miércoles, 5 de enero de 2011

"DOLIENTE AUSENCIA...", Mayte Dalianegra

La oscura angustia de la plañidera azota mi pecho
en el callado remanso de la aurora,
cuando la tierra, humeante de sal y azufre, me espera,
y la noche, temerosa de un onírico universo, aún gotea.

La placidez de un sueño inconcluso evoca una dulce ambrosía,
el melifluo jarabe de tus besos amagando alcanzar mis labios trémulos
o la suave sinfonía de tu piel engendrando pavesas en la mía,
convulsionando mis vísceras como tenias en insufrible ayuno,
en esa  hambruna silenciosa y lóbrega que tu cuerpo huido me suscita.

No soportan mis entrañas la ausencia de las tuyas,
remisa mi rubicunda concavidad a la omisión de tu boca,
al desamparo de tus robustas manos, a la deserción de lo convexo,
vigoroso alminar que arroba la cúspide de mi consciencia
elevándome, cual grácil garza, hacia el rutilante topacio
de un firmamento pertrechado de luceros.

No se conforman mis ojos con el recuerdo de los tuyos,
gavilanes furibundos hincando sus garras en mis pupilas,
erizándome los poros, aguijoneando mis carnes,
escaldando mi sangre, espoleando mis sentidos.

No se acomoda mi alma a saberte ahora tan lejos,
a esa espera impaciente y tosca que desbroza el olvido
y despelleja la nostalgia, que zozobra en la memoria
para, abatida y consternada, doliente en este destierro,
anhelar, enfervorizada hasta la demencia, el ansiado regreso de tus huellas.

Mayte Dalianegra.

Pintura: “Onirique”, (Onírico), 2009, Ralph Heimans, colección privada, Sydney.

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