jueves, 28 de julio de 2011

"A REMBRANDT", Rafael Alberti.

A la luz se le abrió, se le dio entrada
en los más hondos sótanos.
Y allí una misteriosa
voz le ordenó de súbito: ¡Combate,
batalla hombro con hombro, aliento con aliento,
contra el bostezo helado de las sombras!

Un latido, un murmullo,
un quejido creciente
de color subterráneo que se expande,
invasor ciego, a tientas.
Tierras que van a arder,
negros que van a hablar
con vagido helado, verdes tristes,
temblorosos de miedo en los rincones.

¡Oh fúlgido espadazo repentino!
Noche rasgada, impunemente herida,
noche vivificada por la sangre
traspirante y umbrosa de las cuevas.
El mundo se ilumina solitario,
sin sonrisa, en un punto.
Lívida humanidad que surge, insomne,
asombrada, fijada en el abrirse
y cerrarse de ojos de un relámpago.

Sabe Dios lo que pasa por sus cuencas,
su deslumbrado, su asustado rostro
donde arranca el cabello que ya llora,
grita pugnando, sufre debatiéndose
entre las absorbentes uñas frías
difusas en lo oscuro.

¡Oh pintor empapado de espectros, oh dolido
pincel, oh dolorida mano extraña
rompiendo los tabiques de las sombras,
nimbada para siempre
por la brecha de luz del infinito!

Rafael Alberti.

Pintura: "Autorretrato a los 22 años", Rembrandt Harmenszoon van Rijn, (1606-1669).
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