jueves, 29 de marzo de 2012

"SOLEDAD", Mayte Dalianegra

Ángel guardián, velas mis pasos
desde el instante primigenio.
Figura taciturna,
de la nocturna cúpula celeste surgida,
manas de los confines de mi memoria,
como satélite me orbitas
y me guías hasta el Armagedón de mis células,
hasta la molienda de mi osamenta.

Del mismo atroz modo,
atomizas mis esperanzas
—mieses maduras a la sombra del filo de la guadaña—
y las desintegras en mares de arcilla.
De barro soy,
mero ladrillo de adobe
de ese arcosolio donde yace sepulta la alegría.

Espectro mío, más mío que ninguna otra cosa,
eres mi amiga más verdadera e infalible,
la amante con quien me amancebo,
con quien trenzo mis piernas y mis manos
- carnal enredadera cautiva de agonía -
mi lengua y el palpitar de mis vísceras,
a quien entrego la dulzura de mis pupilas
y el calor de mis senos.

Querida mía,
da igual si te amo o te aborrezco,
no me abandonarás en este tremendo periplo
y nada te importa que te escupa,
que te insulte y que te afrente.
Tú, ángel mío, espectro mío, amante mía,
fiel hasta el suspiro postrero, me besas.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Angelus” (2008)  Joanna Chrobak

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