domingo, 14 de noviembre de 2010

"LA CANCIÓN DEL TARDÍO AMOR", Gilberto Owen.

¡Sí yo pudiera amarte, Alma noble y pequeña!
Llegas cuando mi vida ya es un arenal;
si pudiera ofrecerte el tesoro que sueña
tu insensatez romántica y pueril, que se empeña
en que florezca el seco tallo de mi rosal...

¡Qué más quisiera, triste de mí, que anclar mi nave!
Pero el remanso está lejos de mi dolor;
ya el corazón inhóspito arbusto es para el ave,
y en mi pecho, pletórico de hieles, ya no cabe
el tesoro, mil y una, noches de tu amor.

Si tú pudieras ser la nueva primavera
que es justo que suceda a este invierno precoz;
pero sería estéril tu empeño; espera, espera
hasta que llegue el alma juvenil que te quiera
y diga la aleluya que ya olvidó mi voz.

Alma noble, que llamas a la mía cobarde:
¡Si yo pudiera amarte! ¡Si pudieras tú ser
mi nueva primavera! Pero llegas tan tarde,
tan tarde, que ya sólo, en Alma de Mujer:
¡Esta canción ceñuda y pesimista, en que
ahorco en el mástil máximo la Esperanza y la Fe!

Gilberto Owen.

Pintura: "Una belleza española", Maximino Peña Muñoz, (1863 - 1940).
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