viernes, 4 de mayo de 2012

"¿QUÉ HACÍAS TÚ EN LA GUERRA, GARCILASO?", Francisca Aguirre.

A cada cual lo suyo, pero dime ¿qué hacías en la guerra, desdichado? ¿Qué hacías tú en los campos de batalla, si lo tuyo era el prado nemoroso, el murmullo del río y los pastores?

No puedo imaginarte lanza en ristre, no te puedo pensar hiriendo cuerpos o revolcado en sangre. Tú con peto, loriga y estandarte. Tú defendiendo imperios y ambiciones. ¿Cómo pudo pasarte ese estropicio? Si tu ambición estaba en las palabras, en las remotas ascuas de los verbos, en la súbita llamarada de un pronombre que ardía como un grito en el desierto.

Lo justo hubiera sido que murieras de amor, como Abelardo, que hubieses acabado entre unos brazos, repitiendo "te quiero". Pero morir en una tierra extraña, morir lejos de Elisa, caballero, lejos del cielo que abrigó tus ansias. Qué estafa, amigo mío, qué injusticia. Contigo fue el destino bien avaro.

Cuando leo tus versos temblorosos, tus sonetos, tus dolientes endecasílabos, tus églogas, tu vida: siento que la nostalgia me devora. Lo justo hubiera sido que cayeses entre suspiros, que terminases recordando los ojos de tu amada y confundiendo aquel temblor postrero con la dulce inquietud de sus caricias. ¡Oh mi incansable amante, mi empecinado soñador, no tiene Elisa lágrimas bastantes para llorar conmigo!

Francisca Aguirre.

Pintura: "La batalla", Anne-Louis Girodet de Roussy (Girodet-Trioson), 1767 - 1824.
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