jueves, 31 de marzo de 2016

"TABLA DE MULTIPLICAR", Mayte Dalianegra


Dicen que el hombre
era espejo de su Creador
y que fue un ser único como Él,
y que viéndose incapaz
de dominar el mundo
desde su orilla solitaria,
precisó de algo tan trivial
—en apariencia—
como la multiplicación.

Y al igual que su Hacedor se había
multiplicado, él, siendo su sucedáneo,
habría de encontrar la fórmula
para multiplicarse también,
antes de que pudiese
aparecer un tal Darwin
y hallase razones
para contrariarlo.

Milagrosamente
llegó alguien a quien llamaron Eva,
surgiendo de una costilla
del que después
sería el padre de sus hijos.

Y he aquí
que lo que podría haber llegado a término
como una comedia romántica
protagonizada por Hugh Grant,
dejó alguna que otra queja
por discriminaciones varias,
por maltratos físicos y psíquicos
y, sobre todo,

por hacer un uso indebido
de las matemáticas.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "La creación del hombre", escena central de la bóveda de la Capilla Sixtina (1508 - 1512), Miguel Ángel Buonarroti. Ciudad del Vaticano
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"LOS RECUERDOS", Giuseppe Ungaretti


Los recuerdos, inútil infinito,
pero solos y unidos contra el mar, intacto,
en medio de estertores infinitos...

El mar,
voz de una libre grandeza
pero inocencia enemiga en los recuerdos,
tan rápido en borrar las huellas dulces
de un pensamiento fiel...

El mar, sus blanduras indolentes
tan feroces y esperadas tanto, tanto,
y en su agonía,
presente siempre, renovada siempre,
en el despierto pensamiento, la agonía.

Los recuerdos,
el revolverse vano
de arena que se mueve
sin pesar sobre la arena,

ecos breves y lentos,
sin voz, ecos de los adioses
a minutos que parecían felices...

(Giuseppe Ungaretti)

Versión de Jesús López Pacheco

Pintura: "Marina", Ricardo Verdugo Landi

"TIERRA", Giuseppe Ungaretti


Podría haber en la guadaña
un rápido reflejo, y el rumor
tornar y perderse por grados
hacia las grutas, y el viento podría
de otra sal enrojecer los ojos...

Podrías, la quilla sumergida,
oírla deslizarse a lo lejos,
o a una gaviota equivocar su pico,
la presa huída, en el espejo...

Del trigo de noches y días
colmadas mostraste las manos,
delfines de los viejos tirrenos
viste pintados en secretos
muros inmateriales y, luego, detrás
de las naves, vivos volar,
y tierra eres aún de cenizas
de inventores sin descanso.

Cauto temblor podría otra vez a adormecedoras
mariposas en los olivos, de un instante a otro,
despertar;
quedarás inspiradas vigilias de extintos,
intervenciones insomnes de ausentes,
la fuerza de cenizas, sombras
en el raudo oscilar de las platas.

Continúas derribando al viento ;
desde abetos a palmeras el estrépito
por siempre desolas; silente
el grito de los muertos es más fuerte.

(Giuseppe Ungaretti)

Traducción de Jesús López Pacheco

Pintura: "El vellocino de oro" (1904), Herbert James Draper

"VIGILIA", Giuseppe Ungaretti


Una entera velada
tendido al costado
de un compañero
masacrado
con su boca
desencajada
vuelta al plenilunio
con la congestión
de sus manos
penetrada
en mi silencio
he escrito
cartas llenas de amor.

No me he sentido nunca
tan
aferrado a la vida.

(Giuseppe Ungaretti)

Pintura de Nicola Verlato




"NO GRITÉIS MÁS", Giuseppe Ungaretti


Dejad de matar a los muertos,
no gritéis más, no gritéis,
si les queréis todavía oír
si esperáis no perecer.

Tienen un susurro imperceptible,
no hacen más rumor
que el crecer de 1a hierba,
alegre donde no pasa el hombre.

 (Giuseppe Ungaretti)

Traducción de Jesús López Pacheco

Pintura: "El tránsito del alma a la muerte", Evelyn de Morgan

Mis poetas favoritos: GIUSEPPE UNGARETTI

Giuseppe Ungaretti (Alejandría, 1888 - Milán, 1970) Poeta italiano. Vinculado en sus inicios al hermetismo, su obra, en la que se advierte siempre una tensión existencial y un continuo viaje interior hacia la memoria, representa también una singular recuperación de la tradición lírica, tras los excesos del crepuscularismo y del futurismo.

Hijo de una familia burguesa emigrada a Egipto por motivos de trabajo, pasó su adolescencia en su ciudad natal, cerca de esos paisajes del desierto que se convertirían en uno de los temas más recurrentes de toda su obra. En 1912 se marchó a París para completar sus estudios en la Sorbona y allí conoció a los mayores representantes de las vanguardias europeas, entre ellos a Guillaume Apollinaire, André Gide, Max Jacob y Pablo Picasso.

Dos años después se instaló en Milán y se enroló en el ejército para tomar parte en la Primera Guerra Mundial. Terminado el conflicto, residió primero en París, donde se casó, y luego en Roma, para trabajar como corresponsal de distintos periódicos, ocupación que le permitió viajar por Italia, Europa y Egipto. En 1936 aceptó la cátedra de literatura italiana en la Universidad de São Paulo, donde vivió hasta 1942, año en que regresó a Roma para ejercer de profesor de literatura italiana contemporánea en la universidad de la ciudad.

En su producción poética se pueden distinguir tres etapas, la primera de las cuales está ligada a su experiencia en la guerra. La inmediatez lírica, el ansia de pureza, el lenguaje esencial y las influencias vanguardistas de sus primeras composiciones, Il porto sepolto (1916) y Allegria di naufragi (1919), le convirtieron en uno de los iniciadores del hermetismo. Forman parte también de esta tendencia las poesías que publicó durante esos años en distintas revistas y que serían reunidas en Poesie disperse (1945), aunque luego renegó de ellas.

Después de la guerra, la temática de su poesía se volvió más reflexiva y evocadora de la misteriosa y dramática condición del hombre frente a la naturaleza, mientras que rítmicamente se advierte una mayor complejidad y un uso de los procedimientos técnicos de la literatura moderna europea, sobre todo del simbolismo. Pertenecen a esta época Sentimiento del tiempo (1933), El dolor (1947), que recoge las poesías escritas en Brasil, muchas de ellas inspiradas en la muerte de su hijo Antonietto, y La tierra prometida (1950), reflejo del espíritu barroco que iban adquiriendo sus versos. Resultan significativas las traducciones de los grandes poetas barrocos y simbolistas que llevó a cabo en ese período, entre ellos, William Shakespeare, Luis de Góngora y Stéphane Mallarmé.

Por último, Un grido e paesaggi (1952) señaló el comienzo de su tercer momento poético, marcado por el sólido esfuerzo de recuperar la tradición lírica italiana, con especial atención a Petrarca, Torquato Tasso o Giacomo Leopardi, y en el que la estructura métrica se convierte en parte básica de su discurso lírico-dramático. Siguieron El cuaderno del viejo (1960), Apocalissi (1961), Morte delle stagioni (1967) y Dialogo (1968), colecciones sobre todo de poesías de amor en las que se manifiesta su interés por el clasicismo.

En 1962 fue elegido presidente de la Comunidad Europea de los escritores; cuatro años después recibió el premio Taormina de poesía. Su obra completa quedó reunida en distintos volúmenes bajo el título de Vida de un hombre, libros que atestiguan su peculiar y riguroso concepto del proceso creativo, ya que en ellos aparece un enorme número de variantes y reescrituras de sus antiguas poesías.

Extraído de Biografías y vidas

sábado, 5 de marzo de 2016

"PALABRAS", Mayte Dalianegra


No todas las palabras
suenan del mismo modo,
algunas como playa, ola, verano,
arena, palmeral, vergel, oasis,
son refrescante jugo de papaya
y tienen la dulzura de los dátiles.

Las hay con suavidad de terciopelo,
de ojos tiernos de niño descubriendo
entre las bagatelas maravillas.

Otras son redentoras como rosas,
clavando las espinas de sus tallos
para besar después la carne herida
con sus labios de pétalos fragantes.

Sin embargo, no todas las palabras
mantienen su brillante pulimento,
algunas se enmohecen con el tiempo
y padecen herrumbres permanentes;

si bien hay excepciones que florecen
y son lirios bebiendo la belleza
debajo de las costras oxidadas.

Ilusión y esperanza
son dos de esas palabras.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: “La caja de Pandora”, John William Waterhouse

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"CANCIÓN CALLEJERA", Edith Sitwell

Amad mi corazón una hora, pero mis huesos todo un día...
El esqueleto al menos sonríe, pues tiene un mañana; pero
los corazones de los jóvenes son ahora el oscuro tesoro
de la Muerte, y el verano ha quedado solitario.

Consolad a la luz solitaria y al sol en su tristeza,
venid como la noche, pues terrible como la verdad
es el sol, y a la luz muriente muestra sólo el hambre de paz
del esqueleto, bajo la carne como la rosa estival.

Ven a través de las tinieblas de la muerte, como viniste
antaño a través del follaje de la juventud, a través de la
sombra como la puerta florecida que lleva al Paraíso,
lejos de la calle... tú, la ciudad aún
por nacer vista por los desamparados
la noche de los pobres.

Andáis por los caminos de la ciudad, donde la sombra amenazante
del Hombre ribeteada de rojo por el sol como Caín tiene una
forma cambiante: esbelta como el Esqueleto, agazapada como el Tigre,
con la presteza y la vieja sabiduría del Simio.

El pulso que late en el corazón tórnase el martillo que resuena en
el Campo del Alfarero donde construyen un mundo nuevo con
nuestros Huesos, y las inmundicias que dejan caer y el clamor
durante el día de las rapaces que se alimentan de carroña... Pero
tú eres mi noche y mi sosiego,

la noche santa de la concepción, del descanso, la oscuridad
consoladora en que todos los hombres son iguales: el réprobo
y el justo, el rico y el pobre no son ya naciones separadas,
sino hermanos en la noche.
Tal fue la canción que oí: ¡pero los Huesos son mudos!
Quién sabe si el son era el de la luz muerta que llamaba,
de César haciendo rodar cuesta arriba la piedra
de su corazón, o la carga de Atlas despeñándose.

(Edith Sitwell)

Pintura: "Esqueletos en una oficina" (1944), Paul Delvaux

viernes, 4 de marzo de 2016

"AÚN CAE LA LLUVIA", Edith Sitwell


Aún cae la lluvia
oscura como el mundo de los hombres:
negra como nuestra destrucción:
ciega como los mil novecientos cuarenta clavos
hincados en la cruz.
Aún cae la lluvia
con un son parecido al latir del corazón
convertido en golpear de martillo
en el campo del Alfarero, y al son del pie impío
sobre la tumba.
Aún cae la lluvia
en el campo de la sangre, donde crecen diminutas esperanzas,
y el cerebro del hombre
se nutre de codicia, aquel gusano de rostro de Caín.
Aún cae la lluvia
a los pies del hombre extenuado
pendiente de la cruz.
Cristo, día y noche clavado, apiádate de nosotros,
del opulento y de Lázaro:
bajo la lluvia las llagas y el oro son lo mismo.
Aún cae la lluvia
cae la sangre aún del herido costado del hombre extenuado:
lleva en su corazón las heridas todas, las de la luz que se extinguió,
la última y débil chispa
del corazón suicida, las heridas de la triste e incomprendida oscuridad,
las heridas del oso atrapado:
el oso ciego y gimiente, cuya carne indefensa
azotan los guardianes... las lágrimas de la acosada liebre.
Aún cae la lluvia
Entonces —"Oh, saltaré hasta mi Dios, que me ata al suelo"
—ved cómo la sangre de Cristo surca el firmamento:
se derrama de la frente que clavamos al madero
hasta el profundo y moribundo, el sediento corazón
que custodia los fuegos del mundo,
desgarrado de dolor
como una cesárea corona de laurel.
Entonces se oye la voz de Aquel que,
como el corazón del hombre,
fue una vez niño y durmió entre animales:
"Te amo aún, derramo aún mi luz
inocente y mi sangre por ti.

(Edith Sitwell)

Pintura: "Corpus hypercubus" (1954), Salvador Dalí, Museo Metropolitano de Arte de Nueva York

Mis poetas favoritos: EDITH SITWELL

Edith Sitwell (Scarborough, 1887 - Londres, 1964), fue una poeta, prosista, biógrafa y ensayista inglesa de las vanguardias de la primera mitad del siglo XX. Procedía de una notable familia aristocrática y tuvo una infancia infeliz. Publicó su primer libro, "The mother and other poems", en 1915.

La primera etapa de su poesía fue experimental, ligada a búsquedas estilísticas de diversas tendencias: contrapuso a la poesía nostálgica y rural de los poetas georgianos una poesía de imágenes vigorosas y satíricas. En 1916 publicó una antología de la poesía inglesa, "Ruedas". Más adelante, en "Façade" (1923), utilizó versos escritos en lenguaje coloquial concediendo un lugar de importancia a los efectos sonoros de las palabras, rasgo que se incorporó al arte de vanguardia de la época.

En una segunda etapa, su obra se hizo más abstracta, influida por el cubismo y otras tendencias de avant-garde, vinculada sobre todo al sonido y menos al sentido de los versos. En el largo poema "La bella durmiente del bosque" (1924) empleó un tono elegíaco con el que intentó recuperar un mundo perdido de carácter fantasmal. Hasta 1939, su poesía fue irónica, brillante, audaz y relacionada con la música y la pintura modernas.

Luego vino la etapa final, iniciada con el poema "Cae la lluvia aún" (1940), cuyas composiciones son de tono humanista, visionario y apocalíptico, tono en el que perseveró en poemas como "Invocación", y se mantuvo en "Poemas reunidos" (1957). Sus trabajos en prosa también son interesantes: en 1930 escribió una entusiasta biografía sobre el poeta A. Pope; en 1933 publicó "Ingleses excéntricos" (1933), sobre figuras conocidas que trató de manera singular; por ejemplo, Gerald Durrell aparece montado en un cocodrilo.

En la novela "I live under a black sun" (1937), acerca de la vida de J. Swift, realizó experimentos cronológicos radicales, tales como cambiar súbitamente de una época histórica a otra. Sus últimos poemas enfatizaron la visión mística y simbólica del cristianismo, con un verso descarnado y profundo.

Sitwell tenía rasgos angulares que recordaban a la reina Isabel I (también compartían fecha de cumpleaños) y medía 1,83 m. de alto, pero a menudo vestía de manera inusual con ropas de brocado o terciopelo con turbantes dorados y una plétora de anillos; sus joyas pueden verse en las galerías de joyas del Museo Victoria y Alberto de Londres. Su inusual apariencia provocó críticas casi tanto como sus versos, y a lo largo de su vida fue objeto de ataques personales más o menos virulentos.

Extraído en parte de Biografías y Vidas y Wikipedia.

sábado, 20 de febrero de 2016

"TÚ Y TUS PERICOS", Mayte Dalianegra

Tú y tus pericos multicolores,
tus monos negros,
tus gatos igualmente negros,
la cervatilla asaeteada,
como un San Sebastián silvestre
entonando una elegía por sí misma
(por ti misma),
por el inmenso dolor que te laceraba
por dentro,
por fuera.

Tú y tus pericos tornasolados,
el yugo de tus cejas unciéndote los ojos,
tu bigotito ambiguo, andrógino,
tu pierna flaca de poliomielitis,
los largos vestidos
de tehuana y los pantalones para disimularla,
los corsés de escayola
—como aquel adornado con la hoz
y el martillo—,
a veces el otro con cinchas de acero,
las cicatrices,
el matrimonio
que te pintaba lágrimas
por otras que él amaba,
las lágrimas por otras y otros
que también amaste tú, 
y por los hijos perdidos
y por la cirugía
y por las amputaciones…

El corcel brioso
de la risa saltando una barrera
de tarde en tarde,
las caricias cómplices con Tina Modotti,
los besos clandestinos con León Trotski,
los viajes al norte,
la vuelta al jardín de tu Casa Azul,
a su pirámide de estuco,
a sus ídolos hieráticos de factura milenaria,
al cielo de espejo de tu cama,
al óleo que ya era sangre de tus venas,
a los pinceles que ya eran falanges de tus dedos,
a las ajorcas de jade que arrullaban tus muñecas,
a los collares huicholes de turquesas y corales,
al arcoíris de raso que enjaezaba tus trenzas,

al huipil que sería tu mortaja
mientras Diego te lloraba, a ti, Frida,
que en vida fuiste su sombra
y, ahora, muerta, nos deslumbras. 

(Mayte Dalianegra)

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Imágenes de cuadros de Frida Kahlo ("Yo y mis pericos", 1941, "Autorretrato con monos", "Autorretrato con collar de espinas y colibrí", "La pequeña cervatilla", 1946), y de Mayte Dalianegra posando en el jardín de la Casa Azul en el año 2003 (casa natal de Frida Kahlo en Coyoacán, México D. F.)


"BATALLA DEL RÍO JARAMA", Pablo Neruda


Entre la tierra y el platino ahogado 
de olivares y muertos españoles,
Jarama, puñal puro, has resistido
la ola de los crueles.

Allí desde Madrid llegaron hombres 
de corazón dorado por la pólvora
como un pan de ceniza y resistencia,
allí llegaron.

Jarama, estabas entre hierro y humo
como una rama de cristal caído, 
como una larga línea de medallas
para los victoriosos.

Ni socavones de substancia ardiendo,
ni coléricos vuelos explosivos,
ni artillerías de tiniebla turbia 
dominaron tus aguas.

Aguas tuyas bebieron los sedientos
de sangre, agua bebieron boca arriba:
agua española y tierra de olivares
los llenaron de olvido. 

Por un segundo de agua y tiempo el cauce
de la sangre de moros y traidores
palpitaba en tu luz como los peces
de un manantial amargo.

La áspera harina de tu pueblo estaba 
toda erizada de metal y huesos,
formidable y trigal como la noble
tierra que defendían.

Jarama, para hablar de tus regiones
de esplendor y dominio, no es mi boca 
suficiente, y es pálida mi mano:
allí quedan tus muertos.

Allí quedan tu cielo doloroso,
tu paz de piedra, tu estelar corriente,
y los eternos ojos de tu pueblo 
vigilan tus orillas. 

(Pablo Neruda)

Pintura: Premonición de la Guerra civil (1936), Salvador Dalí

miércoles, 20 de enero de 2016

"OJOS (Nepal tras la tragedia)", Mayte Dalianegra


Algunas estupas lucían
unos colosales ojos de Buda
pintados sobre la albura de sus bóvedas.

Ojos con forma de arcoíris
que sonreían manifiestamente a otros ojos,
ojos que inscribían en sus pupilas
la esperanza rutilante
que concebía una especie extraviada
entre las quimeras
que colmaban de promesas los rincones.

Esos ojos
hoy enarbolan jirones de plegarias inaudibles
sobre los dinteles quebrados de las puertas.

Esos ojos,
ante el vientre cuarteado de la tierra, vislumbran
un arpegio escrito en el pentagrama de las ruinas,
un acorde grave, como de estrellas desplomándose
desde el cable descolgado de un trapecio.

(Mayte Dalianegra)


Fotografías propias de la Estupa de Swayambhunath, en el Valle de Katmandú, tomadas en agosto de 2006

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"EXPLÍCAME, AMOR", Ingeborg Bachmann


Tu sombrero se levanta despacio, saluda, y vuela al viento,
tu cabeza desnuda enamora a las nubes,
tu corazón tiene que hacer en otra parte,
tu boca asimila lenguas nuevas,
la hierba tembladera menudea por aquí,
el verano apaga y enciende los ásteres con un soplo,
ciego por los copos levantas el rostro,
ríes y lloras y te hundes en ti,
qué más ha de ocurrirte -

¡Explícame, amor!

El pavo con solemne asombro hace la rueda,
la paloma levanta su collar de plumas,
el aire se dilata repleto de arrullos,
grita el ánade, el país entero
se sirve de la miel silvestre, también en el sereno parque
los arriates están enmarcados con un polvo dorado.

El pez se ruboriza, adelanta a la bandada
y se precipita entre grutas al lecho de coral.
Al son de la música de la arena plateada baila tímido el escorpión.
El escarabajo huele de lejos a la más espléndida;
¡si yo tuviera sus sentidos, notaría también
que brillan alas bajo el caparazón de ella,
y tomaría el camino del fresal lejano!

¡Explícame, amor!

El agua sabe hablar,
la ola toma a la ola de la mano,
en la viña el racimo se hincha, salta y cae.
¡Cuán confiado sale el caracol de su casa!

¡Una piedra sabe conmover a otra!

Explícame amor, lo que no sé explicar:
¿trataré durante este tiempo corto y hostil
únicamente con pensamientos y sólo yo
no conoceré ni haré nada afectuoso?
¿Tiene uno que pensar? ¿No le echarán de menos?

Dices: otro espíritu cuenta con él...
No me expliques nada. Veo a la salamandra
pasar por todos los fuegos.
Ningún horror la persigue y nada le causa dolor.

(Ingeborg Bachmann)

(Traducción de Cacilia Dreymüller y Concha García)

Pintura: "Retrato de Armand Roulin", Vincent Van Gogh

"TOMA DE TIERRA", Ingeborg Bachmann

Llegué a las dehesas
cuando ya era de noche,
olfateando en los prados la hierba
y el viento antes de levantarse.
Ya no pastaba el amor,
las campanas se habían extinguido
y los haces de hierba endurecido.

En el suelo había un cuerno clavado
por el obstinado animal de guía
hundido en la oscuridad.

Lo saqué de la tierra,
lo alcé al cielo
con todas mis fuerzas.

Para llenar este país
del todo con sonidos
toqué el cuerno,
dispuesto a vivir en el viento venidero
y bajo los tallos ondeantes
de cualquier procedencia.

(Ingeborg Bachmann)

(Traducción de Cacilia Dreymüller y Concha García)

Pintura: "Diana Cazadora" (1620), Peter Paul Rubens, Museo del Prado, Madrid

"EL TIEMPO POSTERGADO", Ingeborg Bachmann

Vienen días más duros.
El tiempo postergado hasta nuevo aviso
asoma por el horizonte.
Pronto tendrás que atarte los zapatos
y correr los perros de vuelta a las granjas marismeñas.
Pues las vísceras de los peces
se han enfriado al viento.
Arde pobre la luz de los altramuces.
Tu mirada rastrea la niebla:
el tiempo postergado hasta nuevo aviso
asoma por el horizonte.

Allí se te hunde la amada en la arena,
sube por su cabello ondeante,
le quita la palabra,
le ordena callarse,
le parece mortal
y dispuesta a la despedida
tras cada abrazo.

No mires hacia atrás.
Átate los zapatos.
Corre los perros de vuelta.
Tira los peces al mar.
¡Apaga los altramuces!

Vienen días más duros. 

(Ingeborg Bachmann)

Traducción de Arturo Parada

Pintura de Enrique Valls Peñarroya

domingo, 29 de noviembre de 2015

"LA GACELA", Mayte Dalianegra


La gacela nunca piensa
que un día,
un día cualquiera,
un día sin asombros,
un día sin esquinas,
mientras pasta bajo la placidez diurna,
sentirá el cuchillo de unas fauces
germinando la envoltura de sus párpados.

Si a su mente acudiese tal pensamiento,
si la sola raíz de ese dilema asomase
sus entrañas bajo el manto dulce de la niebla,
seguro sería la inanición el motivo de su muerte,
nunca la voracidad del león.

La gacela corre inquieta
ante el menor argumento de lance,
aunque el cristal veteado y prófugo
de sus ojos no llegue a imaginar jamás
el vértigo clamoroso
de la sangre.

Al igual que la gacela,
corremos arriba y abajo
siguiendo un código tan críptico
como el de las constelaciones,
como el de las abejas.

Corremos arriba y abajo
desbrozando caminos,
desatando lazos,
proyectando haces de luz
que descubran la guarida de la sombra
y la obliguen a crujir
con un temblor huesudo.
Corremos arriba y abajo
desterrados de la seguridad del claustro,
indefensos ante la espada del miedo,
y suspiramos aliviados cuando cada noche
damos término al día,
suspiramos aliviados engullendo lotos.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "El león hambriento se lanza sobre el antílope" (1905), Henry Rousseau. Fundación Beyeler, Riehen, Basilea, Suiza

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"SÓLO COSAS SOMBRÍAS", Ingeborg Bachmann


Como Orfeo, toco
en las cuerdas de la vida la muerte,
y ante la belleza de la tierra
y de tus ojos, que administran el cielo,
sólo sé decir cosas sombrías.

No olvides que también tú, de pronto,
aquella mañana, cuando tu lecho
todavía estaba húmedo de rocío y el clavel
dormía junto a tu corazón,
viste el río oscuro
pasar a tu lado.

La cuerda del silencio,
tensada sobre la ola de sangre,
puso manos en tu corazón sonante.
Transformado quedó tu rizo
en la cabellera de sombras de la noche,
los copos negros de las tinieblas
nevaron tu semblante.

Y mi lugar no está a tu lado.
Ahora nos lamentamos los dos.

Pero como Orfeo, sé
junto a las cuerdas de la muerte la vida,
y en mí reverbera el azulado
de tu ojo por siempre cerrado.

(Ingeborg Bachmann)

Versión de Arturo Parada

Pintura: Orfeo y Eurídice" (1864), Frederic Leighton 

Mis poetas favoritos: INGEBORG BACHMANN

Ingeborg Bachmann fue una poetisa, novelista y narradora de relatos breves austriaca nacida en Klagenfurt (Corintia). Hija de un director de escuela, estudió Filosofía, Psicología, Filología Alemana y Ciencias Políticas en Innsbruck, Graz y Viena. Se dedicó al periodismo antes de escribir su primer libro de poemas, "El tiempo postergado" (1953). A partir de entonces se convierte en un personaje público, no sólo por sus versos, sino por esa inusual combinación de sensualidad e inteligencia que llama la atención en un mundillo literario por entonces únicamente masculino. Mujer inaccesible y misteriosa, de extrema fragilidad, su voz quebrada y casi rota está llena de referencias filosóficas, desde Wittgenstein a Heidegger, pasando por Walter Benjamin o Simone de Beauvoir. 

Tuvo intensas relaciones con los escritores Paul Celan y Max Frisch, y más tarde atravesó duras crisis personales y de salud, evitando cada vez más las apariciones en público. Después de publicar su primer libro en prosa, "A los treinta años" (1961), se mantuvo durante diez años sin publicar apenas nada. Su siguiente libro, la novela "Malina" (1971), pasó directamente a la lista de los best-sellers, siendo considerada por eso la primera autora mediática de la literatura en lengua alemana. 

Otras obras suyas son, "Tres senderos hacia el lago", "Últimos poemas" e "Invocación a la Osa Mayor". Considerada como una de las más importantes poetisas post-bélicas, Italia fue su patria adoptiva en los últimos años de su vida.

Falleció en Roma, como consecuencia de las graves quemaduras que un incendio en su casa le produjeron (supuestamente se quedó dormida con un cigarrillo encendido). Desde entonces uno de los grandes premios literarios en lengua alemana lleva su nombre.

viernes, 13 de noviembre de 2015

"UN PASEO BORDEADO POR LOS TILOS", Mayte Dalianegra


Los ojos ven un amplio paseo,
bordeado por la fronda de unos tilos,
donde sólo la punzante arista del alambre
tiene su casa.
Los pies lo surcan con la atávica
ceguera de los funámbulos,
y hay un abismo negro y sediento,
un abismo incorpóreo y recóndito
que se abre a los flancos
como una catacumba,
como una fosa común
que pacientemente aguarda
a todo cuanto respira,
y con cada paso
y con cada pestañeo,
esa tumba abisal abre su boca
mostrando el filo cortante
de sus mandíbulas,
y hay que driblar sus envites
sin siquiera percibirlos.

Virajes vanos
con la no menos banal esperanza
de arañar algo de tiempo
y conservarlo como mugre bajo las uñas,
pues su saliva
ya sabe del sabor de la presa
y con sus quijadas
ya escarba la tierra, ya arregla el lecho.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Un parque de la ciudad" (1887) William Merrit Chase

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"VENDRÁ LA MUERTE Y TENDRÁ TUS OJOS...", Cesare Pavese

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
—esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo—. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito acallado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola sobre ti misma te inclinas
en el espejo. Oh querida esperanza,
también ese día sabremos nosotros
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un vicio,
como contemplar en el espejo
el resurgir de un rostro muerto,
como escuchar unos labios cerrados.
Mudos, descenderemos en el remolino.

(Cesare Pavese)

Versión de Carles José i Solsora

Pintura de Rolf Armstrong

"TIENES ROSTRO DE PIEDRA ESCULPIDA", Cesare Pavese

Tienes rostro de piedra esculpida,
sangre de tierra dura,
viniste del mar.
Todo lo acoges y escudriñas
y rechazas
como el mar. En el corazón
tienes silencio, tienes palabras
engullidas. Eres oscura.
para ti el alba es silencio.

Y eres como las voces
de la tierra -el choque
del cubo en el pozo,
la canción del fuego,
la caída de una manzana;
las palabras resignadas
y tenebrosas sobre los umbrales,
el grito del niño- las cosas
que nunca pasan.
Tú no cambias. Eres oscura.

Eres la bodega cerrada
con la tierra removida,
donde el niño entró
una vez, descalzo,
y que siempre recuerda.
Eres la habitación oscura
en la que se vuelve a pensar siempre,
como en el patio antiguo
donde nacía el alba.

(Cesare Pavese)

Pintura: "Beatricesank", Wladislaw Theodor Benda

sábado, 24 de octubre de 2015

"HERMOSO AMOR", Mayte Dalianegra


Hermoso amor
que un día depositaste tus besos
sobre las floridas adelfas
de mis jardines:
soy Babilonia,
toda puertas, toda palabras,
toda secretos.

Soy Babilonia
y ansío liberar el travertino 
de sus huecos
—las negras oquedades
donde reptan, en espiral,
las sierpes hambrientas del tedio.

Soy Babilonia
y ansío liberar el tacto del mármol 
de sus cerrojos
de hielo;
ansío esa victoria
sobre el gusto a roca inerte
y que se mute en dulce y cálida madera,
y que el filo de una llama la consuma, 
laminada ya en bucles de viruta,

y que renazca hecha dragón
y que regrese a mí como a su Ítaca.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Dos muchachas con adelfas" (1890), Gustav Klimt, Wadsworth Atheneum, Hartford, Connecticut, Estados Unidos

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"MAÑANA", Cesare Pavese


La ventana entornada recuadra un rostro
sobre el campo del mar. Los lindos cabellos
acompañan el tierno ritmo del mar.

No hay recuerdos en este rostro.
Sólo una sombra huidiza, como de nubes.
La sombra es húmeda y dulce como la arena
de una intacta caverna, bajo el crepúsculo.
No hay recuerdos. Sólo un susurro
que es la voz del mar convertida en recuerdo.

En el crepúsculo, el agua mullida del alba,
que se impregna de luz, alumbra el rostro.
Cada día es un milagro intemporal,
bajo el sol: lo impregnan una luz salobre
y un sabor a vívido marisco.

No existe recuerdo en este rostro.
No hay palabra que lo contenga
o vincule con cosas pasadas. Ayer,
se desvaneció de la angosta ventana,
tal como se desvanecerá dentro de poco, sin tristeza
ni humanas palabras, sobre el campo del mar.

(Cesare Pavese)

Pintura: "Figura en una ventana" (1925), Salvador Dalí

"EL PARAÍSO SOBRE LOS TEJADOS", Cesare Pavese

Será un día tranquilo, de luz fría
como el sol que nace o muere, y el cristal
cerrará el aire sucio fuera del cielo.

Se nos despierta una mañana, una vez para siempre,
en la tibieza del último sueño: la sombra
será como la tibieza. Llenará la estancia,
por la gran ventana, un cielo más grande.
Desde la escalera, subida una vez para siempre,
no llegarán voces, ni rostros muertos.

No será necesario dejar el lecho.
Sólo el alba entrará en la estancia vacía.
Bastará la ventana para vestir cada cosa
con una tranquila claridad, casi una luz.
Se posará una sombra descarnada sobre el rostro sumergido.

Será los recuerdos como grumos de sombra
aplastados como las viejas brasas
en el camino. El recuerdo será la llama
que todavía ayer mordía en los ojos apagados.

(Cesare Pavese)

Traducción de Carles José i Solsora

Pintura: "Lord Byron en su lecho de muerte" (1826), Joseph-Denis Odevaere, Groeninge Museum, Brujas