Alta siempre, no caída,
traiga su risa y su llanto,
clave las uñas de amianto
sobre la vida.

Cógela tú, guitarrero,
límpiale de alcohol la boca,
y en esa guitarra, toca
tu son entero.

El son del querer maduro,
tu son entero;
el del abierto futuro,
tu son entero;
el del pie por sobre el muro,
tu son entero. . .

Cógela tú, guitarrero,
límpiale de alcohol la boca,
y en esa guitarra, toca
tu son entero.

 Nicolás Guillén.

Pintura: "Alma de guitarra", George Apperley, (1884 - 1960).

Mis poetas favoritos: NICOLÁS GUILLÉN.

Nicolás Guillén, (Camagüey, 1902 - La Habana, 1989). Poeta cubano, considerado el máximo representante de la llamada poesía negra centroamericana, y poeta nacional de la isla por su obra ligada a la cultura afrocubana. Nicolas Guillén cursó un año de derecho en La Habana, antes de abandonar la universidad y volver a su ciudad donde trabajó como tipógrafo y se dedicó al periodismo en la redacción de El Camagüeyano, en cuyas páginas inició también su actividad literaria.

A partir de 1925 Nicolas Guillén se instaló en la capital donde participó activamente en la vida cultural y política de protesta, lo que le supuso breves arrestos y períodos de exilio en varias ocasiones. En 1937, cuando había publicado ya sus primeros tres libros, ingresó en el Partido Comunista de Cuba, fundado por su amigo y también poeta R. Martínez Villena, y participó en el célebre Congreso por la Defensa de la Cultura, realizado en Valencia en plena Guerra Civil española, donde conoció a P. Neruda, R. Alberti, F. García Lorca y O. Paz, y su obra alcanzó difusión europea.

domingo, 17 de julio de 2011

"RAÍLES DIVERGENTES", Mayte Dalianegra


Él, maquinista de un viejo tren
alimentado por lumbre,
maniobra entre raíles
las trabas de un futuro
labrado con desmanes.
No tiemblan ya sus manos
cuando enarbola en ellas
la enseña del engaño,
ni los labios tremolan
con el fluir viscoso de falacias y ardides.

Ella, anónima pasajera
del vagón de cola,
un último vagón
carente de destino y nombre,
se monta y apea sin voluntad propia,
acaso el albedrío apropiado
por voluntad ajena.

Acelerados, corren los chopos
en carrera veloz,
y los abedules, robles y hayas,
todos, salvo aquellos álamos, que aguantan,
impertérritos, hasta que el tren pasa.

Y llegan los túneles,
los de madrugadas feroces
tintadas de ansias,
oscuros boquetes apostados
en la encrucijada.

Laxo aún espera el cambio de vías
en una alborada que apremia los tiempos,
hostiga los ritmos y oxida anaqueles,
y llegan los trueques,
de espacios y edades,
y sus dos caminos se ven separados
por una distancia,
obstáculo insalvable de ángulo obtuso.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Tren en la nieve, la locomotora” (1875), Claude Monet. Musée Marmottan, París
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"LOS CISNES" (a Juan Ramón Jiménez), Rubén Darío

¿Qué signo haces, oh Cisne, con tu encorvado cuello
al paso de los tristes y errantes soñadores?
¿Por qué tan silencioso de ser blanco y ser bello,
tiránico a las aguas e impasible a las flores?

Yo te saludo ahora como en versos latinos
te saludara antaño Publio Ovidio Nasón.
Los mismos ruiseñores cantan los mismos trinos,
y en diferentes lenguas es la misma canción.

A vosotros mi lengua no debe ser extraña.
A Garcilaso visteis, acaso, alguna vez...
Soy un hijo de América, soy un nieto de España...
Quevedo pudo hablaros en verso en Aranjuez....

Cisnes, los abanicos de vuestras alas frescas
den a las frentes pálidas sus caricias más puras
y alejen vuestras blancas figuras pintorescas
de nuestras mentes tristes las ideas obscuras.

Brumas septentrionales nos llenan de tristezas,
se mueren nuestras rosas, se agostan nuestras palmas,
casi no hay ilusiones para nuestras cabezas,
y somos los mendigos de nuestras pobres almas.

Nos predican la guerra con águilas feroces,
gerifaltes de antaño revienen a los puños,
mas no brillan las glorias de las antiguas hoces,
ni hay Rodrigos ni Jaimes, ni han Alfonsos ni Nuños.

Faltos del alimento que dan las grandes cosas,
¿qué haremos los poetas sino buscar tus lagos?
A falta de laureles son muy dulces las rosas,
y a falta de victorias busquemos los halagos.

La América Española como la España entera
fija está en el Oriente de su fatal destino;
yo interrogo a la Esfinge que el porvenir espera
con la interrogación de tu cuello divino.

¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?
¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?
¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?
¿Callaremos ahora para llorar después?

He lanzado mi grito, Cisnes, entre vosotros,
que habéis sido los fieles en la desilusión,
mientras siento una fuga de americanos potros
y el estertor postrero de un caduco león...

...Y un Cisne negro dijo: "La noche anuncia el día".
Y uno blanco: "¡La aurora es inmortal, la aurora
es inmortal !" ¡Oh tierras de sol y de armonía,
aún guarda la Esperanza la caja de Pandora!

Rubén Darío.

Pintura: "Dancing swan" ("La danza del cisne"), Bill Barnes.

"LOS MOTIVOS DEL LOBO", Rubén Darío.

El varón que tiene corazón de lis,
alma de querube, lengua celestial,
el mínimo y dulce Francisco de Asís,
está con un rudo y torvo animal,
bestia temerosa, de sangre y de robo,
las fauces de furia, los ojos de mal:
¡el lobo de Gubbia, el terrible lobo!
Rabioso, ha asolado los alrededores;
cruel, ha deshecho todos los rebaños;
devoró corderos, devoró pastores,
y son incontables sus muertos y daños.

Fuertes cazadores armados de hierros
fueron destrozados. Los duros colmillos
dieron cuenta de los más bravos perros,
como de cabritos y de corderillos.

Francisco salió:
al lobo buscó
en su madriguera.
Cerca de la cueva encontró a la fiera
enorme, que al verle se lanzó feroz
contra él. Francisco, con su dulce voz,
alzando la mano,
al lobo furioso dijo: "¡Paz, hermano
lobo!" El animal
contempló al varón de tosco sayal;
dejó su aire arisco,
cerró las abiertas fauces agresivas,
y dijo: "!Está bien, hermano Francisco!"
"¡Cómo! exclamó el santo. ¿Es ley que tú vivas
de horror y de muerte?
¿La sangare que vierte
tu hocico diabólico, el duelo y espanto
que esparces, el llanto
de los campesinos, el grito, el dolor
de tanta criatura de Nuestro Señor,
no han de contener tu encono infernal?
¿Vienes del infierno?
¿Te ha infundido acaso su rencor eterno
Luzbel o Belial?"

Y el gran lobo, humilde: "¡Es duro el invierno,
y es horrible el hambre! En el bosque helado
no hallé qué comer; y busqué el ganado,
y en veces comí ganado y pastor.
¿La sangre? Yo vi más de un cazador
sobre su caballo, llevando el azor
al puño; o correr tras el jabalí,
el oso o el ciervo; y a más de uno vi
mancharse de sangre, herir, torturar,
de las roncas trompas al sordo clamor,
a los animales de Nuestro Señor.
¡Y no era por hambre, que iban a cazar!"

Francisco responde: "En el hombre existe
mala levadura.
Cuando nace, viene con pecado. Es triste.
Mas el alma simple de la bestia es pura.
Tú vas a tener
desde hoy qué comer.
Dejarás en paz
rebaños y gente en este país.
¡Que Dios melifique tu ser montaraz!"

"Esta bien, hermano Francisco de AsIs."
"Ante el Señor, que toda ata y desata,
en fe de promesa tiéndeme la pata."
El lobo tendió la pata al hermano
de Asís, que a su vez le alargó la mano.

Fueron a la aldea. La gente veía
y lo que miraba casi no creía.
Tras el religioso iba el lobo fiero,
y, bajo la testa, quieto le seguía
como un can de casa, o como un cordero.

Francisco llamó la gente a la plaza
y allí predicó.
Y dijo: "He aquí una amable caza.
El hermano lobo se viene conmigo;
me juró no ser ya vuestro enemigo,
y no repetir su ataque sangriente.
Vosotros, en cambio, daréis su alimento
a la pobre bestia de Dios." "¡Así sea!",
Contestó la gente toda de la aldea.
Y luego, en señal
de contentamiento,
movió la testa y cola el buen animal,
y entró con Francisco de Asís al convento.

Algún tiempo estuvo el lobo tranquilo
en el santo asilo.
Sus bastas orejas los salmos oían
y los claros ojos se le humedecían.
Aprendió mil gracias y hacía mil juegos
cuando a la cocina iba con los legos.
Y cuando Francisco su oración hacía,
el lobo las pobres sandalias lamía.
Salía a la calle,
iba por el monte, descendía al valle,
entraba a las casas y le daban algo
de comer. Mirábanle como a un manso galgo.

Un día, Francisco se ausentó. Y el lobo
dulce, el lobo manso y bueno, el lobo probo,
desapareció, tornó a la montaña,
y recomenzaron su aullido y su saña.

Otra vez sintióse el temor, la alarma,
entre los vecinos y entre los pastores;
colmaba el espanto en los alrededores,
de nada servían el valor y el arma,
pues la bestia fiera
no dió treguas a su furor jamás,
como si estuviera
fuegos de Moloch y de Satanás.

Cuando volvió al pueblo el divino santo,
todos los buscaron con quejas y llanto,
y con mil querellas dieron testimonio
de lo que sufrían y perdían tanto
por aquel infame lobo del demonio.

Francisco de Asís se puso severo.
Se fué a la montaña
a buscar al falso lobo carnicero.
Y junto a su cueva halló a la alimaña.

"En nombre del Padre del sacro universo,
conjúrote dijo, ¡oh lobo perverso!,
a que me respondas: ¿Por qué has vuelto al mal?
Contesta. Te escucho."

Como en sorda lucha, habló el animal,
la boca espumosa y el ojo fatal:

"Hermano Francisco, no te acerques mucho...
Yo estaba tranquilo allá en el convento;
al pueblo salía,
y si algo me daban estaba contento
y manso comía.
Mas empecé a ver que en todas las casas
estaban la Envidia, la Saña, la Ira,
y en todos los rostros ardían las brasas
de odio, de lujuria, de infamia y mentira.
Hermanos a hermanos hacían la guerra,
perdían los débiles, ganaban los malos,
hembra y macho eran como perro y perra,
y un buen día todos me dieron de palos.

Me vieron humilde, lamía las manos
y los pies. Seguía tus sagradas leyes,
todas las criaturas eran mis hermanos:
los hermanos hombres, los hermanos bueyes,
hermanas estrellas y hermanos gusanos.
Y así, me apalearon y me echaron fuera.
Y su risa fué como un agua hirviente,
y entre mis entrañas revivió la fiera,
y me sentí lobo malo de repente;
mas siempre mejor que esa mala gente.
Y recomencé a luchar aquí,
a me defender y a me alimentar.
Como el oso hace, como el jabalí,
que para vivir tienen que matar.
Déjame en el monte, déjame en el risco,
déjame existir en mi libertad,
vete a tu convento, hermano Francisco,
sigue tu camino y tu santidad."

El santo de Asís no le dijo nada.
Le miró con una profunda mirada,
y partió con lágrimas y con desconsuelos,
y habló al Dios eterno con su corazón.
El viento del bosque llevó su oración,
que era: "Padre nuestro, que estás en los cielos..."

Rubén Darío.

Pintura: "Lobo", Valeria Kulikova Vladimirovna, Moscú.

domingo, 10 de julio de 2011

"A LA CATRINA O A LA ÚLTIMA TARDE", Mayte Llera (Dalianegra)


Ella estaba allí,
en esa alameda,
rodeada de hombres,
mujeres y niños.
Tarde de domingo,
ella me miraba
como sólo mira 
el sediento al vino.
Tarde de domingo,
esa última tarde
que pasé contigo.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: detalle de “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central” (1948), Diego Rivera. Museo Mural o Pabellón Diego Rivera en la Alameda Central. México D. F.

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 Nota: “La Catrina” es un personaje, ya mítico, creado por el ilustrador decimonónico mexicano José Guadalupe Posada, denominado originalmente como “Calavera garbancera”, en alusión al término “garbancero”, utilizado para designar a los indígenas y mestizos mexicanos que renegaban de sus orígenes para aparentar ser descendientes de europeos. Fue creada como caricatura de la clase social alta del México prerrevolucionario, pero también como una sátira a aquellos que, sin tener nada, querían aparentarlo todo, motivo por el cual se la representaba ataviada con sombrero de plumas, pero desnuda, como su propio autor la describe: "...en los huesos, pero con sombrero francés con sus plumas de avestruz".

Tiempo más tarde, el genial muralista mexicano Diego Rivera, admirador incondicional y, en cierto modo, heredero de José Guadalupe Posada, quiso rendir al mismo un homenaje, incluyendo, como motivo central, al personaje de la Calavera garbancera en el enorme mural, (15 metros de longitud),  que pintara, en 1948, para el comedor del Hotel el Prado.

En dicho mural, Diego Rivera intentaba representar la azarosa historia de México desde su conquista hasta los inicios del siglo XX, incluyendo a Hernán Cortés y a tres de sus más destacados mandatarios: Benito Juárez, Porfirio Díaz y Francisco Madero. Él mismo se representaba como adolescente al lado de su segunda esposa, la afamada pintora Frida Kahlo, ambos flanqueando a la “Calavera garbancera”, que el mismo Diego bautizó como “la Catrina”, pasando a ser éste un ser mítico, entroncado con las tradiciones nahuas del culto a los muertos y al inframundo y siendo la representación de la propia muerte, muy venerada el 2 de noviembre, día de difuntos, donde una nueva tradición establece que la Catrina visita, uno por uno, todos los cementerios y comparte ofrendas y alimentos con los muertos y sus familiares.

En 1985 el Hotel el Prado sufrió graves daños a consecuencia del gran terremoto que asoló el Distrito Federal, y un año más tarde, en 1986, se creó el Museo Mural Diego Rivera, un pabellón creado para albergar tan extenso mural en medio de la Alameda Central, el lugar donde el pintor había situado la escena del fresco, un hermoso parque del siglo XIX que se ubica en el centro histórico del D. F. al término del Paseo de la Reforma y a escasos metros de la célebre Plaza del Zócalo. 

Yo misma pude ver el mural in situ, en el año 2008, y su huella ha inspirado este humilde pero emotivo poema, homenaje a José Guadalupe Posada, a mi muy admirado Diego Rivera y al entrañable, (quizá porque la muerte para los mexicanos, dada su influencia indígena, se tiña de esperanza, casi de júbilo  y no de pesimismo), personaje de la Catrina.

Pintura: “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central” (1948), Diego Rivera. Museo Mural o Pabellón Diego Rivera en la Alameda Central. México D. F.

"LA LETANÍA DEL DOMINGO", Horacio Rega Molina.

Como es día domingo, por la ciudad me pierdo.
Busco una calle muerta para mi poca fe.
La calle tiene un nombre que ahora no recuerdo
porque en un mismo sueño lo supe y lo olvidé.

La calle es como un niño que por la vez primera
busca sin esperanza un juguete perdido.
Su manera de hablar fue antaño mi manera
y su cabeza rubia, yo también la he tenido.

Tristeza del domingo. La soledad me agobia
y de improviso siento la pena singular
de que, sin conocerla, yo he tenido una novia
que en este mismo instante me ha dejado de amar.

La calle se ha llenado de parejas furtivas...
Un ómnibus vacío compendia mis dolores,
y siento que las únicas manos caritativas
son las manos de bronce que hay en los llamadores.

El domingo es el drama del hastío y del ocio,
es un palo vestido con cintas y sonajas.
Deseo madrileño de poner un negocio
con un billar de lance y un mazo de barajas.

Es como esos jardines que hay en los hospitales.
Es la vulgar cadencia de una música en boga.
Tiene las etiquetas y los sellos usuales
de un frasco destapado que contuvo una droga.

Es, en cualquier esquina, el bastón y el sombrero
de un burgués que se mira los botines lustrados,
y la satisfacción de un sobrio jardinero
que anda por una calle con árboles podados.

Aparece, indeciso, al fin de la semana,
cual de una bocamanga la mano de un enfermo.
Y es también un hortera con alma veneciana
que va a remar, de tarde, al lago de Palermo.

Si adquiriera, de pronto, contornos personales,
con la necesidad de ganar su peculio,
sería un vendedor de tarjeta a postales
en un librería del Paseo de Julio.

Es uno de los días más trágicos y crueles.
Triste como un desfile de Ejército y Armada.
(Hay también otro ejército con muchos coroneles,
y es el de Salvación, que no ha salvado nada.)

Domingo, el almanaque te anuncia al rojo vivo
pero tú necesitas un color con sordina,
como un farol chinesco, será decorativo,
pero la luz que arroja no viene de la China.

Yo lo suprimiría, sin cargo de conciencia,
suprimiría el día y el hombre endomingado.
Pero es fatal, como esa ridícula frecuencia
con que se da un tropiezo en un patio alfombrado.

También suprimiría la calle, en la que exponen
los árboles urbanos su edilicio follaje.
¿Qué será de la calle cuando ellos la abandonen
para formar, más lejos, otro nuevo paisaje?

Guiñándome su ojo de vidrio en la capota
pasa un coche vacío, reumático, terroso,
la luna, sobre el cable de una esquina remota,
ha colgado su antiguo letrero luminoso.

Y el domingo es como una lata de caramelos
que en el atardecer ha sido terminada.
La calle se proyecta, entre los rascacielos,
como una galería de ciudad sepultada.

Entonces interpreto, bajo la trapisonda
de las calles lascivas y la innúmera gente,
los ojos enlutados de la mujer que ronda
y atisba, tras los vidrios del cafetín, un cliente.

El domingo, en estado comatoso y de fiebre
me ve, sin domicilio, caminar con desgaire;
he sido mi arquitecto, mi albañil y mi orfebre
mas la ciudad no admite castillos en el aire.

Pero qué importa, en medio de gritos y de fugas,
Ya la edificación, sin ruido, se desploma,
y en un encogimiento de pliegues y de arrugas
la ciudad se desinfla como un globo de goma.

Horacio Rega Molina.

Pintura: "In lettura sul mare", (" En la lectura sobre el mar"), 1910, Vittorio Mateo Corcos.

viernes, 8 de julio de 2011

"TODOS Y CADA UNO DE MIS DÍAS", Mayte Dalianegra


Todos y cada uno de mis días
quisiera abrazarte como abraza la hiedra a una ceiba sagrada,
y beber de tu savia el tiempo antiguo
donde el hombre y la quimera se fundieron.

Todos y cada uno de mis días
quisiera despertar al nacimiento de la noche,
y ante el fragor de un mar rompiendo en el abismo,
pronunciar tu nombre con un eco infinito.

Todos y cada uno de mis días
quisiera ser fiel al claro pigmento de tus iris,
y ampararme en el ardor de tu boca,
y en el cuero de tus palmas encontrarme.

Todos y cada uno de mis días
quisiera ser tuya; de tu pecho, su sierva,
y de tu orgullo, su dueña.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Vague et la perle” (“La ola y la perla”), 1862, Paul Jacques Aimé Baudry. Museo del Prado, Madrid
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"MORTALIDAD", Horacio Rega Molina.

En esta urbana reclusión avara
en que me desconsuela estar conmigo
no quisiera que el campo me tomara
ni ocupar el lugar donde está el trigo.

No quisiera ser agua, turbia o clara,
pájaro que a su canto busca abrigo
como si fuese amor lo que cantara
como es indiferencia lo que digo.

Todo es mortal y se me va muriendo.
¿Cómo escucharme yo? ¿Cómo escucharte
si no comprendes y si nada entiendo?

Ni siquiera a la voz desconocida
que me dice, desde ninguna parte:
acércate que el cielo está con vida.

Horacio Rega Molina.

Pintura: "Oh What's That in the Hollow", Edward Robert Hughes.

"MEDIODÍA", Horacio Rega Molina.

Bañado en luz bosteza el toro,
y con primor que el gesto amengua
le tiembla el sol sobre la lengua
como una píldora de oro.

Horacio Rega Molina.

Pintura: "El rapto de Europa", Alexander Nedzvetskaya.

"LA CASA DEL ACUERDO", Horacio Rega Molina.

He aquí que, como  hace tantos años,la calle
se llena de galeras de rancia y alta caja.
Se abre una portezuela, crepuscular. ¿Quién baja?
¿De quién es ese rostro, ese pecho,  ese talle?

Caballeros que llegan a la ciudad, del valle,
de la montaña. Polvo con agua y nieve cuaja
cada  rueda de cada vehículo en que viaja
la  patria misma, para que la guerra no estalle.   
                
Un farol plañe luces. Las sanguíneas baldosas
reverberan. La hierba nace entre sus junturas.
El aire acuña voces. ¿Quién olvida  estas  cosas?
     
¿Pedestal de que heroica  figura es el aljibe?   
De pronto hay un silencio preñado de futuras
grandezas.  Alguien llora. Y el Acuerdo se  escribe.

Horacio Rega Molina.

Pintura: "la rendición de Breda" o "Las lanzas", (1634-35),  Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, Museo del Prado, Madrid.

MIS POETAS FAVORITOS: Horacio Rega Molina.

Horacio Rega Molina nació en San Nicolás de los Arroyos, provincia de Buenos Aires, en 1899 y murió en la Capital Federal, en 1957. Poeta argentino, cultivó, primordialmente, el soneto. Entre su obra poética publicada, podemos nombrar “La hora encantada” (1919); “El poema de la lluvia” (1922); “El árbol fragante” (1923); “La víspera del buen amor” ( 1925); “Domingos dibujados desde una ventana” (1928); “Azul de mapa” (1931); “Oda provincial” (1940); “Sonetos con sentencia de muerte” (1940); “Raíz y copa” (1943); “Patria del campo” (1946); “Sonetos de mi sangre” (1951); “Antología poética” (1954). En 1994 Plus Ultra editó sus dos libros póstumos, “Odas de vivac y de a caballo”, y “Consagración del fuego.”

jueves, 7 de julio de 2011

"TUVE UN AMOR", Mayte Dalianegra


Tuve un amor
de los que retoñan primaveras,
de los que son magma incandescente
y fluyen del epicentro.

Tuve un amor
de los que parecen inmortales,
de los que propician la euforia
y nacen de la alegría.

Tuve un amor
por quien me arriesgué a perderlo todo,
y me taló con su acero afilado
y me fragmentó en astillas.

Tuve un amor
que solo fue engaño,
solo sufrimiento, infierno.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Le repos d'Amélie" ("El reposo de Amelia"), Sándorfi István (Etienne Sándorfi)
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"MI MUNDO PRIVADO", Claudia Masin.

Yo ansié tener un cuerpo que practicara,
como un arte, la ignorancia de sí.
Que cayera rendido con la levedad con que caen
las hojas de los árboles. Cuando fuera inevitable,
nunca antes. Pero de tu cuerpo no deseaba
sino lo que había en él de frágil, de imperfecto:
la cicatriz que te cruzaba el pómulo, las pequeñas
arrugas en la frente. La herida
que te asemejaba a mí. Dos ramitas secas
ante la embestida de la menor brisa,
se quiebran. El camino es interminable, te decía,
da vueltas y vueltas alrededor del mundo
y en alguna de esas vueltas los que estaban
destinados a perderse, se encuentran.

Se dice que a la vera
de cierta ruta que atraviesa el desierto,
es posible hundir una vara en la tierra reseca
y en algún momento brotará el petróleo como un géiser.
Anoche tuve un sueño en el que viajábamos por días
y días para encontrar el yacimiento, a la manera
de los scouts o los cazadores de fortuna
del oeste. Al llegar era de noche,
no había una sola estrella, el pozo
estaba seco. Yo me dormía y te quedabas
al lado mío, cuidando mi sueño. No estabas allí
a la mañana siguiente.

En el sueño, alguien decía:
donde tengas tu tesoro tendrás
tu corazón. Y yo me preguntaba qué pasaría
si tu tesoro se perdiera,
qué pasaría en un juego de cajas chinas
si al llegar a la última,
la que debería contener el objeto precioso,
esa, como todas las otras,
estuviera vacía.

Claudia Masin, (poema basado en el film de Gus Van Sant, de su libro "La vista").

Pintura: "Immagini dantesche", ("imágenes dantescas"), 1994-96, Gigino Falconi.

"LA PLENITUD", Claudia Masin.

Hay una historia que quiero contarte: a veces,
en medio del bosque abrupto y solitario, crece un árbol
demasiado delicado y tímido para sobrevivir sin que las ramas
se tuerzan, decaigan, pierdan fuerza cada día,
como si no hubiera nacido preparado
para enfrentar la dificultad del suelo áspero y las plagas,
y su propia debilidad lo llevara a empequeñecerse
hasta casi desaparecer, tapado por una vegetación
que pareciera nutrirse de la audacia
que a él le falta. Pero una sola vez en toda su vida
-que no es larga- florece. Sucede en la estación de las lluvias,
y su flor es la más extraña que pueda concebirse,
no necesariamente bella ni cargada de polen.
Me dirás que ceder lo más valioso que se tiene
a una forma de vida que explota y se retrae en unas horas
no es un acto razonable, que es mejor la lenta construcción
de una fuerza que no pueda doblegarse y se sostenga
en lo que acumula año tras año. Sin embargo,
imagino que no debe existir nada más hermoso de ver
que ese momento de plenitud, cuando la materia que parece vencida
ofrece todo su poder de una vez a un mundo
que no lo necesita ni lo espera, para después retirarse,
como si el bosque fuera un cuerpo amado
e indiferente al que va liberando suavemente de su abrazo.
Yo quisiera ser así, capaz de soportar la plenitud
sin anhelar la abundancia. Que eso sea todo:
el puro deseo de dejar lo poco o mucho que se tiene
a quien se ama, aunque no le haga falta,
y vivir por un rato rodeada de las cosas que realmente le importan:
las tormentas, los animales feroces, la exuberancia del verano.

Claudia Masin.

Pintura: "Cattleya orchid and three brazilian hummingbirds", ("Orquídea Cattleya y árbol brasileño con nido de pájaros"), 1871, Martin Johnson Heade.

miércoles, 6 de julio de 2011

"ÍNTIMA PASIÓN", Claudia Masin.

El amor que tengo crece
como una raíz enferma que está destinada
a morir y hacer morir.
Supiste, antes que yo, que la pasión era una casa
imponente y vacía. Me dejaste sola allí, deslumbrada
por semejante belleza, para que no te siga.
 
Claudia Masin, (de su libro"Abrigo").

Pintura: "Motivo de Timmermansgatan", 1899, Eugene Jansson.

"UNA PELÍCULA DE AMOR", Claudia Masin.

Yo comprendo la pasión de los astrónomos,
las noches en vela, la atención dispuesta
a captar, de entre todo lo que existe,
cierta fosforescencia en el cielo. Podría decir,
como ellos, que las cosas que me importan
no suceden en el mundo. La mirada vive, en lo que ve,
una segunda vida, más real que la primera, más intensa.
Yo pensaba que mirándote siempre, en todos los momentos,
los instantes preciosos que guardabas dentro de tu cuerpo
se transferirían a mi propia constelación
de recuerdos, y lo deseaba con tanta fuerza que creí
ver con tus ojos -sin haberme movido jamás de esta ciudad
o de este cuarto- los detalles de tu casa natal, las tormentas
de nieve en un pueblito del sur, la tierra
completamente roja en el otoño, invadida por las hojas
de los arces, dos pies pequeños y descalzos,
cubiertos por el barro, el rostro de tu madre.
Quizás la intimidad entre dos seres dura
lo que dura ese momento en que sabemos
de los cuerpos y las cosas que otro amó,
en otro tiempo. O acaso nadie alcance a rozar,
ni en su deseo, las imágenes ajenas,
y estés sola, y yo esté sola, y sea el nuestro,
-como el recorrido de las familias de esquimales hacia el sol,
sobre la nieve- un viaje del cual no queda huella.

Claudia Masin.

Poema basado en el filme "Una película de amor", del "Decálogo" de Krysztof Kieslowski.

Pintura: "Paisaje Invernal", 1568, Pieter Brueghel el viejo.

MIS POETAS FAVORITOS: Claudia Masin.

Claudia Masin, poeta y psicoanalista argentina, (Resistencia, Chaco, Argentina, 1972). Publicó en octubre del 2010  su libro de poemas “La plenitud”. El poemario fue presentado en Buenos Aires  bajo el flamante sello "Hilos editora". La autora  publicó con anterioridad los libros de poesía “Bizarría”, “Geología”, “La vista”, “El secreto”, (antología 1997-2007), “Abrigo”, y, posteriormente, “El verano".  
Su libro “La vista” obtuvo el II Premio Casa de América de España en 2002 y fue editado por Visor.

Ha creado y coordinado, junto a un grupo de artistas, los ciclos de poesía “La mirada”, “Poligrafías”, “El pez que habla”, “La musik” y “El gallo y la luna”.