viernes, 5 de junio de 2015

"CUÁNDO", Mayte Dalianegra


¿Cuándo dejó la imagen
 la modestia del semillero
para germinar en la rueda,
para cobrar el movimiento de lo vivo?

¿Cuándo nació, 
en qué momento
llegó su luz irisada,
preñada de índigos y magentas,
rubia de trigos?
Luz que se hizo día
en la ventana del labio,
noche, cuando la boca 
selló su puerta.

¿Cuándo vino a nosotros
—pobres seres de barro—,
cuándo nos hizo?

¿Cuándo llegó la palabra
para hermanarnos con lo divino?

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Adán y Eva" (1932), Rosario de Velasco

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"VOZ DE DAVID", Alda Merini

Voz de David
La muerte, Alda,
es un imperio de ángeles
que se precipita en el corazón.
El fuego ha invadido mis manos.
No sabía que el cuerpo
pudiese tener arterias
de fuego y de beatitud.
Y desde aquí te miro,
desde cada lugar en donde tú respiras.
Aunque tú no creas,
te llevaré conmigo
hasta la cima del universo
donde podrás ver
las tormentas de tu vida.
Y ese día descubrirás
que Dios sólo hace una cosa:
esparce nuestro aroma
en el infinito
para dar vida a Su respiro.

(Alda Merini)

Pintura de William Adolphe Bouguereau

"YO ESTOY SEGURA DE QUE NADA MÁS SOFOCARÁ MI RIMA...", Alda Merini

 
Yo estoy segura de que nada más sofocará mi rima,
el silencio lo he tenido encerrado años en la garganta
como una trampa de sacrificio,
ha pues llegado el momento de cantar una
exequia al pasado.

(Alda Merini)

Pintura: "Servicio de funeral en las tierras altas", James Guthrie

miércoles, 20 de mayo de 2015

"EL GRAN HUNAPÚ (Volcán de Agua, Guatemala)", Mayte Dalianegra

“…¿Quién se explica los volcanes sin brazos?
¡Raza de tempestad envuelta en plumas
de Quetzal, rojas, verdes, amarillas!
¡Quetzalumán, la serpiente coral
tiñe de miel de guerra el Sequijel
el desangrarse el Árbol del Augurio,
en el augurio de la sangre en lluvia,
a la altura de los cerros quetzales
y frente al Gavilán de Extremadura!...”

(“Tecún-Umán”, Miguel Ángel Asturias)


No fue la espada vengadora
de un arcángel extranjero
la que lavó el pecado
con fuego.

El volcán
era la copa de una ceiba
frondosa
que hendía el Xibalbá
con sus raíces.

El volcán
liberó el vuelo
de los quetzales
de plumas tan brillantes como el metal
de los morriones
que escudaban las testas
de los gavilanes,
de plumas tan verdes como el jade
de los pectorales
que engalanaban los torsos
de los caudillos mayas.

El volcán
fue la copa de lágrimas
que lavó el pecado
de la ciudad enlutada,
con las manos de maíz
de los Señores Cuchumaquic y Xiquiripat.

El volcán,
retorciendo su garganta,
vengó con su mar de barro
la sangre antigua.

Los colibríes,
uncidos al yugo
como ganado —domesticados—,
con sus picos
desnudos, propiciaron la sajadura
de sus propias arterias.

El volcán
enmudeció pues como enmudecen
los muertos,
con una última lágrima
anidada en el frío.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "El cáliz del Titán" (1833), Thomas Cole. Metropolitan Museum, New York
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"ESPACIO, ESPACIO, YO QUIERO MUCHO ESPACIO...", Alda Merini

Espacio, espacio, yo quiero mucho espacio
para dulcísima moverme herida:
quiero espacio para cantar, crecer,
errar y saltar el foso
de la divina sabiduría.
Espacio, denme espacio
para que yo lance un aullido inhumano,
aquel grito de silencio en los años
que he tocado con la mano.

(Alda Merini)

Pintura: "La marea creciente"(1913), Felix Vallotton

"LA TIERRA SANTA", Alda Merini

He conocido Jericó.
he tenido también yo mi Palestina,
las murallas del manicomio
eran las murallas de Jericó
y una charca de agua infectada
nos ha bautizado a todos.
Ahí adentro eramos hebreos
y los Fariseos estaban arriba
y allí estaba también el Mesías
confundido en la multitud:
un loco que aullaba al Cielo
todo su amor por Dios.

Todos nosotros, rebaño de ascetas,
éramos como los pájaros
y cada tanto una red
oscura nos aprisionaba,
pero íbamos a las misas,
las misas de nuestro Señor
y Cristo Salvador.

Fuimos lavados y sepultos,
olíamos a incienso.
Y después, cuando amábamos,
nos hacían los electroshocks
porque, decían, un loco
no puede amar a nadie.

Pero un día dentro del sepulcro
también yo fui reanimada
y también yo como Jesús
he tenido mi resurrección,
pero no subí a los cielos,
descendí al infierno
desde donde vuelvo a mirar atónita
las murallas de la antigua Jericó.

(Alda Merini)

Pintura: "La batalla de Jericó", Jean Fouquet

Mis poetas favoritos: ALDA MERINI

Alda Merini (Alda Giuseppina Angela Merini) fue una escritora y poeta italiana que nació el 21 de marzo de 1931 en Milán.
"Nací el día veintiuno en primavera, pero no sabía que nacer loca, abrir terrones, podía desencadenar una tormenta", fragmento de "Il volume del canto" de 1979.

Nació en el seno de una familia humilde. Su padre era dependiente de una compañía de seguros y su madre, ama de casa.
Inició sus publicaciones a una edad muy temprana, a los 15 años. Dos años después, a la edad de 17,  fue internada en el Hospital Psiquiátrico de San Raffaelle en Villa del Turro, en Milán.

En 1953 contrajo matrimonio con Ettore Carniti, quien era dueño de algunas panaderías en Milán. Durante ese período publicó su primer volumen de poemas “La presenza di Orfeo”, le siguieron “Bodas romanas”, “Miedo de Dios” y “Tú eres Pedro”. Esta última marcó el inicio de un período de aislamiento forzado, nuevamente por su internación esta vez en el Hospital Psiquiátrico Paolo Pini, en donde se dice que permaneció hasta 1972.

Buena parte de su vida la pasó internada en hospitales psiquiátricos en Milán. Una publicación hecha en el año 2009 acerca de la escritora, por el diario El País, narra lo siguiente:

"Murieron mis padres a la vez, cuando yo era muy joven. Y luego me separaron de mis hijas, no me dejaron estar con ellas. Fueron criadas por tres familias. No sé cómo encontré el tiempo para tenerlas. Se llaman Emanuela, Bárbara, Flavia y Simonetta. Siempre les digo que no digan que son hijas de la poetisa Alda Merini. Esa loca. Ellas responden que soy su madre y basta, que no se avergüenzan de mí. Me conmueven".

 En 1996 gana el Premio Vareggio por La vita facile, y en 1997 consigue el Premio Procida-Elsa Morante. Ese mismo año se promovió en Italia su candidatura al Premio Nobel, impulsada especialmente por el dramaturgo Dario Fo, pero no prosperó. Al año siguiente, sería Fo quien ganase el Nobel.

 En 1981 muere su esposo, Ettore Carnitiy. Durante ese tiempo se mantiene en contacto con el poeta Michele Pierri, quien había demostrado un aprecio por los escritos de Alda Merini. Dos años después, en 1983 se casa con Pierri y se traslada Tarento.

En el lugar, su actividad literaria también fue mermada por su enfermedad mental y fue internada en el Hospital Psiquiátrico de Tarento.

A su regreso a Milán, alrededor de 1986 inicia un período muy fecundo para la escritora y de estabilidad psicológica.

Entre sus publicaciones están: “Amores en torno a Titán”, “La zorra y el telón”, “La loca de la puerta de al lado”, “Delirio amoroso”, “Loca, loca, loca de amor por ti”, “Bodas romanas”, “Miedo de Dios”, “Tú eres Pedro”, entre otras.

En 2002 recibe la Orden al Mérito de la República Italiana con categoría de comendadora.

En 2004 ingresó en el Hospital San Paolo en Milán por complicaciones de salud, sin embargo no se relata de qué tipo.

Fue nombrada doctora honoris causa por la Universidad de Mesina en octubre de 2007.

Falleció en Milán el 1 de noviembre de 2009.

lunes, 11 de mayo de 2015

"MORIREMOS DE PIE ", Mayte Dalianegra

Moriremos de pie
—como árboles que nadie osa talar,
como reliquias—,
con el pecho florido a borbotones.

Moriremos despacio
—como los mártires
 de las causas perdidas—
y seremos los héroes antiguos
de las antiguas guerras.

Moriremos por siempre
—y para siempre—,
la Nada acogerá los huesos viejos,
osamentas inútiles
ya usadas por la vida
y por ella después ya desechadas.

Moriremos honrados
con nuestra muerte,
porque para los rectos será orgullo,
para los indigentes, su legado,
pan para los hambrientos
de libertad.

Moriremos de pie
y combatiendo,
de pie, como vivimos hasta ahora,
de pie, que las rodillas
delante del poder nunca se hincaron.

Moriremos de pie, como los árboles
que con celeridad galopan frente
a quienes viajan —cómodos—
sentados en un tren.

Como esos árboles,
los años corren rápido,
veloces al encuentro con la muerte.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “El caballo de Zapata” (detalle de uno de los frescos del Palacio de Cortés, Cuernavaca, México), 1930, Diego Rivera

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"EN EL ESPEJO...", Yannis Ritsos

En el espejo
en su esquina derecha
encima de la mesa amarilla
dejó las llaves.
Tómalas. No abre el cristal.
No abre.

(Yannis Ritsos)
Versión de Coloma Chamorro, Javier Lentini y
Dimitri Papagueorguiu

Pintura de Antonio Ballester

"EL SOSPECHOSO", Yannis Ritsos

Cerró la puerta con llave. Miró hacia atrás con desconfianza
y se guardó la llave en el bolsillo. Le detuvieron en esa postura.
Le maltrataron durante meses. Hasta que una noche confesó
(y quedó demostrado) que la llave y la casa
eran suyas. Pero nadie pudo entender
por qué había escondido su llave. De modo que
a pesar de habérsele declarado inocente, siguió siendo
                                                  sospechoso para todos.

(Yannis Ritsos)

Versión de Román Bermejo

Pintura de G. Molina

"EL GUANTE QUE LLEVAS...", Yannis Ritsos

El guante que llevas
no puedes examinarlo
por dentro.
Tienes que quitártelo
volverlo del revés
entrada la noche
en la estrecha habitación
ya que todo el día habrás saludado
a propios y extraños
con la mano desnuda.

 (Yannis Ritsos)

Versión de Coloma Chamorro, Javier Lentini y
Dimitri Papagueorguiu

Pintura de Mary Jane Ansell

miércoles, 6 de mayo de 2015

"CELEBRACIONES", Mayte Dalianegra


No celebro mi cumpleaños
porque todos los días cumplo un año más
—y no es cuestión de soplar velitas a diario—,
ni celebro el día de la mujer trabajadora
porque todos los días —incluso los festivos—
he de trabajar, aunque sea oficiando
de Cenicienta en mi “hogar dulce hogar”.

Tampoco celebro
el día del hambre en el mundo,
pues quien no come ese día,
suele sentir el mismo hueco en el estómago
el resto del tiempo.

Las celebraciones
son como las mancuernas
que vigorizan los bíceps:
ejercitan nuestra memoria
para que demostremos el noble civismo
adquirido durante
esa edad en la que el aire huele a arco iris
y a caramelos de menta,
y depositemos algo de calderilla
en la hucha del postulante que nos aborde
en cualquier acera;
ejercitan nuestra memoria
para que recalemos
en unos grandes almacenes
en busca de un regalo
primorosamente empaquetado,
o para que elaboremos un pastel al uso.

Y mejor
que no nos rebelemos contra la gravedad,
que no intentemos exhibir
el plumaje de águila
en majestuoso planeo,
y las tengamos en cuenta, porque si no,
serán la balanza con que se pesen
nuestros apegos.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: “Julaftonen” (1904), Carl Larsson, Nationalmuseum, Stockholm

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"INCREDULIDAD", Mayte Dalianegra

Cuando se lo dijeron,
su laringe no pudo emitir ningún sonido.
Los azulejos blancos de la sala
reflejaron su rostro desencajado, pálido.

No podía creer
que la muerte ya le hubiese nacido.

(Mayte Dalianegra)

Pintura:"Mujer durmiendo", Felix Vallotton

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lunes, 20 de abril de 2015

"A MALALA YOUSAFZAI", Mayte Dalianegra


Habla tu voz, 
la que ocultaban
los callejones cerrados de esperanzas,
los callejones despojados de direcciones,
los callejones con celosías de ojos mudos.

Habla tu voz,
Malala,
y es la hermosa voz
de la libertad,
esa que quisieron silenciar las balas,
esa que siempre suena bajo amenaza.

Habla tu voz
y los hambrientos de equidad se sacian,
y es voz impetuosa que derriba muros,
lengua de fuego inaprensible
que se filtra entre barrotes
de cárceles domésticas.

Habla tu voz
y provoca la ira de los que temen
perder los privilegios
que otorga el cetro fálico.
Habla,
reclamando el centelleo
de los rayos y el vuelo solemne
de los pájaros blancos.

Habla tu voz,
Malala,
y es la hermosa voz
de la juventud,
esa que mueve más montañas que ninguna fe,
esa que lleva razón en cuanto demanda,
esa que no pueden contener eslabones ni sogas,
la que rompe cadenas y condenas
con su timbre agudo y firme.

Habla tu voz
encendiendo una llama redentora
—tutelar de todas las verdades—
y las puertas pugnan por ceder al empuje
inexorable de tu palabra.

Habla,  Malala,
y el mundo que alardea de ser libre y justo
—ese mundo—
te condecora y premia
para limpiar su conciencia maculada.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Mujeres", Jean Michel Bénier

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"LA MUJER DE AZUL", Yannis Ritsos

Se mojó la mano en el mar.
Se volvió azul, la mano.
Le gustó.
Se zambulló desnuda en el mar.
Se volvió azul.
Azules también su voz y su silencio.
La mujer azul.
Todos la admiraron.
Nadie la amó.

(Yannis Ritsos)

Versión de Román Bermejo

Pintura: "Mujer con tocado alto" (1904) Pablo Ruiz Picasso

"¿DE VERDAD? ¿HAS RECIBIDO LA CARTA?", Yannis Ritsos

¿De verdad? ¿Has recibido carta?
Rómpela
luego la recogeremos
trocito a trocito
la pegaremos
y la leeremos.
¿Escuchas los disparos?

(Yannis Ritsos)

Versión de Coloma Chamorro, Javier Lentini y
Dimitri Papagueorguiu

Pintura: "Leyendo la carta", Thomas Benjamin Kennington

Mis poetas favoritos: YANNIS RITSOS

Yannis Ritsos (Γιάννης Ρίτσος, Monemvasia, 1 de mayo de 1909 - Atenas, 11 de noviembre de 1990) fue un poeta y político griego. Su obra más famosa es Grecidad (Romiosini, Ρωμιοσύνη), la cual fue musicalizada por Mikis Theodorakis al igua que To Axion Esti de Odysseas Elytis. Precisamente Ritsos, Elytis y Séferis pertenecen a la Generación del 30 y son considerados los tres poetas griegos más importantes del siglo XX,1 2 siendo él el único en no recibir el Premio Nobel de Literatura. A cambio, fue el único de los tres en recibir el Premio Lenin de la Paz. Por su reconocida militancia comunista, su obra fue prohibida en varias ocasiones en su país, especialmente durante las Dictaduras de Metaxas y de Papadopoulus.

Nació el 1 de mayo de 1909 en Monemvasiá, pueblo ubicado en la Península del Peloponeso, siendo el menor de cuatro hermanos en una familia noble, quedó marcado a los doce años por la muerte de su hermano y su madre; poco tiempo después su padre, arruinado en el juego, fue internado por trastornos mentales, y él mismo tuvo que ser ingresado durante cuatro años (1927-1931) en un sanatorio para curarse de tuberculosis.

Publicó Tractores (1934), inspirada en el futurismo de Maiakovski, y a continuación el poema Epitafio (1936), posteriormente aparece El canto de mi hermana (1937). Durante unos quince años se dedicó por completo a luchar contra la dictadura, tarea que le supuso cuatro años de cárcel en diferentes campos de reeducación.

"RUTINA", Mayte Dalianegra


Ahora, habiendo ya lavado platos,
cubiertos, vasos, tazas y bandejas,  
tendré que hacer tareas de mis viejas  
amigas, las hormigas, y los gatos 

tendrán también comida, que son gratos 
si se les acarician las orejas,
y  se les ve vagar por las callejas 
y por los bulevares inmediatos. 

Mientras preparo cenas, echo pestes. 
La luna irradia luz en mi ventana,
al verla, me pregunto: ¿la rutina 

también alcanzará cuerpos celestes? 
¿Serán sus movimientos una diana? 
 pues la costumbre todo contamina.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Doncella vertiendo leche" (1660), Jan Vermeer, Rijksmuseum. Amsterdam

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"CAVAN", Mayte Dalianegra

Cavan
y cavan en la tierra fresca,
en la arcilla moldeable
—apta como campo de labor—,
también en la reseca
del erial nunca cultivado,
de la estepa inhóspita,
buscando en ella
el atisbo del germen.

Como cuervos, persiguen
—de forma infatigable— su sustento.

Cavan
y cavan, remueven, perforan,
son oportunistas
que nunca desperdician nada,
en aras de camuflar su patética
mediocridad, de subirse
a un pedestal que no merecen,
de coronarse con laureles de oropel
y colgarse medallas de cartón,
para que los ciegos no sepan
que quienes reinan
son tuertos.

Cavan
y socavan los cimientos de cuanto
se levanta sobre el suelo,
pues entre los escombros de otros,
esperan que sus pequeños montículos
de tierra
semejen torreones.

Cavan
y excavan galerías como lombrices
que tuviesen por única finalidad excretar estiércol;
mas su maldad no es aparente,
a priori simulan ser buenos vecinos,
hasta que —invariablemente— quebrantan
toda conducta de buena vecindad.

Cavan y cavan,
excavan, socavan, horadan, remueven
sus fosas
hasta que la noche sangra
luz negra.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "El enterrador errante" (1997), Juan Vallejo


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viernes, 10 de abril de 2015

"DÉJÀ VU (soneto en alejandrinos)", Mayte Dalianegra



Bajo espuma de tiempo, el pasado se mece,
el dosel tenebroso que encapota el recuerdo,
a veces abre un claro en el costado izquierdo,
y la vista de un poco, como antes visto, crece.

Empujando membranas que la vida adormece,
encontramos razones que están en desacuerdo 
con probabilidades de encontrarse bien cuerdo,
pero aun así, seguimos dándoles a esas trece.

Estalló un maremoto en mi mente despierta,
brotó de un despoblado lugar de mi memoria,
incendiando un océano y desvelando enigmas.

Quizá no lo recuerdes y esto te abra la puerta:
el tiempo viaja en círculos, como sobre una noria,
y antes de conocernos, me legó sus estigmas.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Jardín de esperanza", James Gurney

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"TAMERLÁN", Félix de Azúa

 
 Guevara
 
La gente dijo de él que fue muy frívolo
juventud amor y muerte: la flor entre los huesos.
La gente dice que su muerte es bienvenida
pero muchos lloramos, la célebre experiencia
el sereno final.

Le rezamos rodeando el catafalco y observando
cuervos ansiosos por besar su carne.
Somos nosotros los cirios, cuatro hermanos
y sus coronas fúnebres
a nosotros sorprenderá la aurora cubiertos de rocío.
Cuando todos descansen empezaremos a cavar su hoyo
¡nueva matriz! , que de ti salga un nuevo Tamerlán.

(Félix de Azúa)

Pintura: "Che Guevara", Francoise Nielly

"LA NIÑA DE DIEZ AÑOS, ALLÍ, BAJO EL SOMBRAJO...", Félix de Azúa

La niña de diez años, allí, bajo el sombrajo
(una vela de cruz, luminosa y salina)
con el racimo en alto me pareció Judith
y su presa Holofernes con zarcillos azules.

Del automóvil blanco, de sus puertas abiertas
al aire abrasador y la luz cenital,
llegó un recuerdo blando de alquitrán o betún
que me hizo apoyar la mano en el tabanco.

Se puso en pie despacio, sosteniendo el racimo
como si de su codo aún pingara la sangre.
Brillantes y calientes, con obscena abundancia,
sus ojos y los granos de polvoriento añil.

Sin casi hablar (¿quién puede poner precio
a un racimo de uvas en un día de agosto?)
disimulamos ambos nuestro mutuo interés.
Así los orientales mercaban sus tapices.

Más tarde comenté la intimidad del monte
sin prisa y sin respuesta, pues tanta soledad
somete al tiempo.
Colgué de la romana un billete discreto,
dije adiós y me fui con diez años de menos.

También el cielo morirá cuando muera la tierra,
pensé como consuelo.
Cuando muera la viña, la tierra morirá,
me dije luego.

(Félix de Azúa)

Pintura: "Niña con uvas", Alexei Alexeievich Harlamoff (1840-1925)

lunes, 30 de marzo de 2015

"ERFOUD", Mayte Dalianegra


Erfoud es la esquina de un mar,
de un mar de arena.
Hace mucho
que los trilobites y los ammonites
no lo surcan,
se conforman con dormir
en sus panteones de mármol
en espera de que algún turista
se los lleve a un lugar lejano,
convenientemente pulidos
y, a ser posible, con una peana
para lucir en un estante
o sobre una mesa.

Cuando se movían veloces,
indolentes y despreocupados
entre las aguas azules,
no imaginaban que viajarían tanto.
Un largo viaje en el tiempo.

(Mayte Dalianegra)

Imagen: "Cephalokhiros (Cefalokiro)", Pedro Palencia

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Música del desierto marroquí

"GABINETE DE MAGO", Félix de Azúa

Mientras de mi clepsidra se destila
un nuevo no man's land
la piel se resquebraja
pierde su liso color pálido Anglada Camarasa
cuando a través de la laguna de cigüeñas
los picos de metal deshacen tristes fríos peces
fríos peces.

Nueva ausencia sin fondo
y por detrás del aire
donde esos pájaros espían.

(Félix de Azúa)

Pintura: "Retrato de Sonia Klamery" (1913), Hermenegildo Anglada Camarasa, Museo Nacional Centro de Arte "Reina Sofía"

"EL JUGADOR DE DÁTILES", Félix de Azúa

 El pentotal paqué
 Oliverio Girondo

Me dan los dados, dicen: ¿tiras o la muerte?
con ellos juegas con su juego vives
donde nace la fórmula te haces
donde se rompe acabas.
Y si te dan los dados te dirán: ¡juega la vida!
porque los dados son la cara del insomnio y la pena
y otros hasta doce retratos. Por eso te dirán:
apenas dejo yo dinero en este par
¡ya!, dobles, para ti la suerte
—Para mí la desgracia, centeno y sidra, esa fue mi desdicha.
Rancio es el olor de la taberna, sé lo que juego
y si lo arriesgo es ocio, no aventura.
—¡Tira los dados! Seis figuras contiene cada uno
la muerte se desliza entre los puntos negros
suma su sino goza la ganancia.
—Tirar pá qué. Los pentotales nada.
—Para eso estamos, dale ya, no jodas.
Tiro, rodean el tablero, giran matan.
—Mal paso.
Siempre fue así, entre cebada y hule de pequeño
ahora de grande con acero y cristal.
Cojo los dados, los peso, arrojo y ¡dame!
azar, peso del tiempo, sacrilegio,
cantan bailan suben bajan regocijo geométrico
galanteo de puntos. Resultado.
Avena y trébol, tristeza misma de bacalao y patata
norma del hombre que nunca fuese al cine.
Esto es así:
comprender que las fórmulas vacilan ante la regla
la matemática se incendia ante el derecho
lo abstracto teme a la barbarie del fascista concreto.
 
 (Félix de Azúa)

Pintura: "Los jugadores de dados" (1875), Simó Gómez, Museo de Arte Moderno. Barcelona