viernes, 6 de abril de 2012

"ÁFRICA", Mayte Dalianegra

África me espera
con la promesa de las dunas
- onduladas como gibas de camello -
de sus desiertos gualdos e infinitos;
con la promesa de las selvas feraces
y las sabanas enseñoreadas
por feroces felinos
de regia melena.

África me habla
con barrito de elefante de marfileño
bastión,
con el bostezo indolente
del hipopótamo orondo e irritable,
y el grito guerrero proferido por labios
de voluptuoso grosor.

África me canta
a ritmo de acholis, nubas y masais,
de hereros, himbas y watusis,
de zulúes, bantúes, bosquimanos,
bakongos y pigmeos,
y me baila en la cadera y en el vientre
con danza beduina, bereber y tuareg.

África me llora
en la azucena de una infancia famélica
de vientre hinchado,
cubierta de harapos, de polvo y de moscas,
de miseria, de orfandad,
de duelo adherido a los poros
de una piel que pagó
su color al más alto de los precios.

Pese a ello, África me sonríe
con la boca ancha de esperanzas,
enarbolando una bandera verde,
verde como un latido primario
y luminoso,
verde
aun cuando las esmeraldas
hayan dejado de ser rutilantes estrellas
concebidas en el útero
fértil de la tierra,
y su verdor se haya trocado sanguíneo,
y sus aristas muestren el filo.

Sanguíneos también
el oro y los diamantes,
que refulgen, espléndidos,
en manos blancas,

palomas cuyos picos no portan
ramas de olivo, palomas que sólo traen
guerra y olvido.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Una belleza de Tánger”, Josep Tapiró i Baró (1836-1913)

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