domingo, 29 de abril de 2012

"ESCLAVA", Mayte Dalianegra.

No te liberará el esclavo tracio
que rebelara a los tuyos
contra la opresión de Roma,
pues te hallas como una res uncida al yugo,
atada a la cadena,
al eslabón soldado por el sentimiento,
y por el consentimiento de pertenencia
subyugada.

Asentiste, con la cabeza gacha,
a ser la morada de sus caprichos,
de su deseo carnal, de su concupiscencia,
de su desmedida intolerancia,
de sus malos humores, de su rabia, de su ira,
y sometida, avasallada, vejada, sojuzgada, tiranizada,
presa de su locura de encolerizado amo y señor,
todavía le retribuyes con dádivas.

Te muerde los labios cuando le besas
y agradecida sonríes, infame Gioconda,
que ni el veneno de la sonrisa preservas.
¿Acaso le crees un dios?
Te muerde y sonríes,
y si te golpea, iluminas tu mirada
con el vidrio espejuelado de unas gafas oscuras.

No, no te liberará Espartaco,
¡descuida!
A estas alturas tiene cosas mejores que hacer
allá por la Vía Apia.
Tú y sólo tú habrás de aprender a cuidarte,
a no confiar en charlatanería de feriante
ni en corazones falaces,
a distinguir el agua diáfana del lodazal,
a impedir que los grilletes
te inmovilicen de pies y manos,
a ser tú misma, a despegar de la mansión del ogro
y remontar el vuelo sobre las nubes,
y desde allí, en el lindero de la estratosfera,
percutir el canto de la diestra
sobre el pliegue codal opuesto
y exclamar: ¡ahí te quedas!

Mayte Dalianegra.

Pintura: “La esclava” (1925 – 29),  Julio Romero de Torres.

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