lunes, 26 de septiembre de 2011

Mis poetas favoritos: ROBERTO JUARROZ.

Roberto Juarroz, (Coronel Dorrego, Provincia de Buenos Aires, 5 de octubre de 1925 - Temperley, Buenos Aires, 31 de marzo de 1995), fue un poeta y ensayista argentino.

Graduado en la Facultad de Filosofía y Letras y en Ciencias de la información por la Universidad de Buenos Aires y becario de la misma, amplió estudios en La Sorbona. Fue después profesor titular de la Universidad de Buenos Aires y dirigió el Departamento de Bibliotecología y Documentación de la misma entre 1971 y 1984. En esta universidad ejerció la docencia durante treinta años. Marchó al exilio con el advenimiento del general Perón. Trabajó como bibliotecólogo para la Unesco y la OEA en diversos países y entre 1958 y 1965 dirigió veinte números de la revista Poesía = Poesía junto con Mario Morales. Colaboró en numerosas publicaciones argentinas y extranjeras y fue crítico bibliográfico del diario La Gaceta de Tucumán (1958-63), crítico cinematográfico de la revista Esto es (Buenos Aires, 1956-58) y traductor de varios libros de poesía extranjera, en especial de Antonin Artaud.


Su poesía ha sido muy estudiada y vertida a una gran cantidad de lenguas. Desde junio de 1984 fue miembro numerario de la Academia Argentina de Letras. Recibió varios premios, el Gran premio de honor de poesía de la Fundación Argentina de Buenos Aires, el Esteban Echeverría de 1984, el "Jean Malrieu" de Marsella en mayo de 1992, y el premio de la "Bienal Internacional de Poesía", en Lieja, Bélgica, en septiembre de 1992.

Salvo su colección Seis poemas sueltos (1960), su obra se agrupa en una serie de volúmenes correlativamente numerados del uno al catorce bajo el título general de Poesía vertical; el primero de ellos data en 1958, el segundo de 1963, el tercero de 1965, el cuarto de 1969 y así sucesivamente; en 1997 apareció la décimocuarta entrega, en forma póstuma. En conjunto, esta obra fue editada por Emecé en tres volúmenes. En un principio influido por el Creacionismo del chileno Vicente Huidobro y el simbolismo de Stéphane Mallarmé, la amistad de un "raro" de la poesía argentina, el maestro del aforismo, Antonio Porchia, autor de un único libro titulado Las voces, le influyó notablemente; le impresionaron, además, los románticos alemanes, en especial Novalis. Su temática se centró en la metapoesía y su lenguaje se fue haciendo conceptual conforme exploraba los límites de la palabra como nexo de relación del hombre con el mundo, un mundo contemplado como apofanía, como revelación. Es una poesía imbuida en algunos aspectos por la filosofía existencial de Martin Heidegger. Para él, la poesía es "el absoluto real", un nuevo sentido de lo sagrado sin teología, "la vida no fosilizada o desfosilizada del lenguaje", un lenguaje que en él es escueto y austero: sus piezas persiguen la máxima condensación y rehúyen la rima y la métrica; en una conferencia dada en Montevideo en agosto de 1993 dijo que "poco a poco se fue formando ese hecho de vida que es escribir hasta que sentí que la poesía era un poco fláccida, repetitiva, aún en los grandes poetas, con zonas en las cuales cedía la tensión interior, ese rango de intensidad que para mí tiene siempre el poema. Eso me llevó a concebir una poesía más ceñida, más estricta o rigurosa, en donde cada elemento fuera irreemplazable. La inclinación fue la de recoger de las situaciones extremas eso que llevamos escondido en nuestro silencio, lo que barajamos y pocas veces decimos. Para eso necesitaba un tipo de lenguaje diferente que dejara de lado lo que las palabras tienen de ornamento, de euforia. Buscar formas de síntesis poética, que no es síntesis intelectual, en donde confluyeran emoción, sensibilidad, inteligencia. Una forma de expresión que penetrase en las zonas aparentemente prohibidas. Zonas que mucha gente se veda a sí misma por temor".

Sus poemas se hallan numerados en cada entrega, sin título. Prescinde de referencias geográficas o históricas, de localismos verbales, de eurritmia o eufonía, de efusiones sentimentales, de anécdotas, del uso de voces prestigiosas o a priori poéticas. Típicamente, sus depurados textos tienden a adoptar un modo asertivo, simétricamente estructurado, con significaciones frecuentemente enigmáticas o paradójicas. No le interesa la musicalidad ni la experimentación con el lenguaje per se: intenta buscar el fundamento último de la realidad exterior, por lo que su poesía es una especie de colección de callejones sin salida, una búsqueda constante. En medio de la convulsa historia argentina de su época, el silencio de Juarroz al respecto lo constituye en un extraño ejemplo de ascesis y de poesía pura. Sus poemas son deliberadamente impersonales y abstractos, un conjunto de apartados sueltos de una única formulación general, al modo del Tractatus de Ludwig Wittgenstein. Nunca hay un yo lírico, sólo un nosotros o un uno igualmente anónimo. La poesía de Juarroz es una pesquisa en demanda de un Ser ontológico fugitivo.

En cuanto a sus ensayos, son fundamentalmente Poesía y creación (Diálogos con Guillermo Boido); Poesía y Realidad; Poesía, literatura y hermenéutica (Conversaciones con Teresita Saguí).
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