lunes, 17 de noviembre de 2014

"ALFA Y OMEGA", Mayte Dalianegra


Soy mi génesis y mi amén,
mi pequeño universo,
el único realmente mío,
el único existente para mí.

El Big Bang comenzó conmigo,
no con mi primera llantina,
sino en el mismo instante de mi concepción.
Ahí los astros centelleaban con el brillo
elemental del relámpago,
iracundos de volcanes:
el sol, la luna,
toda una constelación de estrellas,
una nebulosa  rutilante y rubicunda como la sangre
que ya recorría mis dos células primarias.

Tan pequeña yo,
tan humilde yo,
tan poca cosa yo,
soy todo, mi todo,
soy todo lo que alcanzan mis sentidos:
los prados feraces, los árboles
esbeltos y rozagantes,
las flores y las frutas que en su abundancia
de colorido y aromas
avivan la sana alegría.
El arroyo que le canta a la tierra,
la piedra que recibe su caricia,
el beso que corona los labios amados
y cincela la piel con el mar de su espuma.

Todo eso que soy
me colma y me ancla,
me ata al regalo de la vida,
me desborda el corazón enternecido,
me muerde las aristas del misterio
y disuelve mi temor al infortunio.

Todo eso que soy,
todo eso,
esa llamarada que me tiñe
de plasma estelar,
se extinguirá en cenizas
tras un día que será una hilacha de luz,
cuando mis pupilas se opaquen de negrura,
cuando el fin del mundo me alcance,
así, quizás hasta de improviso.
El fin del mundo,
el único fin,
el de mi mundo,
el mío.

(Mayte Llera,  Dalianegra)

Pintura de Mara Lorenzini

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Música:"Uprising", Muse

"DINERO", Philip Larkin

Es así: periódicamente el dinero me reprocha
por qué lo dejo aquí sin utilizar.
Soy lo que nunca tuviste,
el sexo y las cosas buenas.
Tú puedes conseguirlas firmando unos cuantos cheques.
Entonces miro qué hacen los demás con el suyo:
seguramente no lo dejan debajo del colchón.
Ellos ya tienen una casa en la playa, un coche y  una mujer:
está claro que el dinero alguna relación guarda  con la vida
—en efecto, tiene mucho que ver si lo averiguas—:
no puedes postergar la juventud hasta que te jubiles
y por más que deposites tu sueldo, al final
tus ahorros apenas te permitirán pagar una afeitada.
Escucho el canto del dinero.
Es como mirar desde lo alto de un ventanal
una ciudad de provincia,
sus barrios, el canal, las iglesias
adornadas y  locas
bajo el sol de la tarde.
Es intensamente triste.

Philip Larkin

Pintura: "La maldición de la libertad", Patrick Pierson

"VENTANAS ALTAS", Philip Larkin

Cuando veo a una pareja de jóvenes
y adivino que él se la tira y que ella
usa un dispositivo o toma pastillas,
sé que ése es el paraíso

que todo viejo ha soñado a lo largo de su vida.
Gesticulaciones y ataduras dejadas a un lado
como una anticuada segadora,
y cada joven deslizándose por una larga pendiente,

hacia la felicidad. Dudo que si alguien
me hubiese visto hace cuarenta años
habría pensado: esto debe ser la vida;
ya no hay Dios, ni exudaciones en la oscuridad

por el infierno y todo eso, o la necesidad de ocultar
lo que piensas sobre el cura. Él y los suyos
se deslizarán por la pendiente como libres
pájaros miserables. Y de inmediato, aún sin palabras,

llega el pensamiento de las ventanas altas:
el sol retenido en los vidrios, y más allá
el aire profundo y azul, que nada muestra
y que no tiene término ni lugar.

Philip Larkin.

Pintura: "La casta Susana" (1914), Gonzalo Bilbao.

"AL MAR", Philip Larkin

Pisar el muro bajo que divide
La calle de la acera de concreto en la costa,
Recuerda bruscamente algo ya conocido
La alegre miniatura ribereña.
Todo va y se amontona bajo el leve horizonte:
Playa empinada, agua azul, toallas, gorros de baño rojos,
El quiebre fresco y repetido de las pequeñas y calladas olas
Sobre la arena cálida, amarilla
Y a lo lejos un barco a vapor blanco, estancado en la tarde.

¡Sigue pasando todo esto, sigue pasando!
El echarse y comer, dormirse oyendo espuma
(La oreja es un parlante y suena bastante manso
Bajo el cielo), o llevar a niños inseguros
De arriba abajo suavemente, de punta en blanco
Y asiendo el aire enorme, o girar a los viejos
Tiesos para que aprecien un último verano,
Sigue ocurriendo simplemente
A medias goce anual, a medias rito,

Como cuando, contento de estar solo,
Busqué en la arena a los Famosos Jugadores de Críquet,
O antes, cuando mis padres, oyentes
De ese mismo graznido de la costa, se conocieron.
Como un extraño ahora, veo la escena despejada:
La misma agua clara sobre las piedras ya pulidas,
El débil tiple de protesta en los lejanos bañistas
A sus afueras, y después los cigarros baratos,
Papel de chocolate, hojas de té, y al medio

Las rocas, latas de sopa oxidándose, hasta que las primeras
Pocas familias vuelven a sus coches.
El barco a vapor blanco se ha marchado. Como respiración dentro
De un vidrio
La luz del sol se ha vuelto lechosa. Si quedarnos
Cortos es lo peor de los climas perfectos,
Puede que por costumbre éstos la hagan mejor,
Viniendo al agua cada año tan torpemente desvestidos;
Como payasos enseñando a niños;
Ayudando a los viejos también, como se debe.

Philip Larkin.

Pintura de Kenton Nelson.

domingo, 16 de noviembre de 2014

"CURACIÓN POR LA FE", Philip Larkin

Lentamente las mujeres se ponen en fila donde él está
erguido con sus anteojos sin marco, cabellera plateada,
traje oscuro, cuello blanco. Los ordenanzas incansablemente
las persuaden hacia su voz y sus manos,
dentro de cuya primaveral agua tibia de lluvia de cuidado amoroso
cada una permanece unos veinte segundos. Y bien, hija querida,
qué te anda mal, pregunta la profunda voz nortemericana
y casi sin pausa, pasa a una oración dirigiendo a Dios sobre este ojo, aquella rodilla.
Las cabezas soportan las manos abruptas; luego, exiladas

como pensamientos que se pierden, se van en silencio; algunas
se pierden como ovejas, no vuelven a sus vidas otra vez
de inmediato; otras se quedan duras, estremeciéndose y con fuertes
y profundas lágrimas roncas, como si un chico mudo
e idiota todavía viviera dentro de ellas
para volver a despertar ante la bondad, pensando que una voz
finalmente las llama a ellas solas, que las manos han venido
para alzar y aligerar; y llega un gozo tal
que sus gruesas lenguas se desbocan, sus ojos derraman pena, un gentío
de grandes respuestas inaudibles empuja y se regocija…
¡Qué está mal! Bigotudos se sacuden en etiqueta florida:
ahora todo anda mal. En todos los de allí duerme
un sentido de la vida vivida según el amor.
Para algunos significa la diferencia que podrían hacer
amando a otros, pero en la mayoría ronda
todo lo que podrían haber hecho si los hubieran amado.
Eso nada cura. Un inmenso dolor que debilita,
como cuando, derritiéndose, el rígido paisaje solloza,
se despliega lentamente a través de ellos… eso, y la voz arriba
diciendo Hija mía, y todo lo que el tiempo ha refutado.

Philip Larkin.

Pintura: "La reina Clothilde", Thomas Cooper Gotch.

Mis poetas favoritos: PHILIP LARKIN

Philip Arthur Larkin (9 de agosto de 1922-2 de diciembre de 1985) fue un poeta, bibliotecario, novelista y crítico de jazz británico. En 1945 publicó su primer libro de poesía, El barco del norte, al que le siguieron dos novelas, Jill (1946) y Una chica en invierno (1947), pero adquirió notabilidad en 1955 con la publicación de su segunda colección de poemas, Un engaño menor, seguido por Las bodas de Pentecostés (1964) y Ventanas altas (1974). Entre 1961 y 1971, trabajó en el periódico The Daily Telegraph como su crítico de jazz (sus artículos fueron compilados posteriormente en All What Jazz: Escritos sobre jazz 1961–71, de 1985), y editó The Oxford Book of Twentieth-Century English Verse (1973).

Recibió varios honores, incluyendo la Queen's Gold Medal for Poetry. En 1984, después de la muerte de John Betjeman, le fue ofrecida la posición de poeta laureado del Reino Unido, la cual rechazó. Es considerado por la crítica como uno de los poetas ingleses más aclamados de la segunda mitad del siglo XX.

martes, 21 de octubre de 2014

"COMPAÑÍA", Mayte Dalianegra

El sol, 
la luna,
las estrellas que cautivan
con su brillo desmedido,
las flores que se abren al día, 
la carne que se abre al deseo…

Todo aquello que amamos
ya nunca 
nos abandona, 
aunque le demos la espalda,
aunque cerremos los ojos,
aunque desangremos los recuerdos.

Siempre queda la marca 
de una gota
esperando a que nuestras yemas
despierten el calor
que duerme en su cerco seco.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Tulipán rojo y blanco con Venus" (2010), Sherrie Wolf

Música: Suite bergamasque, Claro de luna, de Claude Debussy, interpretada por Daniel Barenboim

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"BENARÉS", Goya Gutiérrez

Aunque penetres lentamente,
Al principio no sabes
Si estás en un infierno,
Pero el olor a polvo
De ruedas, pies desnudos,
Pezuñas y pedales
Es terroso y terreno.
Y el flujo inagotable,
De embarrancado río
De gentes y animales
Sacrílego, en las calles
Del elegido puerto
Y Útero de la muerte.

Bajo nubes de incienso
Llama el fuego a los muertos
Engalanados y dispuestos
Hacia el altar, lugar de inicio
Que no cambia.

No hay luto en esta noche
Candente de sus carnes
Crepitando en el viento.

En la quietud del cielo
Desnudo que amanece,
Devolverá el aire
Al agua su principio.

Navegará,
Entre ceniza y lodo.
Alboreará,
El mundo liberado
Del perpetuo regreso

Goya Gutiérrez.

Pintura: "Benarés, en el río", Edwin Lord Weeks (1849 - 1903).

"ESCRIBIENDO LO QUE HUYE", Goya Gutiérrez

Tengo un rostro lacerado por arrugas secas.
Marguerite Duras.

El amante de rasgos afilados
y manos de marfil
tiene una cueva en el pecho
atravesada por hielos milenarios

El amante de la China del Norte
sostiene siglos en los hombros
a cambio de un oro viejo
que hunde también sus manos
en lo obsceno
Semejante a la miseria
de los que nada poseen

Leo los brazos de los tilos abriéndose
Cubriendo el verdepálido
de la noche Indochina
Reconozco a la niña de piel blanca
resucitada de millares de muertes
Dolor de desterrada
más anciana que el tiempo
Sabia como el oído y el ojo
que hacia dentro atesoran
filtrando un elixir:

(latido universal)
Con que una mano pueda los metales fundidos
al calor desnombrar

Escribiendo lo que huye

Goya Gutiérrez.

Pintura de Xiao Peng.

"DAR VIDA CANTAR SU MUERTE", Goya Gutiérrez

Tú sabes que no es fácil
que vuelvan a brotar esos gladiolos
Decir que en otro orden la luna el mar existen
Que grullas cenicientas transporten en su pico
la tormenta que sus sílabas puedan
relampaguear en tu poema

No es fácil que no te tiemble el pulso
ante el recuerdo de tantos amasijos de hierro
enmudecidos o de quien rehaciéndolos
quiso darles su voz sobre los campos
de pétalos cruzados en tallos de agonía

Que después de la noche cavada
ya ninguna palabra pueda ser pronunciada
ni escrita con su traje indigente
Y el peso de su color raído
Ha minado las capas muchos de sus tejidos:
belleza vaciada
en un negro agujero de polilla
¿Pero acaso no es ésta
la artífice de esa perforación?

Las palabras son panes que se amasan de nuevo
con esa levadura del día
Para mostrar las cosas los seres sus carencias
de mí a tu otro tacto
Transformándolas al calor que las dore
Y las haga olvidar en su corteza formada
los rumores los gestos todas las manos
que tú sabes en su interior habitan
Para poder vivir:

Dar vida cantar su muerte

Goya Gutiérrez.

Pintura: "Naturaleza muerta con Escarabajo" (1635), George Flegel.

"DE PARADA Y DESTINO IMPREVISIBLE", Goya Gutiérrez

Hay trenes como flechas traspasando mi ensueño
Oigo en la lejanía su aullido dilatado en el aire
en medio de la noche
Y todos sus vagones semejan componentes
de esa vieja manada de los antiguos lobos
Atravesando el furor de los hombres
Viajando así en su huida
hacia estepas que quieran albergarlos

Son trenes que no paran ni detienen su curso
en nuestras estaciones de paso cotidianas
Temen perder el rumbo y la velocidad
de su galope al ritmo de una brújula
dirigiendo sus pies fijando su destino
Veo el rumor de su despedida expandirse
Alejarse de la inmediatez de este silencio
de sonido vacío
como el foso que vela ésa tu otra existencia

Hay trenes alados que circundan mi calle
Aves de vuelo gris amaneciendo
que esperan arrancar como ayer
la noche de tus ojos
Su graznido ya no parece huir
Ves cómo se detiene y se aposenta
en raíles de un hierro
que si escuchas en él oirás aún las grietas
y el sabor residual de viajes oxidados

Sobre ellos ha crecido este ofidio
de nuestras cercanías
que pretende engullir tantas manos y pies
ovillados aún bajo su manta en sus asientos:
Hacia el aire expoliado de alas de la gran urbe
Hacia el nido gigante donde reina
un grito más duro y compacto que la roca:
cemento armado gris llenando la calvicie del día
al olvidar la oscuridad que acoge resonancias

De voces y de espacios
O raíles uniendo los fragmentos de túneles
que en mi insomnio estacionan
para que te alces al vagón de otro vuelo

De parada y destino imprevisibles

Goya Gutiérrez.

Pintura: "La durée poignardée" (1913), René Magritte.

lunes, 20 de octubre de 2014

Mis poetas favoritos: GOYA GUTIÉRREZ

Goya Gutiérrez es una poeta española que nació el 17 de noviembre 1954 en Cabolafunte, Zaragoza. De 1968 a 1999 vivió en Barcelona, en cuya Universidad se licenció en Filología Hispánica.

Ha estado durante años dedicada profesionalmente a la enseñanza pública en el nivel de secundaria, impartiendo la asignatura de Lengua y Literatura castellana.

Actualmente reside en Castelldefels, donde es  coeditora y directora de la revista literaria Alga, en versión bilingüe -castellano-catalán-.

Formó parte del grupo de poetas editores de "Bauma Cuadernos de Poesía", y participa activamente en el grupo de poesía "Alga".

Sus actividades culturales giran en torno a la literatura, y más específicamente la poesía, tanto en el campo de la creación como en el de la crítica.

Su obra poética está contenida en las siguientes publicaciones: "Regresar", en 1995, "De yeguas y espumas", en 2001,"La mirada y el viaje", en 2004, "El cantar de las amantes", en 2006 y "Ánforas", en 2009.

domingo, 28 de septiembre de 2014

"COSTUMBRE", Mayte Dalianegra


El polvo del camino 
está acostumbrado
a los perros flacos que vagabundean,
a los niños huérfanos  —de todo— que regresan 
a la humildad de sus hogares 
abrazados 
a pequeños tesoros,
a juguetes rotos e inservibles
hallados con tesón en los vertederos.

El polvo del camino 
está acostumbrado 
a las huellas 
que graban en su árida piel 
los tacos
de botas militares y las orugas 
de tanquetas y carros de combate.

El polvo del camino 
—impasible y estéril—
está acostumbrado
también a otras huellas,
las de pies mal calzados 
arrastrándose, pesarosos, 
hacia el exilio
impuesto por la voz del fusil.

El polvo del camino,
que todo lo sabe y todo lo calla,
fiel a su costumbre,
rehúsa hablar del humo de las bombas
y de los niños rotos como sus juguetes.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Lorenza II, retrato de una niña palestina", Sandra València


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"JUVENTUD, YO TE CONSUMO", Philippe Jaccottet

Juventud, yo te consumo
con esta madera que fue verde
en el humo más claro
que haya llevado nunca el aire.

Alma que por nada te asustas,
la tierra del fin del invierno
es sólo una tumba de abejas.

Philippe Jaccottet.

(Versión de Rafael-José Díaz).

Pintura de Martinho Isidro Correia.

"MIENTRAS TE ESCUCHO", Philippe Jaccottet

Mientras te escucho,
el reflejo de una vela
tiembla en el espejo
como una llama trenzada
en agua.

Esta voz, también, ¿no es el eco
de otra, más real?

¿ Va él a escucharla, él que se debate
entre las manos siempre demasiado lentas
del verdugo?
¿La oiré yo?

Si alguna vez hablan por encima de nosotros
entre los árboles constelados de su abril.

Philippe Jaccottet.

(Versión de Rafael-José Díaz).

Pintura de Vladimir Ekimov.

"HABRÁ EN MI OJO...", Philippe Jaccottet

Habrá en mi ojo siempre sin embargo
una invisible rosa de nostalgia
como esas veces en que sobre un lago
ha pasado la sombra de un pájaro

Philippe Jaccottet. 

(Versión de Rafael-José Díaz).

Pintura: "El falso espejo" (1935), René Magritte.

"ESCUCHA, MIRA...", Philippe Jaccottet

Escucha, mira: ¿no hay algo que sube
de la tierra, de mucho más abajo,
como una luz, en oleadas, como un Lázaro
herido, absorto, en lento batir de alas
blancas -mientras que por un instante todo calla,
y es en verdad aquí donde estamos, asustados,
y no descienden así de más allá del cielo,
a su encuentro, otros vuelos, más blancos
-por no haber discurrido entre raíces de barro-,
y no corren ahora unos contra otros
cada vez más deprisa, a la manera
de los encuentros amorosos?

Ah, piénsalo, dilo, sea lo que sea,
di que algo así puede ser visto,
que sabréis aún correr así,
pero dentro del áspero manto de la noche.

Philippe Jaccottet.

(Versión de Rafael-José Díaz).

Pintura: "La masía", Joan Miró.

"LA LECHUZA", Philippe Jaccottet

La noche es una gran ciudad dormida
donde sopla el viento... Llegó de lejos hasta
el asilo de este lecho. Es junio, y medianoche.
Tú duermes, me han llevado a estos bordes infinitos,
el viento mueve el avellano. Esta llamada
se acerca y se retira, diríamos que es
un destello huyendo entre los bosques, o bien
las sombras que giran, se dice, en los infiernos.
(De esta llamada, cuántas cosas podría decir
en la noche de estío, y de tus ojos...) Pero no es
sino la lechuza, ese pájaro, llamándonos desde el fondo
de estos bosques de suburbio. Y ya nuestro olor
es el de la podredumbre al alba,
ya bajo nuestra cálida piel apunta el hueso,
mientras se apagan los astros en todas las esquinas.

Philippe Jaccottet.

(Versión de Rafael-José Díaz).

Pintura: "Juego de lechuza", Alberto Garo.

Mis poetas favoritos: PHILIPPE JACCOTTET

Philippe Jaccottet (nacido en Moudon, Suiza, el 30 de junio de 1925) es un poeta y traductor de varios idiomas, afincado en Francia desde 1953.

Nacido en Moudon, Jaccottet estudió Letras en Lausana, si bien pronto se trasladó a París, donde trabajó para la editorial Mermod durante varios años. Muy joven, conoció al poeta Gustave Roud, con el que mantuvo una importante y larga Correspondencia, 1942-1976.

Finalmente se instaló, al casarse en 1953 con la pintora Anne-Marie Haesler, en una pequeña población, Grignan, de la comarca de Drôme, en la Provenza, para vivir toda la vida allí dedicado a la literatura y a la traducción. En ese mismo año, Jaccottet publicó su primer libro de poesía. Y ha seguido escribiendo —ensayos, críticas, prosas, poemas— hasta la actualidad. Hoy se le considera uno de los más grandes poetas vivos de lengua francesa.

Se han traducido al castellano varios de sus libros. Su ensayo Rilke por sí mismo; una bella y extraña narración en primera persona, con un trasfondo existencial y ontológica, La oscuridad; y varios libros de poesía, como Cantos de abajo, A la luz del invierno, Pensamientos bajo las nubes, El ignorante, A través de un vergel, Cuaderno de verdor, Y, sin embargo y Aires, además del ensayo El paseo bajo los árboles. La mayoría de estas versiones se deben al poeta y traductor Rafael-José Díaz. El también poeta Fernando Romera tradujo al castellano una selección de sus poemas bajo el título de "24 poemas".

Por otro lado, Jaccottet ha hecho traducciones al francés muy reconocidas, sobre todo del alemán, pero también del italiano, español, ruso y griego. Efectivamente, tradujo a clásicos alemanes como Goethe o Friedrich Hölderlin, y a escritores del siglo XX como Mann, Rilke, así como la obra completa de Musil, de quien es gran especialista.

Pero asimismo ha traducido obras de Leopardi, y de Ungaretti o Carlo Cassola. A ello se añade una versión del poeta ruso Mandelstam, otra de Góngora, y un magnífico Homero: la Odisea.

Jean Starobinski ha señalado la confianza que los poemas de Philippe Jaccottet suscitan en el lector; su escritura sería una voz leal que habita el sentido, que encaja en la melodía: ante él pensamos que aún el discurso poético es posible, fuera de la solemnidad y de la grandilocuencia. El autor evita la gratuidad y la brillantez de las imágenes, pero también elude excluirse; Jaccottet no se ausenta, pero si no renuncia a la función expresiva, propia de la lírica, sin embargo su voz es la de alguien discreto en un grado máximo.Es uno de los pocos escritores que han sido recopilados en vida por La Pléiade: OEuvres, 2014.

martes, 9 de septiembre de 2014

"VOLVER A TI", Mayte Dalianegra


Volver a ti
como vuelve la lluvia al río
después de renunciar al estado gaseoso,
después de haber dejado atrás la sal del mar.

Volver y licuarme,
abrirme paso —con la determinación del rayo—
a través
del páramo yermo,
del sólido corazón de las rocas;
filtrarme en tus simas,
filtrarme en tus  cavernas
y circular por tus corrientes tibias
y subterráneas.

Ser el manantial que baile
sus aguas transparentes
en torno a lotos y nenúfares,
en torno a lirios y azucenas.

Ser la fuente que aplaque tu sed
en un cáliz nuevo,
beber también de tu caudal
y olvidar las arenas rizadas de dunas
con sus ilusorios espejismos de oasis.

(Mayte Dalianegra)



Pintura: “Ninfa de agua” (1923), John Collier


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Música: "Snap out of it", Arctic Monkeys

"NADA HA CONCLUIDO", Michel Leiris

No ha concluido de agitarse el mar
golpe de espuma y olas
que semejan ropajes desplegados
y la naturaleza se expande todavía
maremágnum de piedras y de hojas

Los restos de jornadas caedizas
sobre armarios de luna levantados
infectan las alcobas en donde el rayo irrumpe
la fúlgura bastarda y vacilante
de todos los desagües

Sin embargo
Oh mi rayo
mi relámpago regio

Cuando desciendas sobre las montañas
rozándoles los belfos
oscuros toros cuyos flancos mugen
cual toneles que ruedan al fondo de las cavas
parodias de sarcófagos simulacros de tumbas
¿vendrás a rematar a esta bestia cansada
tú que sabes lucir abierto como el oro
tu destellante acero
tu capote de nubes
tus rodillas en tierra
como gallardo espada?

Michel Leiris.

(Traducción de Antonio Martínez Sarrión).

Pintura: "Bessy Cove" (1899), Arthur Hughes.

"HERMANO Y HERMANA", Michel Leiris

Hermano y hermana
como la aguja y el hilo
como el ojo y la lágrima
como el viento y el ala

Hermano y hermana
como la flecha y el arco
como la nube y el rayo
como la sangre y las venas

azotará un duro viento
que secará la hábil lengua de las fuentes
rajará las vasijas de negra arcilla

¿Jamás retornaremos
a nuestras sagradas humedades
nefastas sólo para lo que teme la herrumbre
nosotros que procedemos del fondo del mar?

Michel Leiris.

(Traducción de Antonio Martínez Sarrión).

Pintura: "Niños por el mar" (1910) Arthur Rackham.

"DEMASIADO TARDE", Michel Leiris

Demasiado tarde
es la muerte de los tarots
la muerte de las piedras preciosas y las escalas salvajes
muerte de los relojes de la luz
hundimiento de los engreídos escaparates
muerte de las antiguas arrugas en las humanas frentes
cuyos relieves agrietan la tierra
muerte de los muertos agitados por la acritud de los sobresaltos
muerte de los rostros tejidos con hilos de humo
muerte de las cartas cerradas en el vientre de los buzones
muerte de la maquinaria que mueve los barcos
muerte de los burdeles de clavados postigos en cada clavo una gota de sangre menstrual
muerte de los monstruos marinos
apestosas playas
arenales que remueve el dedo de un fantasma
muerte de las algas voladoras que trazan algebraicos signos sobre el frontón de las olas
cuando las escamas se extienden en columnas

muerte de las cadenas amarradas al suelo con argollas
grieta de hielo entre cielo y tierra
ruptura de contrato fin de la clausura
muerte de los sordo-mudas-ciegos
incendio de muletas
muerte de sangrantes mordiscos
muerte de los peñascos
de los labios
de los enamorados
muerte del amor de los astros
muerte de la mirada
muerte de la muerte
demasiado tarde

Michel Leiris.

(Traducción de Antonio Martínez Sarrión).

Pintura: "Ícaro",  Hendrick Goltzius.

"BELLA", Michel Leiris

Para descubrir la existencia de los extasiados filones
en las móviles profundidades de tu cuerpo
mis dedos son varitas mágicas

Insólitas serpientes de la cólera

mis muebles se odian en mi dormitorio
y sus grandes batallas inmóviles recuerdan
las de nuestras manos las de nuestros labios
las de febriles vapores que brotan a medianoche en los puertos
las de mansiones que invisiblemente se rajan de alto en bajo
cuando los pasos de una mujer demasiado bella resuenan

Ella era hermosa como el día

Belleza es la corona ardiente
es el rumor que recorre el árbol
del corazón a la corteza por la albura
Belleza es el esplendor de una boca que se pliega
herida por los remolinos de un lenguaje en excesivo amargo
como son todas las lenguas que pretenden decir alguna cosa

Ella era bella como un espejo
un deformante espejo donde se miran igualados por la común irrealidad
los que son feos y aquellos que poseen una insensata elegancia

Los espejos se empañarán cuando sus labios hayan concluido
de dar en el espejito del bolso ese precario signo de vida
los espejos madurarán
porque madura cuanto se empaña

Y en efecto

es la muerte eterna quien -royendo cuerpos y rostros­
otorga a algunos ese encanto inolvidable
de las viejas cosas que han perdido el dorado Extremos de cordón roto
Troceados corazones Ojos perdidos Cortadas uñas
Amo cuanto se deshace
maduros frutos que caen a tierra a tiempo de enmascarar su fracaso en la noche
Oh inalterable blancura de las tenues aureolas
Cuerpos destruidos Marchitos rostros
Inseguras estatuas roídas por la lluvia y los hongos
No amo sino vuestra forma devastada
pareja a cuanto el amor amengua y decolora

Michel Leiris.

(Traducción de Antonio Martínez Sarrión).

Pintura de Enrique Estévez Ochoa (Cádiz, 1891-1978).

Mis poetas favoritos: MICHEL LEIRIS

Michel Leiris (poeta surrealista francés, 1901 - 1990). Miembro de una familia burguesa y cultivada, se licenció en filosofía en 1918 y, tras un breve intento de estudiar química, desarrolló un fuerte interés por la poesía y el jazz. Entre 1921 y 1924, Leiris conoció a un importante número de destacadas figuras como Max Jacob, Georges Henri Rivière, Jean Dubuffet, Robert Desnos, Georges Bataille así como a André Masson que pronto se convirtió en su mentor. A través de Masson, Leiris se convirtió en miembro del movimiento surrealista, colaborando en La Révolution surréaliste. Publicó Simulacre (1925) y Le Point Cardinal (1927). En 1926 contrajo matrimonio con Louise Godon, hijastra del marchante de Picasso, Daniel-Henri Kahnweiler, y viajó a Egipto y Grecia.

Después de un enfrentamiento con André Breton en 1929, se unió al equipo de Bataille como subdirector del periódico surrealista Documents en el que contribuyó de forma regular con diversos artículos. Participó también en la misión etnográfica conocida como Dakar-Djibouti como secretario del director de la misión, Marcel Griaule. A partir de esta experiencia publicó su primer libro importante, L'Afrique Fantomê, en el que se combinaban el estudio etnográfico con la autobiografía, y rompía con el estilo tradicional de escritura de las obras de etnografía. A su regreso, empezó a trabajar como etnógrafo en el Musée de l'Homme, cargo que desempeñó hasta 1971.

En 1937, junto con Bataille y Roger Caillois, fundó el Collège de Sociologie, en respuesta a la situación internacional del momento. Involucrado cada vez más en política, participó en 1945 en una destacada misión a Costa de Marfil cuyos informes sirvieron para la supresión de la esclavitud en las colonias francesas. Leiris se vio envuelto en diversos temas políticos, como la Guerra de Independencia de Argelia, y fue uno de los primeros en firmar un manifiesto a favor de la lucha contra los poderes coloniales en ese país africano.

En 1961 fue nombrado director del C.N.R.S. (Centre national de la recherche scientifique) y publicó numerosos textos críticos de artistas a los que admiraba, como Francis Bacon del que era amigo íntimo. Considerado como una de las figuras más destacadas de la literatura francesa del siglo XX.
 
Leiris dejó numerosas obras en los más variados estilos: desde la autobiografía a la crítica musical, pasando por los trabajos científicos.